De este modo, poco a poco intenté acercarme a Santi sin que Raúl estuviese por los alrededores, pues siempre nos interrumpía.
El día en que me dio su número de teléfono por si quería que hablásemos mientras estuviese fuera por lo del concurso, sentí que los pies dejaron de tocar el suelo.
Faltaba apenas una semana para que nos marcháramos y ya podía echarle de menos.
¿Ridículo? Seguramente, pero me encantaba.
La pandilla me animaba a intentarlo. Bueno, no toda. Ya sabéis por quien lo digo.
El día que nos fuimos de viaje, consiguió pasar el radar aprovechando que Raúl estaba hablando con un compañero y no al acecho como siempre y me llevó a las escaleras del patio para que pudiésemos hablar tranquilamente.
-No puedo creer que no me haya visto.
-Ten fe. ¿Qué querías?
-Voy a echarte de menos estos días. Intenta no olvidarte de mí mientras estés allí.
-Solo es una semana.
-Aunque solo fuesen unas horas, me pasaría lo mismo.
-No me digas eso…
-Es la verdad. Me gustas mucho. ¿Qué hay de malo en eso?
-Nada.
-¿Entonces?
-¿Entonces, que?
-¿Vas a salir conmigo?- aquello me pilló por sorpresa, pero me encantó que me lo pidiese.
Quedamos en que cuando volviese le daría una respuesta.
Nos despedimos antes de que alguien pudiese notar que había desaparecido momentáneamente.
Me pasé el viaje soñando despierta. Luis no dejó de burlarse de mí hasta que llegamos.
Teníamos dos días antes de salir al escenario delante del público.
Mientras comíamos, les conté mi conversación con Santi, y Raúl estalló.
-No sabes nada de él. ¿Como puedes siquiera pensar en tener algo con ese tío?
-Me parece que te estás pasando. No es justo que me hables así.- no quería discutirme con él. Éramos amigos desde críos. ¿Se había vuelto loco acaso?
Me fui de allí para no matarlo y me encerré en la habitación que compartía con mis amigas. No quería, pero la misma rabia me hizo llorar.
Olga vino a verme más tarde. Prefirieron dejarme a solas un rato hasta que me tranquilizase.
-¿Te sientes mejor?
-Si. Me he desahogado durante un buen rato.
-Yo también he terminado discutiendo con él. No puedo creer lo egoísta que es a veces.
-Aun así le quieres.
-Si, pero una cosa no quita la otra. Se ha pasado esta vez. No tenía ningún derecho a decirte aquello.
-Tú ya te has encargado de castigarle, ¿no es cierto?- pregunté con una sonrisa.
-Si. Por lo visto soy valiente para según que cosas en cambio cuando se trata de decirle lo que siento por él, soy incapaz.
-No te preocupes por eso. Algún día reunirás el valor necesario para hacerlo, y yo estaré allí para apoyarte.
-Muchas gracias, pero Raúl ya tiene a alguien a quien quiere por encima de todo y esa persona es también alguien a quien yo quiero muchísimo.
-¿Crees que es suficiente razón para no decírselo?
-No puedo competir contigo.
-¿Y por que iba a pasar eso?
-No puedo comprender que seas tan inocente. Raúl lleva enamorado de ti desde que tiene uso de razón.
-Creí que nunca había tenido de eso.- ambas nos reímos.
-Es por eso que se ha estado comportando como un idiota desde que Santi apareció.
Cuando apareció la primera lágrima en sus ojos, supe que debía hacer algo.
-No debería ponerme así. Si Raúl te ha elegido a ti yo debería apoyarle. Eres la mejor persona del mundo.
-No digas eso. Tú has estado desde niña a su lado. Le comprendes mejor que nadie y lo haces todo con él. Nunca he conocido a dos personas que estén tan compenetradas como lo estáis vosotros. Habéis reído, llorado y gritado juntos. Te mereces más que nadie estar con él.
-No mientras él no me vea de ese modo.
-Entonces habrá que hacer algo y pronto.
-¿En que has pensado?
-Santi.
-¿Qué pasa con él?
-Voy a hacer una llamada.
Cinco minutos después ya estaba en las nubes. Como me alegraba de haberle llamado.
-Pensé que ya te habías olvidado de mí.
-¿Por qué creíste algo así?
-Porque has tardado mucho en dar señales conforme habías llegado bien.
-Ahora ya lo sabes.
-¿Por qué estás triste?- se había dado cuenta.
-La respuesta es si. Quiero que salgamos.
-¿Hablas en serio?
-Si y me encantaría que estuvieses aquí.
-Eso está hecho.- no lo tuve en cuenta. ¿Cómo iba a pensar que se presentaría sin más en Francia?
Cuando colgamos, volví con los demás para darles la noticia. ¡Por fin tenía novio!
Raúl no dijo nada. Se marchó de allí dejándonos a todos de piedra.
Olga me miró sin comprender.
-Lo siento. Es lo único que se me ha ocurrido.
-Es algo que querías de todos modos así que no te preocupes.
Al día siguiente, mientras desayunábamos, alguien se me acercó por detrás. Pensé que verle me animaría, pero Raúl no se había molestado en bajar a desayunar con nosotros y Olga estaba fatal. Quizá no había sido tan buena idea.
No quería hacerles sufrir. Significaban mucho para mí.
Fuimos a dar una vuelta y le conté lo sucedido.
-¿Por eso me dijiste que si? ¿Para que se olvide de ti?
-No es solo por eso. En realidad quise decirte que si cuando me lo pediste.
-¿Y por que no lo hiciste?
-Quería dejarte con las ganas.- sonreí. Empezaba a sentirme un poco mejor aunque las cosas seguían igual.
Santi intentó animarme como podía. Al final del día agradecí de veras que hubiese hecho ese viaje para estar conmigo.
-¿Cuándo te marchas?
-Mañana, después de la obra. No quería perdérmela.
-Espero que te guste.
-Si sales tu, me encantara.
-No es para tanto.
Hasta ahora aun no me había besado y yo estaba deseando que lo hiciese. ¿Y si tomaba yo la iniciativa? No sabía que hacer ni tampoco a que estaba esperando.
Cuando nos estábamos despidiendo para irnos cada uno a su cama, pues se había registrado en nuestro mismo hotel, tomé la iniciativa y le besé antes de arrepentirme.
¿Habíais sentido alguna vez un escalofrío enorme por todo el cuerpo? Así me sentí yo, salvo que fue un escalofrío cálido. No sé si me explico.
Cuando quise darme cuenta ya no podía dejar de besarle. Me encantaba como su lengua se perdía dentro de mi boca.
Al final no tuvimos más remedio que parar, porque alguien se acercaba y no podíamos arriesgarnos.
Terminó acompañándome hasta mi habitación robándome unos cuantos besos más.
A la mañana siguiente, ya con toda la pandilla junta de nuevo, intenté no mencionar que Santi estaba allí, y después de lo ocurrido con Raúl ninguno de los otros dijo tampoco nada y fue una suerte que Santi no apareciese sin más. En lugar de eso, me mandó un mensaje citándome en un sitio antes de la obra para desearme suerte.
Terminé de desayunar antes que los demás y me fui corriendo a buscarle.
Nada más verme volvió a besarme. Me dijo que había estado toda la noche pensando en mí y en mis besos. ¡Que lindo que es!
Una hora antes de que empezase la representación, me despedí deseando verle en primera fila.
-Allí estaré. Lo prometo.
Nos dimos un último beso, por el momento, y me fui.
Mientras me cambiaba no podía evitar pensar que él estaba ahí fuera, esperando a que yo saliese. No entendía como en tan poco tiempo, Santi había logrado conquistarme de ese modo.
Tampoco podía evitar preguntarme cuanto tiempo duraría aquella felicidad.
Otro tema que aun me preocupaba era que Raúl siguiese en sus trece con Santi. Yo no pretendía hacerle daño, pero esa había sido la única solución que se me había ocurrido.
¿Por qué siempre tenían que ocurrirme este tipo de cosas a mí?
Quizá si hablaba con Raúl, lo entendería por fin, pero eso tampoco me parecía justo. Con ello no ganaba nada. Seguiría haciéndole tanto daño como aquello le estaba haciendo también a Olga y para colmo Clara no estaba allí para aconsejarme. Pensé que otra opción era hablar con Luis y puede que con Isa y Lidia. Estaba realmente desesperada. No sabía que hacer.
Me acerqué a él mientras terminaba de cambiarse. Yo aun no salía y tenía más tiempo, así que me lo tomé con calma. Ya terminaría de arreglarme después.
-Hola.
-¿Qué pasa?- por lo seco que me contestó supe que seguía molesto.
-Vengo a pedirte perdón.- y por como me miró terminó de destrozar la esperanza que aun quedaba en mí.
-No tengo nada que perdonarte. Tú solita te has metido en esto. Santi no me gusta y no es solo por lo que yo pueda sentir hacia ti. Puedo decirte sin dudar que se que va a hacerte daño pero ya eres mayorcita y no necesitas que te protejan.
-¿Entonces no lo aceptas?
-No, pero si es tu chico no me queda más remedio. Solo espero que tengas cuidado con él.
No supe que decirle. En cualquier otra ocasión le habría abrazado, pero no pude. Era como si una parte de mí, le diese la razón a Raúl.
Por fin se abrió el telón, y la función nos salió mucho mejor de lo que todos esperábamos.
Santi estaba en primera fila tal y como prometió y yo podía sentir todo lo que él sentía por mí con solo mirarle. Entonces ¿porque una parte de mí quería ir despacio para que el golpe no fuese tan fuerte?
No entendía nada. Quería que alguien me ayudase a desenredar todo aquello.
Al cambiarnos de nuevo, Santi me llevó a un parque del que había oído hablar para que pudiésemos charlar tranquilamente de nosotros, por lo que yo también decidí que tenía que decirle algo sobre lo que me estaba pasando.
Por su cara, estaba más que claro que él tenía pensada otro tipo de conversación.
-¿Qué estás intentando decirme? ¿Acaso quieres dejarlo?
-No es eso. Solo quiero que me prometas que esto va en serio.
-Claro que va en serio. No sabes como deseaba salir contigo desde la primera vez que te vi. Es algo que no te puedo explicar pero se que a ti debió ocurrirte algo parecido. No me lo niegues porque se que es así. Puedo verlo en tus ojos.
-Aun así tengo miedo.
-Entonces dejémoslo.
Aquello aun me daba más miedo. No quería romper con él. Santi me gustaba con locura. ¿Qué debía hacer a continuación?
Ojalá hubiese traído mi diario conmigo.
-No es eso lo que quiero.
-Entonces decídete y cuando lo sepas me avisas.- y esa fue su despedida. Aun sin haberle visto marchar con el equipaje, sabía que no seguía allí. Que había vuelto a la ciudad. Eso provocó que me decidiera, que quisiera seguir adelante con aquello, aunque no tuviese ni idea de lo que podía ocurrir. Decidí arriesgarlo todo.
Corrí hacia la habitación y cogí mi teléfono. Tenía que conseguir hablar con él, decirle que lamentaba lo ocurrido y que de verdad quería ser su chica, pero no me respondió y eso me dejó aun peor.
No soportaba pensar que aun tenía que quedarme allí una noche más, lejos de él. Cuando después de mis padres, Clara y Sebastián me llamaron para preguntarme que tal la obra, ambos notaron algo distinto. Les conté como pude lo ocurrido y sin saber como las lágrimas me nublaron la vista.
-¿Quieres que vaya a verte?- Clara era la mejor. Siempre podía
contar con ella pero no podía pedirle que se subiese a un avión solo porque yo había metido la pata hasta el fondo. Yo misma debía solucionarlo. Cuando regresara al instituto, lo primero que haría sería hablar con Santi.
-Estoy bien. Quedaos tranquilos, ¿vale?
Dudo mucho que les convenciera. De hecho, ahora se que ninguno de los dos me hizo caso. Al contrario, se preocuparon aun más. Así eran los verdaderos amigos.
La pandilla también estaba preocupada. Ninguno quiso decirme nada pero era evidente que todos habían notado el cambio en mí. Debía parecer un alma en pena.
Raúl fue el único que se acercó a mí y me abrazó. Creo que en el fondo deseaba decirme que ya me lo había advertido y en lugar de eso, me animó para que volviese a intentarlo.
Nos sorprendió tanto aquello que ninguno supo que decir.
Más tarde, de camino a nuestras habitaciones…
-Ha sido muy amable de tu parte que tuvieses ese gesto tan bonito hacia ella.
-Es lo menos que podía hacer. Después de todo es mi amiga.
-Si, lo es. Y también es algo más para ti.
-Si, pero no importa. Ella no siente lo mismo que yo. No puedo entender porque se ha fijado en él y no en cualquier otro.
-Tampoco te hubiese gustado de haber sido así.
-Claro que no. Debí entender desde un principio que lo mío no es más que un amor platónico, que ella nunca sentirá por mí lo que yo siento por ella, aun así no puedo evitarlo. Siento como si el corazón fuese a estallarme en mil pedazos que no se si podré volver a recomponer.
-No digas eso. Estoy segura de que encontrarás a otra chica. Alguien que te haga feliz por encima de todo y con la que vas a compartir el resto de tu vida.
-Ahora mismo no puedo pensar en eso. No puedo pensar siquiera en entregarle mi corazón a otra persona que no sea ella.
Olga no entendía porque había iniciado aquella conversación.
¿Qué pretendía con ello? ¿Qué Raúl por fin se diese cuenta de lo que sentía hacia él? Si se lo decía quizá lograra que se fijase al fin en ella.
-Quizá si prestaras más atención a lo que te rodea, te darías cuenta de que hay alguien a quien si le importas de ese modo.
-¿En serio? ¿Y quien es si puede saberse?- el tono en como lo dijo no le gustó nada a la chica. ¿Qué se había creído?
Él, por el contrario, pensaba que ella solo lo decía para que se sintiese mejor. ¿Cómo iba a imaginar que estaba hablando de ella misma?
Ahora que lo pensaba, Olga jamás le había hablado de ningún chico que le gustase, ni ninguna chica, dicho sea.
-Yo soy esa chica. Y si mirases más allá de lo que tus ojos te permiten te habrías dado cuenta de que llevo enamorada de ti desde pequeña.
-¿Y como iba yo a saberlo? ¿Por qué no me dijiste nada?
-¿Para qué? Nunca te has molestado en saberlo. Todo este tiempo he aguantado y no he dicho nada pero creo que ya va siendo hora de que sepas la verdad.
-Yo no se que decir. No me esperaba que fueras tú.
-En realidad, yo esperaba que reaccionarás de otro modo. He sido una estúpida por pensar que al decírtelo cambiaría algo en ti. Esta claro que no es así.- se dio media vuelta y abrió la puerta de la habitación para después cerrarla tras ella.
-Espera. ¿Qué esperabas que ocurriese?- pero ella no salió para responderle. Se escondió bajo las sábanas de su cama ante nuestra mirada de interrogación.
No creo que tuviese ninguna intención de perdonar a Raúl, por lo menos no al momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario