jueves, 29 de diciembre de 2011

Capítulo 03

La vuelta a casa fue de lo más silenciosa. No tenía nada que ver con el viaje de ida.
Para empezar, Olga se negó a sentarse con Raúl. Se sentó a mi lado y ni siquiera yo conseguí que hablase.
Este por su parte, seguía sin comprender porque Olga había esperado tanto tiempo. Él lo había intentado pero ella seguía negándose a dirigirle la palabra.
Y yo, desde la última vez que lo había intentado, probé suerte otras quince veces, pero Santi seguía sin atender el teléfono.
El resto de la pandilla ya no sabía que hacer para animarnos. No hace falta decir que no hubo éxito.
Nada más aterrizar, debíamos ir hasta el instituto para comunicarles a todos que lo habíamos conseguido. Habíamos ganado. Lástima que algunos de nosotros nos daba igual en aquel momento.
Me escabullí entre la multitud que nos felicitaba para buscar a Santi. No le veía por ninguna parte. Pregunté a Orlando cuando me lo encontré en el pasillo.
-Me ha parecido verle en las gradas. Al menos creo que era él.
-Gracias.
-De nada.- corrí hasta el lugar. Ojalá no lo hubiese echo.
Efectivamente estaba en las gradas, salvo que no solo.
Miranda estaba a su lado. Desde donde yo estaba vi más que suficiente y Miranda no se detuvo al verme a mí, al contrario, se aseguró de que yo pudiese ver bien como besaba a mi chico.
No quería mirarles pero no conseguía cerrar los ojos.
De pronto empecé a sentir un fuerte dolor en el pecho. No podía respirar. Era como si estuviese encerrada en un lugar seco sin ventilación. Me ahogaba.
Todo oscureció a mí alrededor. No se cuanto tiempo estuve inconsciente, solo se que Santi estaba allí cuando abrí los ojos en la enfermería del instituto.
Mirarle me causaba más dolor porque recordaba lo que había visto y con quien…
De haber sido con cualquier otra chica no me hubiese importado. Me habría dolido de todos modos, pero conociendo a Miranda, sabiendo con certeza que solo lo había echo por diversión, por ver sufrir a los demás. Así era ella.
Arrebataba a los novios de las demás para que rompieran y luego les dejaba de lado. Nunca pensé que eso terminaría ocurriéndome también a mí.
-Menudo susto me has dado. Cuando te vi en el suelo…
-¿Y no te preguntaste porque estaba ahí?
-Nos viste.
-Pensé que seguías molesto conmigo y que por eso no atendías mis llamadas. Ahora se que no fue ese el motivo.
-Quise llamarte. Estaba destrozado y Miranda ha sido tan comprensiva conmigo que me dejé llevar.
-Yo te estaba buscando para decirte que no quería que lo nuestro terminara. También te estuve llamando por lo mismo. Me di cuenta de que lo que sentía iba más allá de lo que me atrevía a admitir.
-¿Qué intentas decir?
-Que estoy enamorada de ti y que quería que lo nuestro fuese en serio.
-¿Por qué hablas en pasado?
-Porque ya no es lo que quiero. No quiero saber nada más de ti Santi. No quiero que vuelvas a hablarme o a acercarte a mí o alguno de mis amigos.
-No puedes hablar en serio.
-Nunca he hablado tan en serio, créeme. Se acabó.
Nunca había visto tanta confusión en los ojos de nadie. Intentó acercarse a mí para besarme. No se lo permití. Aquello era el final.
Cuando salió por la puerta, rompí a llorar con todas mis fuerzas. Pensé que aquello me ayudaría a aliviar el dolor, pero solo lo hacía más fuerte y yo no estaba preparada para soportarlo.
Sentía que empezaba a hundirme en un pozo sin fin y que por mucho que lo intentase no saldría nunca de allí.
Quería irme a mi casa, encerrarme en mi cuarto y no salir jamás de allí. No quería ver nada que me recordara a él ni a ella tampoco.
Tenía que huir.
Me puse en pie como pude. Tras asegurarme de que la enfermera había salido, cogí mis cosas y salí sin que nadie me viese.
Llegué a mi casa como pude. Seguía sin poder respirar bien. No quería que nada de aquello hubiese ocurrido.
Subí las escaleras a toda prisa evitando a todos y me encerré en mi cuarto para sacar toda la rabia que tenía dentro.
¿Cómo podía ser tan mala?
A pesar de todo lo que le había dicho a Santi yo seguía hasta las cejas con él. Nadie me había gustado nunca tanto.
Me prometí a mi misma que no volvería a dejar que Miranda volviese a hacerme aquello nunca más. Ni ella ni nadie.
Pensé que a la mañana siguiente me encontraría un poco mejor. No me había movido de la habitación desde que entré en ella después de clase ni siquiera para ir a cenar.
Les dije a mis padres cuando vinieron a buscarme para cenar que ya me había hecho un par de bocadillos y que me los comería allí porque tenía mucho que estudiar. Los primeros días iban bien, sobretodo porque me iba por las mañanas y volvía después de las clases, solo que no pisaba el instituto para nada.
Me pasaba la mayor parte del tiempo en la playa, sentada en la arena y mirando como las olas se estrellaban contra las rocas únicamente en compañía de mi diario.
Ya me había ocupado de avisar a la pandilla de que no me encontraba bien y que iba a quedarme en casa unos días. Lo que no previne fue que vendrían a verme y debió ser lo primero conociéndoles.
Para entonces yo ya estaba tocando fondo. Hacia casi una semana que no iba a clase, apenas comía nada y me pasaba el día entero llorando.
Clara y Sebastián estaban fuera haciendo un curso y no se enteraron hasta que me vi incapaz de reponerme.
Mis padres llegaron a la conclusión de que lo mejor por el momento era internarme en un centro hasta que mejorara o al menos hasta que fuese capaz de contarle a alguien que era lo que me ocurría, sin embargo, se enteraron antes de que yo progresara de algún modo.
Pillaron a Miranda y Santi besándose de nuevo.
-Vaya, si que te has dado prisa.- Raúl estaba que echaba humo por la boca.
-No es lo que parece.
-A mi me lo parece.
-Mónica y yo ya no estamos juntos.- aquello le sorprendió pero no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
-¿Vas a decirme que ya no la quieres?
-No.
-¿No que?
-No voy a decirte que no la quiero porque me mentiría a mí mismo.
-¿Y vas a negarme que no te sorprende no haberla visto en todo este tiempo?
-Pensé que estaba enferma o que simplemente me evitaba.
-Eres idiota tío. Aun no puedo entender que fue lo que ella vio en ti.
-Tal vez lo que nunca verá en ti.- y ahí vino el primer golpe.
Raúl no pudo contenerse más. Había esperado durante demasiado tiempo aquel momento.
-¿Acaso te has vuelto loco?
-¿No sabes que Mónica está en el hospital por vuestra culpa?
-¿Qué?- intentó levantarse del suelo pero volvió a caer. Raúl pegaba realmente fuerte cuando se enfadaba.- ¿Cómo está?
-Mal.- y se fue dejándoles allí.
-Dios mío…
-Tranquilo. Seguro que exagera para hacerte sentir mal.
-¿Tú no te sientes mal?
-Yo no siento nada por ella. ¿Por qué voy a dejar que me afecte?
-Al final resulta que todos tienen razón acerca de ti.
-No creas que no se lo que todo el mundo dice a mis espaldas.
-Entonces no hace falta que diga más- y allí la dejó.
Hasta ahora ningún chico la había dejado plantada. Se preguntó porque yo era especial. Prometió vengarse. No le importaba cuanto tiempo tuviese que esperar. Sabía que las cosas con Santi no se arreglarían, pero también sabía que algún día conocería a otra persona y ella esperaría a que ese día llegase para cumplir su promesa.
Aun no se como, Santi averiguó en que hospital estaba y se aseguró de que no hubiese nadie por los alrededores para entrar a verme.
Su corazón debió romperse en mil pedazos al verme en aquel estado. Realmente era deprimente. Aun no habían logrado hacerme hablar y puedo aseguraros que lo intentaron todos y cada uno de los míos.
Suerte que hacerme la dormida se me daba genial, porque me sirvió de mucho cuando Santi se sentó a mi lado para hablarme.
-¿Es culpa mía que estés aquí?- en realidad se lo estaba preguntando a él mismo.- No debí marcharme cuando discutimos. Debí quedarme y apoyarte fuese cual fuese la decisión que ibas a tomar respecto a nuestra relación. Debí confesarte que yo también tenía miedo, solo que a perderte y he conseguido que ocurriese sin quererlo.
Se quedó conmigo un rato más hasta que tuvo que marcharse. Se despidió con un hasta siempre. Sabía que tardaría en volver a verle, porque se volvía a su ciudad hasta que ambos estuviésemos preparados para volver a vernos.
Aquello era demasiado para mí. No podía soportar aquel dolor. Necesitaba que alguien lo aliviase porque yo sola no era capaz.
Cada día que pasaba se me hacia un poco más soportable y poco a poco empecé a dejarme llevar para recuperarme y hacerme más fuerte.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Capítulo 02

De este modo, poco a poco intenté acercarme a Santi sin que Raúl estuviese por los alrededores, pues siempre nos interrumpía.
El día en que me dio su número de teléfono por si quería que hablásemos mientras estuviese fuera por lo del concurso, sentí que los pies dejaron de tocar el suelo.
Faltaba apenas una semana para que nos marcháramos y ya podía echarle de menos.
¿Ridículo? Seguramente, pero me encantaba.
La pandilla me animaba a intentarlo. Bueno, no toda. Ya sabéis por quien lo digo.
El día que nos fuimos de viaje, consiguió pasar el radar aprovechando que Raúl estaba hablando con un compañero y no al acecho como siempre y me llevó a las escaleras del patio para que pudiésemos hablar tranquilamente.
-No puedo creer que no me haya visto.
-Ten fe. ¿Qué querías?
-Voy a echarte de menos estos días. Intenta no olvidarte de mí mientras estés allí.
-Solo es una semana.
-Aunque solo fuesen unas horas, me pasaría lo mismo.
-No me digas eso…
-Es la verdad. Me gustas mucho. ¿Qué hay de malo en eso?
-Nada.
-¿Entonces?
-¿Entonces, que?
-¿Vas a salir conmigo?- aquello me pilló por sorpresa, pero me encantó que me lo pidiese.
Quedamos en que cuando volviese le daría una respuesta.
Nos despedimos antes de que alguien pudiese notar que había desaparecido momentáneamente.
Me pasé el viaje soñando despierta. Luis no dejó de burlarse de mí hasta que llegamos.
Teníamos dos días antes de salir al escenario delante del público.
Mientras comíamos, les conté mi conversación con Santi, y Raúl estalló.
-No sabes nada de él. ¿Como puedes siquiera pensar en tener algo con ese tío?
-Me parece que te estás pasando. No es justo que me hables así.- no quería discutirme con él. Éramos amigos desde críos. ¿Se había vuelto loco acaso?
Me fui de allí para no matarlo y me encerré en la habitación que compartía con mis amigas. No quería, pero la misma rabia me hizo llorar.
Olga vino a verme más tarde. Prefirieron dejarme a solas un rato hasta que me tranquilizase.
-¿Te sientes mejor?
-Si. Me he desahogado durante un buen rato.
-Yo también he terminado discutiendo con él. No puedo creer lo egoísta que es a veces.
-Aun así le quieres.
-Si, pero una cosa no quita la otra. Se ha pasado esta vez. No tenía ningún derecho a decirte aquello.
-Tú ya te has encargado de castigarle, ¿no es cierto?- pregunté con una sonrisa.
-Si. Por lo visto soy valiente para según que cosas en cambio cuando se trata de decirle lo que siento por él, soy incapaz.
-No te preocupes por eso. Algún día reunirás el valor necesario para hacerlo, y yo estaré allí para apoyarte.
-Muchas gracias, pero Raúl ya tiene a alguien a quien quiere por encima de todo y esa persona es también alguien a quien yo quiero muchísimo.
-¿Crees que es suficiente razón para no decírselo?
-No puedo competir contigo.
-¿Y por que iba a pasar eso?
-No puedo comprender que seas tan inocente. Raúl lleva enamorado de ti desde que tiene uso de razón.
-Creí que nunca había tenido de eso.- ambas nos reímos.
-Es por eso que se ha estado comportando como un idiota desde que Santi apareció.
Cuando apareció la primera lágrima en sus ojos, supe que debía hacer algo.
-No debería ponerme así. Si Raúl te ha elegido a ti yo debería apoyarle. Eres la mejor persona del mundo.
-No digas eso. Tú has estado desde niña a su lado. Le comprendes mejor que nadie y lo haces todo con él. Nunca he conocido a dos personas que estén tan compenetradas como lo estáis vosotros. Habéis reído, llorado y gritado juntos. Te mereces más que nadie estar con él.
-No mientras él no me vea de ese modo.
-Entonces habrá que hacer algo y pronto.
-¿En que has pensado?
-Santi.
-¿Qué pasa con él?
-Voy a hacer una llamada.
Cinco minutos después ya estaba en las nubes. Como me alegraba de haberle llamado.
-Pensé que ya te habías olvidado de mí.
-¿Por qué creíste algo así?
-Porque has tardado mucho en dar señales conforme habías llegado bien.
-Ahora ya lo sabes.
-¿Por qué estás triste?- se había dado cuenta.
-La respuesta es si. Quiero que salgamos.
-¿Hablas en serio?
-Si y me encantaría que estuvieses aquí.
-Eso está hecho.- no lo tuve en cuenta. ¿Cómo iba a pensar que se presentaría sin más en Francia?
Cuando colgamos, volví con los demás para darles la noticia. ¡Por fin tenía novio!
Raúl no dijo nada. Se marchó de allí dejándonos a todos de piedra.
Olga me miró sin comprender.
-Lo siento. Es lo único que se me ha ocurrido.
-Es algo que querías de todos modos así que no te preocupes.
Al día siguiente, mientras desayunábamos, alguien se me acercó por detrás. Pensé que verle me animaría, pero Raúl no se había molestado en bajar a desayunar con nosotros y Olga estaba fatal. Quizá no había sido tan buena idea.
No quería hacerles sufrir. Significaban mucho para mí.
Fuimos a dar una vuelta y le conté lo sucedido.
-¿Por eso me dijiste que si? ¿Para que se olvide de ti?
-No es solo por eso. En realidad quise decirte que si cuando me lo pediste.
-¿Y por que no lo hiciste?
-Quería dejarte con las ganas.- sonreí. Empezaba a sentirme un poco mejor aunque las cosas seguían igual.
Santi intentó animarme como podía. Al final del día agradecí de veras que hubiese hecho ese viaje para estar conmigo.
-¿Cuándo te marchas?
-Mañana, después de la obra. No quería perdérmela.
-Espero que te guste.
-Si sales tu, me encantara.
-No es para tanto.
Hasta ahora aun no me había besado y yo estaba deseando que lo hiciese. ¿Y si tomaba yo la iniciativa? No sabía que hacer ni tampoco a que estaba esperando.
Cuando nos estábamos despidiendo para irnos cada uno a su cama, pues se había registrado en nuestro mismo hotel, tomé la iniciativa y le besé antes de arrepentirme.
¿Habíais sentido alguna vez un escalofrío enorme por todo el cuerpo? Así me sentí yo, salvo que fue un escalofrío cálido. No sé si me explico.
Cuando quise darme cuenta ya no podía dejar de besarle. Me encantaba como su lengua se perdía dentro de mi boca.
Al final no tuvimos más remedio que parar, porque alguien se acercaba y no podíamos arriesgarnos.
Terminó acompañándome hasta mi habitación robándome unos cuantos besos más.
A la mañana siguiente, ya con toda la pandilla junta de nuevo, intenté no mencionar que Santi estaba allí, y después de lo ocurrido con Raúl ninguno de los otros dijo tampoco nada y fue una suerte que Santi no apareciese sin más. En lugar de eso, me mandó un mensaje citándome en un sitio antes de la obra para desearme suerte.
Terminé de desayunar antes que los demás y me fui corriendo a buscarle.
Nada más verme volvió a besarme. Me dijo que había estado toda la noche pensando en mí y en mis besos. ¡Que lindo que es!
Una hora antes de que empezase la representación, me despedí deseando verle en primera fila.
-Allí estaré. Lo prometo.
Nos dimos un último beso, por el momento, y me fui.
Mientras me cambiaba no podía evitar pensar que él estaba ahí fuera, esperando a que yo saliese. No entendía como en tan poco tiempo, Santi había logrado conquistarme de ese modo.
Tampoco podía evitar preguntarme cuanto tiempo duraría aquella felicidad.
Otro tema que aun me preocupaba era que Raúl siguiese en sus trece con Santi. Yo no pretendía hacerle daño, pero esa había sido la única solución que se me había ocurrido.
¿Por qué siempre tenían que ocurrirme este tipo de cosas a mí?
Quizá si hablaba con Raúl, lo entendería por fin, pero eso tampoco me parecía justo. Con ello no ganaba nada. Seguiría haciéndole tanto daño como aquello le estaba haciendo también a Olga y para colmo Clara no estaba allí para aconsejarme. Pensé que otra opción era hablar con Luis y puede que con Isa y Lidia. Estaba realmente desesperada. No sabía que hacer.
Me acerqué a él mientras terminaba de cambiarse. Yo aun no salía y tenía más tiempo, así que me lo tomé con calma. Ya terminaría de arreglarme después.
-Hola.
-¿Qué pasa?- por lo seco que me contestó supe que seguía molesto.
-Vengo a pedirte perdón.- y por como me miró terminó de destrozar la esperanza que aun quedaba en mí.
-No tengo nada que perdonarte. Tú solita te has metido en esto. Santi no me gusta y no es solo por lo que yo pueda sentir hacia ti. Puedo decirte sin dudar que se que va a hacerte daño pero ya eres mayorcita y no necesitas que te protejan.
-¿Entonces no lo aceptas?
-No, pero si es tu chico no me queda más remedio. Solo espero que tengas cuidado con él.
No supe que decirle. En cualquier otra ocasión le habría abrazado, pero no pude. Era como si una parte de mí, le diese la razón a Raúl.
Por fin se abrió el telón, y la función nos salió mucho mejor de lo que todos esperábamos.
Santi estaba en primera fila tal y como prometió y yo podía sentir todo lo que él sentía por mí con solo mirarle. Entonces ¿porque una parte de mí quería ir despacio para que el golpe no fuese tan fuerte?
No entendía nada. Quería que alguien me ayudase a desenredar todo aquello.
Al cambiarnos de nuevo, Santi me llevó a un parque del que había oído hablar para que pudiésemos charlar tranquilamente de nosotros, por lo que yo también decidí que tenía que decirle algo sobre lo que me estaba pasando.
Por su cara, estaba más que claro que él tenía pensada otro tipo de conversación.
-¿Qué estás intentando decirme? ¿Acaso quieres dejarlo?
-No es eso. Solo quiero que me prometas que esto va en serio.
-Claro que va en serio. No sabes como deseaba salir contigo desde la primera vez que te vi. Es algo que no te puedo explicar pero se que a ti debió ocurrirte algo parecido. No me lo niegues porque se que es así. Puedo verlo en tus ojos.
-Aun así tengo miedo.
-Entonces dejémoslo.
Aquello aun me daba más miedo. No quería romper con él. Santi me gustaba con locura. ¿Qué debía hacer a continuación?
Ojalá hubiese traído mi diario conmigo.
-No es eso lo que quiero.
-Entonces decídete y cuando lo sepas me avisas.- y esa fue su despedida. Aun sin haberle visto marchar con el equipaje, sabía que no seguía allí. Que había vuelto a la ciudad. Eso provocó que me decidiera, que quisiera seguir adelante con aquello, aunque no tuviese ni idea de lo que podía ocurrir. Decidí arriesgarlo todo.
Corrí hacia la habitación y cogí mi teléfono. Tenía que conseguir hablar con él, decirle que lamentaba lo ocurrido y que de verdad quería ser su chica, pero no me respondió y eso me dejó aun peor.
No soportaba pensar que aun tenía que quedarme allí una noche más, lejos de él. Cuando después de mis padres, Clara y Sebastián me llamaron para preguntarme que tal la obra, ambos notaron algo distinto. Les conté como pude lo ocurrido y sin saber como las lágrimas me nublaron la vista.
-¿Quieres que vaya a verte?- Clara era la mejor. Siempre podía
contar con ella pero no podía pedirle que se subiese a un avión solo porque yo había metido la pata hasta el fondo. Yo misma debía solucionarlo. Cuando regresara al instituto, lo primero que haría sería hablar con Santi.
-Estoy bien. Quedaos tranquilos, ¿vale?
Dudo mucho que les convenciera. De hecho, ahora se que ninguno de los dos me hizo caso. Al contrario, se preocuparon aun más. Así eran los verdaderos amigos.
La pandilla también estaba preocupada. Ninguno quiso decirme nada pero era evidente que todos habían notado el cambio en mí. Debía parecer un alma en pena.
Raúl fue el único que se acercó a mí y me abrazó. Creo que en el fondo deseaba decirme que ya me lo había advertido y en lugar de eso, me animó para que volviese a intentarlo.
Nos sorprendió tanto aquello que ninguno supo que decir.
Más tarde, de camino a nuestras habitaciones…
-Ha sido muy amable de tu parte que tuvieses ese gesto tan bonito hacia ella.
-Es lo menos que podía hacer. Después de todo es mi amiga.
-Si, lo es. Y también es algo más para ti.
-Si, pero no importa. Ella no siente lo mismo que yo. No puedo entender porque se ha fijado en él y no en cualquier otro.
-Tampoco te hubiese gustado de haber sido así.
-Claro que no. Debí entender desde un principio que lo mío no es más que un amor platónico, que ella nunca sentirá por mí lo que yo siento por ella, aun así no puedo evitarlo. Siento como si el corazón fuese a estallarme en mil pedazos que no se si podré volver a recomponer.
-No digas eso. Estoy segura de que encontrarás a otra chica. Alguien que te haga feliz por encima de todo y con la que vas a compartir el resto de tu vida.
-Ahora mismo no puedo pensar en eso. No puedo pensar siquiera en entregarle mi corazón a otra persona que no sea ella.
Olga no entendía porque había iniciado aquella conversación.
¿Qué pretendía con ello? ¿Qué Raúl por fin se diese cuenta de lo que sentía hacia él? Si se lo decía quizá lograra que se fijase al fin en ella.
-Quizá si prestaras más atención a lo que te rodea, te darías cuenta de que hay alguien a quien si le importas de ese modo.
-¿En serio? ¿Y quien es si puede saberse?- el tono en como lo dijo no le gustó nada a la chica. ¿Qué se había creído?
Él, por el contrario, pensaba que ella solo lo decía para que se sintiese mejor. ¿Cómo iba a imaginar que estaba hablando de ella misma?
Ahora que lo pensaba, Olga jamás le había hablado de ningún chico que le gustase, ni ninguna chica, dicho sea.
-Yo soy esa chica. Y si mirases más allá de lo que tus ojos te permiten te habrías dado cuenta de que llevo enamorada de ti desde pequeña.
-¿Y como iba yo a saberlo? ¿Por qué no me dijiste nada?
-¿Para qué? Nunca te has molestado en saberlo. Todo este tiempo he aguantado y no he dicho nada pero creo que ya va siendo hora de que sepas la verdad.
-Yo no se que decir. No me esperaba que fueras tú.
-En realidad, yo esperaba que reaccionarás de otro modo. He sido una estúpida por pensar que al decírtelo cambiaría algo en ti. Esta claro que no es así.- se dio media vuelta y abrió la puerta de la habitación para después cerrarla tras ella.
-Espera. ¿Qué esperabas que ocurriese?- pero ella no salió para responderle. Se escondió bajo las sábanas de su cama ante nuestra mirada de interrogación.
No creo que tuviese ninguna intención de perdonar a Raúl, por lo menos no al momento.

martes, 27 de diciembre de 2011

Capítulo 01


 

Si aquella mañana cuando desperté, hubiese imaginado por un momento lo que suponía ir a clase, lo que vendría tras eso, seguramente me habría quedado bajo la protección de mis sábanas. O por lo menos, no habría salido de casa.
Antes de seguir con mi historia, dejad que me presente. Me llamo Mónica y mi familia es, bueno, adinerada. No pretendo parecer una creída, pero es cierto.
Mi vida siempre ha sido un camino de rosas. Todo me iba genial. Tengo unos padres estupendos, y unos amigos que no cambiaría por nada del mundo. Gracias a todos ellos hoy podéis leer esta historia.
En fin, a lo que iba… Aquella fatídica mañana, tras ducharme y vestirme, bajé al comedor, donde me esperaban mis padres como cada mañana.
Os hablaré un poco de ellos.
Mi padre es dueño de una multinacional que distribuye muchos de sus productos por todo el mundo. De ahí que tengamos tanto dinero.
Mi madre siempre ha sido una mujer muy inteligente por lo que normalmente acompaña a mi padre a todos los eventos a los que debe asistir. Resumiendo, siempre están muy ocupados, pero les adoro.
Durante el desayuno, mi padre me comunicó que iba a estar unos días fuera por viaje de negocios. Siempre igual…
Se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de la ciudad. Y mi madre tres cuartos de lo mismo. Entre sus reuniones con papá, y con sus amigas del club… casi siempre estaba en casa con el personal. Suerte que Clara aun vivía con nosotros.
Clara es la hija de la cocinera. Nos hemos criado prácticamente juntas y es sin dudarlo, mi mejor amiga y ni siquiera el hecho de que ahora esté saliendo con su mejor amigo de toda la vida, puede cambiarlo.
Sebastián llevaba años enamorado como un tonto de ella, y nunca había tenido el valor para declararse.
Una noche, hablándolo, me pidió consejo y le dije que no debía tener miedo de sus sentimientos.
No importan los sentimientos que tengamos si no somos capaces de sincerarnos hacia esa persona, ¿verdad?
Finalmente se declaró, y ya están pensando en casarse en cuanto acaben en la Universidad.
Yo aun voy al instituto, y no puedo decir que no me divierta. Estoy apuntada a teatro junto con toda la pandilla.
Hemos representado varias obras y se nos da bien. Ahora nuestro reto es presentarnos a un concurso y quedar finalistas.
Sé lo que estáis pensando. ¿Hay concursos de teatro?
Pues si, los hay y yo creo que tenemos las de ganar.
Nuestro reto era intentar representar una obra que nadie hubiese hecho nunca. Elegimos la de Anastasia, hija de zar de Rusia.
Conseguimos el permiso del director, que era bastante competitivo, para que nos dejase ensayar durante algunas clases.
Estábamos todos a la espera de que nos diesen noticias acerca de si habíamos sido admitidos en el concurso que por cierto, era en Francia.
De eso se encargaba mi madre. Ella conocía a gente allí y me había prometido avisarnos en cuanto conociese los resultados.
Asignar los papeles no fue fácil, pero todos coincidían en que Anastasia debía ser yo.
Aquel fue el día en el que Santi llegó al instituto.
Mejor si empiezo por el principio.
Santi venía de fuera. De Madrid, para ser exactos.
Todo empezó en clase, sino recuerdo mal.
Estaba distraída repasando unos apuntes, cuando se abrió la puerta y entró el chico nuevo.
Orlando, el delegado de clase le dio la bienvenida y le presentó a los alumnos.
Antes de que llegase a mi, Lidia entró de golpe y me sacó a rastras de clase.
Al parecer, por lo que pude entender mientras íbamos por el pasillo hacia el salón de actos, ya había noticias del concurso.
Nos reunimos todos allí, esperando a que la profesora de teatro, la señorita Rosa, nos dijese algo.
- Bueno chicos- hizo una pausa y se pasó la mano por el pelo- hemos trabajado mucho todo este
tiempo y sea lo que sea que diga este sobre- dijo enseñándonoslo- lo habéis hecho genial.
-Díganos ya el resultado- Raúl pocas veces perdía la paciencia,
pero era cierto que habíamos trabajado mucho y todos estábamos deseando conocer el resultado. -Vamos allá- abrió el sobre lentamente, entrecerrando los ojos.
Temiéndose que no fuese a salir bien. Primero abrió un ojo y después el otro para terminar abriéndolos como platos.- Dios mío…
-¡¿Qué?!- preguntamos todos a la vez.
-¡Lo hemos conseguido!
Se hizo un silencio casi sepulcral. Ninguno estaba seguro de haber oído bien.
Tardamos varios segundos en reaccionar y el caso es que aun después de hacerlo, ninguno terminaba de ser consciente de lo ocurrido.
-¿Esta usted segura de eso?- preguntó Luis, sereno como siempre.
-Lo estoy. Mira- le entregó la carta que leyó para si mismo para
mirarnos poco después con una sonrisa y gritar que lo habíamos conseguido.
Nunca había visto a Luis tan feliz por algo y le conocía desde que íbamos juntos a la guardería. En realidad, salvo a Lidia, que se había unido a nosotros dos años antes, Raúl, Isa, Luis, Olga, Dani y yo éramos amigos desde el jardín de infancia.
Nos unía una amistad de más de diez años. Una amistad que jamás se había visto afectada por nada. Ellos no me habían decepcionado nunca y yo no pensaba hacérselo a ellos.
Me gustaría hablaros un poco de cada uno de ellos para que me entendáis.
Luis era mi mejor amigo. Siempre era a quien primero acudía, a parte de Clara, claro. Ella no pertenecía a la pandilla, aunque podía contar con ella de todos modos y en cualquier momento.
En fin, Luis ha sido siempre un poco tímido y creo que nunca le he visto enfadarse con nadie aun teniendo motivos.
Siempre optaba por no mirar hacia atrás y seguir adelante.
Ninguno de nosotros podía comprender que no quisiese afrontar las cosas al momento, pero con el tiempo comprendimos que Luis tenía la oportunidad más delante de “vengarse”.
Olga era también una de mis mejores amigas. Siempre podía contar con ella. Comprendía cada una de las cosas que le decía, nunca me juzgaba por nada y siempre me escuchaba con una sonrisa en los labios. Era sencillamente genial. No debo olvidarme de deciros que estaba profundamente enamorada de Raúl, su mejor amigo y vecino de enfrente de toda la vida.
En cuanto a Raúl, no la correspondía en ese aspecto. La quería con locura y estaba dispuesto a hacer por ella lo que fuese, pero su corazón pertenecía a otra persona. Como amigo es estupendo. Un poco irascible a veces pero bueno en el fondo.
Isa era otro tema. Lista, simpática y quizá algo ambiciosa pero en el buen sentido. Siempre creí que ella y Luis hacían buena pareja y si he de ser sincera me sorprende que aun, en el día de hoy, no haya ocurrido nada entre ellos.
Dani era el más loco de todos nosotros. Nunca le faltaba una sonrisa y siempre sabía que hacer. Es imposible no divertirse con él. Su corazón es solo para Lidia, a pesar del poco caso que le hace ella.
Y Lidia… bueno, ya dije que se unió a nosotros mucho más tarde.
Ella también vino de fuera, y la verdad es que pocas veces hablaba de sus cosas. Siempre nos decía que había cambiado de ciudad para rehacer su vida, una vida que no pudiese odiar.
Ya estamos todos. Ya podemos seguir.
Como decía, lo habíamos conseguido y ya iba siendo hora de que el resto de nuestra clase estuviese al corriente. Raúl y yo fuimos los encargados de ir a comunicárselo mientras nuestra profesora iba a hablar con el director.
Interrumpir las clases no era especialmente mi fuerte. A Lidia se le daba muchísimo mejor.
Llamamos a la puerta esperando respuesta al otro lado.
El profesor de historia nos dejó pasar sin decir nada ni oponerse siquiera.
Podía notar la mirada de toda la clase sobre nosotros, esperando a que dijésemos algo, fuera lo que fuese.
-Hemos venido principalmente para comunicarles algo a nuestros compañeros.- empezó diciendo Raúl. A él casi nunca le costaba hablar en público.
Cuando estuvo seguro de que todos le prestaban atención, prosiguió.
-Como ya sabéis, los del grupo de teatro, hemos estado ensayando
mucho para participar en un concurso. Mónica y yo estamos aquí para deciros que lo hemos conseguido. ¡Nos vamos a Francia!
Debo decir que me sorprendió que todos se pusiesen en pie. Todos salvo uno. Un chico que se sentaba al final.
Me escabullí entre nuestros compañeros que se acercaron a felicitarnos para acercarme a aquel chico que me había llamado la atención.
Al acercarme a su mesa, vi que tenía la cabeza oculta entre sus brazos.
No sabía porque pero algo me decía que conocer al chico nuevo, me cambiaría.
-Buenos días.- ni siquiera me miró. Podía sentir cierta decepción en mi misma. ¿Qué era lo que esperaba de él?
Decidí probar de nuevo por si acaso.
-He venido a presentarme pero veo que no estas de humor así que mejor te dejo solo.
Por lo que podía ver en su cara, si no me marchaba de allí seguramente terminaría por soltarme alguna grosería, y de pronto, su expresión cambió.
-Espera por favor. No sabía que eras tú.
-Me halaga pero tampoco me parece justo.
-Lo se. Perdona.
-Tranquilo.- me senté en la mesa que había frente a él dispuesta a saber algo de aquel chico que me había llamado tanto la atención o eso es lo que hubiese ocurrido si Raúl no me hubiese sacado de allí a rastras.- Eres un animal. ¡Me vas a hacer daño!
-Los demás nos esperan. No podemos perder tiempo.
El pobre chico se quedó allí sin saber como reaccionar. Todo había ocurrido tan rápido. No dijo nada hasta que Orlando se le acercó.
-Con este chico siempre pasa lo mismo. Es tan celoso que parece mentira que ella aun no se haya dado cuenta de sus sentimientos.
-¿Quieres decir que él también esta enamorado de ella?
-¿Quieres decir que tú lo estás? Pero si acabas de llegar y no sabes nada de ella.
-No me hace falta. Sé lo que significa lo que siento cuando está cerca y voy a hacer lo que sea para que ella lo sepa.
-Por lo que yo sé, Mónica esta muy protegida por sus amigos y ellos mismos te someterán a juicio.
-Eso no me asusta.
-De momento ya tienes a uno en contra- dijo refiriéndose a Raúl.
-Estoy seguro de que para ella no es más que un amigo, de modo que no me preocupa.
Así quedó la cosa para ellos dos, quienes habían sido escuchados por una tercera persona. Alguien que desgraciadamente no tenía nada mejor que hacer que hacerle daño a los demás. Miranda.