jueves, 26 de enero de 2012

Capítulo 27

-Lidia, siento decirlo pero no sé como ayudarte. Quizá si se lo decimos a las demás, entre todas encontremos una solución.
-No quiero meterlas en esto. Olga ya tiene bastante con lo de Raúl ySanti y Mónica…
-Si. Para una vez que todo le va bien.
-¿Y tú como estás? Con todo no he tenido en cuenta que tú tampoco lo estás pasando muy bien.
-Tienes razón. No dejo de pensar en Luis, en lo que debe querer decirme. No dejo de pensar en que tal vez por fin se digne a mirarme como a una mujer y no como a la amiga de siempre.
-¿Y si no fuese el caso?
-Me dolería, pero no tendría más remedio que seguir con mi vida.
-¿Te gusta mucho, no?
-Si y además, me siento muy bien a su lado. Para mí es lo más importante. Estar bien al lado de la persona que amo. Saber que puedo contar con él a pesar de todo.
-Yo me siento bien cuando estoy con Dani. Sé que me quejo porque no deja de insistirme y lo único que yo he sido capaz de hacer es huir de su lado y hacer como que no me importaba.
-¿Y te importa?
-Creo que en el fondo huyo de él por temor a que pueda herirme. Por eso no quería tener novio. A veces el amor te hace más daño.
-¿Eso forma parte de tu pasado?¿De ese pasado del que te niegas a hablar?
Simplemente asintió. Fue incapaz de decir nada más e Isa tampoco insistió.


-Bien, ahora que tengo mejor cara, que estoy peinada y que me he tomado un buen café, ¿qué te apetece hacer?
-¿Puedes acompañarme a un sitio?
-Claro, ¿a dónde?
-Vayamos al centro comercial.
-Vale.
Mientras esperaba a que Clara se vistiese, saqué el móvil del bolsillo y escribí.
<<BUENOS DÍAS MI PRINCIPE DE CUENTO. ESTOY CON CLARA. VAMOS A DAR UNA VUELTA Y PUEDE QUE COMAMOS POR AHÍ, ¿QUE TAL TÚ?>>
Recibí un mensaje cuando iba a poner el coche en marcha. Pensé que sería la respuesta de Javier.
<<NECESITO QUE HABLEMOS. ¿PUEDES ESCAPARTE ESTA TARDE?>>
No había visto ni hablado con Nico desde el baile de máscaras. Inconscientemente y sin saber porque, le había estado evitando y posiblemente él también a mí. Ya era hora de dejar de escapar.
<<NO HAY PROBLEMA. ¿A LAS CINCO EN EL PARQUE?>>
<<ALLÍ ESTARÉ.>>
Una vez en el centro comercial ya no pensé más en ello y me dediqué a pasármelo bien con Clara.
Lo primero que quiso hacer debió sorprenderme y sin embargo no lo hizo.
Entramos en una tienda de ropa de bebé. Después miramos precios de cochecitos, cunas, cambiadores de pañales…
-¿Es normal que vea bebés por todos lados?
-Tal vez eso quiere decir que estás preparada para ser mamá.
-Tengo que hablar con Sebastian. No quiero tomar una decisión sin hablarlo antes con él. Voy a llamarle para que se pase por aquí después. ¿Te importa?
-Para nada. De todos modos a las cinco he quedado.
-¿Con Javier?
-Con Nico.


-¿Diga?- el teléfono la despertó. Hacia tiempo que no dormía con la ropa puesta. ¿Qué hora debía ser?
-¿Te he despertado?
-Santi.
-Si. Quería disculparme Olga. Sé que fui impulsivo pero no era mi intención incomodarte de ese modo.
-No te preocupes. ¿Qué hora es?
-Casi mediodía- se incorporó de golpe. ¿Tanto había dormido?- Había pensado que tal vez podíamos hablar acerca de lo que pasó ayer. ¿Quieres que vayamos a tomar algo?
-La verdad Santi es que hoy no tenía pensado salir. Prefiero quedarme en la cama.
-Pero hoy es Nochebuena…
-Y mañana Navidad. No insistas. No tengo ganas- y colgó.
Se levantó de la cama, se desvistió y puso el pijama para bajar a la cocina.
-Buenos días hija. ¡Si que has dormido hoy!
-Estaba cansada.
-¿Qué harás esta noche? ¿Saldrás por ahí con los chicos?
-No. No me encuentro bien mamá. Si llama alguien, dije que estoy enferma. Me voy a acostar.
-¿Quieres que llame al médico hija?
-No creo que pueda darme nada para curar lo que me pasa.
-¿Y que te pasa?
-La vida- subió de nuevo a su habitación y cerró la puerta tras ella.



-Lo mejor será que las enfrentéis de una vez.
-Puede que tengas razón.
-Entonces id a buscarlas.
Todos se pusieron en pie y a todos les temblaban las rodillas, pero era Nochebuena y a veces, en estas fechas, ocurrían pequeños milagros.
Tras despedirse, Javier se marchó a su casa a comer. Luis y Dani iban en la misma dirección ya que ambos estaban casi seguros de que Isa y Lidia seguían juntas y Raúl se marchó a su casa.
Cuando llegó frente a su puerta, miró hacia la casa de enfrente. Siempre había admirado el espíritu navideño de la familia de Olga.
Se acercó a la puerta y llamó al timbre deseando que fuese ella quien abriese. Fue su madre.
-Hola Raúl.
-¿Está Olga en casa?
-Pues si pero está en cama. Parece ser que no se encuentra muy bien.
-¿La ha visto un médico?
-Se ha negado. Dice que un médico no puede curar algo que no se cura con medicamentos. ¿Ha pasado algo que deba saber?
-Lo que pasa es que como siempre, llegó tarde.
-¿Quieres subir a verla? Verte siempre la pone contenta.
-Me temo que está vez no sea así. Feliz Navidad.
-Feliz Navidad Raúl.
Olga, desde su ventana, al igual que su madre, vio como Raúl se alejaba. Quizá debió bajar y hablar con él, pero al fin y al cabo, su mensaje no había recibido respuesta.



Estaba empezando a refrescar. Las nubes anunciaban nieve pero eso no detuvo a ninguno de los dos.
Una segunda puerta se abrió. Esta vez era Isa la que estaba al otro lado.
-¿Qué hacéis aquí?
-Tengo que hablar contigo.
-Y yo con Lidia.
-Dani lo siento pero Lidia se ha marchado a su casa hace un rato.
-Entonces puede que la alcance por el camino.
-Si te das prisa puede que si.
-Hasta luego- y salió corriendo en dirección opuesta a la que había venido.
Isa esperó a que Dani se alejase lo suficiente para hablar con Luis.
-Te dije que en cuanto las cosas se calmaran te llamaría para que hablásemos.
-Pero Lidia no está. Las cosas ya están más calmadas, ¿no?
-No me refería únicamente a Lidia. Yo también tengo la cabeza echa un lío y la verdad es que el echo de que aparezcas todo el tiempo no ayuda.
-¿Es por mí que tienes así la cabeza?
-No. Es por nosotros. Los dos.
-¿Qué pasa con nosotros?
-Eso es justo lo que quiero averiguar. Es decir, esta claro que somos amigos pero Luis tú me gustas y mucho y no dejo de pensar en que eso puede estropear nuestra amistad.
-Entiendo. ¿Que quieres hacer entonces?
-Creo que lo mejor es que tomemos distancia unos días y ver que pasa.
-¿Y que me dirías si te digo que me niego a eso? ¿Qué dirías si te digo que a mí me pasa lo mismo contigo?¿Intentarías alejarte de mi lado de todas formas?
-No hace falta que finjas que te gusto.
-¿Qué te hace pensar que estoy fingiendo? Llevo tiempo queriendo decírtelo. Tú eres la única. Has estado siempre a mi lado y yo he sido tan estúpido que no me he dado cuenta hasta que casi te pierdo.
Isabel se quedó tan sorprendida que por un momento fue incapaz de decir nada. Hasta que empezaron a caer los primeros copos de nieve.
-Por favor dime algo. Lo que sea. Me estoy helando aquí fuera.
Isa avanzó unos pasos hacia él y le rodeó el cuello con los brazos.
-Este es sin duda, el regalo más dulce que podías hacerme por Navidad- y le besó.


-¡Lidia! ¡Espera!
Pocos metros frente a él, la silueta se detuvo.
Había empezado a nevar con más fuerza y se había levantado una niebla espesa.
Aprovechó que ella no seguía andando para alcanzarla y una vez frente a ella, ya no le pareció que fuese una mujer de hielo.
-¿Tienes algo más que decirme para hacerme daño?
-Te quiero.
-¿Y eso lo cambia todo, no? ¿Crees que diciéndome esto cambiará como me siento? Estas muy equivocado.
-Cuéntamelo. Cuéntame que fue lo que te ha hecho tanto daño.
Sin saber como o porque, las palabras empezaron a salir por si solas.
-Antes, yo era distinta. No era tan fría. Un día que salí por ahí con mis amigas a tomar algo, conocí a un chico. Era un poco mayor que yo pero no me importaba porque me enamoré. Jamás había sentido nada parecido. Estaba asustada pero seguí adelante. No sé muy bien como fue que empezamos a salir y con él todo era mágico- cada palabra era como un puñal que se clavaba en el corazón de Dani y sin embargo dejó que ella continuara.- Llevábamos saliendo casi un mes cuando me pidió que nos acostásemos. Le dije que no estaba preparada y que dejase que lo pensara. Él se enfadó mucho y me golpeó. Me dijo que no había echo otra cosa que calentarle y que se buscaría a otra que le quisiera de verdad. Yo tenía tanto miedo a perderle que le pedí perdón y acepté. De pronto todo fueron disculpas, besos y fui tan tonta que le perdoné.
Dos días después, mis padres se fueron a visitar a mis abuelos y yo me quedé estudiando.
Después de comer se presentó en mi casa y me dijo que ya que estábamos solos, podíamos aprovechar. Era evidente que había bebido, y yo que estaba tan enamorada, no le di importancia y dije que si. Deje que me hiciese todo aquello. Yo solo quería que terminase pronto. Dejé que me violase en mi propia cama. Después de aquello, desapareció y yo me quedé destrozada.
Casi dos meses más tarde descubrí que estaba con otra. Una de mis amigas. Le localicé a través de unos amigos suyos. Quería saber que había echo mal, porque me había dejado sola.
Le encontré, me miró de arriba abajo y se rió de mí. Me dijo que no era más que una apuesta que había echo con sus amigos a ver a cuantas vírgenes conseguía que dejasen de serlo.
Yo pensé que estaba teniendo la peor de mis pesadillas. Cada una de sus palabras me estaba destrozando y sin embargo era tan tonta que le seguía amando. Quise abrazarle, pedirle que volviese conmigo, y ahí vino el primer golpe. Lo que recuerdo después es que desperté en el hospital. Me había dado una paliza tan grande que dañó parte de mi interior. El médico dijo que era posible que no pudiese tener hijos nunca. Solo tenía quince años. Mi padre pidió el traslado y llegamos aquí. El resto ya lo sabes.
Dani se quedó inmóvil. No sabía que hacer o decir para que ella se sintiese mejor.
En un impulso, la atrajo contra su cuerpo para abrazarla.
-Te quiero- Lidia no pudo contener por más tiempo las lágrimas de impotencia y rabia acumuladas e intentando que él no la compadeciera, empezó a golpearle el pecho con los puños.
-Te quiero- repitió una vez más hasta que ella dejó de golpearle y se dejó abrazar.- Quiero estar contigo.
La abrazó más fuerte. Sus sentimientos eran sinceros. La amaba de verdad y no le importaba su pasado. La amaba y eso era lo que realmente le importaba.
-Lidia, mírame por favor- ella se negó al principio y Dani insistió de nuevo.- Déjame quererte. Solo te pido eso. No espero que tu sientas lo mismo por mí aunque debo confesar que me gustaría- la cogió por la barbilla y se acercó lentamente a ella para besarla. Por un momento creyó que ella se alejaría y siguió temiéndolo aun cuando sus labios se estaban rozando.
Solo cuando ella dejó caer los brazos a un lado supo que estaba sucediendo de verdad y que no le rechazaría.
Lidia permitió que todo lo que Dani sentía por ella se reflejase en ese beso y tal vez también lo que ella sentía por él y le daba tanto miedo admitir.


-Parece que está nevando mucho. Tal vez lo mejor sea que le diga a Sebastian que me espere en casa.
-Y yo debería decirle a Nico de quedar en otro lugar.
Y como si alguien nos hubiese escuchado, de pronto cesó la nieve y la niebla desapareció lentamente.
-Parece ser que no podrás retrasar tu encuentro con Nico.
-Ni tú contarle a Sebastian que va a ser papá.
-Eso aun no es seguro. ¿Qué pasa si al final decidimos no tenerlo?
-Eso es algo que solo vosotros podéis elegir.
-Tomar decisiones me estresa.
-En eso consiste hacerse mayor.
La tarde llegó volando. Había dos parejas más en la pandilla. Clara estaba a punto de contarle a Sebastian la gran noticia y yo iba a encontrarme con Nico.
Tras despedirme de la parejita, encendí el motor del coche, puse la radio y encendí la calefacción. Estaba helada. No me sentía ni los dedos de los pies.
Miré el móvil para comprobar la hora. Que raro, Javier aun no había contestado a mi mensaje.
Conduje hasta el parque y allí estaba. Toqué el claxon para que se acercara.
-Sube. Hace mucho frío.
-Cierto. Debimos pensarlo antes.
Compartimos una sonrisa de complicidad y conduje hasta una cafetería cercana.
Nos sentamos, pedimos y esperé a que empezase a hablar.
-¿De que querías hablar conmigo?
-Tú sabes que eres el amor de mi vida. Nunca amé a nadie como te amo a ti.
-Nico yo…
-Deja que termine primero- asentí- He aprendido la lección. Sé que no puede ser, que perdí, pero no me resigno. Siento que no pelee por ti aunque sé que no hubiese cambiado las cosas.
-No digas eso Nico. Tú eres muy importante para mí. Estuviste a mi lado desde el principio y tengo mucho que agradecerte.
-Siempre podrás contar conmigo. No quiero que tengas dudas acerca de eso, pero también te pido que me entiendas. En cuanto termine el año me vuelvo a Cádiz. Estar cerca de ti no ayuda.
-Siento mucho que las cosas no saliesen bien.
-No es culpa tuya. Yo sabía desde el principio que tenía las de perder. Debí rendirme antes de empezar.
-¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora?
-Necesitaba decírtelo. Supongo que es un modo de despedirme de este año. Quiero olvidarte, al menos quiero intentarlo.
-Entiendo.
-Yo también tengo cosas que agradecerte. Conocerte ha sido lo mejor de este año. Quiero decirte que a pesar de que lo nuestro no saliese bien, no cambiaría por nada haberte conocido.
-Yo tampoco.
-Gracias por quererme.
-Gracias a ti Nico. Por todo.


-¿Vas a decirme ya en que estás pensando?
-Pensaba en nuestra vida juntos, en todo lo que nos queda por hacer, todos los planes que teníamos…
-¿Te estás echando atrás? Clara, por dios, no me asustes.
-No es eso. Nunca he estado tan segura de algo como lo estoy de estar contigo.
-¿Entonces que es?
-¿Qué pasaría si una de esas cosas que hemos planeado se adelantara?
-¿Cómo cual?
-Estoy embarazada. Vamos a tener un bebé.
Hasta ella misma se asombró al oírse decirlo. Era lo más hermoso que había oído nunca, pero Sebastian no dijo nada. Se quedó sentado frente a ella, mirándola, sin decir nada.
Clara borró la sonrisa de su rostro al mirarle. Quizá Sebastian no estaba preparado aun para ser padre.
-Cariño dime algo. Esto es algo que tenemos que hablar y tomar una decisión entre los dos. Necesito saber que piensas.
-Me ha cogido por sorpresa, la verdad. Creía que era algo malo pero también hay que tener en cuenta que un bebé requiere muchas cosas. Cosas que ahora mismo no tenemos. Todo el dinero que teníamos lo invertimos en nuestra casa y aun quedan muchas cosas que hacer antes de la boda. Si tuviésemos el bebé, con lo que yo hago haciendo horas en la facultad no nos llegaría. Tendrías que trabajar tú también.
-¿Eso quiere decir que aun no es el momento?
-Creo que no.



Acerqué a Nico a su casa y encontramos a Javier en la puerta esperándolo.
-¿Pasa algo?
-He olvidado las llaves y papá y mamá no están.
-¿Por qué no me has llamado? Hubiese venido.
-Dejé el teléfono dentro cargando.
-Eso explica porque no contestaste a mi mensaje.- me acerqué para darle un beso pero se mostró un poco frío.- ¿Qué te pasa?
-¿Dónde estabais?
-No me lo puedo creer. ¿Acaso estás celoso?
Nico miró a su hermano asombrado y negó con la cabeza.
-Realmente eres idiota- se acercó a mi para darme un beso en la mejilla y tras abrir la puerta la cerró tras de si para dejarnos a solas.
-No me has contestado. ¿Estás celoso de Nico?
-¿Crees que no sigue enamorado de ti? ¿Qué no veo como te mira?
-Sin embargo no te importó que fuese mi pareja en el baile porque encajaba perfectamente en tus planes.
-Estás equivocada.
-No Javier, tú lo estás conmigo. ¿Has olvidado que me dejaste marchar con Tony? ¿Qué dijiste que confiabas en mí?
-Eso es diferente.
-¿Por qué? ¿Por qué no es Nico? Puede que lo más sensato hubiese sido quedarme con él. Al final resultará que tú no eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
-Mira que casualidad. Yo estaba pensando exactamente lo mismo.
-Entonces coge tu estúpido anillo y métetelo por donde te quepa- me lo saqué y se lo tiré a la cara para alejarme hacia el coche.
Cuando fui a ponerlo en marcha, las fuerzas me fallaron y me derrumbé.
Rompí a llorar contra el volante y solo el ruido de alguien entrando en el coche para sentarse a mi lado me obligó a parar.
-Lo siento.
-Yo también lo siento. En realidad si que eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
-Y tú para mí. Siento mucho lo que he dicho. Perdóname, no quería ser tan cruel.
-No peleemos más por favor.- y me besó tras ponerme de nuevo el anillo.



Cuando llegué a casa después del día que llevaba, no me sorprendió encontrar en la entrada una visita.
-No tienes muy buena cara.
-Estoy desesperado. Necesito un consejo.
-¿Es por Olga? ¿Te has enamorado?
-Si, pero ella está enamorada de Raúl.
-No puedes hacer nada contra eso. Si ella ama a otro, debes aceptarlo.
-¡Tiene que superarlo!
-¿Obligándola?
-Quiero llevármela lejos. A conocer a mis padres. Un tiempo lejos de él la ayudará.
Eso ya lo había oído antes. Un par de horas antes exactamente.
-¿Quieres confundirla?
-Creo que lo mejor es alejarla de él. Olga me gusta de verdad niña.
-Lo sé, pero también creo que sabes que esta historia no acabará bien para ti. Está vez Raúl comparte esos mismos sentimientos.
-¿Entonces porque no hace nada? Si la ama, ¿por qué no se lo dice?
-Porque Olga se ha pasado con su farsa y Raúl cree que no tiene ninguna oportunidad.
-Ella tiene que sentir algo por mí, ¿verdad? Es decir, ¿tengo alguna oportunidad? Por pequeña que sea.
-¿Sinceramente?- asintió.- No.
Estaba agotada. Demasiadas emociones para un día.


Cada año, por Nochebuena, tras cenar en casa, nos reuníamos toda la pandilla en la cabaña para celebrarlo por nuestra cuenta.
Aquella era la última esperanza que le quedaba a Raúl y si lo que la madre de Olga le había dicho era verdad, de nada serviría esperar. Olga no acudiría esa noche a la cabaña.



De camino a su casa, Clara no podía evitar pensar en el bebé que había empezado a crecer en su interior.
No podía creer que Sebastian no sintiese ni un poco de alegría.
Entendía que no era el mejor momento, pero se había dado así.
Sebastian la miraba de reojo desde el asiento del conductor.
Quizá se había pasado un poco.
Él deseaba tener hijos, sobretodo si era con Clara, pero no era el momento. Aun les quedaban muchas cosas por hacer. Sin embargo, ver a Clara triste era más de lo que podía soportar.
Sin quererlo, ella se había echo ilusiones, y tal vez él, inconscientemente, también.
-He pensado que podemos ir a algún sitio tranquilo a pasar estos días.
-No me apetece. Prefiero quedarme en casa. Tengo mucho que repasar.
Paró un momento el coche en segunda fila y se volvió hacia ella.
-¿Sabes que quiero que formemos una familia verdad?
-Si, pero entiendo que no es el mejor momento, que no estás preparado.
-Lo estoy. Estoy preparado para eso desde que te conozco. Siempre he querido formar una familia contigo.
-Pero tienes razón. Hay que priorizar otras cosas.
-¿Quieres tener a ese bebé?- Clara le miró directamente a los ojos y no fue necesario responder. Sus ojos hablaban por ella.- Está bien. Al fin y al cabo, yo también quiero.
-¿Qué quieres decir?- preguntó sorprendida.
- Que vamos a ser papás.
No hizo falta decir nada más. Se quitó el cinturón de seguridad y le abrazó. Iban a ser padres.

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