Para que nunca olvides este día;
Para que recuerdes porque estás aquí;
Para que nos sigamos encontrando;
Porque solo ahora puedo decirte
de verdad, de corazón
que nunca me olvidé de ti,
que has formado parte de mis recuerdos
todos estos años
por eso formas parte de cada una
de las líneas de este libro,
solo tienes que buscarte en ellas.
Ojala pudieras recordar
cada uno de los momentos
que vivimos juntos
tal y como yo los recuerdo.
Ojala hubiese dado este paso antes
y me hubiese atrevido a decirte
lo que sentía por ti.
Búscanos en estas páginas
por favor.
Para mi primer gran amor.
Esto es para ti, X.A.B
M.D.O
Narra la historia de un grupo de amigos. Amores, desamores, venganza... Pero sobretodo, demuestra hasta que punto es valiosa la amistad.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Capítulo 37 (FIN)
Javier observó como Julio salía de la habitación. Desde su última conversación que no había dicho nada más. Se había limitado a sentarse frente a él para observarle.
Al poco rato, simplemente se levantó y se fue, como si hubiese estado esperando a ese momento.
-¿A donde vas? Por favor déjala marchar. No le hagas nada. ¡Maldita sea! Entiéndeme. Sé que le hice daño a Miranda, pero ¿no hubieses elegido a la chica que amas antes que a otra?
Julio se detuvo al oír eso, pero no se volvió y cerró la puerta tras él.
Javier echó la cabeza hacia atrás y cerró a los ojos.
<<Por favor, que no te pase nada.>>
Nico y Chloe estaban en el centro comercial tomando algo tranquilamente cuando Nico se puso tenso.
-¿Que te pasa?
-No sé. Tengo la sensación de que algo no va bien.
-¿Respecto a que?
-No lo sé. Tengo una sensación extraña en la boca del estómago.
-¿Quieres que nos vayamos?
-No, tranquila. Seguramente no es nada.
Pero no se quedó tranquila y él tampoco. Al poco rato sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y le mandó un mensaje a su hermano.
<<”MELLI” TENGO UN MAL PRESENTIMIENTO. ¿ESTÁ TODO BIEN?>>
Un pitido desde el bolsillo trasero de su pantalón. Un mensaje. Si pudiese desatarse lo suficiente para alcanzarlo.
Provó intentando aflojar el nudo y aunque tardó un buen rato, finalmente consiguió coger el teléfono.
Tal y como estaba no podía ver el mensaje, pero conocía lo suficiente su teléfono como para saber donde estaba cada tecla.
Decidió que escribiría un mensaje corto, el problema era ¿a quien?
Si se lo mandaba a Nico, ¿que podría hacer él?
Si se lo mandaba a alguien de la pandilla, ¿como los encontrarían? Lo último que sabía es que habían sido cogidos en la cala, nada más. No sabía donde estaban.
Al final decidió que se lo mandaría a Luis.
<<ERA UNA TRAMPA. MIRANDA NOS COGIÓ EN LA CALA. NO SE DONDE ESTAMOS PERO LLAMA A LA POLICIA. CREO QUE NO SABEN QUE TENGO EL TELÉFONO ENCIMA O PIENSAN QUE NO PUEDO ALCANZARLO. ESTOY ATADO.DATE PRISA.>>
La pandilla estaba en la cabaña viendo una película cuando el teléfono de Luis vibró dentro de su bolsillo. Lo cogió ausente mientras seguía con la trama de la película y desviando los ojos de la pantalla, leyó el mensaje.
Se puso de pie de un salto.
-Vamos. Tenemos que irnos.
-¿Que pasa?- preguntó Isabel mientras él le pasaba su teléfono para que leyese y se apresuró a quitar la película y apagar el televisor.
-Miranda tiene a Mónica y a Javier- dijo apenas en un susurro.
Isabel dejó que los demás también viesen el mensaje.
En cuestión de media hora estaban todos en la comisaría. Ya se encargarían después de avisar a nuestros padres.
La policía se puso en movimiento, sobretodo después de que ellos facilitaran el nombre y los apellidos de Miranda, pues era el único contacto de un preso que había escapado mientras le trasladaban.
-Aquí estás. Te he estado buscando. Por fin te encuentro a solas.
-De haberme dicho que querías hablar conmigo, habría ido yo hacia ti.
-No es hablar lo que quiero.
-¿Crees que no me he dado cuenta de que te mueres de ganas de matarme?
-Entonces sabes perfectamente que eso es lo que voy a hacer.
-Quizá tu seas un gran asesino y esto se te de bien, pero no voy a ponértelo fácil.
-No esperaba que lo hicieras. En cualquier caso te mataré igual.
-Dejaré que lo intentes.
Reese se puso en pie para ponerse frente a él con otra de sus superficiales sonrisas.
-Cuando quieras.
Julio sonrió, sacó lentamente la mano de su bolsillo y deslizó con rapidez el cuchillo que había guardado en su interior por el cuello de Reese, cortándole así la garganta.
Ante la mirada de asombro de este, Julio volvió a sonreír y se marchó dejando que ese gran hijo de puta se desangrase.
Antes de cerrar la puerta, lo miró una vez más.
-No debiste confiarte.
-Quizá no- consiguió decir mientras la sangre salía a borbotones- pero tú no volverás a tenerla. Ella solo te utiliza. Hasta un estúpido vería eso.
Solo entonces cerró la puerta.
La pandilla acudió a la cala con la policía. El jeep de Dani y mi coche seguían allí.
No hacía mucho que Luis había avisado a nuestros padres de lo ocurrido y no era necesario decir que moverían cielo y tierra hasta encontrarnos.
Cuando la madre de Javier llamó a Nico, estaba convencida de que este no perdería el tiempo tampoco.
-¡Mierda, mierda!
-Nico cálmate.
-No puedo calmarme mamá. ¿Como hago? ¿Como llego hasta allí?
-El padre de Mónica ha puesto el helicóptero a nuestra disposición. Te recogerán en el aeropuerto en una hora más o menos.
-Allí estaremos.
A su madre no le pasó desapercibido ese “nosotros” pero ya tendría tiempo de preguntar.
Cuando colgó, Nico se volvió hacia Chloe que ya estaba preparando las maletas.
-¿Cuanto tiempo tenemos?
-No mucho. ¿Lo tienes todo?
-Cojo solo lo necesario Nico.
-Esta bien. Vamos niña.
Llegaron al aeropuerto en menos de media hora y la espera hasta que el helicóptero llegó se les hizo eterna.
Chloe se sentó a su lado y le cogió la mano entre las suyas.
-Estarán bien cariño. No les pasará nada.
-Nos confiamos demasiado. Ella lo sabía. Sabía que Miranda volvería a por ella y nosotros no la escuchamos. Si les pasa algo...
Chloe no sabía que decir. Abrazó a Nico y le mantuvo entre sus brazos hasta que les avisaron de que el helicóptero había llegado.
Julio iba a volver junto a Javier pero decidió hacer una parada antes e ir a ver a Miranda. Las últimas palabras de Reese Watson se negaban a dejarle.
¿Acaso sospechaba que él estaba en lo cierto?
Él ya sabía que Miranda estaba dispuesta a todo pero nunca pensó que pudiese ser solo un peón más en su plan.
Sacudió la cabeza intentando borrar esa idea de su mente. No podía ser. Él no era como los demás y Miranda le quería, aunque no fuese como él quería.
<<De todos modos mataré a ese chaval. Así será solo mía.>>
Tenía frío. Estaba helada y ella seguía echándome más agua encima.
<<Si salgo de esta, moriré de frío.>>
Los dientes empezaron a castañearme. La ropa se me pegaba al cuerpo junto con la sangre de mis heridas. Y había muchas heridas. La de la mejilla y el brazo no eran nada. Miranda se había entretenido a hacerme más cortes. Las piernas, las manos, el abdomen... Todas esas cicatrices que estarían conmigo el resto de mis días recordándome este momento. Bueno, si salía con vida.
Alguien abrió la puerta. Un hombre alto. El hombre que me había golpeado en la cala.
Noté que me miraba y fruncía el ceño.
-Vas a matarla si sigues así Miranda.
-Esta niña tiene aguante. Además, solo estoy jugando. Tú la matarás.
Abrí los ojos todo lo que pude. Aquel era el hombre que acabaría conmigo. Un escalofrío me recorrió toda la columna. Ya no sabía si por el frío o por el miedo. Posiblemente era por ambos.
Nico estaba sentado en una de las sillas de comisaria esperando a ver si tenían noticias. Esperando un milagro. No sucedía nada.
Cogió su teléfono y lo sostuvo entre las manos. Chloe se le unió poco después. Había ido a por un café.
Le cogió de la mano y apoyó la cabeza en su hombro.
Pensó en la cara que habían puesto todos al verla. Los chicos de la pandilla ya sabían de ella y mis padres también, pero los de Nico se quedaron alucinados, sobretodo en cuanto la presentó como su novia.
Pese a todo lo que estaba sucediendo, sus padres jamás le habían visto esa mirada. Ese brillo en los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, Nico realmente estaba enamorado.
Javier se estaba volviendo loco. Hacia mas de dos horas que Julio había salido de la habitación y todavía no había regresado. ¿A donde había ido? ¿Habrían vuelto a hacerme daño?
No había vuelto a escuchar ningún grito, pero eso no significaba nada.
Sintió las lágrimas en sus ojos antes de poder hacer nada para detenerlas. Nunca se había sentido tan impotente.
Había fallado. No había podido protegerme. Quizá si Nico estuviese allí...
Pensó en su hermano. Lo único que Nico le había pedido y no había sido capaz de cumplirlo.
Se había confiado demasiado.
Cerró los ojos y pensó en su hermano.
Nico abrió los ojos de golpe. No podía ser. ¿Se lo había imaginado?
Había sentido a Javier a su lado. Enfocó bien los ojos. Se había quedado dormido en la misma silla en la que llevaba sentado lo que parecía una eternidad y estaba solo.
¿A donde había ido Chloe?
Se pasó una mano por la cara, intentando mentalizarse.
Era imposible que Javier hubiese estado allí con él, ¿verdad?
Decidió que no podía quedarse sin hacer nada. No podían perder el tiempo.
Intentaría encontrarnos él mismo.
Pensó por donde podría empezar y enseguida lo vio claro. Claudia.
Sin decir nada a nadie salió de comisaría para dirigirse a buscar a la chica.
Estaba seguro de que ella podría ayudarles. Tenía que haber un modo.
Al llegar a la salida se encontró con Chloe.
-¿Te marchas?
-Se me ha ocurrido algo y no puedo quedarme aquí como si nada. Tengo que hacer algo. Lo que sea.
-Está bien. ¿En que has pensado? Te acompaño.
-Ni hablar. No voy a meterte en esto. Puede ser peligroso. No voy a poner tu vida en peligro.
-No voy a discutir sobre esto Nico. Estamos hablando de la vida de mi prima y de tu hermano. Nada ni nadie hará que cambie de opinión.
Nico estaba a punto de discutir pero al ver como ella levantaba la cabeza para retarle en caso de que fuese necesario, se lo pensó dos veces. Ciertamente nada ni nadie haría que Chloe cambiase de idea.
-De acuerdo. Vamos.- la cogió de la mano y se fueron directamente a buscar a Claudia. Por el camino, Nico le contó lo ocurrido en comisaría. Aquella sensación de que Javier estaba a su lado...
-Los mellizos tienen lazos muy fuertes. Quizá tu hermano esté tratando de decirte algo.
-Yo también lo pensé. ¿Pero que?
Julio volvió por fin. No sabía cuanto tiempo había estado fuera. Lo único en lo que podía pensar era en mí. ¿Estaría bien? ¿Que me estaría haciendo Miranda?
Julio le sacó de dudas. Sin más, empezó a contarle.
-Tu novia sigue viva. Herida pero con vida. Miranda ha estado jugando con ella pero nada más.
-¿Que vas a hacer tú?
-Para empezar te llevaré con ella. Supongo que querréis despediros.
-Quizá tu me entiendas en lo que voy a decirte. Si realmente amas a Miranda, si la amas de verdad, entenderás que yo jamás permitiré que nada le pase a la mujer que amo, pero por encima de eso, sabrás que si ella deja este mundo me iré tras ella. No me importa nada más. Si matas a mi chica, asegurate de matarme también a mí, porque si me dejas con vida, te buscaré, te encontraré y te mataré yo mismo.
Julio le miró atentamente como si evaluase cuanta verdad había en sus palabras. Supo con certeza que todo lo que Javier le había dicho era cierto y también sabía que él haría exactamente lo mismo. Si algo le pasaba a Miranda, él no descansaría hasta vengarse de todo aquel que le hubiese puesto un dedo encima. Como prueba, el cuerpo de Reese Watson seguía en el suelo de su habitación.
-He decidido que dejaré que veas a Javier una última vez. Como ves, soy comprensiva.
-Eres mala Miranda.
-¿Acaso tu no harías lo mismo por amor?
-Jamás obligaría a la persona que amo a esto ni atacaría a la persona que él ama. Eso solo le causaría dolor y yo no podría vivir con ello.
-Afortunadamente para mí, yo no tengo conciencia.
-¿Como lo haréis? ¿Como me matará tu amigo?
-No tengo ni idea, pero me encantará verlo.
-Miranda por favor...
Me interrumpí al ver que la puerta se abría de nuevo y aquel hombre de antes entraba de nuevo arrastrando a Javier con él.
Tiró de él hacia el interior de la habitación y le tiró contra el suelo.
Javier se arrastró hacia mí.
Julio le había soltado las manos.
Me cogió la cara entre ellas. Me secó las lágrimas y me besó en los labios antes de mirarme bien.
-Por dios cariño, ¿que te ha echo? Lo siento, lo siento tanto. Debí escucharte. Perdoname cariño.
Negué con la cabeza.
-Tu no tuviste la culpa cariño. Yo acudí sola. Nunca debí hacerlo. Te quiero tanto.
-Yo también te quiero preciosa. Todo irá bien. Te lo prometo.
Asentí aunque no le creía. Solo estaba diciéndome eso para que me sintiese mejor.
Javier apoyó su frente contra la mía. Cerramos los ojos.
<<Nico, por favor. Encuentranos.>>
Nico se detuvo en seco. Allí estaba esa sensación de nuevo.
Aceleró más el paso con Chloe a su lado. Llegaron a casa de Claudia en poco tiempo.
Llamaron a la puerta insistentemente. Cinco minutos más tarde, Claudia abrió la puerta.
Al ver a Nico abrió los ojos creyendo que era Javier, sobretodo al ver a Chloe.
-No te hagas ilusiones. No soy él. Tenemos que hablar.
-¿Eres su mellizo?
-Muy lista. ¿Podemos pasar?
-Claro.- abrió la puerta y se hizo a un lado para permitirles entrar.-¿Que queréis?
-Miranda tiene a Mónica y a Javier.- Claudia miró a Chloe sin entender, pero Nico no le dio opción a preguntar.- Él ha logrado ponerse en contacto pero no sabemos más. Parece ser que les cogieron en la cala principal. La policía ha encontrado allí el coche de Mónica y el de un amigo que conducía mi hermano.
-¿Que puedo hacer yo?
-Lo que sea. Necesitamos ayuda. Toda la posible. Miranda no se detendrá y tu lo sabes. Cualquier cosa Claudia, por favor.
Era evidente que Nico no estaba acostumbrado a pedir favores, pues le costaba, pero aquello era distinto.
-No sé donde pueden estar.
-Hay algo más. Un hombre. Julio Montesdeoca.
-¿El novio de Miranda?
Ambos asintieron.
-La policía cree que él puede estar ayudándola. Escapó de la cárcel hace unos días. Le estaban trasladando y les atacaron.
-Dios mío...
-¿Que puedes decirme que pueda ayudarnos?
Claudia intentó pensar rápidamente en algo que les sirviese. Ella había leído el informe psiquiátrico de Julio al empezar sus sesiones con Miranda y en él había detalles aportados por la policía.
-Sé que hay un sitio. Parece que le gustaba llevar allí a sus víctimas pero no sé si habrá vuelto allí. Si se escapó, la policía posiblemente ya habrá puesto vigilancia en el lugar.
-¿Que más?
-¿Sabes si Julio ha tenido alguna visita más aparte de Miranda?
-Creo que dijeron algo de un joven abogado. Reese Watson- concluyó Chloe.
-Entonces propongo que empecemos por ahí.
-¿En que puede ayudarnos ese abogado?
-Yo conozco a Reese Watson, y tiene setenta años Nico. Sea quien sea ese hombre, no es abogado.
-Vístete. Nos vamos.
Claudia subió a su habitación y se apresuró a vestirse.
Mientras esperaban, Nico llamó a su padre y le contó lo que sabía. Este se lo comunicó inmediatamente al oficial de policía con el que estaban.
-Venid a comisaría. La policía se encargará de todo.
-No papá. No puedo quedarme sin hacer nada.
-Ya has echo suficiente Nico. Dejemos esto en manos de la policía.
-Está bien.
Cuando colgó se volvió hacia Chloe.
-¿No tienes intención de hacer lo que te ha dicho, verdad?
-Eso es.- la besó en los labios antes de llamar a Claudia para que se diese más prisa.
La policía se presentó en prisión para examinar las cámaras de seguridad.
Por lo menos ahora sabían quien era el hombre que había ayudado a Julio a salir de la cárcel.
Definitivamente no era Reese Watson, pero la policía llevaba tiempo buscándole. Rodrigo Romano. Asesino, violador, ladrón. Había escapado muchas veces de ellos pero no hacia mucho que habían logrado una pista sobre su paradero. Uno de sus agentes se había infiltrado y tenían por donde empezar.
Una fábrica a las afueras. Era todo lo que necesitaban. Aquella noche entrarían en acción.
<<Aguantad “melli”. Ya vamos.>>
Javier abrió los ojos. Miró hacia ambos lados. Al menos nos habían dejado en la misma habitación.
<<Nico.>>
¿Acaso le había oído? Desde luego se estaba volviendo loco.
-¿Han vuelto a hacerte daño?
-No. Se marcharon al poco de atarte a la silla. Te golpearon en la cabeza en cuanto estabas frente a mí. ¿Estás bien? ¿Te duele?
-Estoy bien preciosa. ¿Cuanto tiempo he estado inconsciente?
-No mucho. Unos quince minutos. Me asusté. Pensé que te habían matado.
-Haré lo que sea para sacarte de aquí, ¿lo sabes verdad?
-Lo sé.
-En cuanto salgamos de aquí no hagas planes. Quiero casarme contigo.
Consiguió hacerme sonreír.
-¿Que podemos hacer?
Javier me contó que había logrado mandar un mensaje a Luis pero que no sabía si habría llegado. Desde luego no había intentado ponerse en contacto, lo cual era de agradecer pues de este modo, seguía manteniendo el teléfono con él.
-Es la hora- dijo el detective al mando del caso.- Todo el mundo a sus puestos.
Los nuestros les habían seguido. Estaban todos allí menos Clara y Sebastián. Él estaba al corriente de todo pero debido a su estado, era mejor que ella no supiese nada por el momento.
Los policías se dispersaron. Habían logrado contactar con el infiltrado que había confirmado que había dos rehenes. Un chico y una chica, pero que no sabía mucho más. No le dejaban acercarse.
También dijo que Romano estaba muerto. Al parecer, Julio se había tomado venganza.
Ese era un enorme consuelo pero aun tenían a dos más que capturar y tenían que darse prisa.
-Te ha llegado la hora niñata. Estoy harta de esperar.- se volvió hacia Julio con una de sus sonrisas.- Toda tuya nene. Eres libre para hacer lo que quieras.
-¡No te atrevas!- Javier gritó con todas sus fuerzas en cuanto Julio dio un paso hacia mí.- No la toques. No te dejaré cabrón.
-¿Por que? ¿Por que debería hacerte caso?
Incluso a él le sorprendió su pregunta. Él nunca dudaba. Nunca.
-Porque ella es toda mi vida. No voy a vivir sin ella- me miró mientras decía eso y después se volvió hacia Miranda.- Jamás me tendrás. Si ella deja este mundo yo me iré con ella. Sin dudarlo.
-No digas eso Javier- las palabras se me atragantaron en la garganta. No quería pensar en mi muerte pero menos aun en la de él.
-¿Serías capaz de morir por ella?
-Sin dudar.
Miranda palideció, casi como si supiese lo que iba a ocurrir.
Julio sacó una pistola del bolsillo interior de su chaqueta y me apuntó directamente al corazón.
Javier se levantó de golpe, aun confinado en la silla y se puso frente a mí.
-No seas estúpido. ¿De verdad te quedarás ahí quieto mientras disparo?
-Si.
-¡Javier apartate!- grité yo.
-No dejaré que te pase nada cariño. Se lo prometí a Nico. Le prometí que te protegería.
-¡Pero no a cuesta de tu vida!
Justo en el momento en el que Julio apretó el gatillo, Miranda se interpuso y detuvo la bala con su cuerpo, cayendo de espaldas encima de Javier.
La policía entró en la fabrica. Ya no quedaba nadie allí. Únicamente Julio, Miranda, Javier y yo. Bueno, y el cuerpo de Romano. Nadie se lo había llevado de allí.
Gracias al infiltrado, sabían exactamente donde nos encontrábamos.
Apresuraron el paso al oír un disparo.
Cuando abrieron la puerta, Julio estaba encima de Miranda intentando reanimarla. No lo consiguió. La bala se había instalado en su corazón y murió al instante.
Julio ahogó un gritó de dolor al verla morir. Su puso en pie en cuanto se dio cuenta de que la policía estaba allí.
-Estás arrestado Montesdeoca. No hagas ni un paso en falso. Suelta el arma.
Julio nos miró a Javier y a mí y de nuevo a Miranda.
-Ahora si que te entiendo. Realmente sé que yo haría lo mismo.
Javier le miró como si comprendiese. Se quitó el cuerpo de Miranda de encima y me desató para abrazarme e impedir que mirase.
Justo cuando me estrechaba entre sus brazos oí un disparo.
Julio se había quitado la vida.
La policía no había podido detenerle. Lloré todo lo que pude. Habían sucedido demasiadas cosas y ya no podía más.
No sé como llegamos a la calle, solo recuerdo a mi familia y a mis amigos abrazándome.
Nico se acercó a su hermano y le abrazó antes de que este pudiese decir nada.
Al poco rato, simplemente se levantó y se fue, como si hubiese estado esperando a ese momento.
-¿A donde vas? Por favor déjala marchar. No le hagas nada. ¡Maldita sea! Entiéndeme. Sé que le hice daño a Miranda, pero ¿no hubieses elegido a la chica que amas antes que a otra?
Julio se detuvo al oír eso, pero no se volvió y cerró la puerta tras él.
Javier echó la cabeza hacia atrás y cerró a los ojos.
<<Por favor, que no te pase nada.>>
Nico y Chloe estaban en el centro comercial tomando algo tranquilamente cuando Nico se puso tenso.
-¿Que te pasa?
-No sé. Tengo la sensación de que algo no va bien.
-¿Respecto a que?
-No lo sé. Tengo una sensación extraña en la boca del estómago.
-¿Quieres que nos vayamos?
-No, tranquila. Seguramente no es nada.
Pero no se quedó tranquila y él tampoco. Al poco rato sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y le mandó un mensaje a su hermano.
<<”MELLI” TENGO UN MAL PRESENTIMIENTO. ¿ESTÁ TODO BIEN?>>
Un pitido desde el bolsillo trasero de su pantalón. Un mensaje. Si pudiese desatarse lo suficiente para alcanzarlo.
Provó intentando aflojar el nudo y aunque tardó un buen rato, finalmente consiguió coger el teléfono.
Tal y como estaba no podía ver el mensaje, pero conocía lo suficiente su teléfono como para saber donde estaba cada tecla.
Decidió que escribiría un mensaje corto, el problema era ¿a quien?
Si se lo mandaba a Nico, ¿que podría hacer él?
Si se lo mandaba a alguien de la pandilla, ¿como los encontrarían? Lo último que sabía es que habían sido cogidos en la cala, nada más. No sabía donde estaban.
Al final decidió que se lo mandaría a Luis.
<<ERA UNA TRAMPA. MIRANDA NOS COGIÓ EN LA CALA. NO SE DONDE ESTAMOS PERO LLAMA A LA POLICIA. CREO QUE NO SABEN QUE TENGO EL TELÉFONO ENCIMA O PIENSAN QUE NO PUEDO ALCANZARLO. ESTOY ATADO.DATE PRISA.>>
La pandilla estaba en la cabaña viendo una película cuando el teléfono de Luis vibró dentro de su bolsillo. Lo cogió ausente mientras seguía con la trama de la película y desviando los ojos de la pantalla, leyó el mensaje.
Se puso de pie de un salto.
-Vamos. Tenemos que irnos.
-¿Que pasa?- preguntó Isabel mientras él le pasaba su teléfono para que leyese y se apresuró a quitar la película y apagar el televisor.
-Miranda tiene a Mónica y a Javier- dijo apenas en un susurro.
Isabel dejó que los demás también viesen el mensaje.
En cuestión de media hora estaban todos en la comisaría. Ya se encargarían después de avisar a nuestros padres.
La policía se puso en movimiento, sobretodo después de que ellos facilitaran el nombre y los apellidos de Miranda, pues era el único contacto de un preso que había escapado mientras le trasladaban.
-Aquí estás. Te he estado buscando. Por fin te encuentro a solas.
-De haberme dicho que querías hablar conmigo, habría ido yo hacia ti.
-No es hablar lo que quiero.
-¿Crees que no me he dado cuenta de que te mueres de ganas de matarme?
-Entonces sabes perfectamente que eso es lo que voy a hacer.
-Quizá tu seas un gran asesino y esto se te de bien, pero no voy a ponértelo fácil.
-No esperaba que lo hicieras. En cualquier caso te mataré igual.
-Dejaré que lo intentes.
Reese se puso en pie para ponerse frente a él con otra de sus superficiales sonrisas.
-Cuando quieras.
Julio sonrió, sacó lentamente la mano de su bolsillo y deslizó con rapidez el cuchillo que había guardado en su interior por el cuello de Reese, cortándole así la garganta.
Ante la mirada de asombro de este, Julio volvió a sonreír y se marchó dejando que ese gran hijo de puta se desangrase.
Antes de cerrar la puerta, lo miró una vez más.
-No debiste confiarte.
-Quizá no- consiguió decir mientras la sangre salía a borbotones- pero tú no volverás a tenerla. Ella solo te utiliza. Hasta un estúpido vería eso.
Solo entonces cerró la puerta.
La pandilla acudió a la cala con la policía. El jeep de Dani y mi coche seguían allí.
No hacía mucho que Luis había avisado a nuestros padres de lo ocurrido y no era necesario decir que moverían cielo y tierra hasta encontrarnos.
Cuando la madre de Javier llamó a Nico, estaba convencida de que este no perdería el tiempo tampoco.
-¡Mierda, mierda!
-Nico cálmate.
-No puedo calmarme mamá. ¿Como hago? ¿Como llego hasta allí?
-El padre de Mónica ha puesto el helicóptero a nuestra disposición. Te recogerán en el aeropuerto en una hora más o menos.
-Allí estaremos.
A su madre no le pasó desapercibido ese “nosotros” pero ya tendría tiempo de preguntar.
Cuando colgó, Nico se volvió hacia Chloe que ya estaba preparando las maletas.
-¿Cuanto tiempo tenemos?
-No mucho. ¿Lo tienes todo?
-Cojo solo lo necesario Nico.
-Esta bien. Vamos niña.
Llegaron al aeropuerto en menos de media hora y la espera hasta que el helicóptero llegó se les hizo eterna.
Chloe se sentó a su lado y le cogió la mano entre las suyas.
-Estarán bien cariño. No les pasará nada.
-Nos confiamos demasiado. Ella lo sabía. Sabía que Miranda volvería a por ella y nosotros no la escuchamos. Si les pasa algo...
Chloe no sabía que decir. Abrazó a Nico y le mantuvo entre sus brazos hasta que les avisaron de que el helicóptero había llegado.
Julio iba a volver junto a Javier pero decidió hacer una parada antes e ir a ver a Miranda. Las últimas palabras de Reese Watson se negaban a dejarle.
¿Acaso sospechaba que él estaba en lo cierto?
Él ya sabía que Miranda estaba dispuesta a todo pero nunca pensó que pudiese ser solo un peón más en su plan.
Sacudió la cabeza intentando borrar esa idea de su mente. No podía ser. Él no era como los demás y Miranda le quería, aunque no fuese como él quería.
<<De todos modos mataré a ese chaval. Así será solo mía.>>
Tenía frío. Estaba helada y ella seguía echándome más agua encima.
<<Si salgo de esta, moriré de frío.>>
Los dientes empezaron a castañearme. La ropa se me pegaba al cuerpo junto con la sangre de mis heridas. Y había muchas heridas. La de la mejilla y el brazo no eran nada. Miranda se había entretenido a hacerme más cortes. Las piernas, las manos, el abdomen... Todas esas cicatrices que estarían conmigo el resto de mis días recordándome este momento. Bueno, si salía con vida.
Alguien abrió la puerta. Un hombre alto. El hombre que me había golpeado en la cala.
Noté que me miraba y fruncía el ceño.
-Vas a matarla si sigues así Miranda.
-Esta niña tiene aguante. Además, solo estoy jugando. Tú la matarás.
Abrí los ojos todo lo que pude. Aquel era el hombre que acabaría conmigo. Un escalofrío me recorrió toda la columna. Ya no sabía si por el frío o por el miedo. Posiblemente era por ambos.
Nico estaba sentado en una de las sillas de comisaria esperando a ver si tenían noticias. Esperando un milagro. No sucedía nada.
Cogió su teléfono y lo sostuvo entre las manos. Chloe se le unió poco después. Había ido a por un café.
Le cogió de la mano y apoyó la cabeza en su hombro.
Pensó en la cara que habían puesto todos al verla. Los chicos de la pandilla ya sabían de ella y mis padres también, pero los de Nico se quedaron alucinados, sobretodo en cuanto la presentó como su novia.
Pese a todo lo que estaba sucediendo, sus padres jamás le habían visto esa mirada. Ese brillo en los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, Nico realmente estaba enamorado.
Javier se estaba volviendo loco. Hacia mas de dos horas que Julio había salido de la habitación y todavía no había regresado. ¿A donde había ido? ¿Habrían vuelto a hacerme daño?
No había vuelto a escuchar ningún grito, pero eso no significaba nada.
Sintió las lágrimas en sus ojos antes de poder hacer nada para detenerlas. Nunca se había sentido tan impotente.
Había fallado. No había podido protegerme. Quizá si Nico estuviese allí...
Pensó en su hermano. Lo único que Nico le había pedido y no había sido capaz de cumplirlo.
Se había confiado demasiado.
Cerró los ojos y pensó en su hermano.
Nico abrió los ojos de golpe. No podía ser. ¿Se lo había imaginado?
Había sentido a Javier a su lado. Enfocó bien los ojos. Se había quedado dormido en la misma silla en la que llevaba sentado lo que parecía una eternidad y estaba solo.
¿A donde había ido Chloe?
Se pasó una mano por la cara, intentando mentalizarse.
Era imposible que Javier hubiese estado allí con él, ¿verdad?
Decidió que no podía quedarse sin hacer nada. No podían perder el tiempo.
Intentaría encontrarnos él mismo.
Pensó por donde podría empezar y enseguida lo vio claro. Claudia.
Sin decir nada a nadie salió de comisaría para dirigirse a buscar a la chica.
Estaba seguro de que ella podría ayudarles. Tenía que haber un modo.
Al llegar a la salida se encontró con Chloe.
-¿Te marchas?
-Se me ha ocurrido algo y no puedo quedarme aquí como si nada. Tengo que hacer algo. Lo que sea.
-Está bien. ¿En que has pensado? Te acompaño.
-Ni hablar. No voy a meterte en esto. Puede ser peligroso. No voy a poner tu vida en peligro.
-No voy a discutir sobre esto Nico. Estamos hablando de la vida de mi prima y de tu hermano. Nada ni nadie hará que cambie de opinión.
Nico estaba a punto de discutir pero al ver como ella levantaba la cabeza para retarle en caso de que fuese necesario, se lo pensó dos veces. Ciertamente nada ni nadie haría que Chloe cambiase de idea.
-De acuerdo. Vamos.- la cogió de la mano y se fueron directamente a buscar a Claudia. Por el camino, Nico le contó lo ocurrido en comisaría. Aquella sensación de que Javier estaba a su lado...
-Los mellizos tienen lazos muy fuertes. Quizá tu hermano esté tratando de decirte algo.
-Yo también lo pensé. ¿Pero que?
Julio volvió por fin. No sabía cuanto tiempo había estado fuera. Lo único en lo que podía pensar era en mí. ¿Estaría bien? ¿Que me estaría haciendo Miranda?
Julio le sacó de dudas. Sin más, empezó a contarle.
-Tu novia sigue viva. Herida pero con vida. Miranda ha estado jugando con ella pero nada más.
-¿Que vas a hacer tú?
-Para empezar te llevaré con ella. Supongo que querréis despediros.
-Quizá tu me entiendas en lo que voy a decirte. Si realmente amas a Miranda, si la amas de verdad, entenderás que yo jamás permitiré que nada le pase a la mujer que amo, pero por encima de eso, sabrás que si ella deja este mundo me iré tras ella. No me importa nada más. Si matas a mi chica, asegurate de matarme también a mí, porque si me dejas con vida, te buscaré, te encontraré y te mataré yo mismo.
Julio le miró atentamente como si evaluase cuanta verdad había en sus palabras. Supo con certeza que todo lo que Javier le había dicho era cierto y también sabía que él haría exactamente lo mismo. Si algo le pasaba a Miranda, él no descansaría hasta vengarse de todo aquel que le hubiese puesto un dedo encima. Como prueba, el cuerpo de Reese Watson seguía en el suelo de su habitación.
-He decidido que dejaré que veas a Javier una última vez. Como ves, soy comprensiva.
-Eres mala Miranda.
-¿Acaso tu no harías lo mismo por amor?
-Jamás obligaría a la persona que amo a esto ni atacaría a la persona que él ama. Eso solo le causaría dolor y yo no podría vivir con ello.
-Afortunadamente para mí, yo no tengo conciencia.
-¿Como lo haréis? ¿Como me matará tu amigo?
-No tengo ni idea, pero me encantará verlo.
-Miranda por favor...
Me interrumpí al ver que la puerta se abría de nuevo y aquel hombre de antes entraba de nuevo arrastrando a Javier con él.
Tiró de él hacia el interior de la habitación y le tiró contra el suelo.
Javier se arrastró hacia mí.
Julio le había soltado las manos.
Me cogió la cara entre ellas. Me secó las lágrimas y me besó en los labios antes de mirarme bien.
-Por dios cariño, ¿que te ha echo? Lo siento, lo siento tanto. Debí escucharte. Perdoname cariño.
Negué con la cabeza.
-Tu no tuviste la culpa cariño. Yo acudí sola. Nunca debí hacerlo. Te quiero tanto.
-Yo también te quiero preciosa. Todo irá bien. Te lo prometo.
Asentí aunque no le creía. Solo estaba diciéndome eso para que me sintiese mejor.
Javier apoyó su frente contra la mía. Cerramos los ojos.
<<Nico, por favor. Encuentranos.>>
Nico se detuvo en seco. Allí estaba esa sensación de nuevo.
Aceleró más el paso con Chloe a su lado. Llegaron a casa de Claudia en poco tiempo.
Llamaron a la puerta insistentemente. Cinco minutos más tarde, Claudia abrió la puerta.
Al ver a Nico abrió los ojos creyendo que era Javier, sobretodo al ver a Chloe.
-No te hagas ilusiones. No soy él. Tenemos que hablar.
-¿Eres su mellizo?
-Muy lista. ¿Podemos pasar?
-Claro.- abrió la puerta y se hizo a un lado para permitirles entrar.-¿Que queréis?
-Miranda tiene a Mónica y a Javier.- Claudia miró a Chloe sin entender, pero Nico no le dio opción a preguntar.- Él ha logrado ponerse en contacto pero no sabemos más. Parece ser que les cogieron en la cala principal. La policía ha encontrado allí el coche de Mónica y el de un amigo que conducía mi hermano.
-¿Que puedo hacer yo?
-Lo que sea. Necesitamos ayuda. Toda la posible. Miranda no se detendrá y tu lo sabes. Cualquier cosa Claudia, por favor.
Era evidente que Nico no estaba acostumbrado a pedir favores, pues le costaba, pero aquello era distinto.
-No sé donde pueden estar.
-Hay algo más. Un hombre. Julio Montesdeoca.
-¿El novio de Miranda?
Ambos asintieron.
-La policía cree que él puede estar ayudándola. Escapó de la cárcel hace unos días. Le estaban trasladando y les atacaron.
-Dios mío...
-¿Que puedes decirme que pueda ayudarnos?
Claudia intentó pensar rápidamente en algo que les sirviese. Ella había leído el informe psiquiátrico de Julio al empezar sus sesiones con Miranda y en él había detalles aportados por la policía.
-Sé que hay un sitio. Parece que le gustaba llevar allí a sus víctimas pero no sé si habrá vuelto allí. Si se escapó, la policía posiblemente ya habrá puesto vigilancia en el lugar.
-¿Que más?
-¿Sabes si Julio ha tenido alguna visita más aparte de Miranda?
-Creo que dijeron algo de un joven abogado. Reese Watson- concluyó Chloe.
-Entonces propongo que empecemos por ahí.
-¿En que puede ayudarnos ese abogado?
-Yo conozco a Reese Watson, y tiene setenta años Nico. Sea quien sea ese hombre, no es abogado.
-Vístete. Nos vamos.
Claudia subió a su habitación y se apresuró a vestirse.
Mientras esperaban, Nico llamó a su padre y le contó lo que sabía. Este se lo comunicó inmediatamente al oficial de policía con el que estaban.
-Venid a comisaría. La policía se encargará de todo.
-No papá. No puedo quedarme sin hacer nada.
-Ya has echo suficiente Nico. Dejemos esto en manos de la policía.
-Está bien.
Cuando colgó se volvió hacia Chloe.
-¿No tienes intención de hacer lo que te ha dicho, verdad?
-Eso es.- la besó en los labios antes de llamar a Claudia para que se diese más prisa.
La policía se presentó en prisión para examinar las cámaras de seguridad.
Por lo menos ahora sabían quien era el hombre que había ayudado a Julio a salir de la cárcel.
Definitivamente no era Reese Watson, pero la policía llevaba tiempo buscándole. Rodrigo Romano. Asesino, violador, ladrón. Había escapado muchas veces de ellos pero no hacia mucho que habían logrado una pista sobre su paradero. Uno de sus agentes se había infiltrado y tenían por donde empezar.
Una fábrica a las afueras. Era todo lo que necesitaban. Aquella noche entrarían en acción.
<<Aguantad “melli”. Ya vamos.>>
Javier abrió los ojos. Miró hacia ambos lados. Al menos nos habían dejado en la misma habitación.
<<Nico.>>
¿Acaso le había oído? Desde luego se estaba volviendo loco.
-¿Han vuelto a hacerte daño?
-No. Se marcharon al poco de atarte a la silla. Te golpearon en la cabeza en cuanto estabas frente a mí. ¿Estás bien? ¿Te duele?
-Estoy bien preciosa. ¿Cuanto tiempo he estado inconsciente?
-No mucho. Unos quince minutos. Me asusté. Pensé que te habían matado.
-Haré lo que sea para sacarte de aquí, ¿lo sabes verdad?
-Lo sé.
-En cuanto salgamos de aquí no hagas planes. Quiero casarme contigo.
Consiguió hacerme sonreír.
-¿Que podemos hacer?
Javier me contó que había logrado mandar un mensaje a Luis pero que no sabía si habría llegado. Desde luego no había intentado ponerse en contacto, lo cual era de agradecer pues de este modo, seguía manteniendo el teléfono con él.
-Es la hora- dijo el detective al mando del caso.- Todo el mundo a sus puestos.
Los nuestros les habían seguido. Estaban todos allí menos Clara y Sebastián. Él estaba al corriente de todo pero debido a su estado, era mejor que ella no supiese nada por el momento.
Los policías se dispersaron. Habían logrado contactar con el infiltrado que había confirmado que había dos rehenes. Un chico y una chica, pero que no sabía mucho más. No le dejaban acercarse.
También dijo que Romano estaba muerto. Al parecer, Julio se había tomado venganza.
Ese era un enorme consuelo pero aun tenían a dos más que capturar y tenían que darse prisa.
-Te ha llegado la hora niñata. Estoy harta de esperar.- se volvió hacia Julio con una de sus sonrisas.- Toda tuya nene. Eres libre para hacer lo que quieras.
-¡No te atrevas!- Javier gritó con todas sus fuerzas en cuanto Julio dio un paso hacia mí.- No la toques. No te dejaré cabrón.
-¿Por que? ¿Por que debería hacerte caso?
Incluso a él le sorprendió su pregunta. Él nunca dudaba. Nunca.
-Porque ella es toda mi vida. No voy a vivir sin ella- me miró mientras decía eso y después se volvió hacia Miranda.- Jamás me tendrás. Si ella deja este mundo yo me iré con ella. Sin dudarlo.
-No digas eso Javier- las palabras se me atragantaron en la garganta. No quería pensar en mi muerte pero menos aun en la de él.
-¿Serías capaz de morir por ella?
-Sin dudar.
Miranda palideció, casi como si supiese lo que iba a ocurrir.
Julio sacó una pistola del bolsillo interior de su chaqueta y me apuntó directamente al corazón.
Javier se levantó de golpe, aun confinado en la silla y se puso frente a mí.
-No seas estúpido. ¿De verdad te quedarás ahí quieto mientras disparo?
-Si.
-¡Javier apartate!- grité yo.
-No dejaré que te pase nada cariño. Se lo prometí a Nico. Le prometí que te protegería.
-¡Pero no a cuesta de tu vida!
Justo en el momento en el que Julio apretó el gatillo, Miranda se interpuso y detuvo la bala con su cuerpo, cayendo de espaldas encima de Javier.
La policía entró en la fabrica. Ya no quedaba nadie allí. Únicamente Julio, Miranda, Javier y yo. Bueno, y el cuerpo de Romano. Nadie se lo había llevado de allí.
Gracias al infiltrado, sabían exactamente donde nos encontrábamos.
Apresuraron el paso al oír un disparo.
Cuando abrieron la puerta, Julio estaba encima de Miranda intentando reanimarla. No lo consiguió. La bala se había instalado en su corazón y murió al instante.
Julio ahogó un gritó de dolor al verla morir. Su puso en pie en cuanto se dio cuenta de que la policía estaba allí.
-Estás arrestado Montesdeoca. No hagas ni un paso en falso. Suelta el arma.
Julio nos miró a Javier y a mí y de nuevo a Miranda.
-Ahora si que te entiendo. Realmente sé que yo haría lo mismo.
Javier le miró como si comprendiese. Se quitó el cuerpo de Miranda de encima y me desató para abrazarme e impedir que mirase.
Justo cuando me estrechaba entre sus brazos oí un disparo.
Julio se había quitado la vida.
La policía no había podido detenerle. Lloré todo lo que pude. Habían sucedido demasiadas cosas y ya no podía más.
No sé como llegamos a la calle, solo recuerdo a mi familia y a mis amigos abrazándome.
Nico se acercó a su hermano y le abrazó antes de que este pudiese decir nada.
-Nos encontraste. Gracias “melli”.
-No me las des solo a mí. Tuvimos ayuda.- se alejó de él para señalar a Claudia.
Javier asintió hacia ella como agradecimiento.
Entonces Nico se dirigió hacia mí y me abrazó con fuerza.
-¿Estás bien?
-Lo estaré. Gracias por estar aquí.
-A todo esto- interrumpió Javier.- ¿Como llegaste tan rápido?
-El helicóptero.- tampoco era necesario decir más.
Mientras Javier me abrazaba, alguien se puso al lado de Nico. Chloe.
Me lancé a sus brazos. Me alegraba mucho de verla, sobretodo al saber que hacía feliz a Nico.
-Ya estoy aquí prima.
Conseguí sonreír al apartarme.
-”Melli” te presento a mi chica. Chloe.
Javier se acercó a ella y la abrazó también.
-Me alegra conocerte al fin, aunque ya tenía la sensación de conocerte desde siempre por como hablaban de ti ambos.
-Espero que no mintiesen mucho.
-Solo un poco- dije yo.- Nada relevante.
En ese momento, el detective se nos acercó para decirnos que tendríamos que prestar declaración.
-¿Cree que puede ser mañana detective?- interrumpió mi padre.- Deje que se vayan a casa y descansen. Mañana por la mañana prestarán declaración.
-De acuerdo. Hasta mañana entonces.
La semana siguiente, fue como una pesadilla. Tras prestar declaración y aclarar todos los puntos, la prensa nos seguía allí donde fuésemos. Habían acampado frente a mi casa y frente a la de Javier.
Clara por fin se había enterado de lo ocurrido y acudió enseguida a mi lado. No se movió de allí en toda la semana.
Cuando la noticia empezó más a o menos a olvidarse y las cosas estaban más tranquilas, Javier vino a verme.
-Cariño, por favor accede a esto.
Yo seguía en mi cama. Me negaba por completo a salir de ella. No quería enfrentarme al mundo.
-Javier no insistas.
-Sé que no debería decir esto pero lo de Miranda y Julio te ha afectado. Ver a un psicólogo no es tan mala idea. Ve a verle. Si sigues siendo reacia después no volveré a insistir.
El médico que había curado mis heridas me vio en tal estado que habló con mis padres para aconsejarles que tal vez hablar con un psicólogo podría ayudarme y llevaban prácticamente toda la semana insistiendo.
Le miré fijamente. Como siempre, Javier logró convencerme.
Dos días después me encontraba en el ascensor de un enorme edificio dispuesta a hablar con un completo desconocido acerca de mi experiencia.
Por fin llegamos a la planta de psicología.
Miré a mi alrededor. No parecía tan frío como me había imaginado.
Javier cogió mi mano y nos acercamos al mostrador donde una preciosa mujer morena estaba hablando por teléfono.
Javier esperó a que terminase de hablar y entonces se dirigió a ella.
-Avisaré de que ha llegado.
Me sonrió y sin saber como me encontré devolviendole la sonrisa.
Cogió el teléfono de nuevo y al poco rato de colgar una puerta frente a nosotros se abrió dejando paso a dos niñas hermosas, a un hombre guapísimo y a una mujer pelirroja con una gran sonrisa en el rostro.
Ella se agachó para besar a ambas niñas y después se levantó para besar al hombre y despedirles después.
Tras eso se acercó a nosotros aun sonriendo.
-¿Eres Mónica?
Me gustó el tono de su voz. Era agradable y me tranquilizó al momento.
-Si.
Me tendió la mano y me apresuré a estrechársela.
-Soy Hannah. ¿Vienes conmigo?
Cuatro años después en una habitación de hospital, rodeada de la gente que me quería y algo más.
Dos bebés. Niño y niña.
Javier sostenía al niño, Nicolás y yo a la niña, Maya. Era sin duda lo más hermoso que hicimos nunca.
Un año antes, Javier y yo nos mudamos a una casita preciosa un poco alejada de la ciudad tras acabar la Universidad.
Por fin teníamos nuestro hogar y ahora teníamos dos hijos preciosos que nos habían llenado la vida de luz.
Mis visitas con Hannah terminaron a los seis meses y ahora la consideraba una gran amiga. Incluso había conocido a su familia.
Miré a mi alrededor, a cada uno de ellos.
Nico y Chloe eran muy felices. Dentro de dos meses se marcharían de viaje. Ahora se quedarían unos días para conocer a sus sobrinos.
-No me las des solo a mí. Tuvimos ayuda.- se alejó de él para señalar a Claudia.
Javier asintió hacia ella como agradecimiento.
Entonces Nico se dirigió hacia mí y me abrazó con fuerza.
-¿Estás bien?
-Lo estaré. Gracias por estar aquí.
-A todo esto- interrumpió Javier.- ¿Como llegaste tan rápido?
-El helicóptero.- tampoco era necesario decir más.
Mientras Javier me abrazaba, alguien se puso al lado de Nico. Chloe.
Me lancé a sus brazos. Me alegraba mucho de verla, sobretodo al saber que hacía feliz a Nico.
-Ya estoy aquí prima.
Conseguí sonreír al apartarme.
-”Melli” te presento a mi chica. Chloe.
Javier se acercó a ella y la abrazó también.
-Me alegra conocerte al fin, aunque ya tenía la sensación de conocerte desde siempre por como hablaban de ti ambos.
-Espero que no mintiesen mucho.
-Solo un poco- dije yo.- Nada relevante.
En ese momento, el detective se nos acercó para decirnos que tendríamos que prestar declaración.
-¿Cree que puede ser mañana detective?- interrumpió mi padre.- Deje que se vayan a casa y descansen. Mañana por la mañana prestarán declaración.
-De acuerdo. Hasta mañana entonces.
La semana siguiente, fue como una pesadilla. Tras prestar declaración y aclarar todos los puntos, la prensa nos seguía allí donde fuésemos. Habían acampado frente a mi casa y frente a la de Javier.
Clara por fin se había enterado de lo ocurrido y acudió enseguida a mi lado. No se movió de allí en toda la semana.
Cuando la noticia empezó más a o menos a olvidarse y las cosas estaban más tranquilas, Javier vino a verme.
-Cariño, por favor accede a esto.
Yo seguía en mi cama. Me negaba por completo a salir de ella. No quería enfrentarme al mundo.
-Javier no insistas.
-Sé que no debería decir esto pero lo de Miranda y Julio te ha afectado. Ver a un psicólogo no es tan mala idea. Ve a verle. Si sigues siendo reacia después no volveré a insistir.
El médico que había curado mis heridas me vio en tal estado que habló con mis padres para aconsejarles que tal vez hablar con un psicólogo podría ayudarme y llevaban prácticamente toda la semana insistiendo.
Le miré fijamente. Como siempre, Javier logró convencerme.
Dos días después me encontraba en el ascensor de un enorme edificio dispuesta a hablar con un completo desconocido acerca de mi experiencia.
Por fin llegamos a la planta de psicología.
Miré a mi alrededor. No parecía tan frío como me había imaginado.
Javier cogió mi mano y nos acercamos al mostrador donde una preciosa mujer morena estaba hablando por teléfono.
Javier esperó a que terminase de hablar y entonces se dirigió a ella.
-Avisaré de que ha llegado.
Me sonrió y sin saber como me encontré devolviendole la sonrisa.
Cogió el teléfono de nuevo y al poco rato de colgar una puerta frente a nosotros se abrió dejando paso a dos niñas hermosas, a un hombre guapísimo y a una mujer pelirroja con una gran sonrisa en el rostro.
Ella se agachó para besar a ambas niñas y después se levantó para besar al hombre y despedirles después.
Tras eso se acercó a nosotros aun sonriendo.
-¿Eres Mónica?
Me gustó el tono de su voz. Era agradable y me tranquilizó al momento.
-Si.
Me tendió la mano y me apresuré a estrechársela.
-Soy Hannah. ¿Vienes conmigo?
Cuatro años después en una habitación de hospital, rodeada de la gente que me quería y algo más.
Dos bebés. Niño y niña.
Javier sostenía al niño, Nicolás y yo a la niña, Maya. Era sin duda lo más hermoso que hicimos nunca.
Un año antes, Javier y yo nos mudamos a una casita preciosa un poco alejada de la ciudad tras acabar la Universidad.
Por fin teníamos nuestro hogar y ahora teníamos dos hijos preciosos que nos habían llenado la vida de luz.
Mis visitas con Hannah terminaron a los seis meses y ahora la consideraba una gran amiga. Incluso había conocido a su familia.
Miré a mi alrededor, a cada uno de ellos.
Nico y Chloe eran muy felices. Dentro de dos meses se marcharían de viaje. Ahora se quedarían unos días para conocer a sus sobrinos.
Ella intentó localizar a su Cúpido, pero no consiguió dar con él. Realmente deseaba agradecerle lo que había echo por ella.
En fin, supuso que realmente si era Cúpido.
Mis padres y los de Javier seguían como siempre. Ambos encantados con sus nietos.
Raúl y Olga también tenían ese aire de felicidad que les envolvía. Por fin Raúl había logrado no separarse más de ella porque vivían juntos.
Luis e Isabel estaban en ello. Disfrutaban el uno del otro sin prisas.
Dani y Lidia no eran distintos en eso tampoco.
Él estaba más enamorado que nunca y ella parecía que por fin había perdido esa tristeza que formaba parte de su pasado.
Clara y Sebastián se habían casado por fin y eran muy felices con su hijo de cuatro añitos.
Tony seguía igual que siempre. Viajando. Siempre que podía hacia una parada para verme. Seguía echándole de menos.
Los amigos de Nico... Bueno, tener novia definitivamente les había vuelto más encantadores.
Salva había limpiado por fin su buhardilla. Ahora tenía un toque femenino pero él parecía encantado.
Chus y Adriana... de ellos casi no merece la pena hablar pero bueno. Acabaron juntos como era de esperar. No sé que harán con tanta vanidad.
Y Jonathan... seguía intentándolo conmigo, pero Javier siempre me rescataba y siempre lo haría.
Y por último Santi. Por fin tenía novia. Una que solo le quería a él y que además era de su misma ciudad.
Basta decir que era feliz a más no poder.
-Entonces supongo que ahora si que os casaréis, ¿no?- preguntó la madre de Javier.
-Estoy deseándolo.- añadí yo. No veía la hora de decir <<si quiero>>.- De todos modos quiero una boda sencilla.
-¿Como que sencilla?- preguntó mi madre sorprendida.
-Si. No menos de doscientas personas.
Mi madre suspiró aliviada pero Javier se puso blanco.
-¿Doscientas?
-¿Que es poco? ¿Me quedo corta? Que se yo, vamos viendo.
FIN
Mis padres y los de Javier seguían como siempre. Ambos encantados con sus nietos.
Raúl y Olga también tenían ese aire de felicidad que les envolvía. Por fin Raúl había logrado no separarse más de ella porque vivían juntos.
Luis e Isabel estaban en ello. Disfrutaban el uno del otro sin prisas.
Dani y Lidia no eran distintos en eso tampoco.
Él estaba más enamorado que nunca y ella parecía que por fin había perdido esa tristeza que formaba parte de su pasado.
Clara y Sebastián se habían casado por fin y eran muy felices con su hijo de cuatro añitos.
Tony seguía igual que siempre. Viajando. Siempre que podía hacia una parada para verme. Seguía echándole de menos.
Los amigos de Nico... Bueno, tener novia definitivamente les había vuelto más encantadores.
Salva había limpiado por fin su buhardilla. Ahora tenía un toque femenino pero él parecía encantado.
Chus y Adriana... de ellos casi no merece la pena hablar pero bueno. Acabaron juntos como era de esperar. No sé que harán con tanta vanidad.
Y Jonathan... seguía intentándolo conmigo, pero Javier siempre me rescataba y siempre lo haría.
Y por último Santi. Por fin tenía novia. Una que solo le quería a él y que además era de su misma ciudad.
Basta decir que era feliz a más no poder.
-Entonces supongo que ahora si que os casaréis, ¿no?- preguntó la madre de Javier.
-Estoy deseándolo.- añadí yo. No veía la hora de decir <<si quiero>>.- De todos modos quiero una boda sencilla.
-¿Como que sencilla?- preguntó mi madre sorprendida.
-Si. No menos de doscientas personas.
Mi madre suspiró aliviada pero Javier se puso blanco.
-¿Doscientas?
-¿Que es poco? ¿Me quedo corta? Que se yo, vamos viendo.
FIN
martes, 7 de febrero de 2012
Capítulo 36
Dos semanas más tarde, ya de nuevo en el instituto, volviendo a la vida de siempre, mientras cogía mis cosas para irme a casa, mi teléfono sonó provocándome un susto de muerte. Estaba casi segura de que lo había puesto en silencio.
-¿Diga?
-Hola niñata.
<<Miranda>>
Me alejé de los demás e intenté calmarme. Como si fuese tan sencillo.
-¿Que quieres?
Se rió.
-¿Acaso no es evidente? ¿De verdad pensabas que te habías desecho de mí?
-Nunca pensé eso.
-Tengo que proponerte una cosa. Supongo que estarás interesada. Tu y yo. A solas. Creo que ya va siendo hora.
Ciertamente si.
-¿Donde?
-Ahora. En la cala principal.- antes de despedirse, añadió.- Y niñata, no se te ocurra decírselo a nadie. Tomaría represalias. Supongo que eso lo sabes.
-No se lo diré a nadie.
Y no pensaba hacerlo. Quería demasiado a los míos como para ponerles en peligro.
Cuando volví a clase para despedirme de ellos, Javier me miró fijamente.
-¿Pasa algo? Estás un poco pálida.
Me apresuré a negar con la cabeza.
-No, que va. Para nada.
-¿Seguro?
-Si, por supuesto. Tengo que irme ya. ¿Nos vemos por la noche, vale?
-Claro.
Me sentía mal por mentirle pero no quería que supiese a donde me dirigía. Eso solo le preocuparía y además, insistiría en acompañarme.
En ningún momento pensé que se había quedado preocupado por mí y que le pediría el jeep a Dani para poder seguirme de lejos.
-¿Quieres que te acompañemos tío?
-No, tranquilos. Quizá son solo imaginaciones mías.
-Hasta mañana entonces.
-Hasta mañana.
Cuando llegué al lugar citado por Miranda, me temblaba todo.
Aquella situación me superaba. Apenas podía respirar pero era algo que debía hacer. No podía retrasarlo más.
Casi podía verla sonreír desde lejos. Me estremecí. Aquella sonrisa siempre me había puesto los pelos de punta.
Sin embargo, esta vez Miranda no dirigía esa sonrisa hacía mí.
-¡Mónica cuidado!
Me volví de repente al escuchar la voz de Javier a mi espalda y me encontré cara a cara con un hombre que me provocó la misma horrible sensación que Miranda justo antes de que este me golpease.
Antes de perder el conocimiento, vi a Javier correr hacia donde yo estaba, tropezando con sus propios pies al no poder llegar antes. Después, todo se volvió oscuro.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que recobré el conocimiento. Solo sé que estaba oscuro, el aire estaba cargado y había mucha humedad.
Parpadeé un par de veces hasta que los ojos se ajustaron al lugar.
En medio de aquella oscuridad, me pareció ver un reflejo. ¿Tal vez un espejo?
-Por fin te tengo niñata. Ahora estás en mis manos.
Miranda se acercó por uno de los lados con un gran cuchillo en la mano.
Tragué saliva. Nunca había sentido tanto miedo.
-¿Donde está Javier?
-Él estará bien. No le pasará nada. Deberías saber que es mío. Me pertenece.
-Eso no es verdad. Javier jamás estará contigo de nuevo. No volverá contigo.
Ella se pasó la punta del cuchillo de un lado al otro del labio.
-Yo no estaría tan segura. Supongo que antes pensaba que mentía pero ahora estás aquí. Te tengo y puedo hacer lo que quiera contigo. Te prometo que no lo pasarás bien en absoluto. Voy a destrozarte niñata.
-¿Por que?
-¿Como te atreves a preguntarme eso? ¡Me quitaste a Santi!
-Yo no te quité nada Miranda. Santi se fue contigo. Me dejó por ti.
-Y a mi por ti. Si no fueses tan débil ahora quizá no estaríamos aquí, pero lo cierto es que en parte me alegro. Siempre te has creído superior a mí. Me has quitado lo que más me importaba. ¡Javier me dejó por tu culpa estúpida!
-Te dejó porque no te quiere. Es a mi a quien quiere. No puedes obligarle a que esté contigo si eso no le hace feliz.
-¡Cállate!- esa fue la primera bofetada. La primera de muchas.
-¿Quien eres?
-No creo que eso te importe.
-¿Por que haces esto? ¿Que te ha echo Mónica?
-Le ha echo la vida imposible a mi chica. Miranda es lo suficientemente importante para mí como para hacer cualquier cosa por ella. Incluso esto. De todos modos, no es mi primera vez en esto.
-Tu eres Julio- él no pareció sorprenderse de que le reconociese. Javier lo sabía a través de Claudia. Ella le había contado que Miranda había mantenido una relación con un asesino que por aquel entonces estaba en la cárcel.
-¿Que cambiarás con esto Miranda? Si me haces daño, Javier jamás te lo perdonará. Seguirá sin querer estar contigo. ¿Por que no nos dejas en paz?
-Jamás. Nunca debiste interponerte. Debiste quedarte con el imbécil de Nico, pero preferiste a Javier. Eres una egoísta.
-La única egoísta eres tú Miranda. Desde Santi que tu única finalidad es hundirme.
-Te lo mereces. Tu siempre tan perfecta, tan buena, tan gran persona. Te odio. Acabaré contigo niñata.
Deslizó la hoja del cuchillo por mi mejilla y apretó.
El sonido de mi voz fue lo último que salió de mi garganta antes de perder el conocimiento de nuevo.
Javier intentó ponerse de pie al oír un grito ensordecedor.
-Déjame ir. ¿Que le estáis haciendo?
-Tranquilo. Miranda solo está jugando con ella. Después me tocará a mi y yo voy a disfrutar de lo lindo. Me gusta tu chica. Tienes buen gusto. Intentaré ser amable con ella.
-No te atrevas a tocarla hijo de puta. Te mataré si la tocas.
-Escuchame bien niñato. Si estás vivo es únicamente por Miranda pero te aseguro que estoy deseando matarte con mis propias manos. No hagas que me enfade.
-Mátame si quieres, pero deja que ella se marche. Ella no te ha echo nada. Tu rabia es conmigo.
-Voy a serte sincero chaval. Si estoy fuera de la cárcel es precisamente para matar a esa niña. Es lo que Miranda quiere.
-¿Tu te estás oyendo? ¿Vas a obedecer a una cría caprichosa en algo así? Miranda está enferma de la cabeza.
Julio sonrío.
-En ese caso, hacemos buena pareja.
-Estás tan loco como ella.
-No te confundas. Yo estoy peor.
Miranda me echó un cubo de agua fría por encima para que me despertase.
-No quiero que te pierdas nada de esto niñata. Voy a disfrutar mucho acabando contigo.
-Esto no cambiará nada. Por favor Miranda, deja que nos vayamos.
-Nunca. Ve haciéndote a la idea. No vas a salir de aquí con vida.
-¿Y que pasa con Javier?
-Él se irá conmigo. Quizá esté triste unos días pero lograré que te olvide pronto.
-Estás equivocada.
-Me parece que no.- me cogió la barbilla con una mano y examinó la herida.- Esto te dejará cicatriz, aunque bien pensado, no importará si estás muerta, ¿verdad?
-Te has vuelto completamente loca. Has perdido el juicio.
-Ya te advertí que no te convenía cabrearme. No aprendes. Claudia tampoco.
-¿Que le has echo?
-Nada. Aun.
-¿Que le pasará a ella?
-Lo cierto es que aun no lo decidí. Tengo tiempo para pensarlo.
-No le hagas nada. Dejala. Creo que es bastante ya que la persona que ama no sienta lo mismo que ella y que además, se niegue a dirigirle la palabra.
-Tu siempre tan buena.
-No es bondad Miranda. Es mi modo de ser.
-Ese es precisamente tu problema.
-Por favor Miranda.
-Puedes suplicar todo lo que quieras, pero no te marcharás de aquí.
-¡Entonces mátame de una vez!
-Todo a su tiempo.
Volvió a deslizar el cuchillo por mi cara y siguió deslizándolo hasta llegar a mi brazo derecho. Allí volvió a apretar haciéndome otra herida.
Esta vez no grité, ni me desmayé. Dejé que las lágrimas se amontonasen en mis ojos, obligándome a no derramarlas. No lo conseguí.
-¿Diga?
-Hola niñata.
<<Miranda>>
Me alejé de los demás e intenté calmarme. Como si fuese tan sencillo.
-¿Que quieres?
Se rió.
-¿Acaso no es evidente? ¿De verdad pensabas que te habías desecho de mí?
-Nunca pensé eso.
-Tengo que proponerte una cosa. Supongo que estarás interesada. Tu y yo. A solas. Creo que ya va siendo hora.
Ciertamente si.
-¿Donde?
-Ahora. En la cala principal.- antes de despedirse, añadió.- Y niñata, no se te ocurra decírselo a nadie. Tomaría represalias. Supongo que eso lo sabes.
-No se lo diré a nadie.
Y no pensaba hacerlo. Quería demasiado a los míos como para ponerles en peligro.
Cuando volví a clase para despedirme de ellos, Javier me miró fijamente.
-¿Pasa algo? Estás un poco pálida.
Me apresuré a negar con la cabeza.
-No, que va. Para nada.
-¿Seguro?
-Si, por supuesto. Tengo que irme ya. ¿Nos vemos por la noche, vale?
-Claro.
Me sentía mal por mentirle pero no quería que supiese a donde me dirigía. Eso solo le preocuparía y además, insistiría en acompañarme.
En ningún momento pensé que se había quedado preocupado por mí y que le pediría el jeep a Dani para poder seguirme de lejos.
-¿Quieres que te acompañemos tío?
-No, tranquilos. Quizá son solo imaginaciones mías.
-Hasta mañana entonces.
-Hasta mañana.
Cuando llegué al lugar citado por Miranda, me temblaba todo.
Aquella situación me superaba. Apenas podía respirar pero era algo que debía hacer. No podía retrasarlo más.
Casi podía verla sonreír desde lejos. Me estremecí. Aquella sonrisa siempre me había puesto los pelos de punta.
Sin embargo, esta vez Miranda no dirigía esa sonrisa hacía mí.
-¡Mónica cuidado!
Me volví de repente al escuchar la voz de Javier a mi espalda y me encontré cara a cara con un hombre que me provocó la misma horrible sensación que Miranda justo antes de que este me golpease.
Antes de perder el conocimiento, vi a Javier correr hacia donde yo estaba, tropezando con sus propios pies al no poder llegar antes. Después, todo se volvió oscuro.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que recobré el conocimiento. Solo sé que estaba oscuro, el aire estaba cargado y había mucha humedad.
Parpadeé un par de veces hasta que los ojos se ajustaron al lugar.
En medio de aquella oscuridad, me pareció ver un reflejo. ¿Tal vez un espejo?
-Por fin te tengo niñata. Ahora estás en mis manos.
Miranda se acercó por uno de los lados con un gran cuchillo en la mano.
Tragué saliva. Nunca había sentido tanto miedo.
-¿Donde está Javier?
-Él estará bien. No le pasará nada. Deberías saber que es mío. Me pertenece.
-Eso no es verdad. Javier jamás estará contigo de nuevo. No volverá contigo.
Ella se pasó la punta del cuchillo de un lado al otro del labio.
-Yo no estaría tan segura. Supongo que antes pensaba que mentía pero ahora estás aquí. Te tengo y puedo hacer lo que quiera contigo. Te prometo que no lo pasarás bien en absoluto. Voy a destrozarte niñata.
-¿Por que?
-¿Como te atreves a preguntarme eso? ¡Me quitaste a Santi!
-Yo no te quité nada Miranda. Santi se fue contigo. Me dejó por ti.
-Y a mi por ti. Si no fueses tan débil ahora quizá no estaríamos aquí, pero lo cierto es que en parte me alegro. Siempre te has creído superior a mí. Me has quitado lo que más me importaba. ¡Javier me dejó por tu culpa estúpida!
-Te dejó porque no te quiere. Es a mi a quien quiere. No puedes obligarle a que esté contigo si eso no le hace feliz.
-¡Cállate!- esa fue la primera bofetada. La primera de muchas.
-¿Quien eres?
-No creo que eso te importe.
-¿Por que haces esto? ¿Que te ha echo Mónica?
-Le ha echo la vida imposible a mi chica. Miranda es lo suficientemente importante para mí como para hacer cualquier cosa por ella. Incluso esto. De todos modos, no es mi primera vez en esto.
-Tu eres Julio- él no pareció sorprenderse de que le reconociese. Javier lo sabía a través de Claudia. Ella le había contado que Miranda había mantenido una relación con un asesino que por aquel entonces estaba en la cárcel.
-¿Que cambiarás con esto Miranda? Si me haces daño, Javier jamás te lo perdonará. Seguirá sin querer estar contigo. ¿Por que no nos dejas en paz?
-Jamás. Nunca debiste interponerte. Debiste quedarte con el imbécil de Nico, pero preferiste a Javier. Eres una egoísta.
-La única egoísta eres tú Miranda. Desde Santi que tu única finalidad es hundirme.
-Te lo mereces. Tu siempre tan perfecta, tan buena, tan gran persona. Te odio. Acabaré contigo niñata.
Deslizó la hoja del cuchillo por mi mejilla y apretó.
El sonido de mi voz fue lo último que salió de mi garganta antes de perder el conocimiento de nuevo.
Javier intentó ponerse de pie al oír un grito ensordecedor.
-Déjame ir. ¿Que le estáis haciendo?
-Tranquilo. Miranda solo está jugando con ella. Después me tocará a mi y yo voy a disfrutar de lo lindo. Me gusta tu chica. Tienes buen gusto. Intentaré ser amable con ella.
-No te atrevas a tocarla hijo de puta. Te mataré si la tocas.
-Escuchame bien niñato. Si estás vivo es únicamente por Miranda pero te aseguro que estoy deseando matarte con mis propias manos. No hagas que me enfade.
-Mátame si quieres, pero deja que ella se marche. Ella no te ha echo nada. Tu rabia es conmigo.
-Voy a serte sincero chaval. Si estoy fuera de la cárcel es precisamente para matar a esa niña. Es lo que Miranda quiere.
-¿Tu te estás oyendo? ¿Vas a obedecer a una cría caprichosa en algo así? Miranda está enferma de la cabeza.
Julio sonrío.
-En ese caso, hacemos buena pareja.
-Estás tan loco como ella.
-No te confundas. Yo estoy peor.
Miranda me echó un cubo de agua fría por encima para que me despertase.
-No quiero que te pierdas nada de esto niñata. Voy a disfrutar mucho acabando contigo.
-Esto no cambiará nada. Por favor Miranda, deja que nos vayamos.
-Nunca. Ve haciéndote a la idea. No vas a salir de aquí con vida.
-¿Y que pasa con Javier?
-Él se irá conmigo. Quizá esté triste unos días pero lograré que te olvide pronto.
-Estás equivocada.
-Me parece que no.- me cogió la barbilla con una mano y examinó la herida.- Esto te dejará cicatriz, aunque bien pensado, no importará si estás muerta, ¿verdad?
-Te has vuelto completamente loca. Has perdido el juicio.
-Ya te advertí que no te convenía cabrearme. No aprendes. Claudia tampoco.
-¿Que le has echo?
-Nada. Aun.
-¿Que le pasará a ella?
-Lo cierto es que aun no lo decidí. Tengo tiempo para pensarlo.
-No le hagas nada. Dejala. Creo que es bastante ya que la persona que ama no sienta lo mismo que ella y que además, se niegue a dirigirle la palabra.
-Tu siempre tan buena.
-No es bondad Miranda. Es mi modo de ser.
-Ese es precisamente tu problema.
-Por favor Miranda.
-Puedes suplicar todo lo que quieras, pero no te marcharás de aquí.
-¡Entonces mátame de una vez!
-Todo a su tiempo.
Volvió a deslizar el cuchillo por mi cara y siguió deslizándolo hasta llegar a mi brazo derecho. Allí volvió a apretar haciéndome otra herida.
Esta vez no grité, ni me desmayé. Dejé que las lágrimas se amontonasen en mis ojos, obligándome a no derramarlas. No lo conseguí.
Capítulo 35
Julio seguía en su celda sin poder conciliar el sueño tras la visita de ese abogado. No había dejado de darle vueltas.
Reese Watson le había explicado claramente las intenciones de Miranda. Ella iba a sacarlo de allí.
Repasó la conversación con ese abogado en su cabeza una vez más.
-La señorita Kelso me ha contado el motivo por el que está aquí, aunque debo decir que yo también he estado investigando. Debo decirle que no está en una situación fácil y que posiblemente lograr que le dejen en libertad nos llevará tiempo. La señorita Kelso ha ofrecido una gran suma de dinero así que haré todo lo que esté en mi mano para liberarle.
Una vez que el guardia cerró la puerta tras él para dejarles hablando, Reese Watson inclinó su cuerpo hacia delante y le miró con una sonrisa burlona en el rostro.
-¿Usted no es abogado, verdad?
-Muy inteligente señor Montesdeoca.
-¿Que quiere?
-Ya sé lo he dicho. La señorita Kelso ha pagado mis servicios para sacarte de aquí, solo que a mi modo de ver, tendremos que ser drásticos y sacarte a la fuerza.
-¿Como?
-He oído por ahí que esta semana que viene pensaban trasladarte.- Cierto, pensó Julio. Iban a trasladarlo a una cárcel de máxima seguridad a las afueras.- Eso me deja algunas alternativas.
-¿No vas a contarme cual es el plan?
-No. Tendrás que esperar hasta entonces.
Julio odiaba aquello. Él siempre tenía un plan. Siempre. Claro que habían terminado por pillarle pero solo por ella. Estaba en la cárcel por ella.
Todavía seguía enamorado de ella. No podía arrancársela de la cabeza por mucho que lo intentara. Cada vez que ella le visitaba y después se marchaba, le dejaba destrozado.
Se miró las manos. Tenía los nudillos destrozados.
Tras su última visita, cuando ella le había dado tanto placer después de su conversación, Julio volvió a su celda y golpeó furioso la pared. Miranda siempre sería su chica. No importaba que ella quisiera a otro. Si lograba salir de allí, no solo me mataría, sino que también haría lo mismo con la obsesión de Miranda. Javier.
-En fin, ahora voy a prepararlo todo.
Julio asintió pero se quedó allí sentado.
-Por cierto- dijo aquel tipo antes de abrir la puerta para irse.- Miranda no solo me paga con dinero. Soy un hombre exigente y ella es muy pero que muy buena dándome placer.
<<Te mataré Reese Watson. Tal y como tenga oportunidad, juro que te mataré.>>
Aun con su burlona sonrisa en los labios, Reese desapareció tras la puerta.
-Nico espera...-dijo entre gemidos.-Deberíamos salir de aquí. No quiero hacerlo en un frío aparcamiento.
Nico asintió intentando regular su respiración.
-Voy a tener que coger otra habitación. Justo cuando acababa de dejarla.-suspiró.
-Podemos pagarla a medias si quieres.
-El dinero no es problema en mi familia Nico. Solo me preguntaba, ¿cuanto crees que podríamos tardar en salir de una cómoda cama?
-No lo sé, pero te aseguro que estoy dispuesto a averiguarlo.
Chloe consiguió reírse mientras él volvía a besarla antes de llevársela de allí.
Tras la mirada irónica de la recepcionista al pedirle una habitación para duración indeterminada, una vez en ella no perdieron el tiempo.
-Nico espera...
-¿Y ahora que?
-Me parece que me he dejado el coche abierto.
Un gruñido escapó de la garganta de él.
-¿Quieres que vaya a ver?
-No. Solo quería comentar la posibilidad. El coche y lo que hay dentro no me importan nada ahora mismo- se acercó a él para morderle el labio y susurrar junto a su oreja.- aunque lo cierto es que esta tarde me dejé una pequeña fortuna en ropa interior monísima que no quisiera perder.
Nico la alejó de su cuerpo y le tendió la mano.
Al ver que ella le miraba sin comprender, habló.
-Las llaves.
Ella se las pasó con una sonrisa. Estaba segura de que antes de nada, Nico comprobaría lo que había en las maletas antes de volver con ella.
Y lo hizo. Se pasó la mano por la boca desesperado. Prácticamente había una maleta llena de ropa interior. Los pantalones realmente empezaban a molestarle.
Cogió ambas maletas, se aseguró de cerrar el coche y regresó a la habitación.
En el ascensor se detuvo a mirarse un momento en el espejo.
<<Jamás pensé que sentiría tanta lujuria por nadie. Estoy perdido.>>
Se encogió de hombros. Le daba igual.
Mientras tanto, Chloe estaba sentada en la cama con una sonrisa.
Había pensado en quedarse en ropa interior pero algo le decía que Nico quería descubrir por si mismo lo que llevaba debajo. Y que quería descubrirlo lentamente y ella quería permitírselo.
Suspiró y se dejó caer en la cama con los brazos sobre la cabeza.
Quizá Nico no la amaba pero le había dicho que no podía estar sin ella. Su sonrisa se hizo más ancha y los parpados empezaron a pesarle.
Nico entró en la habitación, dejando las maletas junto a la puerta y se volvió hacia la cama.
Chloe se había quedado dormida esperándole.
<<¡Maldición! No debí entretenerme mirando la ropa interior.>>
Se acercó a la cama y se sentó en una esquina para apartarle un mechón de pelo que se negaba a quedarse en su sitio.
<<¿Que me has echo niña? ¿Por que no deseo nada que no seas tú?>>
Se acostó a su lado y se volvió hacía ella para poder mirarla hasta que el sueño también terminó por vencerle a él.
Chloe abrió los ojos lentamente como si temiese que todo hubiese sido solamente un sueño. Un sueño delicioso en el que Nico quería estar con ella.
Sonrió y se volvió despacio hacia el otro lado. Suspiró feliz al encontrarle durmiendo con ella.
Tras mirarlo un rato, de pronto recordó. Se había quedado dormida mientras le esperaba.
Se incorporó de golpe y se abalanzó hacia el teléfono.
Tras hacer la llamada, corrió hacia la ducha para despejarse.
Llamaron a la puerta. Primero abrió un ojo y después otro. ¿Era el ruido del agua eso que oía de fondo?
Miró hacia un lado antes de levantarse. Chloe debía estar duchándose.
Se acercó hacia la puerta y la abrió.
El servicio de habitaciones con lo que parecía ser el desayuno acababa de hacer su aparición.
Tras darle las gracias se acercó hacia la mesa y destapó una de las bandejas. Tortitas. Después otra. Fruta. Todo parecía delicioso y él estaba muerto de hambre, pero su estómago podía esperar. La chica que estaba al otro lado de la puerta del cuarto de baño, no.
Abrió la puerta poco a poco, sin hacer ruido. Chloe estaba tan absorta cantado a saber que, que ni siquiera le oyó entrar, desnudarse y colocarse tras ella hasta que notó sus manos sobre su cuerpo.
Ella reprimió un grito al darse cuenta de que era él.
-¿Cuanto hace que estas ahí?- pero Nico era prácticamente incapaz de hablar. No podía articular palabra si ella seguía frente a él desnuda y menos aún si no parecía avergonzada por que él la viese así.
-Ojala pudiese decir que llevo aquí más tiempo disfrutando de la vista.
Solo entonces Chloe pareció reparar en la situación. No por ello se cubrió. Dejó que el agua corriese por su cuerpo.
Cogió la mano de Nico y le acercó más a ella, hasta estar ambos bajo el chorro de agua. Sin apartar la mirada de él, presionó un botón y empezó a salir agua de varios puntos de las paredes.
-Vas a coger frío si te quedas ahí sin más.
-Te aseguro que no siento nada de frío en este momento niña.
-¿Que sientes entonces?- ladeó la cabeza hacia un lado observando su reacción.
Una gota llamó la atención de Nico. Una preciosa gota que resbaló desde la nariz hasta los labios de ella. Tragó saliva.
<<Quiero ser esa gota.>>
-Hambre- consiguió decir antes de abalanzarse sobre su boca.
Cuando Raúl y Olga regresaron, nos citaron a todos en la cabaña para darnos las buenas noticias, aunque claro, ya lo sabíamos. Tanto él, como ella nos habían mandado mensajes para decírnoslo.
No por ello dejaba de sorprendernos. Por fin éramos todo parejas y nos iba bien así. Era genial.
Pasamos el día juntos, haciendo planes, hablando de como sería el nuevo trimestre, de todo un poco.
Sin embargo, la sensación de que algo iba a pasar no se iba de mi cabeza.
Ya hacía días que lo hablaba con Javier y él no hacia otra cosa que tranquilizarme.
-Es normal que sientas esas cosas. La verdad es que lo entiendo, pero Miranda no va a volver y aunque así fuese, estoy contigo. No dejaría que te ocurriese nada.
Y aun así, esa sensación me acompañaba a cada paso que daba. Podía sentirla acercándose a mí, despacio, observándome, dispuesta a saltar sobre mí.
Yo no estaba equivocada en eso. Miranda llevaba siguiéndome desde hacia días. Fuese donde fuese, ella estaba allí, escondida, esperando el momento perfecto.
<<Ya queda menos niñata. Esta vez nadie va a salvarte.>>
Y se alejó de la cabaña sin ser vista.
Dentro de allí, todo eran risas, felicidad en general.
¿Podría Miranda romper aquella felicidad como si se tratase de un débil cristal?
De echo, haría cualquier cosa por conseguirlo.
Chloe le mordió el labio antes de separarse de él.
-Creo que quizá deberíamos ir a desayunar algo. Estoy muerta de hambre y en este estado puedo volverme agresiva.
Nico enarcó la ceja.
-¿Como de agresiva?
-Muerdo-contestó entre risas.- Podemos hacer esto después Nico. Ahora necesito comer algo.
Él la soltó de mala gana.
-Lo cierto es que tras ver el desayuno que pediste, yo también lo estoy. No he comido nada desde ayer al mediodía.
-¿Y eso por que?
-Porque cierta chica no hacía más que dar vueltas en mi cabeza impidiéndome pensar en nada que no fuese ella.
-¿Y yo era esa chica?
Nico negó con la cabeza.
-Tú, eres esa chica.
Con una gran sonrisa en el rostro, Chloe le rodeó el cuello con los brazos y la cintura con sus largas piernas y le besó.
Al separarse, apoyaron sus frentes y se quedaron así un rato con los ojos cerrados.
<<Tú vas a ser siempre esa chica. A partir de ahora, ya no hay nadie más para mí.>>
<<Te quiero Nico.>>
<<Estoy desesperadamente enamorado de ti niña.>>
Poco después, Nico la llevó hasta la cama y se tomó su tiempo para entrar en ella.
-No me tortures más más Nico por favor...
-Solo quiero que sea especial. Ni siquiera se si es tu primera vez...
-Lo es contigo. Con eso me basta- Un sentimiento de posesión se apoderó de él momentáneamente para desaparecer en el momento en el que ella le acarició la espalda con la yema de los dedos.- Yo tampoco sé si es tu primera vez. Quizá ha habido alguien.
-Eres la primera- <<y si juego bien mis cartas serás la última porque no quiero a nadie más que a ti.>>
-Nico...- ¡Dios! ¿Podía sonar su nombre mejor cuando lo pronunciaba ella?
Se incorporó para coger una uva y la puso entre los labios de ella.
-Espero que te baste por el momento. Comeremos después. Lo prometo.
-Me bastará. Solo echate de nuevo sobre mí porque me estoy helando...- ni siquiera se habían secado. Habían pasado de la ducha a la cama en cuestión de segundos.
¿Habían cerrado el agua?
<<Que importancia tiene eso ahora Chloe. Céntrate.>>
Finalmente Nico entró en ella. Ya nada podría separarles.
Una semana después.
Un tono, dos, y hasta tres más tarde y seguía sin haber respuesta. Lo había probado con ambos y ni Nico ni Chloe respondían al teléfono. Siempre me saltaba el buzón.
No podía evitar comerme las uñas. No sabía nada de ellos desde la noche en que Chloe me dijo que se marchaba de Cádiz. No sabía si Nico y ella habían podido hablar. La incertidumbre podía conmigo.
-Seguro que no es nada. Posiblemente hiciesen las paces.
Ojala.
-¿Y porque no dicen nada? Si al final no hablaron, Chloe ya debería estar aquí.
Javier me rodeó con el brazo para acercarme a su cuerpo. Estábamos en su cama. Sus padres habían salido a pasar el fin de semana fuera y nosotros habíamos aprovechado para “conocernos aun más”.
-Lo cierto es que mi hermano tampoco me coge el teléfono.
Bueno, eso tampoco era tan raro. Las cosas entre ellos aun estaban un poco tensas pero poco a poco, podrían arreglarse.
Me incorporé y tiré un poco de la sábana para cubrirme el pecho. No llevaba nada debajo.
Javier sonrió y deslizó la sábana hacia abajo.
-Estarán bien. Si le hubiese ocurrido algo a Nico yo lo sentiría.
-¿Y Chloe?
-Quizá mi hermano sea un poco bruto, pero si la quiere como creo que lo hace, la protegerá. De lo que sea y no se alejará de ella, aunque tu prima se lo pidiese.
Eso me tranquilizó lo suficiente como para que Javier no desperdiciase la oportunidad. Se abalanzó sobre mí para volver a hacerme el amor.
A lo largo de esa semana, ninguno de los dos se separó. Pasaban todo el día juntos. Nico le había presentado a sus amigos y a las novias de estos y todos parecían aceptarla lo cual él agradecía.
Sin embargo había algo que le preocupaba. Quizá hubiese logrado que Chloe estuviese con él, pero ella tenía su vida y ya le había dicho en una ocasión que no tenía pensado quedarse en Cádiz.
Quizá debería hablarlo con ella, pero no quería que una discusión estropease toda aquella semana increíble. Necesitaba consejo.
Aprovecho que fue un momento al lavabo mientras los demás seguían en la mesa del bar en el que la había conocido casi dos semanas antes y marcó el número de su hermano.
-¡Por fin! Estábamos empezando a preocuparnos.- por su tono de voz nadie lo diría. Se le oía más bien feliz.
-¿Que pasa?
-¿Como que qué pasa? Hace una semana que no sabemos nada de ti “melli”. ¿No tienes nada que contarnos?- para Nico no pasó desapercibido ese “nosotros”, pero no le importó. Ya no. Ahora estaba enamorado de una chica increíble que le correspondía.
-Ya, bueno, lo siento mucho. He estado liado.
Javier me miró. Estaba profundamente dormida a su lado. Sonrío.
-¿Salió todo bien entonces?
-Si. Estamos juntos.
-¿Es tu novia?
-Bueno, no se lo pedí pero yo creo que está implícito.
-Ya veo. ¿Y que más me cuentas?
-Estoy un poco preocupado.- le contó a su hermano la historia y Javier trató de ser lo más sincero posible.
-Creo que esto es algo que deberías hablar con ella. Ahora tenéis una relación y las dudas hay que aclararlas entre ambos.
-Ya había pensado hablar con ella, pero lo cierto es que no sé como abordar el tema. Llevamos una semana increíble “melli”. ¿Que pasa si con esto lo estropeo?
-No lo harás. Estoy seguro de que ella también ha pensado en eso y quizá tampoco ha dicho nada por la misma razón que tú. Habla con ella Nico. Es lo mejor.
-Lo haré. ¿Como está mi cuñada?
Javier sonrió de nuevo al mirarme.
-Duerme como un tronco.
Eso hizo que Nico estallase a carcajadas y Javier supo entonces que su hermano y él arreglarían lo suyo.
-Es la hora Montesdeoca. Van a trasladarte.
Había llegado el día. ¿Conseguiría Reese Watson realmente liberarle?
No tenía muchas expectativas pero algo le mantenía la mente fría. Lo mucho que disfrutaría degollando a ese hijo de puta.
Nadie, absolutamente nadie podía tocar a Miranda de ese modo. Era suya. Para siempre.
Tras esposarle, siguió a uno de los guardas por el pasillo hasta la salida mientras que otros dos estaban a su espalda por si intentaba algo raro.
No tenía intención. Confiaba en que ese hombre y quien fuese que le ayudase cumplieran su parte. En cuestión de horas sería libre y no iba a desperdiciar el tiempo.
Le subieron a la parte trasera del coche.
Tal y como llegaron a las afueras, una furgoneta les invistió, provocando que el coche saliese de la carretera.
De pronto, antes de perder el conocimiento, Julio vio como dos hombres ataban a los guardas, les quitaban las llaves y abrían la puerta trasera para llevárselo de allí.
Al volver al hotel, Chloe se apresuró a quitarse los zapatos.
-Es la última vez que me los pongo. Tengo los pies hinchados.
Nico la encontró sobre la cama frotándose los pies con una mueca de dolor en el rostro.
-Déjame ver.- se sentó a su lado y la obligó poner las piernas sobre sus rodillas antes de empezar a masajearle uno de los pies.
-Oh, dios mío. Eres mi héroe.
Nico sonrío.
-Oye Chloe, creo que deberíamos hablar.
-¿Que pasa?
-¿Que pasa con nosotros? Quiero decir, ¿estamos juntos? ¿Somos pareja?
-Pues yo creo que tal y como nos comportamos es lo que le debe parecer a todo el mundo.- Nico hacia casi una semana que no pasaba por su casa. Tras su reconciliación, había ido al día siguiente para coger una bolsa con ropa y avisar a sus tíos que no le esperasen.
-¿Y que crees tú?
-Me gusta que lo piensen porque es lo que yo desearía que fuésemos.
-Yo también- compartieron una sonrisa antes de que él siguiese hablando.- ¿Que pasará cuando tu decidas que Cádiz ya no te interesa? ¿Cuando quieras ir a conocer más mundo?
Chloe sonrió.
-¿Así que es eso? ¿Temes que me vaya y te deje como si no me importase nada?
Nico no se atrevió a asentir aunque no era necesario.
-¿Lo harías? ¿Te marcharías sin más?
-Por supuesto que no. Mira ya traté de decírtelo hace una semana cuando viniste a verme y después me dejaste sola en la habitación. Es cierto que yo no tenía pensado quedarme cielo pero las cosas cambiaron cuando te conocí. Ahora no hay lugar al que quiera ir si tu no vas conmigo.
-¿Eso quiere decir que te quedarías?
-Pues sí.
-¿Y si alguna vez te cansas y quieres irte?
-Podemos hacer un trato y a ver que te parece. ¿Este es tu último año de instituto verdad?
-Si. El año que viene ya veré pero de momento es lo que me toca.
-Entonces puedo quedarme aquí hasta que termines el instituto y después podemos viajar un tiempo. Después de eso ya veremos.
-¿Harías eso por mí?
-Haría esto por nosotros Nico. Si de algo estoy segura es de que esto saldrá bien. Mientras tanto tendré que buscarme un pisito o algo. No quiero vivir para siempre en este hotel.
-¿Y que hay del viaje para ir a ver a tu prima?
-Bueno, hace un año que no la veo, no creo que pase nada porque esperemos hasta Semana Santa, ¿no crees?
-Supongo que no.
-Entonces que me dices Nico. ¿Somos novios?
-Si. Desde luego que eres MI novia.- apretó un poco la planta del pie de ella para seguir masajeándola y al hacerlo ella se dejó caer en la cama.
-Si sigues así me moriré del gusto. Los pies son mi perdición.
-Querrás decir que son tu punto débil.
-Bueno, eso también.
Nico se tumbó junto a ella, la cogió por la cintura y la puso a horcajadas sobre su cuerpo.
-Te quiero- le acarició la mejilla y descendió hasta el cuello para seguir bajando hasta cogerle la mano.- Te quiero niña.
-Y yo a ti. Te quiero Nico.
-Vamos despierta de una vez.- alguien le habló de nuevo. No sabía quien. Jamás había oído esa voz.
Abrió los ojos despacio, temiendo por un momento estar aun en su celda. No lo estaba.
Parecía ser más bien algo así como un sótano. Miró al hombre que tenía delante.
-Ya era hora. El señor Watson se reunirá contigo en unos momentos. Le llevará algo de tiempo terminar con esa visita que tiene.
A Julio no le gustó nada como sonó aquello, más bien porque temía saber quien era esa visita. Miranda.
Ese hijo de puta debía estar follándose a su chica. <<Lo mataré.>> Pensar aquello era lo único que le daba fuerzas para aguantar lo que fuese.
-Suéltame.- parecía que aun no le habían quitado las esposas.
-Tenemos órdenes de no hacerlo hasta que el señor Watson vuelva.
<<Muy inteligente. Apuesto a que sabe que le mataré.>>
Media hora más tarde, Miranda y ese cabrón aparecieron juntos aun abrochándose la ropa.
Al ver como la miraba, Miranda le guiñó un ojo antes de acercarse a él para besarle.
-Te dije que iba a sacarte de allí.
-Lo sé, solo que no esperaba “esto”- señaló con la cabeza a Reese.
-Ningún abogado habría podido sacarte de allí por mucho dinero que pagase y nos habría llevado demasiado tiempo. No quiero esperar más. Es el momento de atacar.
-Sabes que haré lo que sea por ti- moriría si fuese necesario.- ¿Cual es el plan?
-Creo que voy a dejar que me sorprendas.
-¿Vas a dejar que decida yo?
-He decidido que quiero hacerla sufrir antes. Tu de momento solo traela hacia mi.
-No deberías implicarte en esto nena.
-Lo haré con o sin tu ayuda. Si tu no cooperas encontraré a alguien que si que lo haga- se pasó la lengua por los labios y miró con intención a Reese.
-Te ayudaré- <<Seré un asesino, pero ella puede ponerme de rodillas y hacer lo que quiera conmigo.>>
-Ese es mi chico.
-¿De verdad están juntos?- pregunté mientras desayunábamos. Javier me había puesto al tanto de la situación.
-Eso es. Al fin una mujer que ha puesto a Nicolás Suárez de rodillas, por así decirlo.
Me reí. Me alegraba mucho por ellos. Eran dos grandes personas.
-¿Que te apetece hacer hoy?
-Nada. Solo pensar en que el lunes ya empezamos las clases de nuevo me deprimo. Han sido las vacaciones de Navidad más cortas de la historia.
-Eso es porque las hemos aprovechado. ¿Has pensado que hacer cuando te gradúes?
-Me gustaría viajar un poco supongo, pero la Universidad es algo que no quiero perderme.
-Yo tampoco. Quisiera ser un gran profesor de Ciéncias.
-Bueno, en vista de que ese horrible trabajo no hubiese salido bien de no ser por ti, creo que es la profesión indicada para ti. Se ve que disfrutas con ello.
-Pues si. ¿Y que hay de ti?¿Que te gustaría ser de mayor?
-Madre. Eso por descontado, pero estudiaré Literatura inglesa.
-Eso podría significar que compartamos Universidad.
-Eso es.
-Me gusta.
Cogí otra tostada y la mordí.
-Tengo que volver a casa.
-Lo sé.
-Ha sido genial estar así contigo. Me sentido como si viviésemos juntos.
-Y yo. Lástima que termine.
-Bueno, todavía nos queda mucho por vivir cariño. Algún día tendremos una casita solo para nosotros y los doscientos millones de hijos que vamos a tener.
-¿No te parece un poco exagerado?
-No que va. Quiero tener tantos hijos como pueda. Al ser hija única siempre me sentí un poco sola. Clara no siempre estaba conmigo, Chloe vivía fuera y la pandilla es genial pero no vivíamos juntos. No quiero que nuestro hijo o hija pueda sentirse así.
<<Nuestro>> A Javier le encantaba como sonaba eso.
Reese Watson le había explicado claramente las intenciones de Miranda. Ella iba a sacarlo de allí.
Repasó la conversación con ese abogado en su cabeza una vez más.
-La señorita Kelso me ha contado el motivo por el que está aquí, aunque debo decir que yo también he estado investigando. Debo decirle que no está en una situación fácil y que posiblemente lograr que le dejen en libertad nos llevará tiempo. La señorita Kelso ha ofrecido una gran suma de dinero así que haré todo lo que esté en mi mano para liberarle.
Una vez que el guardia cerró la puerta tras él para dejarles hablando, Reese Watson inclinó su cuerpo hacia delante y le miró con una sonrisa burlona en el rostro.
-¿Usted no es abogado, verdad?
-Muy inteligente señor Montesdeoca.
-¿Que quiere?
-Ya sé lo he dicho. La señorita Kelso ha pagado mis servicios para sacarte de aquí, solo que a mi modo de ver, tendremos que ser drásticos y sacarte a la fuerza.
-¿Como?
-He oído por ahí que esta semana que viene pensaban trasladarte.- Cierto, pensó Julio. Iban a trasladarlo a una cárcel de máxima seguridad a las afueras.- Eso me deja algunas alternativas.
-¿No vas a contarme cual es el plan?
-No. Tendrás que esperar hasta entonces.
Julio odiaba aquello. Él siempre tenía un plan. Siempre. Claro que habían terminado por pillarle pero solo por ella. Estaba en la cárcel por ella.
Todavía seguía enamorado de ella. No podía arrancársela de la cabeza por mucho que lo intentara. Cada vez que ella le visitaba y después se marchaba, le dejaba destrozado.
Se miró las manos. Tenía los nudillos destrozados.
Tras su última visita, cuando ella le había dado tanto placer después de su conversación, Julio volvió a su celda y golpeó furioso la pared. Miranda siempre sería su chica. No importaba que ella quisiera a otro. Si lograba salir de allí, no solo me mataría, sino que también haría lo mismo con la obsesión de Miranda. Javier.
-En fin, ahora voy a prepararlo todo.
Julio asintió pero se quedó allí sentado.
-Por cierto- dijo aquel tipo antes de abrir la puerta para irse.- Miranda no solo me paga con dinero. Soy un hombre exigente y ella es muy pero que muy buena dándome placer.
<<Te mataré Reese Watson. Tal y como tenga oportunidad, juro que te mataré.>>
Aun con su burlona sonrisa en los labios, Reese desapareció tras la puerta.
-Nico espera...-dijo entre gemidos.-Deberíamos salir de aquí. No quiero hacerlo en un frío aparcamiento.
Nico asintió intentando regular su respiración.
-Voy a tener que coger otra habitación. Justo cuando acababa de dejarla.-suspiró.
-Podemos pagarla a medias si quieres.
-El dinero no es problema en mi familia Nico. Solo me preguntaba, ¿cuanto crees que podríamos tardar en salir de una cómoda cama?
-No lo sé, pero te aseguro que estoy dispuesto a averiguarlo.
Chloe consiguió reírse mientras él volvía a besarla antes de llevársela de allí.
Tras la mirada irónica de la recepcionista al pedirle una habitación para duración indeterminada, una vez en ella no perdieron el tiempo.
-Nico espera...
-¿Y ahora que?
-Me parece que me he dejado el coche abierto.
Un gruñido escapó de la garganta de él.
-¿Quieres que vaya a ver?
-No. Solo quería comentar la posibilidad. El coche y lo que hay dentro no me importan nada ahora mismo- se acercó a él para morderle el labio y susurrar junto a su oreja.- aunque lo cierto es que esta tarde me dejé una pequeña fortuna en ropa interior monísima que no quisiera perder.
Nico la alejó de su cuerpo y le tendió la mano.
Al ver que ella le miraba sin comprender, habló.
-Las llaves.
Ella se las pasó con una sonrisa. Estaba segura de que antes de nada, Nico comprobaría lo que había en las maletas antes de volver con ella.
Y lo hizo. Se pasó la mano por la boca desesperado. Prácticamente había una maleta llena de ropa interior. Los pantalones realmente empezaban a molestarle.
Cogió ambas maletas, se aseguró de cerrar el coche y regresó a la habitación.
En el ascensor se detuvo a mirarse un momento en el espejo.
<<Jamás pensé que sentiría tanta lujuria por nadie. Estoy perdido.>>
Se encogió de hombros. Le daba igual.
Mientras tanto, Chloe estaba sentada en la cama con una sonrisa.
Había pensado en quedarse en ropa interior pero algo le decía que Nico quería descubrir por si mismo lo que llevaba debajo. Y que quería descubrirlo lentamente y ella quería permitírselo.
Suspiró y se dejó caer en la cama con los brazos sobre la cabeza.
Quizá Nico no la amaba pero le había dicho que no podía estar sin ella. Su sonrisa se hizo más ancha y los parpados empezaron a pesarle.
Nico entró en la habitación, dejando las maletas junto a la puerta y se volvió hacia la cama.
Chloe se había quedado dormida esperándole.
<<¡Maldición! No debí entretenerme mirando la ropa interior.>>
Se acercó a la cama y se sentó en una esquina para apartarle un mechón de pelo que se negaba a quedarse en su sitio.
<<¿Que me has echo niña? ¿Por que no deseo nada que no seas tú?>>
Se acostó a su lado y se volvió hacía ella para poder mirarla hasta que el sueño también terminó por vencerle a él.
Chloe abrió los ojos lentamente como si temiese que todo hubiese sido solamente un sueño. Un sueño delicioso en el que Nico quería estar con ella.
Sonrió y se volvió despacio hacia el otro lado. Suspiró feliz al encontrarle durmiendo con ella.
Tras mirarlo un rato, de pronto recordó. Se había quedado dormida mientras le esperaba.
Se incorporó de golpe y se abalanzó hacia el teléfono.
Tras hacer la llamada, corrió hacia la ducha para despejarse.
Llamaron a la puerta. Primero abrió un ojo y después otro. ¿Era el ruido del agua eso que oía de fondo?
Miró hacia un lado antes de levantarse. Chloe debía estar duchándose.
Se acercó hacia la puerta y la abrió.
El servicio de habitaciones con lo que parecía ser el desayuno acababa de hacer su aparición.
Tras darle las gracias se acercó hacia la mesa y destapó una de las bandejas. Tortitas. Después otra. Fruta. Todo parecía delicioso y él estaba muerto de hambre, pero su estómago podía esperar. La chica que estaba al otro lado de la puerta del cuarto de baño, no.
Abrió la puerta poco a poco, sin hacer ruido. Chloe estaba tan absorta cantado a saber que, que ni siquiera le oyó entrar, desnudarse y colocarse tras ella hasta que notó sus manos sobre su cuerpo.
Ella reprimió un grito al darse cuenta de que era él.
-¿Cuanto hace que estas ahí?- pero Nico era prácticamente incapaz de hablar. No podía articular palabra si ella seguía frente a él desnuda y menos aún si no parecía avergonzada por que él la viese así.
-Ojala pudiese decir que llevo aquí más tiempo disfrutando de la vista.
Solo entonces Chloe pareció reparar en la situación. No por ello se cubrió. Dejó que el agua corriese por su cuerpo.
Cogió la mano de Nico y le acercó más a ella, hasta estar ambos bajo el chorro de agua. Sin apartar la mirada de él, presionó un botón y empezó a salir agua de varios puntos de las paredes.
-Vas a coger frío si te quedas ahí sin más.
-Te aseguro que no siento nada de frío en este momento niña.
-¿Que sientes entonces?- ladeó la cabeza hacia un lado observando su reacción.
Una gota llamó la atención de Nico. Una preciosa gota que resbaló desde la nariz hasta los labios de ella. Tragó saliva.
<<Quiero ser esa gota.>>
-Hambre- consiguió decir antes de abalanzarse sobre su boca.
Cuando Raúl y Olga regresaron, nos citaron a todos en la cabaña para darnos las buenas noticias, aunque claro, ya lo sabíamos. Tanto él, como ella nos habían mandado mensajes para decírnoslo.
No por ello dejaba de sorprendernos. Por fin éramos todo parejas y nos iba bien así. Era genial.
Pasamos el día juntos, haciendo planes, hablando de como sería el nuevo trimestre, de todo un poco.
Sin embargo, la sensación de que algo iba a pasar no se iba de mi cabeza.
Ya hacía días que lo hablaba con Javier y él no hacia otra cosa que tranquilizarme.
-Es normal que sientas esas cosas. La verdad es que lo entiendo, pero Miranda no va a volver y aunque así fuese, estoy contigo. No dejaría que te ocurriese nada.
Y aun así, esa sensación me acompañaba a cada paso que daba. Podía sentirla acercándose a mí, despacio, observándome, dispuesta a saltar sobre mí.
Yo no estaba equivocada en eso. Miranda llevaba siguiéndome desde hacia días. Fuese donde fuese, ella estaba allí, escondida, esperando el momento perfecto.
<<Ya queda menos niñata. Esta vez nadie va a salvarte.>>
Y se alejó de la cabaña sin ser vista.
Dentro de allí, todo eran risas, felicidad en general.
¿Podría Miranda romper aquella felicidad como si se tratase de un débil cristal?
De echo, haría cualquier cosa por conseguirlo.
Chloe le mordió el labio antes de separarse de él.
-Creo que quizá deberíamos ir a desayunar algo. Estoy muerta de hambre y en este estado puedo volverme agresiva.
Nico enarcó la ceja.
-¿Como de agresiva?
-Muerdo-contestó entre risas.- Podemos hacer esto después Nico. Ahora necesito comer algo.
Él la soltó de mala gana.
-Lo cierto es que tras ver el desayuno que pediste, yo también lo estoy. No he comido nada desde ayer al mediodía.
-¿Y eso por que?
-Porque cierta chica no hacía más que dar vueltas en mi cabeza impidiéndome pensar en nada que no fuese ella.
-¿Y yo era esa chica?
Nico negó con la cabeza.
-Tú, eres esa chica.
Con una gran sonrisa en el rostro, Chloe le rodeó el cuello con los brazos y la cintura con sus largas piernas y le besó.
Al separarse, apoyaron sus frentes y se quedaron así un rato con los ojos cerrados.
<<Tú vas a ser siempre esa chica. A partir de ahora, ya no hay nadie más para mí.>>
<<Te quiero Nico.>>
<<Estoy desesperadamente enamorado de ti niña.>>
Poco después, Nico la llevó hasta la cama y se tomó su tiempo para entrar en ella.
-No me tortures más más Nico por favor...
-Solo quiero que sea especial. Ni siquiera se si es tu primera vez...
-Lo es contigo. Con eso me basta- Un sentimiento de posesión se apoderó de él momentáneamente para desaparecer en el momento en el que ella le acarició la espalda con la yema de los dedos.- Yo tampoco sé si es tu primera vez. Quizá ha habido alguien.
-Eres la primera- <<y si juego bien mis cartas serás la última porque no quiero a nadie más que a ti.>>
-Nico...- ¡Dios! ¿Podía sonar su nombre mejor cuando lo pronunciaba ella?
Se incorporó para coger una uva y la puso entre los labios de ella.
-Espero que te baste por el momento. Comeremos después. Lo prometo.
-Me bastará. Solo echate de nuevo sobre mí porque me estoy helando...- ni siquiera se habían secado. Habían pasado de la ducha a la cama en cuestión de segundos.
¿Habían cerrado el agua?
<<Que importancia tiene eso ahora Chloe. Céntrate.>>
Finalmente Nico entró en ella. Ya nada podría separarles.
Una semana después.
Un tono, dos, y hasta tres más tarde y seguía sin haber respuesta. Lo había probado con ambos y ni Nico ni Chloe respondían al teléfono. Siempre me saltaba el buzón.
No podía evitar comerme las uñas. No sabía nada de ellos desde la noche en que Chloe me dijo que se marchaba de Cádiz. No sabía si Nico y ella habían podido hablar. La incertidumbre podía conmigo.
-Seguro que no es nada. Posiblemente hiciesen las paces.
Ojala.
-¿Y porque no dicen nada? Si al final no hablaron, Chloe ya debería estar aquí.
Javier me rodeó con el brazo para acercarme a su cuerpo. Estábamos en su cama. Sus padres habían salido a pasar el fin de semana fuera y nosotros habíamos aprovechado para “conocernos aun más”.
-Lo cierto es que mi hermano tampoco me coge el teléfono.
Bueno, eso tampoco era tan raro. Las cosas entre ellos aun estaban un poco tensas pero poco a poco, podrían arreglarse.
Me incorporé y tiré un poco de la sábana para cubrirme el pecho. No llevaba nada debajo.
Javier sonrió y deslizó la sábana hacia abajo.
-Estarán bien. Si le hubiese ocurrido algo a Nico yo lo sentiría.
-¿Y Chloe?
-Quizá mi hermano sea un poco bruto, pero si la quiere como creo que lo hace, la protegerá. De lo que sea y no se alejará de ella, aunque tu prima se lo pidiese.
Eso me tranquilizó lo suficiente como para que Javier no desperdiciase la oportunidad. Se abalanzó sobre mí para volver a hacerme el amor.
A lo largo de esa semana, ninguno de los dos se separó. Pasaban todo el día juntos. Nico le había presentado a sus amigos y a las novias de estos y todos parecían aceptarla lo cual él agradecía.
Sin embargo había algo que le preocupaba. Quizá hubiese logrado que Chloe estuviese con él, pero ella tenía su vida y ya le había dicho en una ocasión que no tenía pensado quedarse en Cádiz.
Quizá debería hablarlo con ella, pero no quería que una discusión estropease toda aquella semana increíble. Necesitaba consejo.
Aprovecho que fue un momento al lavabo mientras los demás seguían en la mesa del bar en el que la había conocido casi dos semanas antes y marcó el número de su hermano.
-¡Por fin! Estábamos empezando a preocuparnos.- por su tono de voz nadie lo diría. Se le oía más bien feliz.
-¿Que pasa?
-¿Como que qué pasa? Hace una semana que no sabemos nada de ti “melli”. ¿No tienes nada que contarnos?- para Nico no pasó desapercibido ese “nosotros”, pero no le importó. Ya no. Ahora estaba enamorado de una chica increíble que le correspondía.
-Ya, bueno, lo siento mucho. He estado liado.
Javier me miró. Estaba profundamente dormida a su lado. Sonrío.
-¿Salió todo bien entonces?
-Si. Estamos juntos.
-¿Es tu novia?
-Bueno, no se lo pedí pero yo creo que está implícito.
-Ya veo. ¿Y que más me cuentas?
-Estoy un poco preocupado.- le contó a su hermano la historia y Javier trató de ser lo más sincero posible.
-Creo que esto es algo que deberías hablar con ella. Ahora tenéis una relación y las dudas hay que aclararlas entre ambos.
-Ya había pensado hablar con ella, pero lo cierto es que no sé como abordar el tema. Llevamos una semana increíble “melli”. ¿Que pasa si con esto lo estropeo?
-No lo harás. Estoy seguro de que ella también ha pensado en eso y quizá tampoco ha dicho nada por la misma razón que tú. Habla con ella Nico. Es lo mejor.
-Lo haré. ¿Como está mi cuñada?
Javier sonrió de nuevo al mirarme.
-Duerme como un tronco.
Eso hizo que Nico estallase a carcajadas y Javier supo entonces que su hermano y él arreglarían lo suyo.
-Es la hora Montesdeoca. Van a trasladarte.
Había llegado el día. ¿Conseguiría Reese Watson realmente liberarle?
No tenía muchas expectativas pero algo le mantenía la mente fría. Lo mucho que disfrutaría degollando a ese hijo de puta.
Nadie, absolutamente nadie podía tocar a Miranda de ese modo. Era suya. Para siempre.
Tras esposarle, siguió a uno de los guardas por el pasillo hasta la salida mientras que otros dos estaban a su espalda por si intentaba algo raro.
No tenía intención. Confiaba en que ese hombre y quien fuese que le ayudase cumplieran su parte. En cuestión de horas sería libre y no iba a desperdiciar el tiempo.
Le subieron a la parte trasera del coche.
Tal y como llegaron a las afueras, una furgoneta les invistió, provocando que el coche saliese de la carretera.
De pronto, antes de perder el conocimiento, Julio vio como dos hombres ataban a los guardas, les quitaban las llaves y abrían la puerta trasera para llevárselo de allí.
Al volver al hotel, Chloe se apresuró a quitarse los zapatos.
-Es la última vez que me los pongo. Tengo los pies hinchados.
Nico la encontró sobre la cama frotándose los pies con una mueca de dolor en el rostro.
-Déjame ver.- se sentó a su lado y la obligó poner las piernas sobre sus rodillas antes de empezar a masajearle uno de los pies.
-Oh, dios mío. Eres mi héroe.
Nico sonrío.
-Oye Chloe, creo que deberíamos hablar.
-¿Que pasa?
-¿Que pasa con nosotros? Quiero decir, ¿estamos juntos? ¿Somos pareja?
-Pues yo creo que tal y como nos comportamos es lo que le debe parecer a todo el mundo.- Nico hacia casi una semana que no pasaba por su casa. Tras su reconciliación, había ido al día siguiente para coger una bolsa con ropa y avisar a sus tíos que no le esperasen.
-¿Y que crees tú?
-Me gusta que lo piensen porque es lo que yo desearía que fuésemos.
-Yo también- compartieron una sonrisa antes de que él siguiese hablando.- ¿Que pasará cuando tu decidas que Cádiz ya no te interesa? ¿Cuando quieras ir a conocer más mundo?
Chloe sonrió.
-¿Así que es eso? ¿Temes que me vaya y te deje como si no me importase nada?
Nico no se atrevió a asentir aunque no era necesario.
-¿Lo harías? ¿Te marcharías sin más?
-Por supuesto que no. Mira ya traté de decírtelo hace una semana cuando viniste a verme y después me dejaste sola en la habitación. Es cierto que yo no tenía pensado quedarme cielo pero las cosas cambiaron cuando te conocí. Ahora no hay lugar al que quiera ir si tu no vas conmigo.
-¿Eso quiere decir que te quedarías?
-Pues sí.
-¿Y si alguna vez te cansas y quieres irte?
-Podemos hacer un trato y a ver que te parece. ¿Este es tu último año de instituto verdad?
-Si. El año que viene ya veré pero de momento es lo que me toca.
-Entonces puedo quedarme aquí hasta que termines el instituto y después podemos viajar un tiempo. Después de eso ya veremos.
-¿Harías eso por mí?
-Haría esto por nosotros Nico. Si de algo estoy segura es de que esto saldrá bien. Mientras tanto tendré que buscarme un pisito o algo. No quiero vivir para siempre en este hotel.
-¿Y que hay del viaje para ir a ver a tu prima?
-Bueno, hace un año que no la veo, no creo que pase nada porque esperemos hasta Semana Santa, ¿no crees?
-Supongo que no.
-Entonces que me dices Nico. ¿Somos novios?
-Si. Desde luego que eres MI novia.- apretó un poco la planta del pie de ella para seguir masajeándola y al hacerlo ella se dejó caer en la cama.
-Si sigues así me moriré del gusto. Los pies son mi perdición.
-Querrás decir que son tu punto débil.
-Bueno, eso también.
Nico se tumbó junto a ella, la cogió por la cintura y la puso a horcajadas sobre su cuerpo.
-Te quiero- le acarició la mejilla y descendió hasta el cuello para seguir bajando hasta cogerle la mano.- Te quiero niña.
-Y yo a ti. Te quiero Nico.
-Vamos despierta de una vez.- alguien le habló de nuevo. No sabía quien. Jamás había oído esa voz.
Abrió los ojos despacio, temiendo por un momento estar aun en su celda. No lo estaba.
Parecía ser más bien algo así como un sótano. Miró al hombre que tenía delante.
-Ya era hora. El señor Watson se reunirá contigo en unos momentos. Le llevará algo de tiempo terminar con esa visita que tiene.
A Julio no le gustó nada como sonó aquello, más bien porque temía saber quien era esa visita. Miranda.
Ese hijo de puta debía estar follándose a su chica. <<Lo mataré.>> Pensar aquello era lo único que le daba fuerzas para aguantar lo que fuese.
-Suéltame.- parecía que aun no le habían quitado las esposas.
-Tenemos órdenes de no hacerlo hasta que el señor Watson vuelva.
<<Muy inteligente. Apuesto a que sabe que le mataré.>>
Media hora más tarde, Miranda y ese cabrón aparecieron juntos aun abrochándose la ropa.
Al ver como la miraba, Miranda le guiñó un ojo antes de acercarse a él para besarle.
-Te dije que iba a sacarte de allí.
-Lo sé, solo que no esperaba “esto”- señaló con la cabeza a Reese.
-Ningún abogado habría podido sacarte de allí por mucho dinero que pagase y nos habría llevado demasiado tiempo. No quiero esperar más. Es el momento de atacar.
-Sabes que haré lo que sea por ti- moriría si fuese necesario.- ¿Cual es el plan?
-Creo que voy a dejar que me sorprendas.
-¿Vas a dejar que decida yo?
-He decidido que quiero hacerla sufrir antes. Tu de momento solo traela hacia mi.
-No deberías implicarte en esto nena.
-Lo haré con o sin tu ayuda. Si tu no cooperas encontraré a alguien que si que lo haga- se pasó la lengua por los labios y miró con intención a Reese.
-Te ayudaré- <<Seré un asesino, pero ella puede ponerme de rodillas y hacer lo que quiera conmigo.>>
-Ese es mi chico.
-¿De verdad están juntos?- pregunté mientras desayunábamos. Javier me había puesto al tanto de la situación.
-Eso es. Al fin una mujer que ha puesto a Nicolás Suárez de rodillas, por así decirlo.
Me reí. Me alegraba mucho por ellos. Eran dos grandes personas.
-¿Que te apetece hacer hoy?
-Nada. Solo pensar en que el lunes ya empezamos las clases de nuevo me deprimo. Han sido las vacaciones de Navidad más cortas de la historia.
-Eso es porque las hemos aprovechado. ¿Has pensado que hacer cuando te gradúes?
-Me gustaría viajar un poco supongo, pero la Universidad es algo que no quiero perderme.
-Yo tampoco. Quisiera ser un gran profesor de Ciéncias.
-Bueno, en vista de que ese horrible trabajo no hubiese salido bien de no ser por ti, creo que es la profesión indicada para ti. Se ve que disfrutas con ello.
-Pues si. ¿Y que hay de ti?¿Que te gustaría ser de mayor?
-Madre. Eso por descontado, pero estudiaré Literatura inglesa.
-Eso podría significar que compartamos Universidad.
-Eso es.
-Me gusta.
Cogí otra tostada y la mordí.
-Tengo que volver a casa.
-Lo sé.
-Ha sido genial estar así contigo. Me sentido como si viviésemos juntos.
-Y yo. Lástima que termine.
-Bueno, todavía nos queda mucho por vivir cariño. Algún día tendremos una casita solo para nosotros y los doscientos millones de hijos que vamos a tener.
-¿No te parece un poco exagerado?
-No que va. Quiero tener tantos hijos como pueda. Al ser hija única siempre me sentí un poco sola. Clara no siempre estaba conmigo, Chloe vivía fuera y la pandilla es genial pero no vivíamos juntos. No quiero que nuestro hijo o hija pueda sentirse así.
<<Nuestro>> A Javier le encantaba como sonaba eso.
lunes, 6 de febrero de 2012
Capítulo 34
-Ya has elegido por lo visto.
-Lo siento mucho Santi. Tu me gustas mucho pero no te puedo mentir. Yo nunca voy a sentir algo más por tí. Te agradezco mucho que me ayudases y sé que gracias a eso, Raúl y yo estamos juntos pero no puedo amarte.
-No tienes que darme tantas explicaciones. Al fin y al cabo, tu tenías que ayudarme a poner celosa a Mónica aunque fuese algo inútil.
Olga se acercó hasta él y le acarició la mejilla.
-Eres un chico estupendo y encontrarás a una chica digna de ti. Alguien que no quiera a nadie más que a ti.
-Eso sería toda una novedad.- ambos sonrieron.- Gracias por este tiempo que has pasado conmigo.
-Ha sido un placer.
Y así acabó su relación.
-Ese novio tuyo del que me hablaste, ¿tienes miedo de que venga a por ti?
Lidia se estremeció entre sus brazos y asintió.
-Tienes que saber que tras la paliza le denunciamos y tiene una orden de alejamiento, pero eso no me deja tranquila. Es como si le sintiera cerca a veces.-Se incorporó y le miró a los ojos.- Siento mucho haber sido fría tantas veces contigo. Lo cierto es que me daba miedo intimar demasiado con vosotros porque pensaba que si daba la casualidad de que él volvía, quizá no me quedase más remedio que alejarme de vosotros. De ti. Y de echo, casi pasa. No por él. ¿Recuerdas hace unos meses cuando tuve que salir de clase para ir con mi madre?
-Si. Dijiste que tenías cosas que hacer con ella.
-Cuando quedé con ella me dijo que era posible que trasladaran a mi padre a otra ciudad.
-¿Ibas a irte y no nos dijiste nada?
-Se lo dije a las chicas.
Aquello le enfureció, aunque en su momento ya lo sospechó. Ella confiaba en nosotras, pero deseaba que confiase también en él.
-¿Por que no me dijiste nada?
-Al final todo quedó en un susto. Te juro que iba a decírtelo. Las chicas me aconsejaron que era mejor que te enteraras por mí y no hizo falta.
-Solo digo que me hubiese gustado saberlo.
-¿Que habría cambiado eso Dani?
-Sabría que confías en mí.
-Confío en ti. De verdad. No le he contado mi historia a nadie más. Eres el único.
Dani le acarició la mejilla y le sonrío. La amaba. No dejaría que nadie se la arrebatase. Nunca.
-¿Sabes? He recibido un mensaje de Raúl.
<<Realmente es idiota. Primero me hace una escena de celos y cuando le digo que me imaginaba besándole se queda callado. ¡Nico eres idiota!>>
Se acabó. Adelantaría el viaje. No iba a seguir ni un día más en Cádiz. ¿Para que perder más tiempo?
Llamó a recepción para avisarles de que dejaría el hotel por la mañana.
<<La idiota soy yo por enamorarme de él. ¿Quien me habrá mandado complicarme así?>>
Raúl paseaba de un lado al otro de la habitación impaciente esperando a que Olga apareciese.
Dejarla con Santi a solas le ponía de los nervios, pero si servía para que le diese el pasaporte y no volviese a verle en la vida, por él estaba todo bien.
<<Soy egoísta, eso está claro, pero estoy enamorado. Eso tiene que ser una excusa valida,¿no?>>
No lo era.
Cuando llamaron a la puerta atravesó la habitación en una sentada y abrió la puerta de golpe.
-Ya estoy aquí- le dijo ella con una enorme sonrisa en la cara y cargada con sus maletas.
Se apresuró a entrarla en la habitación, a cogerle las maletas y dejarlas a un lado y a estrecharla entre sus brazos para besarla.
-Nunca más...-dijo entre besos.- Nunca más vuelvas a dejarme.
Olga suspiró contra sus labios. Por fin estaba donde quería.
-Eres el mejor regalo que podías hacerme.
-Jamás pensé que reuniría el valor necesario para declararme.
-Bueno, me alegra que lo hicieras. Estoy segura de que yo jamás hubiese dado el paso. Me daba tanto miedo que me dijeses que no que no sabía que hacer y de pronto estabas frente a la puerta de mi casa diciéndome que me querías. Es como un sueño echo realidad.
-Tu si que eres un sueño. Mi sueño.
-¿A si?- Luis asintió.- Pues este sueño tuyo quiere un beso. Un beso enorme que me quite el aliento.
-Si es lo que quieres, deseo concedido.
Isa estalló a carcajadas mientras él se lanzaba a besarla.
-Ahora si que la he cagado del todo. Soy idiota.
-Casi me da miedo preguntar. ¿Que has echo “melli”?
-Creo que Chloe acaba de decirme que siente algo por mí y yo me he quedado ahí, sentado a su lado sin decir nada.
-¡Oh, dios mío!
Nico se tapó los oídos.
-Mónica por favor. No grites.
-Perdona Nico pero ¿en que demonios estabas pensando? Dios mío, dios mío.
Nico miró directamente a la cam. Había llamado a su hermano porque tenía que hablar urgentemente con él y como nos encontrábamos en su casa, quedaron en hablar a través del ordenador.
-¿Por que se pasea arriba y abajo de la habitación?
Javier se encogió de hombros mientras me miraba también.
Me pasé la mano por el pelo y me acerqué al ordenador mirando directamente a Nico a través de la pantalla.
-Vamos a ver, ¿te has vuelto loco? ¿Como que te quedaste sentado sin decir nada? ¡Por dios Nico!
-Deja de nombrar a Dios de una maldita vez. Al final terminará por aparecer.
-Ojala. Quizá él pueda darte una patada en el culo.
Creo que ambos se quedaron sin palabras. Yo nunca hablaba así.
Saqué el móvil del bolsillo trasero de mi pantalón y marqué el número de mi prima.
-¡Dios! ¿Por que no habré comprado una maleta más grande?
Su teléfono sonó. Más le valía no ser Nico porque no pensaba descolgar. Al día siguiente se marcharía y le dejaría atrás.
<<No pienso derramar ni una sola lágrima más por ti memo insolente.>>
Descolgó.
-Hola, soy Chloe, si eres Nico, ¡que te den!, sino lo eres dime lo que quieres antes de que cuelgue...
-Chloe por favor.
-¡Prima!
-¿Que ha pasado?
-¿Por que supones que me ha pasado algo?
-¿Si eres Nico, ¡que te den!?
Nico, que escuchaba la conversación tragó saliva. Realmente estaba enfadada con él.
-Quizá esté un poco enfadada con él.
-¿Un poco?
-Estoy furiosa. Es el chico más egocéntrico, estúpido y terriblemente atractivo que he conocido nunca.
Chloe se dejó caer en la cama y rompió a llorar.
-¿Te has enamorado, verdad que si?
-Como una cría.
-¿Donde estás Chloe?
Ella sorbió unas cuantas veces antes de responder.
-En el hotel preparando el equipaje. Me marcho mañana a primera hora. Por favor dime que estarás en tu casa a finales de semana porque es cuando llegaré. Pienso conducir y dormir dentro del coche si hace falta. Solo quiero alejarme de aquí.
-Estaré. Lo prometo.
-Gracias. Voy a colgar ya. Quiero terminar de recoger y meterme el la cama. Mañana me espera un gran día.
-Buenas noches.
Cuando colgué me volví hacia la pantalla del ordenador y miré a Nico que me miraba expectante. Apoyé las manos sobre el escritorio y le hablé directamente.
-Realmente eres idiota, pero te quiero y quiero que seas sincero conmigo.
Nico asintió.
-¿Tú la quieres?- Buena pregunta. ¿La quería? Desde luego se había convertido en alguien muy importante para él pero de ahí a hablar de amor...- Nico necesito saberlo.
-¿Por que?
-Porque Chloe se marcha mañana y es tu última oportunidad.
<<¿Como que se marcha? No puede irse.>>
-No puede marcharse aun. Aun faltan dos días, ¿por que ha adelantado el viaje?
-¿A ti que te parece?
-Pero si se marcha...- no fue capaz de completar la frase.
-Nico, mirame- lo hizo- Si Chloe se marcha sin hablar contigo, sin aclarar las cosas, jamás volverás a verla. ¿Es eso lo que quieres?
<<No. No quiero eso.>>
Negó con la cabeza.
-Entonces haz algo. Si no sientes nada por ella, díselo, pero no dejes que se marche sin saberlo.
<<Pero si que siento algo. Algo que no entiendo pero que está ahí.>>
¿Para que se molestaba? Estaba claro que no iba a dormir nada.
<<Maldito Nico.>>
Cogió la almohada y se tapó la cabeza con ella a ver si así conseguía conciliar el sueño.
No lo consiguió.
<<Se acabó. Me marcho ya.>>
Se levantó de la cama de un salto para vestirse y coger sus cosas. Tenía el coche en el parking del hotel, así que no perdería más tiempo.
-¿Que piensas hacer?
-Me voy al hotel.
-Son las tres de la madrugada. No creo que ni siquiera ella quiera recibirte a esta hora.
-Bueno, entonces acamparé en la entrada del hotel hasta que ella salga.
Javier me miró como preguntándome algo que parecía evidente. Nico quería a Chloe y estaba claro que no estaba dispuesto a perderla.
-Suerte.
-Gracias. A los dos.
Y se fue.
-¿Que opinas?
-Creo que se te ha echo tarde para irte a casa.- sonreí.
-Si intentas convencerme de que me quede podrías tentarme, pero tengo que irme. Mañana nos vemos.
-En fin- suspiró.- Te acompaño hasta el coche.
-¿Crees que lo suyo irá bien?- le pregunté volviendo al tema de Nico y Chloe.
-No lo sé.
-Me gustaría. Chloe no se había enamorado nunca y me alegra que Nico haya sido el primero.
-Si, yo también. Ya tengo ganas de conocer a esa prima tuya.
-Es sencillamente genial.
-Tiene que serlo para que mi hermano esté así.
Rompí a reír.
-No olvides que Nico ya se ha enamorado antes.
-No lo hago. Estoy seguro de que aun te quiere, pero si tu prima ha logrado dejarle en ese estado, no dudo de que ella sea el amor de su vida. Como tampoco lo hago de que tu seas el mío.
-Y tú el mío-y nos besamos.
Nico miró el reloj una vez frente al hotel. Las tres y media.
Se frotó las manos con fuerza para entrar en calor y abrió la puerta.
Avanzó con paso decidido hasta el mostrador donde la recepcionista le miraba extrañada.
-Por favor, necesito subir a una habitación. He venido a ver a alguien.
-¿Puede decirme el nombre del huésped?
-Se llama Chloe.
-Necesito un apellido señor.
-No sé como se apellida. Puedo decirle el número de habitación.
-Lo siento pero no puedo dejarle subir.
-Por favor. Es muy importante.
-No puedo. Es la normativa del hotel.
Nico golpeó el mostrador con el puño.
No tardó en aparecer seguridad para “pedirle amablemente” que dejara el hotel.
Justo en ese momento, Chloe salió del ascensor y el mundo se detuvo.
<<¿Que demonios hace aquí?>>
Estaba tan alucinada que ni siquiera podía pensar con claridad.
Nico estaba forcejeando con los de seguridad para que le soltasen y poder acercarse a ella.
-Chloe... Chloe por favor. Tenemos que hablar.
Chloe soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
-Dejen que se vaya. Está conmigo.
<<Que más quisieras Chloe.>>
Aquellos dos hombres al fin le soltaron y él se dirigió directamente hacia ella.
-¿Que haces aquí Nico?
-Necesitaba hablar contigo.
-Está bien. Espera un momento.- se dirigió hacia el mostrador y habló con la chica. Por lo que Nico pudo ver, Chloe firmó unos papeles y le entregó la llave de la habitación a la recepcionista. Después regresó a su lado.- Sígueme.
Entraron en el ascensor y ella apretó el botón hacia el aparcamiento.
Nico no se atrevió a preguntar, aunque era evidente, sobretodo por el equipaje. Chloe se marchaba.
Anduvieron hacia el coche de ella. Chloe puso sus cosas en el maletero y tras cerrarlo se volvió hacia él.
-¿Que tienes que decirme?
-Siento lo de antes. Es cierto que me puse celoso. Jamás había tenido tantas ganas de arrancarle la cabeza a alguien.
-¿Y crees que admitiendo eso se me pasará el enfado?
-Solo pretendía que supieras que me siento mal por lo que dije, por como reaccioné, pero sobretodo, por dejar que te marcharás sola.
Chloe apretó los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas escaparan de ellos. No sirvió de nada.
-Al final yo tenía razón. No puedo luchar contra esto. No cuando tu no estás dispuesto.
-Sinceramente Chloe. No sé que esperas de mí.
<<Solo quiero que me quieras idiota>>
Al ver que ella no decía nada empezó a alejarse.
-Me voy Nico. Prefiero alejarme de ti. No necesito complicarme la vida. Ya he tenido bastante.
Nico se detuvo en seco. Apretó los puños con fuerza y cerró los ojos.
-Maldita sea- entonces se volvió hacia ella, le cogió la cara entre las manos y la besó.
Chloe siguió intentando aguantárse las lágrimas. Se mordió el labio inferior y suspiró.
Habría estado bien que sucediese eso, pero solo era una mala jugada de su imaginación. Nico se había marchado y ella no lo había impedido.
No había sido capaz de responderle. De decirle que era lo que esperaba de él.
Se secó las lágrimas y subió al coche para ponerlo en marcha. No fue capaz.
Le temblaban tanto las manos que simplemente se quedó sentada frente al volante, llorando.
<<Está claro que soy idiota. ¿Como he podido dejarla allí? Lo único que quiero es que se quede conmigo y no hago más que alejarla de mi lado.>>
No debería haberse marchado. La había perdido para siempre.
Se apoyó contra la puerta del ascensor esperando oír el ruido de un coche ponerse en marcha.
Tras unos minutos que le parecieron eternos, seguía sin oír nada.
Contuvo el aliento antes de asomarse y descubrir que Chloe seguía allí, sentada frente al volante con la cara escondida entre las manos.
<<No sé ha marchado. Quizá aun estoy a tiempo de hacer las cosas bien.>>
Con determinación, volvió sobre sus pasos y se puso junto a la puerta del conductor para abrirla de golpe provocando que Chloe prácticamente saltase del asiento.
<<Está llorando por ti idiota. Ella te quiere. ¿Que demonios me pasa para que no soporte verla así? No me merezco que ella me quiera.>>
Le tendió la mano para ayudarla a salir.
Chloe se apoyó en el coche pues sus piernas eran incapaces de responder y no sabía si serían capaces de soportar su peso en ese momento.
El mismo llanto le había provocado hipo y eso solo hacía que Nico tuviese más ganas de sentirla contra su cuerpo.
Avanzó un paso para acercarse más a ella, con lo cual Chloe intentó retroceder sin éxito.
Cerró los ojos cuando Nico levantó la mano para acariciarle la mejilla con los nudillos.
Contuvo el aliento una vez más. ¿Cuantas veces lo había echo desde que le conoció?
Demasiadas.
Nico apresó una lágrima con uno de sus dedos y se la llevó a los labios para después secárselas todas con ellos.
La última lágrima, que se deslizaba hacia los labios de ella, Nico no pudo contenerse de apresarla también con la lengua provocando un escalofrío en ambos.
Le pidió que abriese los ojos y aunque no se veía capaz, finalmente Chloe accedió.
-No puedo dejar que te vayas.-admitió con la voz ronca por la emoción.
-¿Por que no?- otro ataque de hipo.
-Porque no voy a arriesgarme a perderte. No sé lo que has echo conmigo Chloe. Solo sé que me has echado a perder para otras chicas. No soporto estar alejado de ti y al mismo tiempo me muero de miedo cada vez que te tengo así, entre mis brazos.
Chloe se obligó a calmarse. No fue fácil.
-¿Que quieres decir?
-Yo, no sé si lo que siento por ti es amor. Jamás me había sentido así. Ni siquiera con tu prima. Estoy tan descolocado que ni me reconozco. Lo único que me mantiene cuerdo es estar contigo. Si te vas, iré contigo. Donde sea que vayas hasta que entienda lo que me pasa o hasta que tu decidas que no me quieres en tu vida.
<<Yo jamás decidiría eso.>>
-Nico tienes que saber que yo si sé lo que siento por ti. Lo tengo asumido y está claro que por como me tiembla todo el cuerpo que me muero de ganas de estar contigo.
Le miró fijamente como si quisiera aprenderse su rostro de memoria.
Nico cogió una de las manos de ella y se la puso sobre el pecho.
-¿Sientes eso?- ella asintió.- Así es como late cada vez que estás conmigo. Cada maldita vez que te alejas, que pienso en ti o que me sonríes. Hace poco que te conozco pero has vuelto mi vida del revés y no sé si quiero volver atrás en el tiempo. Me dejas completamente sin fuerzas Chloe. Necesito saber si esto va a llevarnos a algún sitio.
Ella cogió la mano de él y la puso sobre su corazón.
-Así late el mío cuando me miras, cuando te enfadas, cuando te paseas dentro de mi mente atormentándome. Yo no me había enamorado nunca Nico y estoy muerta de miedo pero no lo puedo evitar.
Nico la miró a los ojos y no fue consciente hasta que apretó sus labios contra los de ella, que se sentía como en casa a su lado.
Con un profundo suspiro Nico la apretó contra su cuerpo negándose por completo a soltarla.
¿Que era ese sentimiento que había despertado en él al conocerla? Fuese lo que fuese, no quería detenerlo. Si Chloe había aparecido en su vida para devolverle la sonrisa, él estaba encantado de tenerla allí y por primera vez desde que empezó todo, ni siquiera pensó en mí.
Se obligó a separarse de ella para permitirse tomar aire.
Chloe se mordió el labio antes de sonreír postrándole de rodillas.
-¿Por que has parado?
-Estás despertando una parte de mi bajo la cintura que no puedo controlar.-admitió avergonzado.
-Bien, porque no quiero que lo intentes.
Nico enarcó una ceja.
-¿Desearías acostarte conmigo?
Ella asintió arrancándole un profundo gemido de la garganta.
-¿Por que?
-Porque puedo y porque tu también estas despertando eso en mí. Cada vez que me acaricias, cada vez que me tocas, me deshago Nico. No tienes ni idea del efecto que tienes en mí. Es devastador y excitante a la vez.
-Dime que no sentiste nada cuando ese tío te besó.- ni siquiera era consciente de que apretaba la mandíbula al esperar la respuesta de ella.
-Nada de nada. Ya te dije que había imaginado que eras tú, pero después de besarme como lo has echo ahora, sé que me faltaba imaginación.
Eso consiguió arrancar una sonrisa en él.
-Entonces bésame Chloe, por favor. Bésame niña.
-Lo siento mucho Santi. Tu me gustas mucho pero no te puedo mentir. Yo nunca voy a sentir algo más por tí. Te agradezco mucho que me ayudases y sé que gracias a eso, Raúl y yo estamos juntos pero no puedo amarte.
-No tienes que darme tantas explicaciones. Al fin y al cabo, tu tenías que ayudarme a poner celosa a Mónica aunque fuese algo inútil.
Olga se acercó hasta él y le acarició la mejilla.
-Eres un chico estupendo y encontrarás a una chica digna de ti. Alguien que no quiera a nadie más que a ti.
-Eso sería toda una novedad.- ambos sonrieron.- Gracias por este tiempo que has pasado conmigo.
-Ha sido un placer.
Y así acabó su relación.
-Ese novio tuyo del que me hablaste, ¿tienes miedo de que venga a por ti?
Lidia se estremeció entre sus brazos y asintió.
-Tienes que saber que tras la paliza le denunciamos y tiene una orden de alejamiento, pero eso no me deja tranquila. Es como si le sintiera cerca a veces.-Se incorporó y le miró a los ojos.- Siento mucho haber sido fría tantas veces contigo. Lo cierto es que me daba miedo intimar demasiado con vosotros porque pensaba que si daba la casualidad de que él volvía, quizá no me quedase más remedio que alejarme de vosotros. De ti. Y de echo, casi pasa. No por él. ¿Recuerdas hace unos meses cuando tuve que salir de clase para ir con mi madre?
-Si. Dijiste que tenías cosas que hacer con ella.
-Cuando quedé con ella me dijo que era posible que trasladaran a mi padre a otra ciudad.
-¿Ibas a irte y no nos dijiste nada?
-Se lo dije a las chicas.
Aquello le enfureció, aunque en su momento ya lo sospechó. Ella confiaba en nosotras, pero deseaba que confiase también en él.
-¿Por que no me dijiste nada?
-Al final todo quedó en un susto. Te juro que iba a decírtelo. Las chicas me aconsejaron que era mejor que te enteraras por mí y no hizo falta.
-Solo digo que me hubiese gustado saberlo.
-¿Que habría cambiado eso Dani?
-Sabría que confías en mí.
-Confío en ti. De verdad. No le he contado mi historia a nadie más. Eres el único.
Dani le acarició la mejilla y le sonrío. La amaba. No dejaría que nadie se la arrebatase. Nunca.
-¿Sabes? He recibido un mensaje de Raúl.
<<Realmente es idiota. Primero me hace una escena de celos y cuando le digo que me imaginaba besándole se queda callado. ¡Nico eres idiota!>>
Se acabó. Adelantaría el viaje. No iba a seguir ni un día más en Cádiz. ¿Para que perder más tiempo?
Llamó a recepción para avisarles de que dejaría el hotel por la mañana.
<<La idiota soy yo por enamorarme de él. ¿Quien me habrá mandado complicarme así?>>
Raúl paseaba de un lado al otro de la habitación impaciente esperando a que Olga apareciese.
Dejarla con Santi a solas le ponía de los nervios, pero si servía para que le diese el pasaporte y no volviese a verle en la vida, por él estaba todo bien.
<<Soy egoísta, eso está claro, pero estoy enamorado. Eso tiene que ser una excusa valida,¿no?>>
No lo era.
Cuando llamaron a la puerta atravesó la habitación en una sentada y abrió la puerta de golpe.
-Ya estoy aquí- le dijo ella con una enorme sonrisa en la cara y cargada con sus maletas.
Se apresuró a entrarla en la habitación, a cogerle las maletas y dejarlas a un lado y a estrecharla entre sus brazos para besarla.
-Nunca más...-dijo entre besos.- Nunca más vuelvas a dejarme.
Olga suspiró contra sus labios. Por fin estaba donde quería.
-Eres el mejor regalo que podías hacerme.
-Jamás pensé que reuniría el valor necesario para declararme.
-Bueno, me alegra que lo hicieras. Estoy segura de que yo jamás hubiese dado el paso. Me daba tanto miedo que me dijeses que no que no sabía que hacer y de pronto estabas frente a la puerta de mi casa diciéndome que me querías. Es como un sueño echo realidad.
-Tu si que eres un sueño. Mi sueño.
-¿A si?- Luis asintió.- Pues este sueño tuyo quiere un beso. Un beso enorme que me quite el aliento.
-Si es lo que quieres, deseo concedido.
Isa estalló a carcajadas mientras él se lanzaba a besarla.
-Ahora si que la he cagado del todo. Soy idiota.
-Casi me da miedo preguntar. ¿Que has echo “melli”?
-Creo que Chloe acaba de decirme que siente algo por mí y yo me he quedado ahí, sentado a su lado sin decir nada.
-¡Oh, dios mío!
Nico se tapó los oídos.
-Mónica por favor. No grites.
-Perdona Nico pero ¿en que demonios estabas pensando? Dios mío, dios mío.
Nico miró directamente a la cam. Había llamado a su hermano porque tenía que hablar urgentemente con él y como nos encontrábamos en su casa, quedaron en hablar a través del ordenador.
-¿Por que se pasea arriba y abajo de la habitación?
Javier se encogió de hombros mientras me miraba también.
Me pasé la mano por el pelo y me acerqué al ordenador mirando directamente a Nico a través de la pantalla.
-Vamos a ver, ¿te has vuelto loco? ¿Como que te quedaste sentado sin decir nada? ¡Por dios Nico!
-Deja de nombrar a Dios de una maldita vez. Al final terminará por aparecer.
-Ojala. Quizá él pueda darte una patada en el culo.
Creo que ambos se quedaron sin palabras. Yo nunca hablaba así.
Saqué el móvil del bolsillo trasero de mi pantalón y marqué el número de mi prima.
-¡Dios! ¿Por que no habré comprado una maleta más grande?
Su teléfono sonó. Más le valía no ser Nico porque no pensaba descolgar. Al día siguiente se marcharía y le dejaría atrás.
<<No pienso derramar ni una sola lágrima más por ti memo insolente.>>
Descolgó.
-Hola, soy Chloe, si eres Nico, ¡que te den!, sino lo eres dime lo que quieres antes de que cuelgue...
-Chloe por favor.
-¡Prima!
-¿Que ha pasado?
-¿Por que supones que me ha pasado algo?
-¿Si eres Nico, ¡que te den!?
Nico, que escuchaba la conversación tragó saliva. Realmente estaba enfadada con él.
-Quizá esté un poco enfadada con él.
-¿Un poco?
-Estoy furiosa. Es el chico más egocéntrico, estúpido y terriblemente atractivo que he conocido nunca.
Chloe se dejó caer en la cama y rompió a llorar.
-¿Te has enamorado, verdad que si?
-Como una cría.
-¿Donde estás Chloe?
Ella sorbió unas cuantas veces antes de responder.
-En el hotel preparando el equipaje. Me marcho mañana a primera hora. Por favor dime que estarás en tu casa a finales de semana porque es cuando llegaré. Pienso conducir y dormir dentro del coche si hace falta. Solo quiero alejarme de aquí.
-Estaré. Lo prometo.
-Gracias. Voy a colgar ya. Quiero terminar de recoger y meterme el la cama. Mañana me espera un gran día.
-Buenas noches.
Cuando colgué me volví hacia la pantalla del ordenador y miré a Nico que me miraba expectante. Apoyé las manos sobre el escritorio y le hablé directamente.
-Realmente eres idiota, pero te quiero y quiero que seas sincero conmigo.
Nico asintió.
-¿Tú la quieres?- Buena pregunta. ¿La quería? Desde luego se había convertido en alguien muy importante para él pero de ahí a hablar de amor...- Nico necesito saberlo.
-¿Por que?
-Porque Chloe se marcha mañana y es tu última oportunidad.
<<¿Como que se marcha? No puede irse.>>
-No puede marcharse aun. Aun faltan dos días, ¿por que ha adelantado el viaje?
-¿A ti que te parece?
-Pero si se marcha...- no fue capaz de completar la frase.
-Nico, mirame- lo hizo- Si Chloe se marcha sin hablar contigo, sin aclarar las cosas, jamás volverás a verla. ¿Es eso lo que quieres?
<<No. No quiero eso.>>
Negó con la cabeza.
-Entonces haz algo. Si no sientes nada por ella, díselo, pero no dejes que se marche sin saberlo.
<<Pero si que siento algo. Algo que no entiendo pero que está ahí.>>
¿Para que se molestaba? Estaba claro que no iba a dormir nada.
<<Maldito Nico.>>
Cogió la almohada y se tapó la cabeza con ella a ver si así conseguía conciliar el sueño.
No lo consiguió.
<<Se acabó. Me marcho ya.>>
Se levantó de la cama de un salto para vestirse y coger sus cosas. Tenía el coche en el parking del hotel, así que no perdería más tiempo.
-¿Que piensas hacer?
-Me voy al hotel.
-Son las tres de la madrugada. No creo que ni siquiera ella quiera recibirte a esta hora.
-Bueno, entonces acamparé en la entrada del hotel hasta que ella salga.
Javier me miró como preguntándome algo que parecía evidente. Nico quería a Chloe y estaba claro que no estaba dispuesto a perderla.
-Suerte.
-Gracias. A los dos.
Y se fue.
-¿Que opinas?
-Creo que se te ha echo tarde para irte a casa.- sonreí.
-Si intentas convencerme de que me quede podrías tentarme, pero tengo que irme. Mañana nos vemos.
-En fin- suspiró.- Te acompaño hasta el coche.
-¿Crees que lo suyo irá bien?- le pregunté volviendo al tema de Nico y Chloe.
-No lo sé.
-Me gustaría. Chloe no se había enamorado nunca y me alegra que Nico haya sido el primero.
-Si, yo también. Ya tengo ganas de conocer a esa prima tuya.
-Es sencillamente genial.
-Tiene que serlo para que mi hermano esté así.
Rompí a reír.
-No olvides que Nico ya se ha enamorado antes.
-No lo hago. Estoy seguro de que aun te quiere, pero si tu prima ha logrado dejarle en ese estado, no dudo de que ella sea el amor de su vida. Como tampoco lo hago de que tu seas el mío.
-Y tú el mío-y nos besamos.
Nico miró el reloj una vez frente al hotel. Las tres y media.
Se frotó las manos con fuerza para entrar en calor y abrió la puerta.
Avanzó con paso decidido hasta el mostrador donde la recepcionista le miraba extrañada.
-Por favor, necesito subir a una habitación. He venido a ver a alguien.
-¿Puede decirme el nombre del huésped?
-Se llama Chloe.
-Necesito un apellido señor.
-No sé como se apellida. Puedo decirle el número de habitación.
-Lo siento pero no puedo dejarle subir.
-Por favor. Es muy importante.
-No puedo. Es la normativa del hotel.
Nico golpeó el mostrador con el puño.
No tardó en aparecer seguridad para “pedirle amablemente” que dejara el hotel.
Justo en ese momento, Chloe salió del ascensor y el mundo se detuvo.
<<¿Que demonios hace aquí?>>
Estaba tan alucinada que ni siquiera podía pensar con claridad.
Nico estaba forcejeando con los de seguridad para que le soltasen y poder acercarse a ella.
-Chloe... Chloe por favor. Tenemos que hablar.
Chloe soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
-Dejen que se vaya. Está conmigo.
<<Que más quisieras Chloe.>>
Aquellos dos hombres al fin le soltaron y él se dirigió directamente hacia ella.
-¿Que haces aquí Nico?
-Necesitaba hablar contigo.
-Está bien. Espera un momento.- se dirigió hacia el mostrador y habló con la chica. Por lo que Nico pudo ver, Chloe firmó unos papeles y le entregó la llave de la habitación a la recepcionista. Después regresó a su lado.- Sígueme.
Entraron en el ascensor y ella apretó el botón hacia el aparcamiento.
Nico no se atrevió a preguntar, aunque era evidente, sobretodo por el equipaje. Chloe se marchaba.
Anduvieron hacia el coche de ella. Chloe puso sus cosas en el maletero y tras cerrarlo se volvió hacia él.
-¿Que tienes que decirme?
-Siento lo de antes. Es cierto que me puse celoso. Jamás había tenido tantas ganas de arrancarle la cabeza a alguien.
-¿Y crees que admitiendo eso se me pasará el enfado?
-Solo pretendía que supieras que me siento mal por lo que dije, por como reaccioné, pero sobretodo, por dejar que te marcharás sola.
Chloe apretó los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas escaparan de ellos. No sirvió de nada.
-Al final yo tenía razón. No puedo luchar contra esto. No cuando tu no estás dispuesto.
-Sinceramente Chloe. No sé que esperas de mí.
<<Solo quiero que me quieras idiota>>
Al ver que ella no decía nada empezó a alejarse.
-Me voy Nico. Prefiero alejarme de ti. No necesito complicarme la vida. Ya he tenido bastante.
Nico se detuvo en seco. Apretó los puños con fuerza y cerró los ojos.
-Maldita sea- entonces se volvió hacia ella, le cogió la cara entre las manos y la besó.
Chloe siguió intentando aguantárse las lágrimas. Se mordió el labio inferior y suspiró.
Habría estado bien que sucediese eso, pero solo era una mala jugada de su imaginación. Nico se había marchado y ella no lo había impedido.
No había sido capaz de responderle. De decirle que era lo que esperaba de él.
Se secó las lágrimas y subió al coche para ponerlo en marcha. No fue capaz.
Le temblaban tanto las manos que simplemente se quedó sentada frente al volante, llorando.
<<Está claro que soy idiota. ¿Como he podido dejarla allí? Lo único que quiero es que se quede conmigo y no hago más que alejarla de mi lado.>>
No debería haberse marchado. La había perdido para siempre.
Se apoyó contra la puerta del ascensor esperando oír el ruido de un coche ponerse en marcha.
Tras unos minutos que le parecieron eternos, seguía sin oír nada.
Contuvo el aliento antes de asomarse y descubrir que Chloe seguía allí, sentada frente al volante con la cara escondida entre las manos.
<<No sé ha marchado. Quizá aun estoy a tiempo de hacer las cosas bien.>>
Con determinación, volvió sobre sus pasos y se puso junto a la puerta del conductor para abrirla de golpe provocando que Chloe prácticamente saltase del asiento.
<<Está llorando por ti idiota. Ella te quiere. ¿Que demonios me pasa para que no soporte verla así? No me merezco que ella me quiera.>>
Le tendió la mano para ayudarla a salir.
Chloe se apoyó en el coche pues sus piernas eran incapaces de responder y no sabía si serían capaces de soportar su peso en ese momento.
El mismo llanto le había provocado hipo y eso solo hacía que Nico tuviese más ganas de sentirla contra su cuerpo.
Avanzó un paso para acercarse más a ella, con lo cual Chloe intentó retroceder sin éxito.
Cerró los ojos cuando Nico levantó la mano para acariciarle la mejilla con los nudillos.
Contuvo el aliento una vez más. ¿Cuantas veces lo había echo desde que le conoció?
Demasiadas.
Nico apresó una lágrima con uno de sus dedos y se la llevó a los labios para después secárselas todas con ellos.
La última lágrima, que se deslizaba hacia los labios de ella, Nico no pudo contenerse de apresarla también con la lengua provocando un escalofrío en ambos.
Le pidió que abriese los ojos y aunque no se veía capaz, finalmente Chloe accedió.
-No puedo dejar que te vayas.-admitió con la voz ronca por la emoción.
-¿Por que no?- otro ataque de hipo.
-Porque no voy a arriesgarme a perderte. No sé lo que has echo conmigo Chloe. Solo sé que me has echado a perder para otras chicas. No soporto estar alejado de ti y al mismo tiempo me muero de miedo cada vez que te tengo así, entre mis brazos.
Chloe se obligó a calmarse. No fue fácil.
-¿Que quieres decir?
-Yo, no sé si lo que siento por ti es amor. Jamás me había sentido así. Ni siquiera con tu prima. Estoy tan descolocado que ni me reconozco. Lo único que me mantiene cuerdo es estar contigo. Si te vas, iré contigo. Donde sea que vayas hasta que entienda lo que me pasa o hasta que tu decidas que no me quieres en tu vida.
<<Yo jamás decidiría eso.>>
-Nico tienes que saber que yo si sé lo que siento por ti. Lo tengo asumido y está claro que por como me tiembla todo el cuerpo que me muero de ganas de estar contigo.
Le miró fijamente como si quisiera aprenderse su rostro de memoria.
Nico cogió una de las manos de ella y se la puso sobre el pecho.
-¿Sientes eso?- ella asintió.- Así es como late cada vez que estás conmigo. Cada maldita vez que te alejas, que pienso en ti o que me sonríes. Hace poco que te conozco pero has vuelto mi vida del revés y no sé si quiero volver atrás en el tiempo. Me dejas completamente sin fuerzas Chloe. Necesito saber si esto va a llevarnos a algún sitio.
Ella cogió la mano de él y la puso sobre su corazón.
-Así late el mío cuando me miras, cuando te enfadas, cuando te paseas dentro de mi mente atormentándome. Yo no me había enamorado nunca Nico y estoy muerta de miedo pero no lo puedo evitar.
Nico la miró a los ojos y no fue consciente hasta que apretó sus labios contra los de ella, que se sentía como en casa a su lado.
Con un profundo suspiro Nico la apretó contra su cuerpo negándose por completo a soltarla.
¿Que era ese sentimiento que había despertado en él al conocerla? Fuese lo que fuese, no quería detenerlo. Si Chloe había aparecido en su vida para devolverle la sonrisa, él estaba encantado de tenerla allí y por primera vez desde que empezó todo, ni siquiera pensó en mí.
Se obligó a separarse de ella para permitirse tomar aire.
Chloe se mordió el labio antes de sonreír postrándole de rodillas.
-¿Por que has parado?
-Estás despertando una parte de mi bajo la cintura que no puedo controlar.-admitió avergonzado.
-Bien, porque no quiero que lo intentes.
Nico enarcó una ceja.
-¿Desearías acostarte conmigo?
Ella asintió arrancándole un profundo gemido de la garganta.
-¿Por que?
-Porque puedo y porque tu también estas despertando eso en mí. Cada vez que me acaricias, cada vez que me tocas, me deshago Nico. No tienes ni idea del efecto que tienes en mí. Es devastador y excitante a la vez.
-Dime que no sentiste nada cuando ese tío te besó.- ni siquiera era consciente de que apretaba la mandíbula al esperar la respuesta de ella.
-Nada de nada. Ya te dije que había imaginado que eras tú, pero después de besarme como lo has echo ahora, sé que me faltaba imaginación.
Eso consiguió arrancar una sonrisa en él.
-Entonces bésame Chloe, por favor. Bésame niña.
jueves, 2 de febrero de 2012
Capítulo 33
Quedé con Clara en el centro comercial. Jamás la había visto tan radiante. El embarazo le sentaba de maravilla.
-Soy tan feliz que no puedo dejar de sonreír.
Rompí a reír.
-¿Quien iba a decirte a ti que el amor de tu vida se encontraba tan cerca?
-Nunca podré estarte lo suficientemente agradecida por el echo de haber convencido a Sebastián para que me pidiera salir.
Siempre recordaría ese día.
Había estado llorando por culpa de un chico. Un chico que había roto con ella solo porque no hacía todo lo que quería.
Sebastián había estado a su lado, como siempre.
-¿Por que siempre tengo que estar con chicos como ese? ¿Tan mal partido soy que no puedo encontrar a un chico decente?
-Tu no eres el problema. Son ellos. Tú eres perfecta.
-Solo dices eso porque me quieres.
-Si. Te quiero.- le secó las lágrimas con un pañuelo de papel.- ¿Por que no me das una oportunidad?
Clara le miró mientras sorbía por la nariz.
-¿Por que querrías tu salir conmigo?
-¿Es que no entiendes? Cuando me levanto por la mañana y cuando me acuesto por la noche, tú eres en lo único que puedo pensar. Y todas las malditas horas que hay entremedio.
Así fue como ella le dio la oportunidad. Y ahí estaban, a punto de casarse y a punto de ser padres.
-¿Estas ocupado?
-Pues no. ¿Pasa algo “melli”?
Lo cierto es que le sorprendía que Nico le llamase.
-Soy un idiota.
-¿Que ha pasado?
-Creo que acabo de dejar escapar la única oportunidad que tengo de recuperarme.
-No te entiendo.
-Chloe.
Poco a poco, fue contándole a su hermano toda la historia. Javier no cabía en si de su asombro.
Cuando Nico terminó de hablar, le preguntó aquello que llevaba rato rondándole por la cabeza.
-¿Te has enamorado de ella?
-No lo sé. No sé que siento. Solo sé que tengo la cabeza del revés.
-¿Por que no hablas con ella?
-Es inútil “melli”. Acabo de despedirme. No debí hacerlo pero estaba tan furioso porque ella tenía pensado dejarme que no quería escucharla.
-Debiste hacerlo. Quizá tenga algo para decir.
-Supongo que si.
-Ve a buscarla Nico. Tal vez aun no sea tarde.
Al final tras llorar durante un buen rato, se vistió y salió.
No quería seguir allí encerrada recordando como él se había marchado.
Al final era él quien la había dejado sola. ¿Como no se daba cuenta de que la había cambiado?
¿Como no podía ver que cuando estaba con él el resto del mundo desaparecía?
<<Tú solita te has metido en esto.>> se recordó.
Si. Ella solita sin ayuda.
<<¿Quien va a hacer que te olvide y te borre de mi mente Nico? Podría estar por ahí rompiendo corazones, si tu no estuvieras rompiendo el mío.>>
Pasó la tarde de tiendas. Necesitaba descargar toda aquella tensión que la invadía.
Decidió que si Nico no quería saber nada más de ella, tenía que superarlo. Aquella noche saldría y encontraría a otro chico que la ayudase a olvidarle.
<<Como si pudieras.>> dijo una voz en su interior.
No hacia falta que se lo recordara. Era completamente consciente.
Bueno, ahí estaba de nuevo, frente a su habitación de hotel.
Jamás se había sentido tan nervioso en su vida.
Se aflojó el cuello de la camisa. Maldita sea, si incluso se había vestido bien para ir a verla.
Llamó un par de veces a la puerta y esperó pacientemente a que ella abriese.
¿Que cara pondría en cuanto le viese allí? ¿Le perdonaría por haberla dejado sola?
Llamó otra vez. Nada.
Finalmente se marchó. Si Chloe estaba allí, estaba claro que no deseaba verle.
-¡Montesdeoca! Tienes visita.
¿Y ahora quien era? ¿Sería Miranda de nuevo? ¿Que se le habría olvidado esta vez?
Un hombre vestido en traje y corbata se acercó hasta su celda.
-¿Es usted el señor Julio Montesdeoca?
-El mismo. ¿Quien coño es usted?
-Mi nombre es Reese Watson. La señorita Miranda Kelso me envía a hablar con usted.
-¿Sobre que?
-Su libertad.
-No tienes derecho a presentarte aquí. ¿Quien te crees que eres?- Santi estaba de los nervios. Con Raúl allí, las cosas no saldrían bien con Olga.
-Solo quiero hablar con ella a solas. Concedeme eso. Si después ella me pide que me vaya, lo haré.
Olga les miró a ambos.
-Tienes cinco minutos.- tras eso, Santi salió de la habitación en la que estaban.
Sin que se diese cuenta, Raúl se colocó frente a ella en dos zancadas, y eso que estaba en la otra punta de la habitación.
La cogió de las manos y la miró directamente a los ojos antes de arrodillarse delante d ella.
Olga se sentó en la gran butaca que había tras ella y que le impedía retroceder.
-¿Hablabas en serio?- consiguió preguntar finalmente intentando ignorar el nudo que tenía en la garganta.
-Completamente.
-¿Por que? ¿Por que ahora?
Sonrió una vez más.
-Porque soy idiota. No quería darme cuenta. No quería sufrir de nuevo. No creí que pudiera hacerte feliz.
-Tú eres el único que podría lograr eso. No podría ser feliz con nadie más. Tú eres el único para mí.
-Sé que quizá es tarde y que si has tomado la decisión de quedarte aquí para siempre yo debería respetarlo, pero tenías que saber cuales eran mis sentimientos antes de darle la espalda a todo.
Olga le miró extrañada.
-Raúl yo no tengo pensado quedarme aquí. Ya te dije que volvería a tiempo para las clases.
Un gemido escapó de la garganta de él.
-Pero tu conversación con las chicas...
-Solo hice un comentario. ¿Por eso has venido? ¿Ese es el motivo por el que has decidido decirme lo que sentías?
-Al principio si. Pensé que no tendría otra oportunidad, pero cuando subí al avión comprendí que hace tiempo que debí hacerlo. Me he estado mintiendo a mi mismo, y también a ti y no quiero volver a hacerlo. Quiero poder decirte que te amo cada uno de los días de mi vida. Una vida que quiero compartir contigo.
El labio inferior de Olga empezó a temblar. Había deseado tanto esas palabras y ahora por fin las oía de sus labios...
-Solo dime si tengo alguna oportunidad. Dime que no la he cagado del todo. Dime una vez más que me quieres.
-Te quiero- dijo entre lágrimas.
Raúl la cogió entonces por la barbilla y la besó como había imaginado millones de veces.
Ya no importaba nada más. Nada se interpondría entre ellos.
-Parece que vuelvo a encontrarte en la misma situación.
Chloe se volvió hacia la voz y sonrió.
-¿No será que me has estado buscando?
-Quien sabe.- se sentó junto a ella y la miró.- ¿Puedo invitarte a la siguiente?
Chloe se encogió de hombros.
-Es tu dinero.
Le hizo un gesto al camarero para indicarle que sirviera otra ronda, esta vez también para él.
-Y dime, ¿sigues pensando igual que la última vez?
Chloe trató de recordar.
-Si y no.
-¿Quieres contármelo?
-Supongo que no te hará daño saberlo.
-Y quizá a ti te vaya bien contárselo a alguien.
-He perdido al que posiblemente sería el amor de mi vida. ¿Que te parece? El único hombre en el que me fijo de verdad y está enamorado de mi prima.- levantó el vaso para brindar y apuró la bebida todo lo que pudo.
-Si ese chico no sabe ver a la preciosidad que yo estoy viendo es que no merece la pena.
-Quizá la que no merece la pena soy yo. En fin, mirame-dijo poniéndose de pie.- No soy nada del otro mundo.
-No te menosprecies gatita.
-Menos mal que por lo menos te tengo a ti, seas quien seas- volvió a levantar la copa- gracias por hacerme compañía.
-¿Que piensas hacer?- preguntó Salva.
-Esta claro que no tengo opciones. No sé donde encontrarla. He probado de llamar al móvil pero no me lo coge. Hace un rato llamé al hotel pero me dijeron que había salido. No sé donde puede estar.
-Lo mejor que puedes hacer ahora es intentar desconectar. Ya aparecerá. En algún momento tendrá que volver al hotel. Vayamos a tomar algo.
Sus amigos solo intentaban animarle, pero él echaba de menos a Chloe. Su sonrisa. El modo en que le miraba y él lo había echado todo a perder. Como siempre.
Al final sus amigos terminaron convenciéndole de que quedarse sentado en su habitación no solucionaría nada, así que se marcharon al bar. El mismo bar en el que la había conocido. El mismo bar en el que ella estaba en la barra bebiendo con otro tío.
-A todo esto, ¿como te llamas?
-A lo mejor te parece extraño pero preferiría no decírtelo. Por esta noche tu puedes ser mi gatita y yo seré lo que tu quieras.
Chloe le miró a través del vaso.
Ella quería que fuese Nico.
-Está bien. Como quieras. Jugaremos a eso. Dos desconocidos bebiendo juntos.
-A tu salud gatita.
Brindaron una vez más.
Cinco minutos después, el desconocido la sacó a bailar.
Los chicos miraron fijamente a Nico que se había detenido en la entrada del bar.
Dirigieron la mirada hacia el mismo lugar en donde la tenía él.
Por su expresión cualquiera diría que iba a arder Troya.
Apretó los puños con fuerza.
¿Que demonios estaba haciendo Chloe bailando con ese tío? ¿Quien coño era?
Al ver como ella sonreía al parecer por algo que él le decía se puso malo.
Miró por las mesas. No iba a quedarse de brazos cruzados.
Fijó la mirada hacia una mesa en particular. Una llena de chicas. Chicas que se los estaban comiendo con los ojos. Perfecto.
Se acercó hasta ellas con una gran sonrisa en los labios.
-Buenas noches chicas.- todas sonrieron.-¿Alguna me haría el honor de bailar conmigo?
Una de ellas, quizá la más mona, se puso en pie y le tendió la mano con una gran sonrisa.
-¿Que está haciendo?
-Me parece que quiere llamar la atención. Diría que quiere darle celos a Chloe.
-Este chico está fatal. El amor lo vuelve idiota.
-Que se le va a hacer. El amor es lo que tiene.
-Ni siquiera nosotros nos comportamos así, ¿verdad?- preguntó Vicente de repente.- Por favor, decidme que no.
Ni que fuese tan horrible...
-¿Que miras tan atentamente gatita?
Chloe se había puesto blanca de repente.
-Esto no puede estar pasando...- se agarró con fuerza del brazo de él y siguieron bailando.
Al dar la vuelta, él se fijó atentamente hacia donde miraba ella.
-¿Es él?
Chloe asintió.
-Por favor, no dejes de bailar conmigo. Si me soltases ahora no podría mantenerme en pie.
-No voy a dejarte sola gatita. Estoy pensando que quizá deberías provocarle un poco.
-No. No creo que sea buena idea.- aunque daba igual. Ella no significaba nada para Nico. Estaba segura de que solo se estaba vengando tras su última conversación.
Díos mío. ¿Que demonios le estaba contando aquella chica? ¿Acaso no se callaba nunca?
Él intentaba sonreír solo para hacer reaccionar a Chloe pero ella parecía que ni siquiera le mirase. Estaba tan pendiente de su acompañante que no había reparado en él.
Aprovechando el baile, se acercó más a ella.
Un momento. ¿Que hacía este tío?
Su mano se estaba acercando peligrosamente al trasero de ella.
Nico miró esa mano y se imaginó rompiéndole los dedos uno a uno.
<<No la toques desgraciado. No te atrevas a tocarla.>>
-Que interesante. Me parece que le he visto apretar los dientes. No nos quita ojo de encima.
-¿Por que me estás ayudando?
-No sé gatita. Me caes bien.
-Pero tú no me conoces.
-En eso tienes razón, pero no puedo evitarlo. Considerame tu Cúpido personal.
Chloe estalló en carcajadas. Por lo menos su acompañante era divertido.
¿Que demonios le había dicho ese tío para que ella se riese de ese modo?
¿Por que tenía que tener esa risa tan hermosa?
¿Y por que no se acababa esa maldita canción?
Esa chica que bailaba con él le estaba dando dolor de cabeza.
¿Había respirado en algún momento?
<<¡Acabate ya canción del demonio!>>
Y acabó, pero ese desgraciado seguía con las manos alrededor de la cintura de Chloe.
¿Por que ella no le apartaba?
-Gracias por el baile. Me ha encantado.
-A mi también. Adiós. Un placer.
Se alejó de ella antes de que se le ocurriese pedirle su número de teléfono o peor aun, darle el suyo.
Se acercó a sus amigos que le miraban con una sonrisa.
-Parece que tu plan no ha funcionado.
-Supongo que no.- en cuanto se sentó, Rafa se puso inmediatamente de pie.
-Vámonos de aquí.
-¿Que te pasa? Ni que hubieses visto un fantasma.-bromeó Vicente.
Al ver que miraba hacia un punto fijo, todos se volvieron para mirar.
Nico perdió el aire del todo.
No podía ser cierto. Aquel cabrón no podía estar besando a su Chloe.
<<¿Su Chloe? ¿No me digas que me he vuelto posesivo?>>
Apretó los puños con toda la fuerza de la que era capaz. Le dolían las palmas y sin embargo ese era el menor de sus dolores comparado con otra parte de él. La parte que más añoraba a Chloe.
Contra más quería apartar la mirada, menos capaz era.
Separó sus labios de ella y sonrió al ver su expresión perpleja.
-Mi plan ha funcionado gatita.
-¿Tu...tu plan?- ¿de que estaba hablando?
-Tú chico debe estar pensando en arrancarme la cabeza.
-Estás equivocado.
-No lo estoy. Ahora tengo que irme. Espero verte pronto y que me digas que ha pasado. Te buscaré.
Empezó a alejarse, cuando Chloe le detuvo.
-¿Quien eres?
-Solo soy un amigo dispuesto ayudar. No le des vueltas gatita. No tengo ninguna importancia. No nos conocemos de ningún otro lugar. Te vi por primera vez el otro día, en este mismo lugar.
-Sigo sin entender porque me estás ayudando. ¿Que ganas con esto?
-Deja de desconfiar gatita. No todo el mundo es mezquino. A algunos nos gusta ayudar a los demás. Sobretodo si el propósito es bueno. El tuyo lo es.
-¿Como lo sabes?
-Hay cosas que pueden verse a primera vista. No te lo niegues a ti misma. Si yo puedo ver que estás enamorada de ese chico, cualquiera puede.
Iba a decir que estaba equivocado, pero no serviría de nada. Tenía razón.
Una vez que se quedó sola, Nico se acercó a la barra. Seguía con los puños apretados. Estaba deseando golpear algo.
-¿Has disfrutado de tu acompañante?
-No ha estado mal. ¿Que tal la tuya?
<<Un horror.>>
-Bueno, me he reído,-mentira- he bailado, me he divertido- otra mentira- y me ha partido en dos ver como te sobaba y te besaba ese capullo.
-Se me lanzó.
-¿Y tú no pudiste pararle los pies?
-¿Acaso estás celoso?
-Me han entrado ganas de partirle la boca. ¿Tu que crees?
-Que si, pero que no tienes porque.
-Yo creo que si.
-¿Sabes en que pensaba mientras me besaba?- Nico no respondió.- Solo podía pensar en ti. En que era tu boca y no la suya . Ha sido el único modo en que he conseguido soportar esta noche. Pensando que eras tú.
Al ver que él no decía nada, que ni siquiera la miraba, se levantó y me marchó de allí. Sola.
Olga le pidió a Raúl que se marchase al hotel en el que tenía pensado alojarse mientras ella hablaba con Santi.
-No voy a dejarte aquí sola con él. No voy a dejarte sola nunca más.
-Por favor. Quiero poder hablar con él tranquilamente y no estaré tranquila si tu rondas por aquí.
-No me hace gracia.
-Bueno, he estado a solas con él y hasta ahora no ha pasado nada.
-¿Nada de nada?
Negó con la cabeza.
-Quizá no lo parezca, pero es muy buen chico. Estoy segura de que lo entenderá.
-Tú ganas. No tardes. Te estaré esperando.
-Eso me recuerda que debería quizá coger yo también una habitación.
-¿Por que deberías hacer eso?
-Para tener un lugar donde dormir hasta que salga el próximo avión por supuesto.
-De ninguna manera. Te alojarás en mi habitación. Conmigo.
Ante la sola idea de compartir cama con él empezó a temblarle todo.
-Ya te dije que no iba a dejarte sola nunca más. Eso implica el hotel.
-¿Y cuando volvamos a casa?
-Bueno, de momento no nos queda otra. Te vigilaré desde la ventana de mi habitación. Quiero que esto nos salga bien Olga. No quiero estropearlo de nuevo.
-Entonces sigue así.- le besó dulcemente y le acompañó hasta la puerta.-Te quiero.
-Yo también te quiero- le robó un beso más y se alejó con una sonrisa.
-Odio ir de compras. ¿No te lo había dicho nunca?
-Me parece que no. De todos modos, ¿que otra nos queda? Dentro de unos días empezamos el trimestre y aun me faltan algunas cosas.
-Eso te pasa por dejarlo todo para el último momento.
-¿Hace falta que te recuerde todo lo que ha pasado para que mi cabeza no estuviese centrada en esto?
-Mejor no. Lo pasado, pasado está.
-Que listo.
Me encantaba pasar mi tiempo con Javier. Caminar cogidos de la mano, disfrutando simplemente de nuestra compañía.
-¿Sabes algo de Tony?
Negué con la cabeza. Estaba preocupada. Hacia días que no tenía noticias suyas, desde su último mensaje.
-He intentado llamarle pero siempre tiene el teléfono apagado.
-Ya verás como está bien.
-Eso espero.
Me rodeó los hombros con su brazo y me atrajo hacia su cuerpo.
-Prueba de nuevo.
Saqué mi móvil del bolsillo y marqué su número. Retuve el aire hasta que finalmente dio señal.
Unos tonos más tarde, alguien descolgó al otro lado.
-Hola princesa.
Suspiré aliviada.
-¿Como estás?
-Bastante bien. Perdona que no te haya dicho nada en todo este tiempo. Lo cierto es que olvidé el cargador del móvil en Cádiz.
-Creí que estabas allí.
-No. Bueno, voy para allí ahora. He viajado un poco para visitar a Fany.
Estaba sorprendida.
-¿Por que has echo eso?
-No sé. Quería ver que pasaba. Afortunadamente lo tengo superado.
-Me alegro.
-Y yo. He conocido a su hijo. Es increíble. He pasado toda la mañana jugando con él. Estoy molido.
Rompí a reír.
-Eso es que te estás haciendo mayor. Admítelo.
-No te burles de mi princesa.
-No lo hago.
-¿Que tal tú?
-Genial. Te echo de menos.
-Y yo a ti. He conseguido convencer a mi abuelo de que se vaya a vivir con mis padres. De este modo, aunque será raro hacer el viaje hasta Cádiz y no pasar por esa casa, también podré estar más con él.
-Es genial cielo.
-En fin, de todos modos, cada vez que haga ese viaje ya no será lo mismo.
Me reí de nuevo.
-Si te sirve de consuelo, para mi tampoco será lo mismo si vuelvo a ir en tren.
-Me creas o no, es un consuelo.- tras una pequeña pausa habló de nuevo.- ¿Has sentido necesidad de volver a “nuestra habitación”?
-Lo cierto es que no. No quiero recurrir a ella sin ti.
-Bueno, míralo de este modo. Siempre que me extrañes búscame allí. Siempre estaré ahí para ti.
-Y yo.
-Lo sé. Te he buscado.
Después de hablar un poco más nos despedimos prometiendo hablar pronto.
Miré a Javier que seguía a mi lado.
-¿Estás más tranquila?
-Si. Gracias por decirme que le llamase.
-Vale la pena si consigo que sonrías así.
-Te quiero.
-Y yo.- me besó y entonces dijo.- ¿Que sabes de Olga y Raúl?
Mi sonrisa se hizo más grande.
-Soy tan feliz que no puedo dejar de sonreír.
Rompí a reír.
-¿Quien iba a decirte a ti que el amor de tu vida se encontraba tan cerca?
-Nunca podré estarte lo suficientemente agradecida por el echo de haber convencido a Sebastián para que me pidiera salir.
Siempre recordaría ese día.
Había estado llorando por culpa de un chico. Un chico que había roto con ella solo porque no hacía todo lo que quería.
Sebastián había estado a su lado, como siempre.
-¿Por que siempre tengo que estar con chicos como ese? ¿Tan mal partido soy que no puedo encontrar a un chico decente?
-Tu no eres el problema. Son ellos. Tú eres perfecta.
-Solo dices eso porque me quieres.
-Si. Te quiero.- le secó las lágrimas con un pañuelo de papel.- ¿Por que no me das una oportunidad?
Clara le miró mientras sorbía por la nariz.
-¿Por que querrías tu salir conmigo?
-¿Es que no entiendes? Cuando me levanto por la mañana y cuando me acuesto por la noche, tú eres en lo único que puedo pensar. Y todas las malditas horas que hay entremedio.
Así fue como ella le dio la oportunidad. Y ahí estaban, a punto de casarse y a punto de ser padres.
-¿Estas ocupado?
-Pues no. ¿Pasa algo “melli”?
Lo cierto es que le sorprendía que Nico le llamase.
-Soy un idiota.
-¿Que ha pasado?
-Creo que acabo de dejar escapar la única oportunidad que tengo de recuperarme.
-No te entiendo.
-Chloe.
Poco a poco, fue contándole a su hermano toda la historia. Javier no cabía en si de su asombro.
Cuando Nico terminó de hablar, le preguntó aquello que llevaba rato rondándole por la cabeza.
-¿Te has enamorado de ella?
-No lo sé. No sé que siento. Solo sé que tengo la cabeza del revés.
-¿Por que no hablas con ella?
-Es inútil “melli”. Acabo de despedirme. No debí hacerlo pero estaba tan furioso porque ella tenía pensado dejarme que no quería escucharla.
-Debiste hacerlo. Quizá tenga algo para decir.
-Supongo que si.
-Ve a buscarla Nico. Tal vez aun no sea tarde.
Al final tras llorar durante un buen rato, se vistió y salió.
No quería seguir allí encerrada recordando como él se había marchado.
Al final era él quien la había dejado sola. ¿Como no se daba cuenta de que la había cambiado?
¿Como no podía ver que cuando estaba con él el resto del mundo desaparecía?
<<Tú solita te has metido en esto.>> se recordó.
Si. Ella solita sin ayuda.
<<¿Quien va a hacer que te olvide y te borre de mi mente Nico? Podría estar por ahí rompiendo corazones, si tu no estuvieras rompiendo el mío.>>
Pasó la tarde de tiendas. Necesitaba descargar toda aquella tensión que la invadía.
Decidió que si Nico no quería saber nada más de ella, tenía que superarlo. Aquella noche saldría y encontraría a otro chico que la ayudase a olvidarle.
<<Como si pudieras.>> dijo una voz en su interior.
No hacia falta que se lo recordara. Era completamente consciente.
Bueno, ahí estaba de nuevo, frente a su habitación de hotel.
Jamás se había sentido tan nervioso en su vida.
Se aflojó el cuello de la camisa. Maldita sea, si incluso se había vestido bien para ir a verla.
Llamó un par de veces a la puerta y esperó pacientemente a que ella abriese.
¿Que cara pondría en cuanto le viese allí? ¿Le perdonaría por haberla dejado sola?
Llamó otra vez. Nada.
Finalmente se marchó. Si Chloe estaba allí, estaba claro que no deseaba verle.
-¡Montesdeoca! Tienes visita.
¿Y ahora quien era? ¿Sería Miranda de nuevo? ¿Que se le habría olvidado esta vez?
Un hombre vestido en traje y corbata se acercó hasta su celda.
-¿Es usted el señor Julio Montesdeoca?
-El mismo. ¿Quien coño es usted?
-Mi nombre es Reese Watson. La señorita Miranda Kelso me envía a hablar con usted.
-¿Sobre que?
-Su libertad.
-No tienes derecho a presentarte aquí. ¿Quien te crees que eres?- Santi estaba de los nervios. Con Raúl allí, las cosas no saldrían bien con Olga.
-Solo quiero hablar con ella a solas. Concedeme eso. Si después ella me pide que me vaya, lo haré.
Olga les miró a ambos.
-Tienes cinco minutos.- tras eso, Santi salió de la habitación en la que estaban.
Sin que se diese cuenta, Raúl se colocó frente a ella en dos zancadas, y eso que estaba en la otra punta de la habitación.
La cogió de las manos y la miró directamente a los ojos antes de arrodillarse delante d ella.
Olga se sentó en la gran butaca que había tras ella y que le impedía retroceder.
-¿Hablabas en serio?- consiguió preguntar finalmente intentando ignorar el nudo que tenía en la garganta.
-Completamente.
-¿Por que? ¿Por que ahora?
Sonrió una vez más.
-Porque soy idiota. No quería darme cuenta. No quería sufrir de nuevo. No creí que pudiera hacerte feliz.
-Tú eres el único que podría lograr eso. No podría ser feliz con nadie más. Tú eres el único para mí.
-Sé que quizá es tarde y que si has tomado la decisión de quedarte aquí para siempre yo debería respetarlo, pero tenías que saber cuales eran mis sentimientos antes de darle la espalda a todo.
Olga le miró extrañada.
-Raúl yo no tengo pensado quedarme aquí. Ya te dije que volvería a tiempo para las clases.
Un gemido escapó de la garganta de él.
-Pero tu conversación con las chicas...
-Solo hice un comentario. ¿Por eso has venido? ¿Ese es el motivo por el que has decidido decirme lo que sentías?
-Al principio si. Pensé que no tendría otra oportunidad, pero cuando subí al avión comprendí que hace tiempo que debí hacerlo. Me he estado mintiendo a mi mismo, y también a ti y no quiero volver a hacerlo. Quiero poder decirte que te amo cada uno de los días de mi vida. Una vida que quiero compartir contigo.
El labio inferior de Olga empezó a temblar. Había deseado tanto esas palabras y ahora por fin las oía de sus labios...
-Solo dime si tengo alguna oportunidad. Dime que no la he cagado del todo. Dime una vez más que me quieres.
-Te quiero- dijo entre lágrimas.
Raúl la cogió entonces por la barbilla y la besó como había imaginado millones de veces.
Ya no importaba nada más. Nada se interpondría entre ellos.
-Parece que vuelvo a encontrarte en la misma situación.
Chloe se volvió hacia la voz y sonrió.
-¿No será que me has estado buscando?
-Quien sabe.- se sentó junto a ella y la miró.- ¿Puedo invitarte a la siguiente?
Chloe se encogió de hombros.
-Es tu dinero.
Le hizo un gesto al camarero para indicarle que sirviera otra ronda, esta vez también para él.
-Y dime, ¿sigues pensando igual que la última vez?
Chloe trató de recordar.
-Si y no.
-¿Quieres contármelo?
-Supongo que no te hará daño saberlo.
-Y quizá a ti te vaya bien contárselo a alguien.
-He perdido al que posiblemente sería el amor de mi vida. ¿Que te parece? El único hombre en el que me fijo de verdad y está enamorado de mi prima.- levantó el vaso para brindar y apuró la bebida todo lo que pudo.
-Si ese chico no sabe ver a la preciosidad que yo estoy viendo es que no merece la pena.
-Quizá la que no merece la pena soy yo. En fin, mirame-dijo poniéndose de pie.- No soy nada del otro mundo.
-No te menosprecies gatita.
-Menos mal que por lo menos te tengo a ti, seas quien seas- volvió a levantar la copa- gracias por hacerme compañía.
-¿Que piensas hacer?- preguntó Salva.
-Esta claro que no tengo opciones. No sé donde encontrarla. He probado de llamar al móvil pero no me lo coge. Hace un rato llamé al hotel pero me dijeron que había salido. No sé donde puede estar.
-Lo mejor que puedes hacer ahora es intentar desconectar. Ya aparecerá. En algún momento tendrá que volver al hotel. Vayamos a tomar algo.
Sus amigos solo intentaban animarle, pero él echaba de menos a Chloe. Su sonrisa. El modo en que le miraba y él lo había echado todo a perder. Como siempre.
Al final sus amigos terminaron convenciéndole de que quedarse sentado en su habitación no solucionaría nada, así que se marcharon al bar. El mismo bar en el que la había conocido. El mismo bar en el que ella estaba en la barra bebiendo con otro tío.
-A todo esto, ¿como te llamas?
-A lo mejor te parece extraño pero preferiría no decírtelo. Por esta noche tu puedes ser mi gatita y yo seré lo que tu quieras.
Chloe le miró a través del vaso.
Ella quería que fuese Nico.
-Está bien. Como quieras. Jugaremos a eso. Dos desconocidos bebiendo juntos.
-A tu salud gatita.
Brindaron una vez más.
Cinco minutos después, el desconocido la sacó a bailar.
Los chicos miraron fijamente a Nico que se había detenido en la entrada del bar.
Dirigieron la mirada hacia el mismo lugar en donde la tenía él.
Por su expresión cualquiera diría que iba a arder Troya.
Apretó los puños con fuerza.
¿Que demonios estaba haciendo Chloe bailando con ese tío? ¿Quien coño era?
Al ver como ella sonreía al parecer por algo que él le decía se puso malo.
Miró por las mesas. No iba a quedarse de brazos cruzados.
Fijó la mirada hacia una mesa en particular. Una llena de chicas. Chicas que se los estaban comiendo con los ojos. Perfecto.
Se acercó hasta ellas con una gran sonrisa en los labios.
-Buenas noches chicas.- todas sonrieron.-¿Alguna me haría el honor de bailar conmigo?
Una de ellas, quizá la más mona, se puso en pie y le tendió la mano con una gran sonrisa.
-¿Que está haciendo?
-Me parece que quiere llamar la atención. Diría que quiere darle celos a Chloe.
-Este chico está fatal. El amor lo vuelve idiota.
-Que se le va a hacer. El amor es lo que tiene.
-Ni siquiera nosotros nos comportamos así, ¿verdad?- preguntó Vicente de repente.- Por favor, decidme que no.
Ni que fuese tan horrible...
-¿Que miras tan atentamente gatita?
Chloe se había puesto blanca de repente.
-Esto no puede estar pasando...- se agarró con fuerza del brazo de él y siguieron bailando.
Al dar la vuelta, él se fijó atentamente hacia donde miraba ella.
-¿Es él?
Chloe asintió.
-Por favor, no dejes de bailar conmigo. Si me soltases ahora no podría mantenerme en pie.
-No voy a dejarte sola gatita. Estoy pensando que quizá deberías provocarle un poco.
-No. No creo que sea buena idea.- aunque daba igual. Ella no significaba nada para Nico. Estaba segura de que solo se estaba vengando tras su última conversación.
Díos mío. ¿Que demonios le estaba contando aquella chica? ¿Acaso no se callaba nunca?
Él intentaba sonreír solo para hacer reaccionar a Chloe pero ella parecía que ni siquiera le mirase. Estaba tan pendiente de su acompañante que no había reparado en él.
Aprovechando el baile, se acercó más a ella.
Un momento. ¿Que hacía este tío?
Su mano se estaba acercando peligrosamente al trasero de ella.
Nico miró esa mano y se imaginó rompiéndole los dedos uno a uno.
<<No la toques desgraciado. No te atrevas a tocarla.>>
-Que interesante. Me parece que le he visto apretar los dientes. No nos quita ojo de encima.
-¿Por que me estás ayudando?
-No sé gatita. Me caes bien.
-Pero tú no me conoces.
-En eso tienes razón, pero no puedo evitarlo. Considerame tu Cúpido personal.
Chloe estalló en carcajadas. Por lo menos su acompañante era divertido.
¿Que demonios le había dicho ese tío para que ella se riese de ese modo?
¿Por que tenía que tener esa risa tan hermosa?
¿Y por que no se acababa esa maldita canción?
Esa chica que bailaba con él le estaba dando dolor de cabeza.
¿Había respirado en algún momento?
<<¡Acabate ya canción del demonio!>>
Y acabó, pero ese desgraciado seguía con las manos alrededor de la cintura de Chloe.
¿Por que ella no le apartaba?
-Gracias por el baile. Me ha encantado.
-A mi también. Adiós. Un placer.
Se alejó de ella antes de que se le ocurriese pedirle su número de teléfono o peor aun, darle el suyo.
Se acercó a sus amigos que le miraban con una sonrisa.
-Parece que tu plan no ha funcionado.
-Supongo que no.- en cuanto se sentó, Rafa se puso inmediatamente de pie.
-Vámonos de aquí.
-¿Que te pasa? Ni que hubieses visto un fantasma.-bromeó Vicente.
Al ver que miraba hacia un punto fijo, todos se volvieron para mirar.
Nico perdió el aire del todo.
No podía ser cierto. Aquel cabrón no podía estar besando a su Chloe.
<<¿Su Chloe? ¿No me digas que me he vuelto posesivo?>>
Apretó los puños con toda la fuerza de la que era capaz. Le dolían las palmas y sin embargo ese era el menor de sus dolores comparado con otra parte de él. La parte que más añoraba a Chloe.
Contra más quería apartar la mirada, menos capaz era.
Separó sus labios de ella y sonrió al ver su expresión perpleja.
-Mi plan ha funcionado gatita.
-¿Tu...tu plan?- ¿de que estaba hablando?
-Tú chico debe estar pensando en arrancarme la cabeza.
-Estás equivocado.
-No lo estoy. Ahora tengo que irme. Espero verte pronto y que me digas que ha pasado. Te buscaré.
Empezó a alejarse, cuando Chloe le detuvo.
-¿Quien eres?
-Solo soy un amigo dispuesto ayudar. No le des vueltas gatita. No tengo ninguna importancia. No nos conocemos de ningún otro lugar. Te vi por primera vez el otro día, en este mismo lugar.
-Sigo sin entender porque me estás ayudando. ¿Que ganas con esto?
-Deja de desconfiar gatita. No todo el mundo es mezquino. A algunos nos gusta ayudar a los demás. Sobretodo si el propósito es bueno. El tuyo lo es.
-¿Como lo sabes?
-Hay cosas que pueden verse a primera vista. No te lo niegues a ti misma. Si yo puedo ver que estás enamorada de ese chico, cualquiera puede.
Iba a decir que estaba equivocado, pero no serviría de nada. Tenía razón.
Una vez que se quedó sola, Nico se acercó a la barra. Seguía con los puños apretados. Estaba deseando golpear algo.
-¿Has disfrutado de tu acompañante?
-No ha estado mal. ¿Que tal la tuya?
<<Un horror.>>
-Bueno, me he reído,-mentira- he bailado, me he divertido- otra mentira- y me ha partido en dos ver como te sobaba y te besaba ese capullo.
-Se me lanzó.
-¿Y tú no pudiste pararle los pies?
-¿Acaso estás celoso?
-Me han entrado ganas de partirle la boca. ¿Tu que crees?
-Que si, pero que no tienes porque.
-Yo creo que si.
-¿Sabes en que pensaba mientras me besaba?- Nico no respondió.- Solo podía pensar en ti. En que era tu boca y no la suya . Ha sido el único modo en que he conseguido soportar esta noche. Pensando que eras tú.
Al ver que él no decía nada, que ni siquiera la miraba, se levantó y me marchó de allí. Sola.
Olga le pidió a Raúl que se marchase al hotel en el que tenía pensado alojarse mientras ella hablaba con Santi.
-No voy a dejarte aquí sola con él. No voy a dejarte sola nunca más.
-Por favor. Quiero poder hablar con él tranquilamente y no estaré tranquila si tu rondas por aquí.
-No me hace gracia.
-Bueno, he estado a solas con él y hasta ahora no ha pasado nada.
-¿Nada de nada?
Negó con la cabeza.
-Quizá no lo parezca, pero es muy buen chico. Estoy segura de que lo entenderá.
-Tú ganas. No tardes. Te estaré esperando.
-Eso me recuerda que debería quizá coger yo también una habitación.
-¿Por que deberías hacer eso?
-Para tener un lugar donde dormir hasta que salga el próximo avión por supuesto.
-De ninguna manera. Te alojarás en mi habitación. Conmigo.
Ante la sola idea de compartir cama con él empezó a temblarle todo.
-Ya te dije que no iba a dejarte sola nunca más. Eso implica el hotel.
-¿Y cuando volvamos a casa?
-Bueno, de momento no nos queda otra. Te vigilaré desde la ventana de mi habitación. Quiero que esto nos salga bien Olga. No quiero estropearlo de nuevo.
-Entonces sigue así.- le besó dulcemente y le acompañó hasta la puerta.-Te quiero.
-Yo también te quiero- le robó un beso más y se alejó con una sonrisa.
-Odio ir de compras. ¿No te lo había dicho nunca?
-Me parece que no. De todos modos, ¿que otra nos queda? Dentro de unos días empezamos el trimestre y aun me faltan algunas cosas.
-Eso te pasa por dejarlo todo para el último momento.
-¿Hace falta que te recuerde todo lo que ha pasado para que mi cabeza no estuviese centrada en esto?
-Mejor no. Lo pasado, pasado está.
-Que listo.
Me encantaba pasar mi tiempo con Javier. Caminar cogidos de la mano, disfrutando simplemente de nuestra compañía.
-¿Sabes algo de Tony?
Negué con la cabeza. Estaba preocupada. Hacia días que no tenía noticias suyas, desde su último mensaje.
-He intentado llamarle pero siempre tiene el teléfono apagado.
-Ya verás como está bien.
-Eso espero.
Me rodeó los hombros con su brazo y me atrajo hacia su cuerpo.
-Prueba de nuevo.
Saqué mi móvil del bolsillo y marqué su número. Retuve el aire hasta que finalmente dio señal.
Unos tonos más tarde, alguien descolgó al otro lado.
-Hola princesa.
Suspiré aliviada.
-¿Como estás?
-Bastante bien. Perdona que no te haya dicho nada en todo este tiempo. Lo cierto es que olvidé el cargador del móvil en Cádiz.
-Creí que estabas allí.
-No. Bueno, voy para allí ahora. He viajado un poco para visitar a Fany.
Estaba sorprendida.
-¿Por que has echo eso?
-No sé. Quería ver que pasaba. Afortunadamente lo tengo superado.
-Me alegro.
-Y yo. He conocido a su hijo. Es increíble. He pasado toda la mañana jugando con él. Estoy molido.
Rompí a reír.
-Eso es que te estás haciendo mayor. Admítelo.
-No te burles de mi princesa.
-No lo hago.
-¿Que tal tú?
-Genial. Te echo de menos.
-Y yo a ti. He conseguido convencer a mi abuelo de que se vaya a vivir con mis padres. De este modo, aunque será raro hacer el viaje hasta Cádiz y no pasar por esa casa, también podré estar más con él.
-Es genial cielo.
-En fin, de todos modos, cada vez que haga ese viaje ya no será lo mismo.
Me reí de nuevo.
-Si te sirve de consuelo, para mi tampoco será lo mismo si vuelvo a ir en tren.
-Me creas o no, es un consuelo.- tras una pequeña pausa habló de nuevo.- ¿Has sentido necesidad de volver a “nuestra habitación”?
-Lo cierto es que no. No quiero recurrir a ella sin ti.
-Bueno, míralo de este modo. Siempre que me extrañes búscame allí. Siempre estaré ahí para ti.
-Y yo.
-Lo sé. Te he buscado.
Después de hablar un poco más nos despedimos prometiendo hablar pronto.
Miré a Javier que seguía a mi lado.
-¿Estás más tranquila?
-Si. Gracias por decirme que le llamase.
-Vale la pena si consigo que sonrías así.
-Te quiero.
-Y yo.- me besó y entonces dijo.- ¿Que sabes de Olga y Raúl?
Mi sonrisa se hizo más grande.
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