martes, 31 de enero de 2012

Capítulo 31

Tal y como cabía esperar, Nico no estaba en sus mejores momentos.
Había pasado una semana desde la última vez que se habían visto y hasta él mismo se daba cuenta de que lo único que quería era verla de nuevo.
Aquella noche fue solo al bar. Necesitaba pensar y unas cuantas copas no le vendrían mal. Le ayudaban a tener las ideas claras.
Cuando ya llevaba unas cuantas cervezas en el cuerpo, notó una mano que se posaba en su hombro. Una mano que le provocó un escalofrío.
-¿Puedo sentarme contigo?
Nico se encogió de hombros.
-Eras tú la que no quería estar conmigo. ¿Has cambiado de parecer?
Chloe no respondió y cambió repentinamente de tema.
-Tienes un aspecto horrible, la verdad.
-Es culpa tuya que esté así. Es todo por tu culpa.
-¿Y que demonios te he hecho yo?
-Pensé que te había perdido y me estaba volviendo loco.- Chloe sintió que le faltaba el aire, que no podía respirar. Jamás se había sentido así. Ningún chico había conseguido mover su mundo de este modo.- No puedo olvidarte. No puedo arrancarte de mi corazón como si nada y aun así tu sigues alejándote de mí.
Chloe sintió la tentación de alargar la mano y tocarle, pero entonces Nico siguió hablando.
-¿Por que sigues prefiriendo a Javier antes que a mí? ¿Por que no puedes amarme como te amo yo?
Chloe comprendió entonces. Nico había bebido tanto que pensaba que estaba hablando conmigo y sin saber porque, el corazón de Chloe se rompió en un millón de pequeños trozos.
-Lo siento niño. Por un momento pensé que me había equivocado. Ahora sé que lamentaré haber venido toda mi vida. Tal vez, en alguna otra vida, en algún otro lugar, me conozcas a mí antes que a ella, pero ojala no hubieses aparecido en mi vida para destrozarmela de este modo.
Hizo ademán de levantarse y marcharse pero Nico la cogió de la mano y la miró con los ojos vidriosos.
-Llévame contigo. Déjame estar contigo.
Al principio dudó, pero no quería dejarlo solo, así que le llevó hasta el hotel en el que se alojaba.
Al llegar, el pobre estaba tan decaído que parecía que solo quería llorar.
-Confía en mí esta noche- empezó a desvestirle, hasta dejarle en ropa interior y le obligó a meterse en la ducha, con la mala suerte que Nico resbaló y tiró de ella mojándola de arriba abajo.
El agua pareció hacerle reaccionar y comprender donde y con quien estaba. Alzó la mano para acariciarle la mejilla y apartarle un mechón de la cara.
-Te he dejado un albornoz para que no cojas frío. Cuando estés, métete en la cama.
-¿A donde vas tú?
-Necesito tomar un poco el aire. No tardaré.
Una vez a solas, Nico se sentó en el suelo de la ducha, dejando que el agua caliente cayese sobre él dándole así la oportunidad de pensar y aclarar su mente.
Recordó todo lo dicho en el bar.
¿Como había podido ser tan idiota? ¿Por que se negaba a ver que realmente eramos distintas?
Para empezar, Chloe tenía el pelo más largo y oscuro y era bastante más alta.
Éramos las dos caras opuestas de la moneda y sin embargo ambas le provocábamos la misma sensación.
Salió de la ducha, se secó y vistió con el albornoz.
Al entrar en la habitación, miró encima de la cama y encontró una maleta con lo que parecía ser un álbum de fotos.
Lo cogió y miró en el interior. Había fotos de ella con los que supuso que eran sus padres.
Miró atentamente a la mujer. Era cierto que tenía cierto parecido con mi madre.
Siguió ojeando y encontró una foto de las dos.
Todavía no podía creer lo que son las casualidades.
Encontrar a una persona tan parecida a la persona que amaba.
Quizá que se hubiesen encontrado tenía que significar algo. Quizá debía enamorarse de Chloe.
Algo en esa idea le atemorizaba y excitaba a la vez.
Miró la hora en el reloj que había en la medita de noche. La una y media y Chloe seguía sin aparecer.
¿Donde se había metido?
Dejó el álbum en su sitio y se echó en la cama a esperar a que volviese.
Media hora después, se abrió la puerta.
Chloe entró sin hacer ruido. Realmente esperaba encontrarle durmiendo o también existía la posibilidad de que se hubiese marchado. Sin embargo, allí estaba. Con el albornoz y tumbado sobre la cama. Esperándola.
-Esperaba encontrarte durmiendo.
-¿Por que?
-Para evitar esto supongo- dejó su bolso sobre una silla y se sentó al borde de la cama para mirarle.- Voy a darme una ducha. Si quieres quedarte por mí no hay problema, aunque tendremos que compartir cama.
-¿No te asusta?
-No te tengo miedo Nico. Estoy segura de que no me harás daño, al menos físicamente y tampoco creo que te aproveches de mí.
-Tienes razón. Dormiré en el sofá de todos modos.
-Como quieras.- se levantó, cogió su pijama y se encerró en el cuarto de baño.
El ruido de algo cayendo fue lo último que Nico oyó antes de que el sueño le venciese.
Cuando Chloe salió del cuarto de baño, le encontró profundamente dormido en el sofá.
Cogió una manta del armario y le tapó para que no cogiese frío.
-Buenas noches Nico- le acarició el pelo, que aun seguía mojado y se acercó para besarle en la mejilla.
Justo cuando se incorporaba para alejarse, Nico la cogió del brazo y la acomodó junto a su cuerpo. Pese a pensar que estaba despierto, su profunda respiración indicaba todo lo contrario.
Se puso de lado, quedando así uno frente al otro. Podía sentir su respiración en la cara. Estaba tan guapo.
Que injusta era la vida. Por una vez que encontraba a un chico que realmente le gustaba...


La habitación estaba completamente a oscuras y él estaba sentado en la cama.
Frente a él había una puerta. Se levantó y la abrió.
Salió a un gran jardín. Le pareció ver a una chica recogiendo flores.
Se acercó a ella. Contra más se acercaba, más seguro estaba de quien era.
El corazón le dio un vuelco. Extendió los brazos para tocarla.
La chica se volvió hacia él con un gran ramo de flores en la mano.
-¡Hola!   
-Mónica...-bajó los brazos y los pegó a su cuerpo. Le dolía el corazón.
-Estás son las flores que llevaré en mi boda.
Más dolor.
De pronto apareció un chico. Su hermano.
Me abrazó y besó como si no le importase que él estuviese delante ni como pudiera sentirse.
Quería alejarse de allí. No deseaba seguir mirando pero era totalmente incapaz de moverse. No pudo hasta que alguien le cogió de la mano y tiró de él.
-Mírame a mí por favor. Solo a mí.
-Chloe...
-Por favor...
Solo entonces despertó.
Se pasó una mano por la cara y miró a su lado. Chloe estaba profundamente dormida abrazada a él.


Cuando despertó, Nico no estaba a su lado.
Pensó que se había marchado, pero oía ruido en el cuarto de baño.
Golpeó la puerta y esperó a que él contestase.
-¿Te apetece que vayamos a desayunar?
-Salgo enseguida.
Diez minutos después Nico salió. Tenía mucho mejor aspecto que la noche anterior.
Chloe no pudo evitar sonreír. Había algo en él que la derretía por completo.
-Cuando quieras nos vamos.
-Deja que me arregle un poco antes.
-Muy bien.
Mientras Chloe se preparaba, el móvil de Nico sonó.
-Hola “melli”.
-Esto...
-Cuéntame.
-Mónica me aconsejó que no te llamase pero estaba preocupado. ¿Como estás?
-Voy haciendo.
-Ya.
-No te preocupes por mí “melli”. Se me pasará.
-Está bien. Mónica me contó también lo de su prima. Aun no puedo creerlo.
-Yo tampoco. Ojala hubiese aparecido antes.
-¿Eso habría cambiado las cosas?
-No lo sé. Quien sabe.
-¿Que sabes de ella?
-Está conmigo. Vamos a ir a desayunar.
-Menudo madrugador que estás echo.
-En realidad, hemos pasado la noche juntos.
Javier se quedó callado. Estaba alucinado.
Nico casi podía leerle la mente.
-No imagines lo que no es “melli”. No ha pasado nada entre nosotros.
-¿Tú quieres?
-No lo sé. Temo no saber ver la diferencia entre ellas. Tengo la sensación de que debo mirarla dos veces para no llamarla Mónica.
-Comprendo.
Chloe, por su lado, seguía apoyada en la puerta del cuarto de baño con la mano sobre su corazón. Dolía mucho.


Raúl nos sorprendió al decirnos que se iba a buscar a Olga.
-Ya no puedo quedarme de brazos cruzados. Tengo que decirle lo que siento. Tengo que darle una oportunidad a esto y si ella sigue queriendo quedarse con él pues entonces lo dejaré estar, pero de momento no me queda otra.
Isa nos miró a Lidia y a mi. Había estado en lo cierto. Raúl había reaccionado por fin.
Ojala que esta vez saliese bien.
Cuando le despedimos en el aeropuerto, supe que jamás había visto una determinación tan grande en los ojos de nadie y me alegraba que fuese por una causa tan hermosa.


-¿Y bien?
-Mi plan sigue su curso.
-¿No vas a contarme nada acerca de ese maravilloso plan que dices que tienes?
-Aun es pronto. Dejemos que se confíen. De momento solo puedo decirte que Claudia está muy jodida. Parece ser que Javier la ha apartado de su vida.
-¿Y sabes cual es el motivo?
-Me da igual cual sea. Le está bien empleado por querer quitármelo. Sin embargo, ya que por lo visto ya no es un obstáculo, la dejaré en paz. A menos que se interponga en mi camino, podrá vivir tranquila.
-A veces me das miedo.
-Hacemos buena pareja.
-Ya no somos pareja, ¿recuerdas? Lo dejaste muy claro cuando ese chico apareció en tu vida.
-Si, bueno. También ha aparecido Santi. Con él empezó todo, sin embargo tampoco me preocupa. Volvió a por Mónica y ha terminado con una de sus amigas. Menudo estúpido. Jamás tendrá el corazón de esa niña.
Julio no quiso decir nada pero, Miranda estaba exactamente en la misma situación. El chico al que perseguía no sentía absolutamente nada por ella.


Después de que Chloe saliese del cuarto de baño pasó de estar incómodo a estar muy incómodo y el echo de que ella se mantuviese callada lo hacía aun más insoportable.
Ninguno de los dos dijo hada hasta que se sentaron en una de las mesas apartadas del comedor del hotel.
-¿Que te apetece?
Realmente no estaba de humor.
-Una caja de aspirinas estaría bien- al ver la mueca de ella se arrepintió del tono que había usado.
<<Mierda, ¿por que no cerraré la boca cuando tengo que hacerlo?>>
-Perdona.
-No tienes que disculparte. Debes tener una buena resaca después de lo de anoche.
-Lo cierto es que si. Chloe- la miró fijamente como si esperase a que ella le diese permiso para continuar.- ¿Por que hemos dormido juntos?
Chloe se ruborizó.
-¿Estás enfadado?
A él le sorprendió. ¿Por que iba a estarlo?
Recordaba todo lo ocurrido la noche anterior y el modo en el que ella había cuidado de él. Estaba agradecido de que no le hubiese dejado solo con su tristeza. Finalmente respondió.
-No. Solo tenía curiosidad.
-No quería dormir sola y en vista a que te negaste a compartir mi cama...- respondió con una enorme sonrisa que le calentó el corazón.
Hasta aquel momento había sentido como si un enorme bloque de hielo cubriese esa parte de él y con tan solo una sonrisa, ella había conseguido abrir una pequeña grieta y saber aquello no mejoraba las cosas.
-Me acerqué para taparte y besarte y me atrapaste.
-¿Te molestó?
-Si ese fuese el caso, que no lo es, ya te lo habría dicho. Además, si yo no me hubiese acercado dudo que hubiese ocurrido, ¿no te parece?
-Supongo.
-Entonces dejemos el tema. ¿Te apetece un café y unas gofres?
-Si- aunque lo que realmente le apetecía era estrecharla en sus brazos y volver a ver su hermosa sonrisa.


Pasaron juntos toda la mañana.
Nico descubrió que la incomodidad que había sentido aquella mañana iba desapareciendo.
Contra más tiempo pasaba con ella más comprendía que en realidad no nos parecíamos tanto.
Descubrió que Chloe era muy alegre, que había viajado mucho y que podía hablar de cualquier tema sin problemas.
Antes de darse cuenta le contó toda nuestra historia.
Para cuando se terminó el tercer gofre, Chloe estaba alucinada.
Nico la miró con una sonrisa en los labios.
-Seguro que piensas que soy idiota.
Chloe se apresuró a negar con la cabeza.
-Que va Nico. No pienso eso de ti. No eres el único que se ha enamorado de alguien a quien su corazón pertenece a otra persona y tampoco serás el último.
-¿Y que hay de ti? ¿Te han roto el corazón?
-Estoy tratando de averiguarlo. Cada vez que pienso que si, me sonríes y cambio de parecer.
-No sé que decir.
-No tienes que decir nada. A mi me sorprende sentirme así, sobretodo porque jamás me había sentido así de indefensa, pero ¿que otra cosa podía hacer? Ya te lo dije Nico, me gustaste desde el principio, pero mientras tu sigas aferrándote al amor que sientes por mi prima no serás capaz de seguir adelante.
-No es tan fácil. Lo que siento por ella es...
-Es real y muy fuerte. Lo sé-dijo tras un suspiro.- Dentro de unos días voy a ir a verla. La echo de menos y tengo muchas ganas de pasar un tiempo con ella.
-¿Entonces te vas? Tu también vas a dejarme.
-Ven conmigo. Aun no empiezan las clases así que no debería ser un problema, ¿me equivoco?
-¿Me lo estás pidiendo enserio?
-Por supuesto. Piénsatelo.- cogió un bolígrafo del bolso y escribió en una servilleta antes de entregársela.- Me marcho la semana que viene. Si te quieres venir, llámame. Ahí tienes mi móvil.
Se levantó, dejó el dinero en la mesa para pagar y le besó en la mejilla antes de irse, dejándole absorto mientras no quitaba los ojos de esos nueve números escritos en la servilleta.
Estaba confundido como nunca antes en su vida.


Chloe cerró la puerta de la habitación tras ella y se dejó caer lentamente apoyada contra ella.
Se miró las manos. Le temblaban.
De acuerdo, si. Nico le gustaba. Le gustaba mucho, pero ¿por que demonios le pedía que viajase con ella?
<<Tienes que sacártelo de la cabeza Chloe. ¿Acaso quieres verle sufrir llevándole hasta Mónica?>> pensó.

lunes, 30 de enero de 2012

Capítulo 30

Y llegó el día en el que Nico se marchaba.
Recordé la última vez. Parecía que había pasado una eternidad y en realidad no habían sido más que unos meses, pero nos habían ocurrido tantas cosas y sin embargo, el miedo nos hacía huir.
-La próxima vez que nos vemos, te prometo que no te veré como a más que a mi cuñada.
-No tienes que prometerlo. Me basta con que haya una próxima vez.
-La habrá. Aunque no lo consiga. No vas a perderme.
-Lo sé. Buen viaje.
-Lo tendré.
Me alejé de él para que su familia pudiese despedirse.
Cuando fue el turno de Javier, Nico sonrió.
-No estés triste “melli”. Volveré.
-Estoy seguro de ello. Tienes que asegurarte de que la cuido bien.
-Más te vale que lo hagas. Ya sabes que iré a por ti sino.
-Te temo lo suficiente como para arriesgarme, de todos modos, espero que vengas a vernos.
-Lo haré. Venid a verme vosotros también. A los chicos les encantará verte- dijo mirándome.
-Prometido.
-Es la hora. Hasta la próxima.
-Hasta pronto.
Su sonrisa fue lo último que vimos antes de que el tren se pusiera en marcha.
Javier apretó mi mano con fuerza. Cada vez era más difícil despedirse de él.


Dos días después, Olga se marchó.
Javier, Luis y Dani fueron a casa de Raúl para hablar con él y ver como estaba.
-Está echo una auténtica mierda- dijo Dani en cuanto se reunieron con nosotras más tarde.
-¿Os ha dicho algo?
-No-prosiguió Luis.- Ni una sola palabra. Era como si no estuviese con nosotros en la habitación. Jamás le había visto así. Estaba completamente a oscuras.
-¿Que vamos a hacer? No podemos dejarlo así.
-Ya lo sé Isa, pero ¿que otra cosa podemos hacer? Ellos han decidido. Nosotros ya no podemos hacer más. Les hemos aconsejado del mejor modo posible. Si lo suyo tiene que salir bien, tendrán que hablarlo ellos mismos.
-Detesto que tengas razón en estas situaciones.
-Lo sé.


Un bar llenó de gente a menudo solo te hace sentir más solo, sobretodo cuando tienes la cabeza llena de pensamientos.
¿Que otra cosa podía hacer si seguía enamorado de la única chica que prefería estar con su hermano en vez de con él?
Nico solo quería encontrar la felicidad del mismo modo que Javier la había encontrado y por otro lado, sabía que no era tan sencillo.
Tal y como me dijo en una ocasión, a menos que tuviese a una gemela escondida por el mundo, no querría a nadie más.
-Por fin te encontramos. ¿Donde demonios has estado desde anoche?
-Quería dejaros un poco de intimidad. Ahora todos tenéis chica. Yo estoy de más.
Sus amigos se sentaron a su alrededor tras pedir unas cervezas a la camarera.
-Las chicas también están preocupadas. Desde que volviste que no eres el mismo. Desde que conociste a Mónica que ya no te conocemos. Sabemos que la quieres y nosotros también. Creo que hasta nosotros somos distintos ahora, pero tienes que olvidarte de ella. Aferrarte a lo que sientes por Mónica no va a ayudarte- dijo Vicente.
Que curioso que fuese precisamente él quien dijese eso. No era dado a expresar sus sentimientos en alto.
-¿Crees que no lo sé? Jamás una chica me había pegado tan fuerte. Nunca voy a encontrar a nadie como ella.
-Nico no digas eso. Encontraremos a una chica para ti. Ya lo verás- continuó Salva.
-Gracias chicos-se levantó de la mesa en la que estaban para ir a la barra a pedir otra ronda cuando una chica se le coló y atrajo la atención del camarero.
Nico se quedó helado al verla. No podía ser. La cogió del brazo para volverla hacia él.
- ¿Mónica?
La chica le miró de arriba abajo con una sonrisa y le tendió la mano.
-No. Soy Chloe.
-Nico- dijo estrechándosela.
-¿Que te pongo chaval?-preguntó el camarero interrumpíendoles.
-Cinco medianas- respondió volviéndose hacia él.
En cuanto se las entregó, se volvió hacia Chloe pero ya no estaba.
-¿Por que tardas tanto?- preguntó Salva acercándose para ayudarle.
-¿Has visto a la chica que estaba a mi lado?
-¿Que chica?
-Joder tío, ¿me estaré volviendo loco?
-Tranquilo. Nosotros te querremos igual.
-Era igual que Mónica. Estoy seguro.
-Bueno, dicen que todo el mundo tiene un doble. ¿No crees que sea posible que sea ella y haya querido gastarte una broma?
-Eso se me pasó por la cabeza, pero está en casa cenando con sus padres y los míos.
Salva miró hacia la salida y se encogió de hombros.
-Ve a ver si la encuentras.
Nico no se lo pensó dos veces y salió corriendo esperando no haberle dado tiempo a desaparecer del todo.
Se encogió de frío al llegar al callejón. No había ni rastro de ella.
Realmente se estaba volviendo loco.
-¿Donde te has metido niña?- murmuró para si.


-Hola prima, ¿que me cuentas de nuevo?
-No mucho. Ya sabes. Yo siempre igual. De acá para allá.
-¿Donde estás ahora?
-En Cádiz.
-¿En serio? Yo conozco a gente allí.
-De eso quería hablarte. He conocido a un chico. Nico se llama. Creo que me confundió contigo. ¿Le conoces?
-Es el mellizo de mi chico.
-Joder, lo que son las casualidades. ¿Que puedes decirme de él?
-Es muy dulce. Estuvimos saliendo pero las cosas no salieron como era de esperar. Es una historia un poco rebuscada. Ya te contaré.
-Genial porque tenía pensado ir a verte en una o dos semanas. Hazme un hueco en tu agenda.
-Por supuesto que si- me quedé callada un momento antes de seguir.- Nico es un gran chico, de verdad. Si puedes borrar esa tristeza que hay en él, hazlo.
-¿Está enamorado de ti?
-Si, pero yo no puedo corresponderle.
-Entiendo. Supongo que le habré gustado por ese parecido tan grande que tenemos.
-Es solo a primera vista. Cuando la gente se fija dos veces ya no les parecemos la misma persona.
-Ya lo sé.
-Oye Chloe,- pregunté al notarla decaída.- ¿estas bien?
-¡Por supuesto! Ya sabes que yo soy como una roca.
Nos echamos a reír.
Eso era lo que más admiraba de ella. Poseía una fuerza que no había visto jamás en nadie.
Me pregunté que habría pasado de haber sido ella y no yo la que estaba entre los mellizos y también en lo referente a Santi.
-Entonces te espero un día de estos.
-Pues claro. Hasta pronto prima.
-Hasta pronto.
Cuando colgó, Chloe se quedó mirando fijamente hacia el bar.
Nico la estaba buscando. No tenía dudas al respecto, pero aun no le dejaría alcanzarla.



-¿La has encontrado?- preguntó Salva cuando regresó.
Nico negó con la cabeza.
-¿Tanto se le parece?- quiso saber Rafa.
-Son como dos gotas de agua.
-¿Por que tengo la impresión de que no vas a parar hasta que des con ella?
Nico sonrió.
-Tal vez porque es lo que sucederá.


Chloe esperó dos días para volver al bar en el que conoció a Nico.
Durante esos dos días tuvo tiempo para pensar.
Nico le había gustado nada más verle, pero si Nico seguía enamorado de mí, ella no quería meterse en medio.
Se sentó en la barra y pidió una copa. Había pasado una mala noche. Dos en realidad.
No era siquiera capaz de sacarse las gafas de sol. No podía decirse que ofreciese su mejor aspecto.
-¿Que te sirvo?
-Vodka con naranja.
-Tú mandas.
Una vez servida, levantó las gafas para ponérselas en la cabeza.
-¿Un mal día?- preguntó una voz a su lado.
-Me siento obligada a decirte que si estás intentando ligar conmigo pierdes el tiempo. No estoy interesada en tener ningún tipo de relación con un hombre.
-¿Significa eso que te gustan las mujeres?
-¿Que?-no pudo evitar reírse.- Menuda estupidez. Que no quiera una relación con un tío no significa que no me gusten.
-¿Acaso te han echo daño?
-No-se encogió de hombros.- Simplemente no les voy a dar esa opción.
Miró al chico que se encontraba a su lado. Era muy mono, pero no le interesaba.
-Quizá algún día cambies de opinión.
-Quien sabe.- apuró su bebida, dejó el dinero sobre la barra y se alejó de allí.
Justo cuando salía por la puerta, alguien chocó con ella.
-Perdona.
-Culpa mía.- reconoció su voz. La había oído dos días antes, en cuanto se presentó.
Cuando sus miradas se encontraron, vio ojeras también en sus ojos.
-Chloe.
-Tengo que irme.- siguió andando pasando al lado de cada uno de los amigos de Nico y de las chicas que les acompañaban, dejándoles a todos con la boca abierta.  Llegó hasta la puerta principal antes de que Nico la alcanzase.- ¿Que quieres?
-¿Quien eres?
-Ya te lo dije. Me llamo Chloe.
-Eso lo sé. ¿Por que eres igual...
-¿Igual que Mónica?- Nico asintió.- Somos parecidas desde pequeñas. Es mi prima. Nuestras madres también se parecían mucho a nuestra edad y ahora ya no es tan fácil de ver, pero por alguna razón, Mónica y yo parecemos mellizas. Excepto cuando se nos mira con atención.
-Te estoy mirando y sigo sin ver la diferencia.
-Entonces es que quizá no quieres verla y en realidad desearías que fuese mi prima la que estuviese aquí contigo y no yo.
-Lo que yo deseé no importa. Mónica tomó su decisión y yo me quedé solo.
-Todos estamos solos Nico, solo que algunos es por decisión propia.
-¿Así que vas a pedirme que me aleje y te deje en paz?
-Eres muy listo. Seguro que me entiendes.
-Supongo que si.
Chloe se acercó a él, se puso de puntillas y le dio un dulce beso en los labios.
Nico cerró los ojos al sentir su contacto, al respirar su olor.
-Adiós Nico.
Antes de alejarse del todo, se detuvo pero no se volvió para mirarle.
-Me gustaste mucho cuando te conocí. Lástima que ames precisamente a una de las personas que más quiero en este mundo. Quien sabe si hubieses sido tu el que me hiciese cambiar.
-¿Cambiar en que?
-Que importa. No vale la pena pensar en algo que no va a suceder.
Esta vez siguió su camino hasta desaparecer.
Nico no fue tras ella. Tal vez ella tenía razón y lo mejor era que se olvidasen él uno del otro.
Se apoyó en la pared y echó la cabeza hacia atrás.
Sacó el teléfono móvil del bolsillo y marcó la tecla de rellamada.
-Nico.
-Hola preciosa.
-¿Como estás?
-Solo. No me siento bien.
-¿Estás enfermo?
-No, tranquila. He conocido a tu doble.
-Lo sé. Chloe me llamó el otro día.
-¿Por que no me dijiste que había alguien igual que tú?
-Porque no somos iguales Nico. Nos parecemos mucho pero tenemos el carácter totalmente opuesto.
-Igual que Javier y yo.
-Si- al ver que no decía nada seguí.- Siento no habértelo contado pero hacerlo no hubiese cambiado nada, ¿o si?
-No lo sé. Lo único de lo que si estoy seguro es de que ella no quiere nada conmigo y de que yo no sé que quiero.
-¿Chloe te ha dicho eso?
-Si. Más o menos.
-¿Necesitas algo?
-Solo necesito ser yo de nuevo y recuperarme de todo esto.
-Lo entiendo.
-Gracias por escucharme. ¿Que tal la cena con nuestros padres?
-Bueno, al principio cuando les contamos a mis padres que pensábamos casarnos pusieron el grito en el cielo, pero tras decirles que aun faltaba para eso se calmaron un poco.
-Me alegro.
-Hasta pronto Nico.
-Hasta pronto preciosa.


Cuando colgué miré a Javier que estaba sentado a mi lado mientras veíamos una película.
Había decidido contarle todo a Javier, quien se quedó de piedra al saber de Chloe.
-¿Como es que es la primera vez que oigo hablar de ella?
-Pensé que había tiempo. ¿Como iba yo a saber que de todos los lugares del mundo y de todas las personas que viven en él, ella elegiría Cádiz y conocería a Nico?
-Quizá que haya sido así debe significar algo.
-¿Como que estén predestinados?
-¿Es tan descabellado?
-No sé. La vida da muchas vueltas.
-¿Crees que debería hablar con mi hermano?
-Sinceramente no sé que decirte. Tal y como está no sé como reaccionaría.


Había pasado casi una semana desde la partida de Olga, cuando por fin nos llamó.
Había dejado claro que solo quería hablar con nosotras así que nos reunimos en la cabaña  y nos pusimos las tres frente al ordenador.
-Me alegro de veros.
-Y nosotras a ti. ¿Por que has tardado tanto en hacernos saber que estás bien?-preguntó Lidia a la cam.
-Porque en realidad no lo estoy. Todo esto es muy bonito. Los padres de Santi son muy amables y él está siendo muy considerado conmigo pero no soy feliz. No es aquí donde quiero estar.
-Y supongo que tampoco con él.-siguió Isa.
Olga asintió.
-Entonces vuelve. No te quedes en un lugar en donde no estás bien.
-Todavía no estoy lista para enfrentarme a Raúl. No puedo volver todavía.
-Entonces esperaras hasta el último momento.
Ella asintió de nuevo.
-Tengo que intentar que esto funcione.
-¿Y que pasará con vosotros cuando tú vuelvas?
Esta vez Olga apartó la mirada.


Los chicos habían decidido ir a buscar a Raúl. Tenían que sacarlo de casa. No podía seguir encerrado en su habitación autocompadeciendose de si mismo.
-Vamos a la cabaña aunque sea. Cojamos unas pizzas y algo para beber si quieres pero no puedes seguir así.-insistió Javier.
-Está bien. Vamos a la cabaña.
-Ya verás como te animas un poco.
De camino a la cabaña, pasaron por una pizzería y desde allí siguieron su camino.


-¿Por que no dices nada?- estaba empezando a preocuparme y por la cara que tenían Isa y Lidia ellas también.
-He hablado con mis padres. La empresa de mi padre tiene sede aquí de modo que si pidiese el traslado...
Olga se detuvo cuando vio que ninguna de nosotras la miraba.
El ruido de la puerta nos hizo mirar hacia ella. Los chicos habían oído esta última parte y Raúl se había quedado desencajado. Solo fue capaz de decir una cosa antes de salir corriendo.
-No va a volver...
Miré de nuevo hacia la cam después de que los chicos saliesen tras Raúl.
-¿Es eso cierto? ¿No vas a volver?
-Aun no se nada. Os estaba diciendo que había hablado con mis padres y que existía esa posibilidad. Nada más.
Las tres suspiramos a la vez. Menos mal.
-Ahora tengo que irme. Santi quiere que vayamos a dar una vuelta por ahí y tal vez pasar el día fuera. Os quiero.
-Y nosotras.-nos despedimos a la vez.
Cuando Isa cerró el ordenador nos miró.
-Estoy pensando que seguramente soy mala por decir esto, pero creo que no deberíamos decirle a nadie que lo de Olga es una falsa alarma.
Lidia sonrió.
-¿De modo que crees que esto era lo que necesitaba Raúl para reaccionar?
-Eso es. Tal vez me equivoque pero algo me dice que no es el caso.
-Vale. Ni una palabra.

domingo, 29 de enero de 2012

Capítulo 29

Olga se marchó también. Prefería estar sola. Pensar en lo que había echo. O en lo que no. Debió decírselo. Debió decirle que todavía lo amaba, aunque él no le correspondiese, tuvo que haberlo echo, y no fue capaz.
No podía olvidar el odio, el rencor y la tristeza tan grande que había visto en los ojos de Raúl en cuanto se lo dijo.
Todo había terminado. Ya nada tenía sentido. Ahora solo quería huir, olvidar, encerrarse en su cuarto bajo las mantas y no salir jamás.



Al día siguiente cuando pasé a buscar a Javier para ir al hotel, seguía sin saber nada de Olga ni Raúl, y por lo que me habían dicho los demás, ellos tampoco.
Llegué puntual a su casa y ya me estaba esperando en la puerta.
-Te aseguro que estoy muerto de curiosidad. ¿Qué tienes pensado?
-Ya lo verás cuando lleguemos. ¿Has avisado de que no irás a dormir?
-Si, y no veas la cara de sorpresa que tenían mis padres.
-¿No les habrá molestado?
-Para nada. Piensan que me han abducido y que soy distinto, pero no me importa porque estar así me hace feliz.
-Y a mí. De verdad espero haber acertado con el regalo. Tal vez debería haberte comprado un anillo también pero pensé que ahora mismo y después de todo lo ocurrido entre nosotros, esto es lo que mejor nos irá.
-Sea lo que sea en lo que has pensado, estoy seguro de que me encantará.
No os contaré todo porque de este modo no terminaría nunca pero la sorpresa le encantó.
La habitación que había reservado era preciosa y no le faltaba ningún detalle.
Tomamos vino para la cena, comimos de maravilla, el postre fue muy dulce y la sesión de spa nos dejó nuevos.
Aquella fue la noche más hermosa de mi vida. Poder dormir con el amor de mi vida fue increíble. Lástima que hasta que no tuviésemos casa propia aquello no sería diario, pero algún día...


-He pensado que podríamos hacer una escapadita, ¿qué te parece?
-¿Una escapadita donde?
-A ver a mis padres. ¿Te gustaría?
-¿No te parece un poco precipitado? Recién estamos empezando una relación y me parece que lo estamos apresurando un poco todo. Necesito un poco más de tiempo.
-¿Por qué me pediste que saliese contigo? ¿Qué fuese tu chico?
-Porque es lo que quiero.
-Me parece que no tienes muy claro lo que quieres. No sabes que hacer en realidad. Dices que quieres estar conmigo pero puedo ver en tus ojos que no puedes dejar de pensar en él. Sigues enamorada de él.
-Es algo que no puedo dejar de sentir de un día para el otro. Pensé que precisamente tú comprenderías que no es algo fácil. ¿Todavía amas a Mónica?
-Es distinto.
-¿Por qué es distinto?
-Ella está con otra persona y se aman. Yo no tendría ninguna posibilidad de lograr que ella me amase.
-Que Raúl no esté con nadie no tiene nada que ver. Es libre de salir quien quiera.
-El problema está que la persona con la que quiere estar ahora mismo está conmigo y no voy a ponérselo fácil.
-No tienes ni idea de lo que estás diciendo.
-Me parece que tu tampoco. Hay algo que quiero que me digas y que seas sincera conmigo. ¿Crees que algún día podrás olvidarte de él y verle solo como amigo?
-No lo sé. Lo intenté muchas veces y nunca fui capaz.
-Entonces no es tan mala idea que te alejes unos días de él. Eso te  ayudará a ver las cosas desde otra perspectiva.
-Está bien. ¿Cuándo quieres que nos vayamos?



Raúl despertó aquella mañana empapado en sudor. Las pesadillas le habían atormentado durante toda la noche.
Imágenes de Santi con Olga. Era insoportable.
Dani le llamó una hora más tarde, después de que se duchase y vistiese para salir a dar una vuelta.
-¿Qué pasa?
-Tío siento ser yo el portador de malas noticias, pero Lidia me ha llamado hace un rato para decirme que Olga las citó para decirles que después de año nuevo se va unos días a conocer a los padres de Santi.- Raúl desconectó momentáneamente mientras las pesadillas volvían a su mente una y otra vez.- Tío me estás oyendo. Se la lleva lejos.
-No puede ser… No puedo dejar que se marche, y no es negociable.
Colgó, cogió la chaqueta y salió apresuradamente de casa.
Llamó insistentemente al timbre de la casa de Olga pero no había nadie.
Probó suerte volviendo a casa para llamarla al móvil. No lo cogía.
¿Qué podía hacer ahora?
Ocultó la cabeza bajo la almohada y allí se quedó.


Ya habían pasado unos días desde que sabíamos que Santi se llevaría unos días a Olga con él, y aunque el que más dolido era Raúl, a todos nos sabía mal que no tuviesen una oportunidad que realmente se merecían ambos.
Olga había tomado una decisión. Quería olvidar su amor imposible por Raúl y empezar una relación con Santi.
Santi creía que si se llevaba unos días a Olga, eso haría que ella llevaría mejor la separación pero había un problema y es que Raúl correspondía finalmente a sus sentimientos y ahora estaba desesperado.
Olga se marchaba. ¿Qué podía hacer?
Respiró hondo. Todavía contaba con unos días.
Santi no se llevaría a Olga con él hasta después de año nuevo.
<<No puedo perderte ahora, ¿Qué hago?>>
Para colmo, Olga no contestaba a sus llamadas y empezaba a estar realmente desesperado.
Probó suerte de nuevo a llamarla al móvil. Había estado pendiente de si aparecía alguien en su casa, pero nada.
-¿Si?- casi se cayó de la silla cuando ella contestó al fín.
-Ho… Hola soy yo.
-¿Qué pasa Raúl?- preguntó ella tras un largo suspiro.
-¿Es cierto?- no era necesario que especificase.
-Si. Nos marchamos unos días después de año nuevo. Estaré de vuelta para cuando empiecen las clases.
-¿Por qué haces esto? ¿Tanto me odias?
-¿De verdad me estás preguntando esto? Todo esto no tiene nada que ver contigo. Es mi vida.
-Pero…
-No quiero oírlo. No puedo creer que seas tan egoísta Raúl. Eres un idiota y aun así…
-¿Qué? ¿Aun así que…? Por favor, dímelo.
-No. Nunca más Raúl. Te dije que te arrancaría de mi corazón como fuese y tengo que hacerlo porque ya no puedo más. Si no me alejo de ti, mis sentimientos hacia ti acabarán conmigo.
-¿Todavía sientes algo por mí?
-¿Por qué demonios piensas que hago todo esto si no?
-¿Entonces no sientes nada por Santi?- preguntó esperanzado de golpe.
-Algo siento.- saber aquello fue como una jarra de agua fría.- De no ser así seguramente mi corazón estaría roto en millones de pedazos.
Otra jarra de agua fría.
-Perdóname- no sabía que otra cosa decir.- Soy un idiota. Tienes toda la razón.- Te deseo suerte con Santi.
Olga cerró con fuerza los ojos tratando de ocultar las lágrimas que amenazaban con salir a borbotones y colgó.
No tenía ningún sentido continuar con esa conversación, ni tampoco para creer que aun había una pequeña esperanza para ellos. La idiota era ella.


Finalmente nos citó a todos en la cabaña. Necesitaba consejo.
Él creía que había echo lo correcto, pero lo correcto no siempre es lo que nos hace felices y en esta ocasión no podía ser más cierto.
-Le he deseado suerte con Santi.
-¿De verdad eres tan idiota?
-¿Y que otra cosa podía hacer?
-Tal vez decirle la verdad. ¿Por qué te cuesta tanto decirle que estás enamorado de ella? ¿Todavía no lo tienes claro?
-Estoy seguro de ello.
-¿Y entonces?
-Ella ha tomado su decisión. Prefiere estar con Santi y yo debería apoyar eso.
-No tienes remedio. ¿Qué tiene que pasar para que reacciones? Está bien que aceptes su decisión, pero ella tiene que saber cuales son tus sentimientos antes de cerrar esa puerta definitivamente. Está escogiendo engañada, sin saber que la amas. Olga no se merece eso.
-Puede que tengas razón.
Por el momento, Lidia e Isa llevaban toda la conversación, por lo que los demás no quisimos interrumpir. Con sus palabras, Raúl daba muestras de comprenderlo, pero supongo que en el fondo, todos nos preguntábamos si haría algo.


Los días siguientes prácticamente ni nos vimos. Javier y yo pasábamos tanto tiempo juntos como podíamos. Él venía a casa o yo iba a la suya y así de paso charlaba con Nico, quien parecía que solo deseaba que terminase el año para volver a Cádiz.
Hubo un día en que le encontré en su habitación hablando con sus amigos a través de la cam.
-¿Como estás tío?- preguntó Salva.
-Necesito volver ya. Seguir aquí me está volviendo loco. Tengo que desconectar de una vez por todas.
-¿Cuanto hace que no ves a Mónica?-continuó Quique.
-Desde hace dos días. Creo que hoy iba a venir.
Antes de que los chicos pudieran decir algo más, llamé a la puerta.
-Pasa.
-Hola Nico.
-Hola preciosa. Acercate. Estaba hablando con los chicos.
Miré a la pantalla. Los chicos me saludaron y yo les devolví el saludo.
-¿Donde están las chicas? ¿Las estáis cuidando?
-Nunca fallaremos en una misión tan importante.- se apresuró a decir Rafa.
-Así me gusta. Siento haber interrumpido vuestra conversación chicos, y siento también haber escuchado parte de ella.
-¿Nos oíste?
-Si y me parece que deberíamos hablar.
-Puede.- se volvió hacia la pantalla y le habló a los chicos.- Hablamos más tarde. Recuerdos a las chicas.
Tras despedirnos, Nico apagó el ordenador y me pidió que me sentase.
-¿Donde está mi hermano?
-En la ducha. Ahora hablemos. ¿Te duele que venga?
-Si. No voy a mentirte. Para mí no es fácil. Que haya accedido a rendirme no significa que lo tolere. No voy a interponerme si eso te preocupa, pero cuanto antes me vaya, más fácil será para todos.
-Eso no es verdad. Quizá sea lo mejor para ti Nico, pero piensa en tu familia. Tus padres, tu hermano... Todos te extrañaran.
-¿Tú también?
Asentí.
-Irme es lo mejor. Ya he sufrido bastante con todo esto. Necesito alejarme de vosotros. De ti.
Asentí de nuevo.
-Lo entiendo. No estoy de acuerdo, pero lo entiendo.
Dejé que me abrazase y que me dijese de nuevo cuanto me quería. Después me soltó y salió de la habitación.


Finalmente llegó fin de año.
Raúl y Olga no habían hablado desde la última vez. Ella apenas pasaba por casa. Se había refugiado tanto en su relación con Santi que ni siquiera nosotras sabíamos nada.
Parecía que ahora era ella quien quería dejar todo atrás.
Aquel año, mi familia y la de Javier pasó junta la Nochevieja y fue mucho mejor de lo que esperaba.
Para empezar, Clara y Sebastián anunciaron que iban a ser padres, lo cual puso a las madres de ambos de buen humor.
Me alegraba mucho por ellos, sobretodo porque Clara me había contado que al principio Sebastián no estaba de acuerdo.
Mis padres les abrazaron a ambos deseándoles lo mejor. Al fin y al cabo les conocían desde siempre.
Nico estuvo bastante hablador. Supongo que para no preocupar sobretodo a sus padres.
Consiguió hacernos reír a todos.
Entre los dos contamos lo ocurrido en Cádiz.
-Todavía me cuesta creer que camelase tan rápido a mis amigos. Ellos que siempre han sido pasotas a más no poder...
-Eso es debido a mi encanto natural.
-Debe ser eso.
Más risas.

Año nuevo lo pasamos con la pandilla. Bueno, menos Olga, que por fin dio señales de vida para decir que iba a pasar el día con la familia.
Raúl estaba cada vez más irritante. No había vuelto a decir nada acerca de Olga ni de sus sentimientos. Tal vez se había rendido del todo.

sábado, 28 de enero de 2012

Capítulo 28

Raúl estaba tumbado en su cama pensando. Le dio vueltas y vueltas a su teléfono móvil. Tenía que saber que decía ese mensaje a pesar de que sabía que no le gustaría.
Al final, tras pensarlo mucho, decidió leerlo.
<<YA ME HE CANSADO DE SUFRIR. NO PUEDO ESPERARTE MÁS. SI SOLO SOY TU AMIGA, ME RINDO.>>
Rápidamente le dio a la tecla de responder y tecleó.
<<NUNCA HE QUERIDO HACERTE SUFRIR. SOLO QUIERO VERTE FELIZ Y SOLO TU PUEDES DECIDIR CON QUIEN SERLO.>>
Olga saltó de la cama al oír el pitido del móvil.
Leyó el mensaje un par de veces antes de volver a dejar el teléfono donde estaba.
Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas para mirar hacia la ventana de enfrente y encontró a Raúl asomado.
Él le sonrió y ella negó con la cabeza y volvió a echar las cortinas.
Raúl era idiota y no pensaba seguir pasándolo mal por su culpa.
Se acercó al armario, cogió ropa limpia y se metió en la ducha.
Santi tenía razón. Era Nochebuena y ella no pensaba quedarse en casa.
Mientras se secaba el pelo nos mandó un mensaje a cada una.
<<NECESITO SALIR, BEBER, OLVIDAR Y DIVERTIRME COMO NUNCA. ¿TE APUNTAS?>>
No estoy segura de lo que Isa y Lidia debían pensar pero algo me decía que yo pensaba lo mismo.
Olga estaba deseando huir y por alguna razón no quise impedírselo.
Tal vez no era la solución, pero ¿quien era yo para decir nada? Todos tenemos derecho alguna vez.
La verdad es que me apetecía salir y pasarlo bien, aunque pensé que lo haríamos todos juntos como cada año. Era mi primera Nochebuena con Javier y quería celebrarlo con él pero Olga nos necesitaba.
<<ME APUNTO. CENAMOS POR AHÍ Y DESPUES NOS TOMAMOS ALGO.>>
<<CLARO. ISA Y LIDIA TAMBIÉN VIENEN. DICEN QUE TIENEN ALGO QUE CONTARNOS.>>
<<ENTONCES A LAS NUEVE Y MEDIA EN EL RESTAURANTE DONDE TRABAJA ANDREA. LLAMO AHORA PARA RESERVAR.>>
Después de mandar ese mensaje, le escribí uno a Javier.
<<TOC, TOC. QUISIERA PEDIRTE COMO REGALO DE NAVIDAD PERO COMO YA TE TENGO TE ESCRIBO PARA PEDIRTE QUE NO HAGAS PLANES PARA MAÑANA. TE DARÉ TU REGALO Y AVISA DE QUE NO IRÁS A DORMIR. VOY A CENAR CON LAS CHICAS.>>
Me contestó a los cinco minutos.
<<MIEDO ME DAS. ESPERO ANSÍOSO TU REGALO. ¿HA PASADO ALGO?>>
<<COSAS DEL AMOR SUPONGO. TE QUIERO. HASTA MAÑANA. PASARÉ A BUSCARTE A LAS CINCO. >>


Por su lado, Isa y Lidia avisaron a Dani y Luis de lo ocurrido y ellos entendieron que Olga desease estar solamente con nosotras, así que decidieron que también harían sus planes avisando a Javier y a Raúl.
Nico, en cambio, solo deseaba cenar e irse a dormir. Quería que el año terminase cuanto antes.
En el momento en el que me encontraba en el punto cumbre de mi canción en la ducha, me llegó un nuevo mensaje.
<<CÁDIZ NO ES LO MISMO SIN TI. NI VER NEVAR TAMPOCO. TE ECHO DE MENOS PRINCESA.>>
<<YO TAMBIÉN TE ECHO DE MENOS. ¿COMO VA TODO?>>
<<ESTAN SIENDO UNAS NAVIDADES TRISTES PERO NOS REPONDREMOS. LÁSTIMA QUE LA MUJER DE MIS SUEÑOS ESTÉ CON OTRO.>>
<<QUE GRACIOSO. ME HAS PILLADO EN LA DUCHA. VOY A TERMINAR DE ARREGLARME QUE HE QUEDADO CON MIS AMIGAS PARA SALIR.>>
<<¿CANTANDO? ¿COMO ME DICES ESO? DIVIERTETE PRINCESA.>>
Mientras me maquillaba frente el espejo del baño pensé en Tony. Realmente lo echaba de menos y tenía razón al decir que ver nevar e incluso coger un simple tren no era lo mismo sin el otro.



Se miró en el espejo una vez más. Le gustaba el aspecto que tenía.
-Se acabó llorar por Raúl- le dijo a su imagen.
Cerró la luz del cuarto de baño, cogió la chaqueta y el bolso de su habitación y bajó hasta la cocina para despedirse de sus padres.
-Cielo, ¿a dónde vas?
-He quedado para cenar. Volveré tarde.
-¿Con toda la pandilla?- preguntó esperanzada.
-Solo con las chicas.
-¿Entonces ya te encuentras mejor? Tú madre me dijo que no te sentías bien.
-Un poco mejor sí papá. Me marcho ya. Hasta mañana.
Cuando salió por la puerta, sus padres se miraron.
Olga no sabía fingir. Nunca había sido buena para eso.
Al salir a la calle, se encontró con Raúl que también se marchaba para reunirse con los chicos.
Este se quedó embobado mirándola. Estaba guapísima.
-Hola.
-Hola.
-He venido antes a verte. ¿Estás mejor?
-Lo estaré. Tengo que irme.
-Espera- la cogió del brazo para evitar que se marchara. Olga le miró a los ojos y después a la mano.
-Suéltame.
-Pero…- estaba sorprendido. Ella jamás le había hablado de un modo tan frío.- ¿Qué te pasa?
-Estoy harta. Harta de llorar, de sentirme mal y de sufrir. Ya no puedo más. Necesito arrancarte de mi corazón de una vez.
Y se marchó sin darle tiempo a reaccionar.



Cuando se reunió con nosotras aun le temblaban las piernas, pero ni ella quiso contárnoslo ni nosotras preguntar. En algún momento reuniría fuerzas para hablar de ello.
Aquella noche solo queríamos pasárnoslo bien.
-¿Entramos ya? Tengo un hambre…- dijo Isa.
-¿No será que tienes algo que contar?
-Tal vez algo parecido a lo que nos vas a contar tú.
Lidia enrojeció de golpe. Era divertido verla así.
-Está bien. Entremos y nos ponéis al día.
Las tres miramos a Olga. Seguro que se había prometido a si misma no derramar una sola lágrima esa noche.
Cuando nos sentaron en nuestra mesa, Isa fue la primera en hablar.
-Parece que Luis se ha declarado al fin. Vino hoy y se me declaró.
-¿Y supongo que le dijiste que sí?
-Pues si.
Ese fue nuestro primer brindis. Luego le tocó el turno a Lidia.
-Dani y yo…- parecía que no se atrevía a decirlo, como si por el simple echo de hacerlo, despertase del sueño.
-¿Estáis juntos?- estaba tan emocionada que se me notaba hasta en la voz.
-Si…- apenas fue un susurro pero que oímos perfectamente.
Olga se lanzó sobre ella para abrazarla.
Lo de Isa y Luis se veía venir pero lo de Lidia y Dani era algo increíble.
¿Por qué ella era la única que no podía ser feliz? ¿Por qué Raúl no se comportaba como Dani y Luis? ¿Acaso no la quería? ¿Siempre sería una amiga para él?
-Tierra llamando a Olga- Lidia intentó hacerla volver de sus pensamientos- ¿Hay algo que quieras decir?
-No. Solo quiero olvidar.
-Está bien. ¿Pedimos ya?


-Otra por favor- dijo una vez más al camarero.
-Me parece que ya has bebido suficiente tío.
-Nunca es suficiente cuando se tiene el corazón roto.
-Sinceramente Raúl, si estás así es enteramente por tu culpa.
-Lo sé.
-¿Y que piensas hacer?
-Parece que no tengo elección. Olga ha tomado una decisión. Quiere arrancarme de su corazón- apuró su bebida y miró hacia la barra preguntándose porque el camarero tardaba tanto.
-Estás hecho una mierda.
-Es tan evidente que doy pena.- miró hacia la puerta.- ¿Dónde coño están Dani y Luis?
-Seguro que ya no pueden tardar.
-¿Qué voy a hacer tío? Estoy desesperado.
-Para empezar deja de beber- el camarero llegó con las bebidas y Javier le quitó el vaso a Raúl antes de que se lo llevase a la boca.- Ni una sola copa más.
Dani y Luis llegaron poco después. Ambos con una sonrisa de oreja a oreja.
-Ya veo que todo el mundo está feliz.
-¿Por qué no dejas de comportarte como un idiota? Si estás enamorado de Olga, ve y díselo.
-No servirá de nada Dani. Olga ya ha decidido olvidarme.
-Que lo haya decidido no significa que lo consiga.
-Alentador, pero no está vez. He sido muy egoísta.
-Huir no va a servirte de nada. Díselo, aunque ella haya tomado una decisión, tiene derecho a saberlo. Ya la has hecho sufrir bastante.
Le quitó su vaso a Javier y se bebió el contenido de un trago ante la mirada de sus amigos.
-Es la última. Lo juro.


-¿De verdad vas a beberte otra?
-Si. Quiero beber hasta perder el conocimiento.
-Esa no es la solución.
-Me da igual. Quiero olvidar.
Y bebió. Nosotras también, pero Olga se bebió casi dos botellas de vino ella sola, además de un par de copas antes de la cena y unos cuantos chupitos durante el postre.
-Ya está bien. Para de beber- Isa la obligó a mirarla.- Ve ahora mismo al baño, lávate la cara y vuelve cuando estés dispuesta a escucharnos.
Lidia y yo observamos en silencio. Olga se levantó e hizo lo que Isa le había pedido sin decir nada.
Volvió a la mesa poco después con la cara lavada y con un no muy buen aspecto. Hubiese apostado cualquier cosa a que había estado devolviendo.
-¿Estás mejor?
-Si. Gracias.
-Ahora que tienes la mente un poco más clara, ¿qué vas a hacer?
Olga suspiró. Isa, Lidia y yo esperamos pacientemente la respuesta.
-Voy a pedirle a Santi que salga conmigo.
Cerré los ojos. Hubiese preferido que siguiese bebiendo.
-¿Estás segura cielo?
-Completamente.
Se disculpó para ir de nuevo al cuarto de baño y nosotras tres nos miramos.
-Hay que hacer algo.
Lidia sacó su teléfono y tecleó.
<<HAZLO COMO SEA, PERO TRAE A RAÚL A LA CABAÑA EN UNA HORA. POR FAVOR.>>
Sabía que no era necesario decir más. Dani haría lo que le había pedido.



Un pitido. Dani miró su teléfono y leyó el mensaje de su chica.
Sin que Raúl le viera, enseñó el mensaje a los demás y estos asintieron.
Era la última oportunidad para Olga y Raúl.
Prácticamente tuvieron que llevarle a rastras hasta la cabaña.
-Deberíamos meterle bajo una ducha de agua fría antes de que Olga le vea así- susurró Luis a los demás. Raúl había bebido tanto que ni se enteró.
-Ahora no tenemos tiempo para eso. Ya es casi la hora- respondió Dani.
-¿Crees que ya estarán ahí?
-Más nos vale. Este va a quedarse dormido en cualquier momento si le sentamos.
-Pégale dos ostias a ver si espabila.
-No es por falta de ganas créeme.
-Estoy enamorado. Enamorado como un idiota.- dijo Raúl a si mismo.
No le importaba que los otros le escucharan. Al menos alguien podría decir en un futuro que amaba a Olga de verdad si nunca llegaba a decírselo.
-Tienes razón. Eres idiota- respondió Dani.- Vamos, entra.
Le empujó dentro de la cabaña y cerró la puerta.
Estaba oscuro y le daba exactamente igual. Se acercó al sofá dispuesto a tumbarse cuando alguien se movió en la oscuridad.
-¿Quién hay ahí?- preguntó entornando los ojos, tratando de ver algo.
-¿Raúl? ¿Eres tú?
-¡Olga!- se acercó a ella, siguiendo el rastro de su voz con tan mala suerte que chocó contra la mesita de centro y cayó al suelo.
-¿Estás bien?- ella se acercó a la puerta y encendió la luz, obligando a ambos a cerrar los ojos.
-¡No! Estoy hecho una mierda.
-Cierto.
Raúl levantó la mirada y la observó mientras ella permanecía junto a la puerta evitando acercarse hasta él.
-No muerdo.
-Lo sé. Estoy mareada- ella también había bebido demasiado y a pesar de las dos veces que creía haber vaciado su estómago, seguía mal.
Se dejó caer en el suelo, apoyada a la pared y miró de nuevo a Raúl que seguía en el suelo.
-Debí suponer que tramaban algo. Demasiado misterio mientras veníamos hasta aquí.
-Yo podría decir lo mismo.
-¿Por qué crees que nos han encerrado aquí?
-Es evidente. Quieren que las cosas se solucionen entre nosotros.
Un pitido les interrumpió. Olga sabía de quien era el mensaje. Mientras esperaba en la cabaña se había decidido al fin a mandárselo.
Santi había respondido.
<<NADA ME GUSTARÍA MÁS QUE SER TU PAREJA EL RESTO DE MI VIDA. SI SIGUES ADELANTE CON ESA IDEA, ACEPTO.>>
Olga sonrió. Ya había dado el paso, y Santi quería estar con ella. Ya no hacía nada en la cabaña. Todo había terminado.
Miró a Raúl de nuevo. Le seguía amando, jamás dejaría de amarle. Era algo imposible de imaginar.
Raúl levantó la mirada para encontrarse con la de ella. Le dolió el alma al ver lo que reflejaban sus ojos. Todo había terminado.
Dejó caer los brazos  a un lado. Ya no quería luchar. Había perdido.
Se quedó cada uno en un lado de la cabaña, incapaces de decir nada.



Los chicos seguían fuera, esperando a que ocurriese algo. Lo que fuera.
Isa, Lidia y yo salimos de detrás de la cabaña y nos reunimos con ellos.
Nos abrazamos a nuestros chicos, intentando darnos calor los unos a los otros.
Me encantaba ver que había dos parejas más entre nosotros. Ojala que Olga y Raúl lo consiguieran también.
La puerta se abrió poco después y Raúl salió dando tumbos.
-Raúl…- me acerqué a él intentando saber que había pasado entre ellos.
-No te acerques. Me voy a casa.
-Pero…
-Se acabó.- echó andar sin mirarnos a ninguno. Olga salió poco después. Le preguntamos con la mirada y ella se encogió de hombros antes de responder.
-Santi me ha dicho que si. Estamos saliendo.
Ninguno de nosotros dijo nada. Olga se lo había contado a Raúl y él no había dicho nada. Solo se levantó y se marchó.



Raúl avanzó sin rumbo. No quería irse a casa. Solo quería olvidar. Quería arrancarse el corazón. Ojala no se hubiese enamorado. ¿Por qué tenía que enamorarse siempre de alguien que no le correspondía? ¿Por qué Olga ya no le correspondía? ¿Cómo podía haber sido tan estúpido y no haber echo nada cuando estuvo a tiempo?
Se detuvo frente a una farola, apoyó los brazos y rompió a llorar.
Nunca más. Nunca más volvería a enamorarse.

jueves, 26 de enero de 2012

Capítulo 27

-Lidia, siento decirlo pero no sé como ayudarte. Quizá si se lo decimos a las demás, entre todas encontremos una solución.
-No quiero meterlas en esto. Olga ya tiene bastante con lo de Raúl ySanti y Mónica…
-Si. Para una vez que todo le va bien.
-¿Y tú como estás? Con todo no he tenido en cuenta que tú tampoco lo estás pasando muy bien.
-Tienes razón. No dejo de pensar en Luis, en lo que debe querer decirme. No dejo de pensar en que tal vez por fin se digne a mirarme como a una mujer y no como a la amiga de siempre.
-¿Y si no fuese el caso?
-Me dolería, pero no tendría más remedio que seguir con mi vida.
-¿Te gusta mucho, no?
-Si y además, me siento muy bien a su lado. Para mí es lo más importante. Estar bien al lado de la persona que amo. Saber que puedo contar con él a pesar de todo.
-Yo me siento bien cuando estoy con Dani. Sé que me quejo porque no deja de insistirme y lo único que yo he sido capaz de hacer es huir de su lado y hacer como que no me importaba.
-¿Y te importa?
-Creo que en el fondo huyo de él por temor a que pueda herirme. Por eso no quería tener novio. A veces el amor te hace más daño.
-¿Eso forma parte de tu pasado?¿De ese pasado del que te niegas a hablar?
Simplemente asintió. Fue incapaz de decir nada más e Isa tampoco insistió.


-Bien, ahora que tengo mejor cara, que estoy peinada y que me he tomado un buen café, ¿qué te apetece hacer?
-¿Puedes acompañarme a un sitio?
-Claro, ¿a dónde?
-Vayamos al centro comercial.
-Vale.
Mientras esperaba a que Clara se vistiese, saqué el móvil del bolsillo y escribí.
<<BUENOS DÍAS MI PRINCIPE DE CUENTO. ESTOY CON CLARA. VAMOS A DAR UNA VUELTA Y PUEDE QUE COMAMOS POR AHÍ, ¿QUE TAL TÚ?>>
Recibí un mensaje cuando iba a poner el coche en marcha. Pensé que sería la respuesta de Javier.
<<NECESITO QUE HABLEMOS. ¿PUEDES ESCAPARTE ESTA TARDE?>>
No había visto ni hablado con Nico desde el baile de máscaras. Inconscientemente y sin saber porque, le había estado evitando y posiblemente él también a mí. Ya era hora de dejar de escapar.
<<NO HAY PROBLEMA. ¿A LAS CINCO EN EL PARQUE?>>
<<ALLÍ ESTARÉ.>>
Una vez en el centro comercial ya no pensé más en ello y me dediqué a pasármelo bien con Clara.
Lo primero que quiso hacer debió sorprenderme y sin embargo no lo hizo.
Entramos en una tienda de ropa de bebé. Después miramos precios de cochecitos, cunas, cambiadores de pañales…
-¿Es normal que vea bebés por todos lados?
-Tal vez eso quiere decir que estás preparada para ser mamá.
-Tengo que hablar con Sebastian. No quiero tomar una decisión sin hablarlo antes con él. Voy a llamarle para que se pase por aquí después. ¿Te importa?
-Para nada. De todos modos a las cinco he quedado.
-¿Con Javier?
-Con Nico.


-¿Diga?- el teléfono la despertó. Hacia tiempo que no dormía con la ropa puesta. ¿Qué hora debía ser?
-¿Te he despertado?
-Santi.
-Si. Quería disculparme Olga. Sé que fui impulsivo pero no era mi intención incomodarte de ese modo.
-No te preocupes. ¿Qué hora es?
-Casi mediodía- se incorporó de golpe. ¿Tanto había dormido?- Había pensado que tal vez podíamos hablar acerca de lo que pasó ayer. ¿Quieres que vayamos a tomar algo?
-La verdad Santi es que hoy no tenía pensado salir. Prefiero quedarme en la cama.
-Pero hoy es Nochebuena…
-Y mañana Navidad. No insistas. No tengo ganas- y colgó.
Se levantó de la cama, se desvistió y puso el pijama para bajar a la cocina.
-Buenos días hija. ¡Si que has dormido hoy!
-Estaba cansada.
-¿Qué harás esta noche? ¿Saldrás por ahí con los chicos?
-No. No me encuentro bien mamá. Si llama alguien, dije que estoy enferma. Me voy a acostar.
-¿Quieres que llame al médico hija?
-No creo que pueda darme nada para curar lo que me pasa.
-¿Y que te pasa?
-La vida- subió de nuevo a su habitación y cerró la puerta tras ella.



-Lo mejor será que las enfrentéis de una vez.
-Puede que tengas razón.
-Entonces id a buscarlas.
Todos se pusieron en pie y a todos les temblaban las rodillas, pero era Nochebuena y a veces, en estas fechas, ocurrían pequeños milagros.
Tras despedirse, Javier se marchó a su casa a comer. Luis y Dani iban en la misma dirección ya que ambos estaban casi seguros de que Isa y Lidia seguían juntas y Raúl se marchó a su casa.
Cuando llegó frente a su puerta, miró hacia la casa de enfrente. Siempre había admirado el espíritu navideño de la familia de Olga.
Se acercó a la puerta y llamó al timbre deseando que fuese ella quien abriese. Fue su madre.
-Hola Raúl.
-¿Está Olga en casa?
-Pues si pero está en cama. Parece ser que no se encuentra muy bien.
-¿La ha visto un médico?
-Se ha negado. Dice que un médico no puede curar algo que no se cura con medicamentos. ¿Ha pasado algo que deba saber?
-Lo que pasa es que como siempre, llegó tarde.
-¿Quieres subir a verla? Verte siempre la pone contenta.
-Me temo que está vez no sea así. Feliz Navidad.
-Feliz Navidad Raúl.
Olga, desde su ventana, al igual que su madre, vio como Raúl se alejaba. Quizá debió bajar y hablar con él, pero al fin y al cabo, su mensaje no había recibido respuesta.



Estaba empezando a refrescar. Las nubes anunciaban nieve pero eso no detuvo a ninguno de los dos.
Una segunda puerta se abrió. Esta vez era Isa la que estaba al otro lado.
-¿Qué hacéis aquí?
-Tengo que hablar contigo.
-Y yo con Lidia.
-Dani lo siento pero Lidia se ha marchado a su casa hace un rato.
-Entonces puede que la alcance por el camino.
-Si te das prisa puede que si.
-Hasta luego- y salió corriendo en dirección opuesta a la que había venido.
Isa esperó a que Dani se alejase lo suficiente para hablar con Luis.
-Te dije que en cuanto las cosas se calmaran te llamaría para que hablásemos.
-Pero Lidia no está. Las cosas ya están más calmadas, ¿no?
-No me refería únicamente a Lidia. Yo también tengo la cabeza echa un lío y la verdad es que el echo de que aparezcas todo el tiempo no ayuda.
-¿Es por mí que tienes así la cabeza?
-No. Es por nosotros. Los dos.
-¿Qué pasa con nosotros?
-Eso es justo lo que quiero averiguar. Es decir, esta claro que somos amigos pero Luis tú me gustas y mucho y no dejo de pensar en que eso puede estropear nuestra amistad.
-Entiendo. ¿Que quieres hacer entonces?
-Creo que lo mejor es que tomemos distancia unos días y ver que pasa.
-¿Y que me dirías si te digo que me niego a eso? ¿Qué dirías si te digo que a mí me pasa lo mismo contigo?¿Intentarías alejarte de mi lado de todas formas?
-No hace falta que finjas que te gusto.
-¿Qué te hace pensar que estoy fingiendo? Llevo tiempo queriendo decírtelo. Tú eres la única. Has estado siempre a mi lado y yo he sido tan estúpido que no me he dado cuenta hasta que casi te pierdo.
Isabel se quedó tan sorprendida que por un momento fue incapaz de decir nada. Hasta que empezaron a caer los primeros copos de nieve.
-Por favor dime algo. Lo que sea. Me estoy helando aquí fuera.
Isa avanzó unos pasos hacia él y le rodeó el cuello con los brazos.
-Este es sin duda, el regalo más dulce que podías hacerme por Navidad- y le besó.


-¡Lidia! ¡Espera!
Pocos metros frente a él, la silueta se detuvo.
Había empezado a nevar con más fuerza y se había levantado una niebla espesa.
Aprovechó que ella no seguía andando para alcanzarla y una vez frente a ella, ya no le pareció que fuese una mujer de hielo.
-¿Tienes algo más que decirme para hacerme daño?
-Te quiero.
-¿Y eso lo cambia todo, no? ¿Crees que diciéndome esto cambiará como me siento? Estas muy equivocado.
-Cuéntamelo. Cuéntame que fue lo que te ha hecho tanto daño.
Sin saber como o porque, las palabras empezaron a salir por si solas.
-Antes, yo era distinta. No era tan fría. Un día que salí por ahí con mis amigas a tomar algo, conocí a un chico. Era un poco mayor que yo pero no me importaba porque me enamoré. Jamás había sentido nada parecido. Estaba asustada pero seguí adelante. No sé muy bien como fue que empezamos a salir y con él todo era mágico- cada palabra era como un puñal que se clavaba en el corazón de Dani y sin embargo dejó que ella continuara.- Llevábamos saliendo casi un mes cuando me pidió que nos acostásemos. Le dije que no estaba preparada y que dejase que lo pensara. Él se enfadó mucho y me golpeó. Me dijo que no había echo otra cosa que calentarle y que se buscaría a otra que le quisiera de verdad. Yo tenía tanto miedo a perderle que le pedí perdón y acepté. De pronto todo fueron disculpas, besos y fui tan tonta que le perdoné.
Dos días después, mis padres se fueron a visitar a mis abuelos y yo me quedé estudiando.
Después de comer se presentó en mi casa y me dijo que ya que estábamos solos, podíamos aprovechar. Era evidente que había bebido, y yo que estaba tan enamorada, no le di importancia y dije que si. Deje que me hiciese todo aquello. Yo solo quería que terminase pronto. Dejé que me violase en mi propia cama. Después de aquello, desapareció y yo me quedé destrozada.
Casi dos meses más tarde descubrí que estaba con otra. Una de mis amigas. Le localicé a través de unos amigos suyos. Quería saber que había echo mal, porque me había dejado sola.
Le encontré, me miró de arriba abajo y se rió de mí. Me dijo que no era más que una apuesta que había echo con sus amigos a ver a cuantas vírgenes conseguía que dejasen de serlo.
Yo pensé que estaba teniendo la peor de mis pesadillas. Cada una de sus palabras me estaba destrozando y sin embargo era tan tonta que le seguía amando. Quise abrazarle, pedirle que volviese conmigo, y ahí vino el primer golpe. Lo que recuerdo después es que desperté en el hospital. Me había dado una paliza tan grande que dañó parte de mi interior. El médico dijo que era posible que no pudiese tener hijos nunca. Solo tenía quince años. Mi padre pidió el traslado y llegamos aquí. El resto ya lo sabes.
Dani se quedó inmóvil. No sabía que hacer o decir para que ella se sintiese mejor.
En un impulso, la atrajo contra su cuerpo para abrazarla.
-Te quiero- Lidia no pudo contener por más tiempo las lágrimas de impotencia y rabia acumuladas e intentando que él no la compadeciera, empezó a golpearle el pecho con los puños.
-Te quiero- repitió una vez más hasta que ella dejó de golpearle y se dejó abrazar.- Quiero estar contigo.
La abrazó más fuerte. Sus sentimientos eran sinceros. La amaba de verdad y no le importaba su pasado. La amaba y eso era lo que realmente le importaba.
-Lidia, mírame por favor- ella se negó al principio y Dani insistió de nuevo.- Déjame quererte. Solo te pido eso. No espero que tu sientas lo mismo por mí aunque debo confesar que me gustaría- la cogió por la barbilla y se acercó lentamente a ella para besarla. Por un momento creyó que ella se alejaría y siguió temiéndolo aun cuando sus labios se estaban rozando.
Solo cuando ella dejó caer los brazos a un lado supo que estaba sucediendo de verdad y que no le rechazaría.
Lidia permitió que todo lo que Dani sentía por ella se reflejase en ese beso y tal vez también lo que ella sentía por él y le daba tanto miedo admitir.


-Parece que está nevando mucho. Tal vez lo mejor sea que le diga a Sebastian que me espere en casa.
-Y yo debería decirle a Nico de quedar en otro lugar.
Y como si alguien nos hubiese escuchado, de pronto cesó la nieve y la niebla desapareció lentamente.
-Parece ser que no podrás retrasar tu encuentro con Nico.
-Ni tú contarle a Sebastian que va a ser papá.
-Eso aun no es seguro. ¿Qué pasa si al final decidimos no tenerlo?
-Eso es algo que solo vosotros podéis elegir.
-Tomar decisiones me estresa.
-En eso consiste hacerse mayor.
La tarde llegó volando. Había dos parejas más en la pandilla. Clara estaba a punto de contarle a Sebastian la gran noticia y yo iba a encontrarme con Nico.
Tras despedirme de la parejita, encendí el motor del coche, puse la radio y encendí la calefacción. Estaba helada. No me sentía ni los dedos de los pies.
Miré el móvil para comprobar la hora. Que raro, Javier aun no había contestado a mi mensaje.
Conduje hasta el parque y allí estaba. Toqué el claxon para que se acercara.
-Sube. Hace mucho frío.
-Cierto. Debimos pensarlo antes.
Compartimos una sonrisa de complicidad y conduje hasta una cafetería cercana.
Nos sentamos, pedimos y esperé a que empezase a hablar.
-¿De que querías hablar conmigo?
-Tú sabes que eres el amor de mi vida. Nunca amé a nadie como te amo a ti.
-Nico yo…
-Deja que termine primero- asentí- He aprendido la lección. Sé que no puede ser, que perdí, pero no me resigno. Siento que no pelee por ti aunque sé que no hubiese cambiado las cosas.
-No digas eso Nico. Tú eres muy importante para mí. Estuviste a mi lado desde el principio y tengo mucho que agradecerte.
-Siempre podrás contar conmigo. No quiero que tengas dudas acerca de eso, pero también te pido que me entiendas. En cuanto termine el año me vuelvo a Cádiz. Estar cerca de ti no ayuda.
-Siento mucho que las cosas no saliesen bien.
-No es culpa tuya. Yo sabía desde el principio que tenía las de perder. Debí rendirme antes de empezar.
-¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora?
-Necesitaba decírtelo. Supongo que es un modo de despedirme de este año. Quiero olvidarte, al menos quiero intentarlo.
-Entiendo.
-Yo también tengo cosas que agradecerte. Conocerte ha sido lo mejor de este año. Quiero decirte que a pesar de que lo nuestro no saliese bien, no cambiaría por nada haberte conocido.
-Yo tampoco.
-Gracias por quererme.
-Gracias a ti Nico. Por todo.


-¿Vas a decirme ya en que estás pensando?
-Pensaba en nuestra vida juntos, en todo lo que nos queda por hacer, todos los planes que teníamos…
-¿Te estás echando atrás? Clara, por dios, no me asustes.
-No es eso. Nunca he estado tan segura de algo como lo estoy de estar contigo.
-¿Entonces que es?
-¿Qué pasaría si una de esas cosas que hemos planeado se adelantara?
-¿Cómo cual?
-Estoy embarazada. Vamos a tener un bebé.
Hasta ella misma se asombró al oírse decirlo. Era lo más hermoso que había oído nunca, pero Sebastian no dijo nada. Se quedó sentado frente a ella, mirándola, sin decir nada.
Clara borró la sonrisa de su rostro al mirarle. Quizá Sebastian no estaba preparado aun para ser padre.
-Cariño dime algo. Esto es algo que tenemos que hablar y tomar una decisión entre los dos. Necesito saber que piensas.
-Me ha cogido por sorpresa, la verdad. Creía que era algo malo pero también hay que tener en cuenta que un bebé requiere muchas cosas. Cosas que ahora mismo no tenemos. Todo el dinero que teníamos lo invertimos en nuestra casa y aun quedan muchas cosas que hacer antes de la boda. Si tuviésemos el bebé, con lo que yo hago haciendo horas en la facultad no nos llegaría. Tendrías que trabajar tú también.
-¿Eso quiere decir que aun no es el momento?
-Creo que no.



Acerqué a Nico a su casa y encontramos a Javier en la puerta esperándolo.
-¿Pasa algo?
-He olvidado las llaves y papá y mamá no están.
-¿Por qué no me has llamado? Hubiese venido.
-Dejé el teléfono dentro cargando.
-Eso explica porque no contestaste a mi mensaje.- me acerqué para darle un beso pero se mostró un poco frío.- ¿Qué te pasa?
-¿Dónde estabais?
-No me lo puedo creer. ¿Acaso estás celoso?
Nico miró a su hermano asombrado y negó con la cabeza.
-Realmente eres idiota- se acercó a mi para darme un beso en la mejilla y tras abrir la puerta la cerró tras de si para dejarnos a solas.
-No me has contestado. ¿Estás celoso de Nico?
-¿Crees que no sigue enamorado de ti? ¿Qué no veo como te mira?
-Sin embargo no te importó que fuese mi pareja en el baile porque encajaba perfectamente en tus planes.
-Estás equivocada.
-No Javier, tú lo estás conmigo. ¿Has olvidado que me dejaste marchar con Tony? ¿Qué dijiste que confiabas en mí?
-Eso es diferente.
-¿Por qué? ¿Por qué no es Nico? Puede que lo más sensato hubiese sido quedarme con él. Al final resultará que tú no eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
-Mira que casualidad. Yo estaba pensando exactamente lo mismo.
-Entonces coge tu estúpido anillo y métetelo por donde te quepa- me lo saqué y se lo tiré a la cara para alejarme hacia el coche.
Cuando fui a ponerlo en marcha, las fuerzas me fallaron y me derrumbé.
Rompí a llorar contra el volante y solo el ruido de alguien entrando en el coche para sentarse a mi lado me obligó a parar.
-Lo siento.
-Yo también lo siento. En realidad si que eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
-Y tú para mí. Siento mucho lo que he dicho. Perdóname, no quería ser tan cruel.
-No peleemos más por favor.- y me besó tras ponerme de nuevo el anillo.



Cuando llegué a casa después del día que llevaba, no me sorprendió encontrar en la entrada una visita.
-No tienes muy buena cara.
-Estoy desesperado. Necesito un consejo.
-¿Es por Olga? ¿Te has enamorado?
-Si, pero ella está enamorada de Raúl.
-No puedes hacer nada contra eso. Si ella ama a otro, debes aceptarlo.
-¡Tiene que superarlo!
-¿Obligándola?
-Quiero llevármela lejos. A conocer a mis padres. Un tiempo lejos de él la ayudará.
Eso ya lo había oído antes. Un par de horas antes exactamente.
-¿Quieres confundirla?
-Creo que lo mejor es alejarla de él. Olga me gusta de verdad niña.
-Lo sé, pero también creo que sabes que esta historia no acabará bien para ti. Está vez Raúl comparte esos mismos sentimientos.
-¿Entonces porque no hace nada? Si la ama, ¿por qué no se lo dice?
-Porque Olga se ha pasado con su farsa y Raúl cree que no tiene ninguna oportunidad.
-Ella tiene que sentir algo por mí, ¿verdad? Es decir, ¿tengo alguna oportunidad? Por pequeña que sea.
-¿Sinceramente?- asintió.- No.
Estaba agotada. Demasiadas emociones para un día.


Cada año, por Nochebuena, tras cenar en casa, nos reuníamos toda la pandilla en la cabaña para celebrarlo por nuestra cuenta.
Aquella era la última esperanza que le quedaba a Raúl y si lo que la madre de Olga le había dicho era verdad, de nada serviría esperar. Olga no acudiría esa noche a la cabaña.



De camino a su casa, Clara no podía evitar pensar en el bebé que había empezado a crecer en su interior.
No podía creer que Sebastian no sintiese ni un poco de alegría.
Entendía que no era el mejor momento, pero se había dado así.
Sebastian la miraba de reojo desde el asiento del conductor.
Quizá se había pasado un poco.
Él deseaba tener hijos, sobretodo si era con Clara, pero no era el momento. Aun les quedaban muchas cosas por hacer. Sin embargo, ver a Clara triste era más de lo que podía soportar.
Sin quererlo, ella se había echo ilusiones, y tal vez él, inconscientemente, también.
-He pensado que podemos ir a algún sitio tranquilo a pasar estos días.
-No me apetece. Prefiero quedarme en casa. Tengo mucho que repasar.
Paró un momento el coche en segunda fila y se volvió hacia ella.
-¿Sabes que quiero que formemos una familia verdad?
-Si, pero entiendo que no es el mejor momento, que no estás preparado.
-Lo estoy. Estoy preparado para eso desde que te conozco. Siempre he querido formar una familia contigo.
-Pero tienes razón. Hay que priorizar otras cosas.
-¿Quieres tener a ese bebé?- Clara le miró directamente a los ojos y no fue necesario responder. Sus ojos hablaban por ella.- Está bien. Al fin y al cabo, yo también quiero.
-¿Qué quieres decir?- preguntó sorprendida.
- Que vamos a ser papás.
No hizo falta decir nada más. Se quitó el cinturón de seguridad y le abrazó. Iban a ser padres.

miércoles, 25 de enero de 2012

Capítulo 26

Olga llegó a la cabaña media hora antes. Necesitaba pensar en la noche del baile. Sabía que Raúl no había soportado verla con otro, y menos cuando ese otro era Santi.
Lo que no entendía era porque de pronto parecía que Santi ya no actuaba para ayudarla. Se había vuelto algo personal para él. Entre toda aquella mentira que había ideado, Santi había terminado por enamorarse de ella y ella seguía enamorada de Raúl. Menuda ironía. ¿Por qué no podía sentir por Santi algo más que cariño?
Otra cosa que no entendía era porque Raúl se comportaba como un idiota. ¿Acaso seguía enfadado con Santi por lo que me había echo en el pasado? Si yo había podido perdonarle, ¿por que Raúl no?
Cuando llegué yo, estaba paseándose de un lado al otro de la cabaña.
Intenté no hacer ruido y me senté en uno de los sofás a esperar a que me viese y observar que ocurría.
Olga se frotaba las manos con fuerza, se acercó a la ventana para mirar si me veía llegar. Apoyó una mano a cada lado de la ventana y miró hacia el suelo.
Me pareció que seguir callada no iba a servir de nada.
-¿Vas a contarme lo que te pasa?
Se volvió de golpe hacia mí y corrió a abrazarme.
-Ya no sé que hacer. No puedo más- y rompió a llorar.
Intenté consolarla como pude pero nada de lo que decía servía. Esta vez las palabras de consuelo no ayudarían.
Esperé a que se desahogara. Prefería que llorase todo lo que quisiera, se relajase y entonces volvería a preguntar.
Finalmente levantó la mirada hacia mí y sonrió entre lágrimas. Le devolví la sonrisa.
-Perdona. Te he puesto perdida.
-No te preocupes. ¿Quieres contarme que te pasa?
-La noche del baile, no fue exactamente como esperaba.
Por lo visto, todo empezó durante el baile.
Mientras Javier y yo estábamos fuera hablando y haciendo las paces, Santi sacó a Olga a bailar y eso puso a Raúl como loco. 
-Primero bailé un par de canciones con Santi, con Dani y después con Luis. Al cabo de un rato, Santi se fue al cuarto de baño y entonces Raúl se me acercó y me pidió que bailase con él.
-¿Y que pasó entonces?
-Que empezó a retarme. Me dijo que había caído muy bajo al traer a Santi conmigo. Que si estaba enfadada con él no hacia falta que me vengase de ese modo.
-Este chico no tiene remedio. Cada vez que abre la boca mete más la pata. ¿No has pensado que lo que pasa es que está celoso?
-Le dije que no podía esperar al chico del que un día me enamoré toda la vida. Sé que está ahí, en algún sitio, pero tiene que salir antes de que sea tarde.
-¿Tarde para qué?
-El baile fue la última oportunidad que le dí y si reaccionó lo disimuló muy bien. Está claro que solo soy una amiga para él y no estoy dispuesta a interponerle ante mi felicidad nunca más.
-¿Y serías feliz con alguien a quien no amas?
-Tú quisiste intentarlo con Nico.
-Y ya viste el resultado. No hubiese podido amarle nunca y él no se merece algo así.
-Lo sé. Santi me gusta mucho y ha sido muy bueno conmigo.
-No te engañes. De este modo solo conseguirás hacerte más daño.
-¿Más que saber que el amor de mi vida no me ame nunca?
-¿Y por que no le dices todo esto a él? Ve a verle y enfréntate a lo que os pasa.
-¿Y que le digo?
-Dile que le amas y que no puedes más. Dile lo que me estás diciendo a mí. Vosotros me enseñasteis que no hay que huir de las cosas.
-Raúl sabe que le amo.
-¿Y esa es suficiente razón para no decírselo? Sé que tienes miedo cielo pero tienes que hacer algo.
-Está bien, pero es la última oportunidad que le doy. Si no reacciona, me quedaré con Santi.
-Me parece justo.
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Tenía pensado ir a casa, darme una ducha y después salir a pasear a Hailey.
-¿Y a encontrarte con tu prometido, no?- ambas nos echamos a reír.
Realmente me habían engañado todos ellos aunque con un buen propósito. Era muy feliz.
-Eso también.
-Entonces no te entretengo más. Gracias por escucharme.
-No hay de que- antes de salir de la cabaña, le pregunté si quería que la acercase a casa.
-No. Hay alguien más con quien tengo que hablar.
Pensé que se refería a Raúl. En ningún momento pensé que llamaría a Santi.
Quedaron en verse en una hora en la misma cabaña. No tenía pensado ir a ningún sitio. Se quedaría allí a esperarle mientras pensaba en lo que le diría.
Mientras tanto, conduje hasta mi casa pensativa.
Esperaba no haber confundido a Olga aun más con lo que le había dicho.


-¿Por qué no me das una oportunidad?
-No creo en el amor y no quiero creer en él. Es algo inútil y sin sentido.
-Déjame demostrarte lo que es en realidad. Déjame quererte.
-Eso ya lo has dicho en otras ocasiones.
-Y lo mantengo. ¿Por qué huyes de mí? Si tan negada eres a la hora de amar, si tan segura estás de que no puedes amarme, ¿por qué me rehúyes?
-Tal vez no quiera que te hagas ilusiones conmigo.
-Yo no decido de quien enamorarme.
-Pudiste evitarlo.
-¡Por dios Lidia! ¿Qué tienes en lugar de corazón?
Las lágrimas en los ojos de Lidia no mejoraban la situación y antes de que pudiese pedir perdón, ella le propinó tal bofetada que en medio de la calle enmudecida, solo se oyó la mano de ella contra la cara de Dani.


Aparqué en la entrada de mi casa con una extraña sensación en el pecho.
No sería capaz de decir que era pero sabía que debía ir con cuidado. Ya era la segunda vez ese día que tenía la sensación de que no estaba sola, de que alguien me vigilaba.
Cogí mi teléfono y llamé a Javier. Necesitaba escuchar su voz para quitarme esa sensación horrible que tenía.
-Hola preciosa.
-Hola cariño. ¿Que tal todo?
-Mejor ahora que escucho tu voz. ¿Cómo fue en Cádiz?
-Ha sido todo muy emotivo.
-¿Cómo está Tony?
-Cuando me fui, aun estaba triste por todo lo ocurrido, pero es un chico fuerte y se va a quedar allí unos días para apoyar a su abuelo.
-¿Y con Olga?
-Te aseguro que está lidiando una batalla consigo misma. Ojala Raúl no fuese tan lento. Ella está pensando seriamente en seguir adelante con Santi.
-¿Por qué no hablas con Raúl?
-Porque ya es mayorcito como para darse cuenta de que el orgullo no va a llevarle a ningún sitio. Me da coraje que por culpa de su testarudez no lleguen a tener una oportunidad como pareja.



No sabía si podía quererla como ella se merecía o si en el momento en el que creyó que podía perderla, lo vio más claro.
-Esto es una locura- admitió frente al espejo antes de coger sus cosas para ir a hablar con ella.
Había visto en el espejo algo que le desconcertaba, pero mientras seguía mirándose, comprendió que ya era tarde.
No podía permitirse el lujo de enamorarse de nuevo, y sin embargo, ya lo estaba.
Su corazón, sin quererlo, pertenecía a otra.
Llegó a la cabaña media hora más tarde, esperando encontrarla allí. 
-¿Qué pasa? Hace unos días que no sé nada de ti. Estaba preocupado y después de la llamada de antes…- el echo de que se lanzase a sus brazos para desahogarse le hacía sentir impotente.
Lloró todo lo que quiso y él solo podía estrecharla contra si mismo para protegerla.
-Lo siento Santi, de verdad, pero es que no lo puedo evitar.
-No tienes que disculparte- le cogió la cara entre sus manos y con ambos pulgares le secó las lágrimas.- Si quieres llorar, hazlo, pero no me pidas perdón porque no has hecho nada malo.
-Eso no es cierto, en realidad si que ha pasado algo.
-No tienes que explicármelo si no quieres pero soy tu amigo y puedes contarme lo que quieras.
-La verdad es que yo ya no sé que pensar. Empecé con todo esto para darle celos a Raúl y me he dado cuenta de que todo este tiempo, tu has sido mi mayor apoyo.  Siempre te estaré agradecida por haberme ayudado, por escucharme y por estar a mi lado.
Santi no lo resistió más y la besó dulcemente, pero en cuanto se separaron, ella se alejó lentamente de él y se obligó a si misma a marcharse de allí.
¿Cómo había permitido que ocurriese? No tenía que haberle llamado, se repetía una y otra vez mientras corría hacia su casa.


Cuando Javier y yo terminamos de hablar por teléfono, este fue directamente a encontrarse con Luis y Raúl que le esperaban en una cafetería del centro comercial.
Cuando llegó, Luis ya había empezado con la charla.
-Lo que quiero decir es que es mejor arrepentirse por algo que has hecho que por algo que no eres capaz de hacer.
-¿Dices eso por experiencia propia?- interrumpió Javier.
-No te burles de mí que esto es serio. Aquí el amigo está pensando en que no va a hacer nada y dejar que Santi y Olga sean felices.
-¿Y va en serio?- preguntó sorprendido.
-Totalmente. De nada sirve que yo haya despertado ahora y me haya dado cuenta de lo que siento por Olga si ella está tan bien con Santi.- cada vez que pronunciaba su nombre le daban arcadas. ¿Acaso no había más chicos en el mundo?
-Acabo de hablar con Mónica. Venía de ver a Olga y puede que tu decisión sea la más acertada. Me parece que ella lo tiene asumido y va a quedarse con Santi.
<<Menuda mentira, pensó para si mismo, pero a ver si así reaccionas chico.>>
Lo que de verdad quería era reunir el valor para salir a buscarla y decirle lo que sentía. Deseaba poder decirle que había sido un estúpido y que quería estar con ella para siempre y como si Javier pudiese adivinar lo que estaba pensando, continuó hablando.
-No se trata de lo que has dicho, sino de lo que no eres capaz de decir. Si de verdad estás tan enamorado, ¿qué demonios haces aquí sentado todavía?
-Eso mismo me pregunto yo.
-Entonces ve a buscarla.
En cuanto Raúl se marchó a toda prisa, Javier se volvió hacia Luis.
-¿Y que hay de ti?
-¿Crees que yo también debería ir a buscar a la chica?
-Creo que serías idiota si no lo hicieras.



Raúl la alcanzó cuando estaba llegando a su casa. Al volverse ella para mirarle y al ver él sus lágrimas, dejó caer los brazos a un lado incapaz de decir nada.
-¿Qué quieres Raúl?- estaba agotada. Últimamente no hacía más que llorar. Estaba harta. Lo que sentía por Raúl solo le causaba dolor. Tenía que arrancarse ese amor imposible de corazón.
-¿Estás bien?
-No, pero se me pasará.- dio un paso hacia atrás y entró en su casa.
<<No quiero que llores nunca más. No quiero que desperdicies más lágrimas. ¡Deja de llorar por favor! Te quiero…>>
Eso es lo que debía haberle dicho en lugar de dejarla marchar.
Al entrar en su habitación, oyó un pitido que venía del bolsillo de la chaqueta.
Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas, pero las de la habitación de Olga estaban echadas.
No leyó el mensaje. Sabía que lo que leería no iba a gustarle.


-¿Podemos hablar?
-Ahora no es un buen momento Luis. Lidia está aquí y parece ser que ha pasado algo con Dani. ¿Te importa si hablamos mañana?
-Pero…
-De verdad que ahora no puedo. Te llamo mañana y me dices lo que sea. Hasta mañana.
Y cerró la puerta. Luis se quedó allí quieto sin terminar de decidir si quedarse e insistir o marcharse. Tras diez minutos pasando frío decidió irse a casa. Probaría suerte al día siguiente.
Aquella noche Lidia no habló. Solo podía llorar. Fue totalmente incapaz de contarle a Isabel lo ocurrido y esta no pudo hacer otra cosa que abrazarla y estar a su lado.



Javier y yo nos encontramos al fin después de tantos días y cuando me rodeó con sus brazos para abrazarme, el mundo se detuvo para mí.
Nos besamos, nos abrazamos y volvimos a abrazarnos. Para mí no había mejor sitio que junto a él.
-¿Cómo está Nico?
-Creo que bien. Tiene ganas d volver a Cádiz.
-Es normal. Me hubiese gustado en parte que lo de Adriana hubiese salido bien. Me siento un poco culpable.
-Yo también, pero nos amamos y para mi eso lo es todo. No digo que no me duela hacerle esto a mi hermano, pero ¿qué otra cosa podía hacer? No podía perderte.
-Ni yo a ti. Lo eres todo para mí y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Lo que me recuerda que deberíamos hablar con mis padres.
-Yo también he pensado en eso. No podemos retrasarlo más.
-¿Se lo has dicho a tus padres?
-Si. Al principio se escandalizaron pero les expliqué lo que sentía y nos apoyan.
-Me alegra saberlo.
-A partir de ahora todo irá bien entre nosotros. Lo prometo.
La sombra de una chica salió de detrás de un árbol del parque para alejarse sin ser vista.
-Yo no prometería cosas que no vas a poder cumplir bebé- dijo en voz alta mientras se alejaba.
-¿Estás bien?- me preguntó Javier abrazándome más fuerte.- ¿Tienes frío?
-Si pero no es eso. Es la tercera vez que me pasa hoy. Tengo la sensación de que alguien me vigila.
-Seguro que no es nada cariño. Tranquila.
Sonreí, pero no estaba nada tranquila. Algo me decía que ella estaba cerca y que lo peor estaba por llegar.



Dani no durmió nada aquella noche. Tenía que admitir que se había pasado con Lidia.
Debía hacer algo y pedirle perdón cuanto antes. No quería dejar las cosas así. A pesar de todo lo que sentía por ella, antes de nada era su amiga y no estaba dispuesto a perder su amistad por semejante barbaridad.



A la mañana siguiente me despertó el teléfono.
Contesté medio dormida y al escuchar la voz al otro lado me despejé enseguida.
-Necesito que hablemos. ¿Puedes quedar?
-Claro, ¿quieres que vaya a tu casa?
-¿No te importa?
-Claro que no. ¿Ha pasado algo?
-Si, pero prefiero contártelo cuando estés aquí. ¿Qué tardarás?
-Me visto y voy. Media hora como mucho.
-Vale. Prepararé café.
-Perfecto. Hasta ahora.
Al colgar me puse en marcha. Salí de la cama, abrí el armario, cogí ropa cómoda y salí de la habitación.
Entré en el comedor mientras intentaba peinarme con los dedos. Me paré frente al espejo del recibidor para comprobar el resultado. Un desastre, pero no tenía tiempo que perder. El tono de Clara me había preocupado.
Quería saber a que venía tanta urgencia.
Cogí un par de tostadas, apuré el vaso de zumo, y me despedí de mis padres que entraban en ese momento para desayunar.
-Voy a casa de Clara. No sé si vendré a comer. Hasta luego. Os quiero.- ya casi había salido por la puerta cuando oí a mi padre decirle a mi madre que jamás me había visto tan acelerada.
Me subí al jeep, puse las llaves en el contacto y arranqué. La intriga me mataba.
Llegué a casa de Clara en diez minutos. Aun no entiendo como no me paró la policía.
Antes de preguntarle nada, la observé a ver si veía algo raro.
No parecía triste así que no debía ser nada malo, aunque diría que tenía unas pocas ojeras, pero como era temprano no le dí importancia.
-Cuéntame, ¿a que viene tanto misterio?
-No es nada malo así que tómate el café y después te cuento.
Me tomé el café pero seguía intrigada, ¿Qué era lo que me tenía que contar?
Quince minutos más tarde volví a preguntar. Esta vez Clara sonrió y se acercó a mí.
-Estoy embarazada.
Al principio me quedé tan sorprendida que no me salían las palabras. Sesenta segundos después me puse a gritar. Era genial. Estaba feliz por ellos.
-¿Cómo se lo ha tomado Sebastian?
-Aun no se lo he contado. Eres la primera en saberlo. Acababa de descubrirlo cuando te llamé.
-Pero es una gran noticia. Seguro que se alegra mucho.
-Lo sé.
-¿Cuál es el problema entonces?
-Lo que pasa es que yo quería acabar la carrera,casarme, viajar y después tener un millón de hijos y he empezado por el final.
-Eso no lo hace menos hermoso. Debes decírselo. Eso es lo primero de todo. Habla con Sebastian.
-Lo haré. Gracias por venir tan rápido.
-No hay de que. Ha valido la pena el madrugón y la carrera hasta aquí.
-Aunque hayas salido de casa con ese peinado.
-No te burles y déjame un peine. Estaba tan intrigada que no he podido ni peinarme en condiciones.


Luis probó suerte de nuevo yendo a casa de Isabel.
Lidia seguía allí. Habían pasado la noche en vela. El cansancio estaba reflejado en los ojos de ambas.
-Será mejor que lo dejemos para otro momento- le dijo sin darle tiempo a decir nada.
-Es importante.
-Puede esperar. Por favor Luis entiéndelo. Ten paciencia. Te prometo que cuando se calmen las cosas hablaremos.
-Está bien. Esperare- se marchó de allí cabizbajo. Cuando por fin había reunido el valor suficiente para decirle a  Isabel que sentía algo por ella, esta no le daba la oportunidad de decírselo.
-Lo siento Isa. Parece que lo que tenía para decirte es importante.
-Quédate tranquila. Lo que realmente importa ahora es como estás tú.
-Te lo diré en cuanto me recupere.
Isabel volvió a abrazarla esperando a que por fin le contase que había pasado con Dani. No hubo forma.



¿Y ahora que podía hacer? No quería encerrarse en casa a darle vueltas.
Lo mejor era llamar a los chicos y explicárselo todo a ver si ellos se les ocurría un modo de resolverlo.
Les llamó uno a uno y les citó en la cabaña.
Fueron llegando uno tras otro. Primero Javier, después Raúl y por último Luis. Eso fue algo que les sorprendió a todos y más por la cara que traía. Por lo visto, solo Javier estaba feliz.
-¿Para que nos citaste? ¿Pasó algo con Lidia?- preguntó Javier.
-Es evidente que si- contestó Luis.- Fui a ver a Isa y estaba con ella. Por lo visto a pasado la noche en su casa. Cuando las vi esta mañana ninguna de las dos tenía buena cara.
-Eso es porque soy imbécil. No tiene otra explicación.
-¿Por qué dices eso?
-Porque es la verdad. Me pasé un montón con ella y no sé como arreglarlo.
-Habla con ella. Enfréntala.
-Es fácil de decir. Tú tienes una novia que te ama y habéis pasado de todo por estar juntos.
-Por eso mismo Dani. Hemos pasado de todo y al fin estamos juntos. Si no lo intentas, no consigues nada.
-¿Y que hago?
-¿Y yo?- preguntaron a la vez Luis y Raúl.
-¿Y a vosotros que os ha pasado?
-Mejor di que no nos ha pasado…
Mientras ellos le contaban a Javier todo lo ocurrido, Miranda pasaba por la puerta de entrada de la cárcel una vez más.
Cuando se pudo frente a su ex novio tenía una sonrisa triunfante en el rostro.
-¿A que viene esa sonrisa?
-Tengo ganas de venganza y sé exactamente por quien empezar.
-¿Esa niñata de nuevo?- Miranda negó con la cabeza.
-Claudia.
-¿Tu psiquiatra?- eso si que le sorprendía.
-Esa putita se ha creído que podía jugármela. Mientras intentaba alejarme de Javier, ella se fue acercando y se enamoró de él.
-¿Acaso vas a ir a por cualquiera que ame a ese chico?
-Javier es mío. Mónica cree que ahora todo les irá bien. No sabe que tengo un as en la manga.
-¿De que estás hablando?
-Te contaré más en cuanto hable con mi abogado.
-¿Que estás tramando niña?
-Para empezar, tú me ayudarás a acabar con Mónica.
-Dudo mucho que pueda hacer algo desde aquí dentro.
-De eso se trata. Justamente de eso.
Hasta un asesino como él podía estremecerse solo al imaginar lo que Miranda tenía en mente.

martes, 24 de enero de 2012

Capítulo 25

-Pareces muy seguro. ¿De verdad crees que saldrá bien?
-Prefiero pensar que si. Date prisa y quítate el traje.
-Ya voy, ya voy- terminó de desvestirse y le pasó su traje y su máscara a su hermano. Él no creía que fuese a funcionar. Estaba convencido de que yo me daría cuenta de que habían echo el cambiazo.- Nos va a matar cuando se entere.
-Tengo que recuperarla Nico. Sé que desde que la conocimos las cosas han estado tensas entre nosotros. Me gustaría que volviésemos a estar como antes.
-Y a mí, pero las cosas ya no son como eran antes.
-Lo sé.
Terminaron de cambiarse y se dirigieron al salón.
Primero entró Javier (en realidad Nico) y fue a sentarse junto a sus padres y tras él apareció Nico (que era Javier).
-Por fin. Creí que tendría que llamar al equipo de rescate.
-Perdona. Me entretuve- le miré fijamente y al darse cuenta se llevó las manos a la cara por si llevaba puesta la máscara. Hubo un momento en el que me pareció oír un suspiro de alivio. ¿Así que se trataba de eso? ¿Estaban intentando tomarme el pelo? Les iba a matar. Si pretendían jugar conmigo, dejaría que se lo creyesen durante un rato.
Llegamos a la mesa y nos sentamos junto con los demás a esperar a que empezasen a servir la cena.
Fue bastante entretenido aun sabiendo que Javier estaba sentado a mi lado. Hablé con él como si en realidad fuese Nico.
Tras el segundo plato, Raúl no lo soportó más y se levantó para acercarse hasta mí y agacharse a mi lado.
-¿Y ahora que hago?
-No sé que decirte. La única razón por la que aun puede dudar es por ti. ¿Quién mejor que tú para animarla a seguir adelante con él si es lo que ella quiere?
-Pero no es lo que quiero yo.
-No puedes retenerla por egoísmo o por lo que pasó en el pasado con Santi.
-Ya sé que no. ¿Me aconsejas que deje que salga libremente con él?
-Si para ti no es más que una amiga, entonces si, pero como es evidente que hay algo más, deberías hacer algo al respecto.
-De acuerdo- y volvió a su sitio, aunque al poco rato de estar allí volvió a ponerse de los nervios al ver como Olga y Santi se reían, se miraban y sobretodo porque Santi no le soltó la mano en ningún momento.
Por supuesto, Olga no se dio cuenta de nada. Parece mentira lo inconscientes que somos a veces. Contra más deseamos algo, menos lo vemos.
Sin embargo en Olga influía algo más. Santi estaba empezando a gustarle de verdad y no sabía si era por como era con ella o porque había empezado a hablarle de sentimientos o tal vez era que se estaba esforzando más de la cuenta en olvidar a Raúl.
La observé durante un rato hasta que ella me devolvió la mirada y me sonrió. Estaba realmente preciosa. Todos lo estaban.
Tras el postre nos fuimos poniendo en pie para dirigirnos a la sala principal, donde iba a empezar el baile.
Mi pareja me cogió de la mano y me sacó a la pista.
Los demás nos imitaron y empezó a sonar la música. Me rodeó la cintura con sus manos que me produjeron un escalofrío por todo el cuerpo. Aquello era la prueba definitiva de que quien bailaba conmigo era Javier.
-Salgamos fuera. Solo un momento.
-De acuerdo- le seguí hasta el jardín y me senté en un banco de piedra a esperar a que hablase.
-Quiero decirte, pedirte algo y quiero que me escuches y te quedes ahí sentada hasta que termine.
-Vale- empezaría a escuchar y según lo que me dijese, me iría.
-Quiero que hablemos de Javier.
-No quiero saber nada de él. No insistas.
-Deberías hablar con él antes de tomar una decisión tan definitiva.
-Yo no lo creo. Estoy muy dolida.
-Por favor- se arrodilló frente a mí cogiéndome de las manos.
Seguidamente se quitó la máscara para que viese que no era Nico.
-Oh, vaya. Eres tú.- dije poniendo los ojos en blanco.
-¿Cuándo te diste cuenta?
-Antes de la cena. Cuando volviste del lavabo.
-Perdona. No sabía que otra cosa hacer para poder hablar contigo sin que salieses huyendo.
-No creas que no lo estoy deseando. ¿Qué es lo que quieres?
-Quiero contarte la verdad. No pasó nada entre Claudia y yo. Fue todo invención suya. Salí con los chicos, bebimos y me la encontré en el bar. Se ofreció a llevarme a casa. No recuerdo mucho. Sé que fuimos a su casa a dejar algo y me quedé dormido en el sofá mientras la esperaba.
-¿Entonces no os acostasteis?
-No. Me engañó.
-¿Por qué hizo algo así?
-No lo sé. Lo único que sé con seguridad es que te quiero y que lo prometido es deuda- puso la mano dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, sacó una bonita cajita y la abrió. Me cubrí la boca con las manos. Era lo más hermoso que nadie me había regalado nunca.
-Esto es…
-El anillo que te prometí. Cariño- le miré a los ojos.- Sé que es pronto aun y que todavía nos queda mucho que vivir y conocernos más, pero ¿quieres casarte conmigo?
Apenas podía contener la emoción mientras asentía y Javier me ponía el anillo en el dedo.
No pensé en nada. Ni en lo que pudiesen decir nuestros padres ni el hecho de que Tony no hubiese aparecido, aunque me extrañaba.
Solo podía pensar en lo feliz que era.


Media hora más tarde, descubrí que casi todos conocían el plan de Javier.
Cuando fui a por mi bolso para coger el teléfono y llamar a Tony, descubrí que tenía un mensaje.
<<TE NECESITO. MI ABUELA HA MUERTO.>>
No podía creerlo. Tony siempre decía que su abuela tenía una salud de hierro. ¿Cómo había ocurrido?
Le llamé. La espera se me hizo eterna. Cuando estaba a punto de desistir, descolgó.
-¿Cómo estás?
-Destrozado. Esto ha sido un duro golpe para mí. Estoy pensando como ir hasta Cádiz sin que me lleve dos días. Creo que alquilaré un coche y conduciré sin parar.
-Aun así no conseguirías llegar a tiempo- pensé como podía ayudarle, y entonces se me ocurrió. El helicóptero que nos recogió a Nico y a mí.- Deja que haga unas preguntas y te llamo.
-Vale.- se notaba que estaba llorando y lamentaba mucho no poder estar a su lado.
Volví al salón, evité a Javier que venía hacia mí y busqué a mis padres.
Jonathan intentó barrarme el paso, poniéndose entre ellos y yo.
-Ahora no, por favor.
-Vamos nena. Baila conmigo.- estaba harta. ¿Por qué no me dejaba en paz?
-Mira niño, tengo prisa, me tienes harta y voy a casarme, así que sal de en medio.- y vaya si se apartó. – Papá necesito un favor muy grande.
-Pareces preocupada hija. ¿Qué ha pasado?
-¿Puedo disponer del helicóptero esta noche? Sé que es precipitado, y que no estoy contando el porque pero te pido que confíes en mí.
-Haré una llamada. Ve a casa a cambiarte. Mandaré el coche a buscarte.
-Gracias- le abracé y entonces decidí contárselo a Javier. Le fui contando toda mi historia con Tony de camino a la salida.
Él se detuvo un momento y me miró fijamente con una sonrisa.
-Voy a dejar que vayas con él. Te necesita ahora y me quedo tranquilo porque estamos juntos de nuevo y has aceptado casarte conmigo.
-¿De verdad que puedo ir?
-Estoy seguro de que esa era tu intención desde el principio. Esperaré a que vuelvas.- mi padre me alcanzó cuando estaba a punto de salir por la puerta.
-Tienes media hora.
-Gracias de nuevo. A los dos.- y me fui.
De camino a casa, que por cierto, cogí uno de los coches que habían dispuesto para la gente que bebía, llamé a Tony y le pedí que me esperase en el hotel, que no tardaría en llegar.
-Yo ya lo tengo todo listo. No tardes.
-Estaré ahí enseguida. Lo prometo.
Me cambié y preparé una bolsa con lo necesario en un tiempo récord. El coche también llegó antes así que pasamos a buscar a Tony y nos dirigimos hacia el aeropuerto.
-¿A dónde vamos?
-Le pedí a mi padre que me prestase por unos días el helicóptero. Estaremos allí en unas horitas.
-Eres increíble.- sonrió pero estaba hundido. Le cogí con fuerza la mano y no me la soltó hasta que llegamos a casa de sus abuelos y corrió a abrazar a su abuelo.
Este, al separarse, me miró dulcemente y me dedicó una sonrisa ante tanta tristeza.
-Gracias por traerle tan pronto.
-No me las de. Lamento su pérdida.
-No te quedes ahí o cogerás un resfriado.- no me había separado de la puerta. No quería interrumpirles.- Prepararé café. Va a ser una noche larga.
Y lo fue. De que llegó o no el médico a certificar la muerte y se la llevaron al tanatorio se nos hizo de día.
Tony parecía más tranquilo. Había subido a la habitación para despedirse de ella un par de veces.
Su abuelo me contó lo unido que había estado siempre Tony a su mujer.
-Tony nos habló muy bien de ti. Le gustas mucho.
-Él también me gusta mucho, pero las cosas son distintas ahora. Mi vida ha cambiado de pronto.
-Tendrás que decírselo.
-Este no es el mejor momento. Puedo esperar.
-Sé que debe asustarte hacerle daño, pero es algo inevitable. Sufrirá de todos modos. Mi nieto es fuerte. Mi mujer le enseñó a afrontar el dolor.
-Lo sé. He estado allí.
No fue necesario decir nada más. Sabía de qué estaba hablando.
-¿Interrumpo?- Tony estaba apoyado en el marco de la puerta de la cocina intentando decidir si entrar o no.
-No. Pasa y siéntate. Me parece que vosotros dos deberíais hablar.
-¿Qué tienes que decirme?- estaba confuso, pero seguía sin ser el momento. No me marcharía sin decírselo. Podía esperar.
-Mejor vamos al tanatorio. Después hablamos.
Pasamos allí toda la mañana y a las cinco, la incineraron.
El abuelo de Tony se mantuvo en su sitio hasta que consciente de que no volvería a verla. Solo entonces se agarró con fuerza al ataúd pidiendo que le llevasen con ella.
Entre Tony y uno de los chicos de la funeraria consiguieron apartarle y llevarle hacia donde estaba yo.
Fui a por una tila y se la di para que se tranquilizara.
Cuando regresé a su lado, encontré a Tony sentado en una de las sillas, sin contener las lágrimas y mirándose las manos incrédulo.
Me senté a su lado y le abracé. Solo entonces lloró con todas sus fuerzas.
Hora y media más tarde, llevamos a su abuelo a casa para que durmiese un poco.
Mientras, Tony y yo nos preparamos un café y nos sentamos en la cocina en silencio.
Al poco rato de estar allí, Tony me miró. Yo no tenía valor para devolverle la mirada y menos aun para ser sincera con él.
-Mañana vendrán algunos familiares y amigos más cercanos. Haremos una pequeña reunión en su honor. Esperaba que tú también estuvieras.
-Por supuesto. No tenía pensado marcharme aun.
-Gracias por hacer esto por mí.
-No tienes que dármelas. Somos amigos, ¿no?
A pesar de su tristeza, sonrió.
-¿Algo ha cambiado, no es así?
-Si.
-¿Tiene algo que ver tu novio?
-Si. Resulta que todo fue mentira. No se acostó con otra. Bebió y la otra chica le engañó.
-Me alegro por ti entonces.
-Me ha pedido que me case con él. Le he dicho que si.
-Si es lo que quieres, supongo que debo aceptarlo.
-Me gustaría contar con tu apoyo.
-Está bien. Te felicito. Espero que seas muy feliz.
-Gracias. Ahora lo único que quiero es estar a tu lado y apoyarte hasta que no me necesites.
-Entonces más vale que le digas a tu chico que no sabes cuando vas a volver.
Nos miramos fijamente y sin más, nos echamos a reír.
Reíamos como hacía tiempo que no hacíamos.
Era agradable sentir felicidad cuando casi todo eran desgracias.
Y pasaron un par de días.
La reunión en memoria de la abuela de Tony fue muy emotiva. Todo el mundo la apreciaba.
Todos, absolutamente todos, lloramos.
Tony nos sorprendió con un bonito discurso en el que hablaba de su abuela con tanta ternura que me puso la piel de gallina.
Aquel día aprendí que somos conscientes de hasta que punto queremos a las personas que nos rodean, hasta que no hay vuelta atrás y las perdemos.
Me prometí a mi misma, que jamás volvería a huir dejando a los que quiero.


-¿Qué has hecho que?- sus padres le miraron asombrados mientras Nico cogía algo del frigorífico.
-Le he pedido que se case conmigo y me ha dicho que si.
-¿No sois un poco jóvenes?
-No digo que vayamos a casarnos ya mismo papá, pero quería que lo supierais por mí. He tomado una decisión así basándome en lo que siento por ella. He cometido errores y la he perdido en varias ocasiones por ello. No quiero volver a perderla. Vosotros os casasteis jóvenes y ha salido bien.
-No todas las relaciones son iguales.
-Haré que funcione. Sé que saldrá bien y esperaba contar con vuestro apoyo. El de los tres.- miró a Nico mientras este devoraba un trozo de pan con queso.- ¿Cuento con ello?
Nico miró a su hermano. En el fondo quería decirle que no, que no quería rendirse, pero ya lo había echo al permitir que diese ese paso.
-Supongo que es el destino y yo no voy a  enfrentarme a él.
-¿Y vosotros?- miró a sus padres esperanzado.
-Eres mayor para tomar tus propias decisiones. Creemos que es una locura pero si estás seguro cuentas con ello.
-Gracias. Significa mucho para mí que digáis eso.



Llegó el día de irme. Tony tenía pensado quedarse un poco más para ayudar a su abuelo hasta que pasasen estas fechas tan tristes y llenas de recuerdos.
-Te llamaré.
-No hace falta y no te preocupes. Estaremos bien.
-Lo sé. Te llamaré de todos modos- sonrió y se encogió de hombros.
-Como quieras.- le abracé durante un buen rato antes de marcharme. No sabía cuando volvería a verle.- Una cosa más- nos miramos fijamente.- Para ti sería peluche, mascota o payaso con tal de seguir siendo parte de ti.
Cuando puse un pie en el helicóptero me llegó un mensaje.
<<TENEMOS QUE HABLAR. ¿CUANDO VUELVES?>>
Contesté.
<<ESTOY DE CAMINO. EN LA CABAÑA A LAS SEIS.>>
<<PERFECTO>>
¿Qué había pasado para que Olga quisiera que hablásemos con tanta urgencia?
Con lo de la abuela de Tony había olvidado el propósito de Olga en el baile.
¿Habría conseguido hacer que Raúl reaccionase?
Estaba deseando llegar para verles a todos. Sobretodo a Javier. Me entró un escalofrío al recordar su petición.
Le mandé un mensaje para decirle que ya estaba volviendo y que había quedado con Olga.
<< ENTONCES NOS VEMOS A LA NOCHE EN EL PARQUE. TE QUIERO PRECIOSA>>
Parece que al fin si tendría las navidades que deseaba, lo que me recordaba que por cierto iba a aprovechar esa estancia en el hotel para compartirla con Javier y que debía pensar que regalarles a mis padres y cuanto antes.
Cuando el helicóptero aterrizó me dirigí inmediatamente hacia la salida para coger un taxi.
Llegué a mi casa en un tiempo récord. Saludé a mis padres y a Hailey, comí algo en la cocina y me fui de nuevo.
Cuando puse la llave en el contacto, la sensación de que alguien me observaba me puso la piel de gallina, pero a pesar de que miré hacia todos lados, no parecía que hubiese nadie por los alrededores.
Al final pensando que no eran más que imaginaciones mías puse el coche en marcha y aceleré.
Finalmente la persona que me observaba salió de su escondite y sonrió.
-Ya te tengo niñata- y se alejó antes de que alguien la viese.