-¿Estas bien “melli”?
-Me duelen todos los huesos.
-¿Has podido hacer al menos lo que querías?
-Si, y ya me quedo más tranquilo.
-He estado pensando en algo.
-Tú dirás- por lo serio que se puso, Javier pensó que quizá le había ocurrido algo a su hermano que no había querido decirle hasta entonces.
-No se nada de mi chica misteriosa. Llevo aquí dos días y salgo pero no la veo. Había pensado en que quizá, si a ti no te molesta, podría apuntarme al mismo instituto que tú.- aquello sorprendió tanto a Javier que no supo que decir. En fin, se esperaba cualquier cosa menos eso.- He preguntado y es el único instituto que hay por los alrededores y cabe la posibilidad de que me la encuentre.
-¿Estás dispuesto a dejar tu vida allí, a tus amigos, por alguien a quien ni siquiera conoces?
-Si. Se que es arriesgado y que es posible que no vuelva a verla, pero tengo la sensación de que esa chica es para mi.
-Supongo que lo tienes bien decidido.
-Si. Ya he hablado con papá y mamá. Creen que me he vuelto loco.
-Es lógico.
-Si, y si al final no es como yo creo, me vuelvo a Cádiz y listo.
-Me parece bien.
-Gracias “melli”.
-No me las des. Y ahora déjame dormir.- Nico cerró la luz y la puerta. Javier era el mejor hermano del mundo.
Y llegó el día de mi cumpleaños. Increíblemente había pasado medio mes y yo ni me había enterado.
Las felicitaciones llegaron desde primera hora de la mañana.
Mis padres ya habían vuelto de su viaje y como siempre madrugaban antes de que pusieran las calles… Me dijeron que tenían un regalo perfecto para mí, pero que tenía que esperar a volver a casa. Lástima. Mis padres siempre acertaban con mis regalos.
Clara y Sebastián también tenían un regalo que como ya suponéis también tendría que esperar.
Y la pandilla…
Yo ya suponía que tramaban algo. A menudo les pillaba cuchicheando por toda la casa. Podían ser cualquier cosa excepto discretos. Estaba convencida de que querían que les pillase.
Lo que no comprendo aun es como o mejor dicho cuando lo organizaron todo.
Celebramos mi cumpleaños solos, con una tranquila cena en la playa. Aquella noche, brindamos por lo que habían sido nuestras vidas, por lo que habíamos sido capaz de dejar atrás, y sobretodo, por lo que fuese que ocurriese a partir de entonces con nosotros.
De este modo, aunque más lento de lo que algunos esperábamos, el mes terminó sin apenas darnos cuenta. El día en que volvíamos a la ciudad, todos nos despedimos con tristeza de aquellas cuatro paredes que tanto nos habían ofrecido durante aquellos días.
Poco a poco, Dani fue dejándonos en nuestras casas. Primero Isa, después Luis, luego a Raúl y a Olga y después a mí.
Ya se lo que pensáis. Falta una. A Lidia la dejaba para el final. Le gustaba aprovechar el tiempo que podía para estar con ella a solas.
Casi no había entrado por la puerta, que mis padres, Clara y Sebastián ya me estaban esperando en el recibidor.
Hasta que me abrazaron no fui consciente de hasta que punto les había echado de menos.
Y cuando vi el regalo de mis padres…
En fin, primero os contaré cual era el regalo de Clara y Sebastián. Según ellos, les había costado mucho decidirse, pero en realidad me parece que mintieron un poco. ¿Qué cual era mi regalo?
Compraron tres entradas para el parque de atracciones. Me moría de ganas de ir. No había oído otra cosa que rumores durante todo el verano y estaba deseando ir a ver que tal.
Hacia poco que lo habían inaugurado y no podía contener la emoción.
Y volviendo al de mis padres…
¡Me regalaron un coche!
No se si ya os lo había dicho antes, aunque estoy segura de que no. Durante los meses posteriores de mi salida del hospital, intenté esforzarme al máximo centrándome en varias cosas, entre ellas, sacarme el carnet de conducir.
Estudié como nunca, y cuando lo tuve todo claro me presenté al examen, que aprobé a la primera, y Sebastián me había ayudado mucho con la práctica, así que cuando me dí cuenta, ya tenía el carnet. No dije nada a nadie de la pandilla. Quería darles la sorpresa cuando me presentase en el instituto con un coche comprado por mí, algo que por supuesto ya no tendría que hacer.
No podía haber nada más en el mundo que pudiese hacerme más feliz, que un jeep de color verde. (Solo en lo que se refiere a cosas materiales. No quiero que penséis que soy insensible.)
No es necesario que os diga las ganas que tenía de estrenarlo, así que hice lo que cualquier chica de mi edad hacia. Llamé a la pandilla, citándoles en un sitio en concreto. Quería llevármelos por ahí. Disfrutar de la tarde con ellos, y para que negarlo, dar una vuelta por la ciudad por si veía a Javier.
Cuando vieron aparecer el jeep conmigo en el volante se quedaron asombrados. Apenas hacia unas horas que habíamos vuelto y ya había algo distinto.
Uno a uno me miró asombrada al verme llegar hasta ellos. Todos insistieron en ir a hacer una visita a la playa.
Era muy poco probable que a aquella hora hubiese mucha gente y a nosotros nos encantaba ir siempre cuando estaba por ponerse el sol. De echo, dos años antes, habíamos descubierto una pequeña calita que habíamos echo nuestra sin pretenderlo. Nunca habíamos visto a nadie allí y aunque no teníamos ninguna intención de darnos un baño, todos terminamos en el agua.
Apunté mentalmente la idea de llevar en el maletero una toalla a partir de entonces porque volviendo a casa estornudamos más de una vez, sin contar en el sermón que me echaron mis padres. Al final no había visto a Javier, y puedo asegurar que estuve pendiente todo el tiempo, hasta el punto de que casi nos la pegamos con el coche. Menos mal que todo quedó en un susto.
Tras darme una ducha de agua fría, me cambié de ropa y me senté frente mi diario.
Había llegado el día. Aquella noche volvería a verle.
¿Recordáis el conjunto blanco que me había comprado durante las vacaciones?
Aquello era lo que me había puesto. Quería que Javier me encontrase linda.
01 de septiembre
Querido diario:
Por fin ha llegado el día. Estoy igual de nerviosa que cuando empecé el parvulario.
¿Por qué me siento así? ¿Acaso es miedo? Supongo que eso es justo lo que es. Llevo mucho sin hablarte de este tema. Mi historia con Santi me marcó mucho y ahora no se si sería capaz de afrontar una relación. ¿Entonces por que siento que con él si puedo? Una parte de mí esta dispuesta a correr ese riesgo, en cambio la otra no lo está.
Supongo que sino termino por enfrentarme a ello nunca me sacaré esa espina del corazón.
¿Y si él no es como deseo que sea? Sé que no debería pensar en eso. No estoy siendo justa con él. Debo darle una oportunidad y de paso demostrarle a mi corazón que no tiene nada que temer.
Es hora de cenar y la de mi cita. Deséame mucha suerte. Después te cuento.
Cené tan rápido que por un momento temí atragantarme. No podía siquiera oír lo que me decían mis padres. Creo que tenía que ver con una cena benéfica. Se lo preguntaría a la mañana siguiente.
Levanté la vista y miré el reloj que había colgado en la pared. Tenía que irme ya. No quería hacerle esperar.
Besé a mis padres con aire distraído, cogí la correa de Hailey y salí corriendo con ella pisándome los talones.
-Vamos chica. No podemos hacerles esperar.- debo añadir que la ropa que llevaba dificultaba un poco correr, sobretodo por las sandalias. ¿Por qué no se me ocurriría ponerme zapatos planos?
Llegamos al parque en un tiempo récord. Mire por encima por si le veía a él o a su perro, pero nada.
Sentí una punzada de tristeza. ¿Y si se le había olvidado?
Cuando ya estaba más que convencida de que no aparecería, Hailey empezó a ladrar y a mover la cola.
Miré hacia donde dirigía sus ladridos y le vi. Primero a Hobbie, y después a él. Que lindo que estaba.
-Siento el retraso. No había forma de atrapar a Hobbie y ponerle la correa.
-No te preocupes. No hace mucho que he llegado, aunque si que es cierto que por un momento temí que no vinieses.
-Dije que lo haría. ¿Te entregaron mi mensaje?
-Si. Tenía muchas ganas de volver a verte.
-Yo también a ti. Quizá te suene atrevido pero te he echado de menos. Venir aquí solo no era lo mismo.- aunque lo cierto es que Nico le había acompañado la mayoría de las ocasiones con la esperanza de encontrar a la chica que le quitaba el sueño. Suerte que él la tenía enfrente en ese mismo instante.
Yo ya me había dado cuenta de que no dejaba de mirarme de arriba abajo. Aquello era algo que nunca me había gustado. La gente nunca se sentía a gusto con aquel gesto por parte de otra persona, pero esa noche no me sentí mal. Me encantaba que me observara. Quería que supiese que me había comprado y vestido con aquella ropa por él.
Dejamos sueltos a los perros y andamos despacio hasta los columpios. Me sentía tan bien con él allí que no podía dejar de sonreír.
-¿Qué tal te fue el viaje?
-Fue increíble. La verdad es que me fue muy bien desaparecer un tiempo. Lo creas o no me aclaró las ideas.
-En tu carta dijiste que era algo que no me podías contar aun. En todo este tiempo no he dejado de darle vueltas.
-Aun es pronto. La verdad es que no tenemos ninguna prisa. Además, seguro que nos veremos en el instituto y tendremos tiempo para conocernos mejor. Ahora mismo solo quiero disfrutar de tu compañía.
Por como me miró supe lo que veía en mí. Otra vez aquella maldita tristeza. A pesar del tiempo que había pasado seguía sin desaparecer e incluso llegué a pensar que jamás lo haría. Yo no quería que sintiese lástima por mí.
-No me mires así por favor.
-Solo intento averiguar lo que te ocurre.
-¿Por qué?
-Porque desde que te conocí eres en lo único en lo que puedo pensar. Porque este mes sin ti ha sido una tortura diaria. Porque…
-¡Basta! No sigas.- me levanté y llamé a Hailey. Tenía que irme de allí. ¿Por qué había tenido que decirme todo aquello? ¿Y por que una parte de mí estaba encantada con aquellas palabras?
Con lo que no contaba era con que él se pondría de pie e intentaría detenerme.
Me abrazó sin permitirme darme la vuelta.
Podía sentir su respiración en mi cuello y el corazón me latía como nunca antes lo había echo.
Me di la vuelta despacio. Ahora no tenía ninguna duda al respecto. Estaba enamorada de él. Lo sabía y estaba asustada.
-No te vayas. No vuelvas a dejarme solo- me dijo en un susurro, una súplica en realidad.
Quería besarlo. Estaba deseando besarlo. Mi cabeza me pedía a gritos que me fuese, pero mi cuerpo no reaccionaba. No podía moverme y fui totalmente incapaz de decir nada cuando sentí sus dedos enredándose en mi pelo y hundir su cara entre él.
-Eres lo mejor que me ha ocurrido en años, en toda mi vida. No quiero perder lo que sea que vayamos a tener juntos. Aun corriendo el riesgo de que nunca dejemos de ser únicamente amigos.
-¿Qué es lo que quieres que ocurra?
-Solo quiero que no te alejes y te quedes a mi lado para que lo descubramos juntos. No voy a pedirte más. ¿Te ves capaz?
Todavía no comprendo como conseguí asentir y aceptar aquella situación de la que era totalmente consciente.
Yo también quería seguir a su lado. Fue una suerte que me impidiese marcharme, alejarme de él, porque es algo que jamás me hubiese perdonado.
-Empecemos de cero.- conseguí decir.
-Me parece bien. Vamos- dijo volviéndose para llamar a los perros- te acompaño a casa.
-No hace falta.- no era que no quisiera. Simplemente sabía que si se venía conmigo, ocurriría algo entre nosotros. Algo para lo que no estaba preparada.
-Está bien. ¿Nos vemos aquí mañana?
-Aquí estaré- no se de donde saqué el valor, pero lo que hice no hizo más que confirmar lo que acababa de descubrir. Que mis sentimientos hacia él iban mucho más allá de lo que jamás pude imaginar. Cuando rodeé su cuello con mis brazos para abrazarle desee que él no notase todo lo que yo sentía y sobretodo que mis propios sentimientos no se desbordasen.- Gracias por no dejarme marchar.- susurré antes de separarme de él.
Volví a llamar a Hailey y me agaché junto a ella para ponerle la correa y volví a ponerme en pie.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana.- y me fui.
De camino a casa pensé mucho en lo ocurrido. Faltaba una semana para que las clases empezasen de nuevo y una cosa era cierta, tendría que enfrentarme a ella de nuevo y quizá aquello era lo que más temía de todo.
Una vez en casa, me senté de nuevo frente a mi querido diario.
Aquí estoy de nuevo. Estaba en lo cierto acerca de mis miedos. Es algo que simplemente no puedo evitar. Estar cerca de él me hace el mismo daño que mantenerme alejada de su lado.
Estoy segura de que lo más seguro sería contarle la verdad. Si le explico lo que me ocurrió y el porque lo entendería y de ese modo ya no tendría nada que temer.
Ella sigue siendo el problema. A pesar de que aun no han empezado las clases, de que no se si coincidiremos y de otras muchas cosas, sigo teniéndole miedo, solo por el echo de que no vuelva a repetirse, solo porque sé que esta vez lo que siento por él es mucho más fuerte que lo que sentí alguna vez por Santi y si ella quiere volver a hacerme daño, tendrá esa oportunidad con Javier.
Aquella noche apenas pegué ojo. Si intentaba borrar lo ocurrido con Javier de mi mente, más presente se volvía.
Durante aquella semana, intenté por todos los medios dejar de pensar en ello y quizá de ese modo dejase de temer a todo.
Cuando estaba con la pandilla, solo me centraba en ellos e intentaba prestarles toda mi atención, pero cuando llegaba la hora de encontrarme con Javier todo aquello volvía a mí, de modo que procuraba evitar el tema de lo ocurrido aquella noche y me dedicaba a hablarle del instituto y a preguntarle cosas acerca de él.
La noche antes de empezar el instituto, cuando nos despedimos sentí la necesidad de advertirle.
-No dejes que te atrape a ti también.
-¿A que te refieres?
-Ya lo sabrás. Prométeme por ahora que irás con cuidado.
-Te lo prometo.- seguro que pensaba que me había vuelto loca.
Quizá tenía motivos para pensarlo, después de todo, me había comportado de un modo extraño a medida que se acercaba la hora de volver a la realidad.
Y llegó el día…
Javier y Nico se levantaron temprano para prepararse para su primer día.
A pesar de que conocía bien a su hermano, jamás pensó que terminaría quedándose allí a vivir solo por una chica a la que no sabía si volvería a ver.
Mientras desayunaban, Javier no dejaba de golpear la mesa con los dedos. Jamás había estado tan nervioso. ¿Acaso era por lo que yo le había dicho la noche anterior? ¿Quizá había algo en la convicción de mis palabras que le había echo comprender que no bromeaba?
Nico observaba a su hermano con curiosidad. Tenía el presentimiento de que le escondía algo desde hacia algunos días, pero la noche anterior había habido algo que le preocupaba.
Javier volvió distinto a casa. Antes de que pudiese preguntarle lo ocurrido, su madre apareció en la cocina con su habitual sonrisa.
-¿Lo tenéis todo?- miró a sus dos hijos. Le parecía increíble que fuesen tan parecidos y a la vez tan distintos. Mantuvo su mirada en Nico. Se preguntó que tendría de especial la chica que había conseguido que su hijo no regresase a Cádiz.
-Si. Nos vamos ya mamá.
-Que tengáis un buen día.- besaron a su madre y se fueron.
-Anímate un poco “melli”. Seguro que termina por aparecer.
-Para ti es fácil. Sabes de sobras que la verás hoy.
-Eso es cierto. Pero no sé si coincidiré mucho con ella, ni si iremos a la misma clase, ni siquiera sé si tenemos la misma edad.
-Sigue sin ser lo mismo.
Cuando llegaron al instituto, se presentaron en el despacho del director. Este decidió que lo mejor era ponerles en clases distintas para evitar confusiones. La secretaria acompañó primero a Nico.
Mientras recorrían el pasillo, crucé corriendo por su lado sin detenerme a mirar quien era. Nico no cabía en su asombro. Me había encontrado. No pudo ver a donde me dirigía pero lo importante era que estaba allí. Empezaba bien el día. Tenía ganas de contárselo a Javier durante el desayuno.
Al no ver a la secretaria en su mesa pensé que estaba dentro del despacho. Ni tan solo me había dado cuenta de que acababa de cruzármela en el pasillo.
Golpeé la puerta dispuesta a entrar y al ver allí a Javier olvidé por un momento lo que había ido a hacer.
-¿Mónica?- el director nos miró a ambos antes de preguntar.
-¿Os conocéis? Eso esta bien- le miramos sin saber a que se refería.-Vais a la misma clase.
-Es genial.- ¿Por qué tenía que estar tan guapo?
-¿Habías venido a por algo Mónica?
-Si, casi se me olvida. Tenga.- le entregué el formulario para apuntarme al equipo de animadoras. Las pruebas eran durante la hora del desayuno.
Gracias al director y al claustro de profesores, había conseguido pasar de curso. Habían acordado que podía presentarme a un examen escrito. Un examen en el que podría examinarme de todo. Menos mal que Isa había guardado todos sus apuntes porque eso era parte de lo que había estado haciendo durante mi recuperación. Estudiar como una loca. Si aprobaba aquel examen seguiría en octavo, sino tendría que volver a séptimo y me negaba a ello.
-Es bueno tenerte de nuevo aquí. Bienvenida.
-Muchísimas gracias.- miré a Javier y después de nuevo al director.Era hora de ir a clase.
-Acompáñalo tu misma.
Mientras caminaban por el pasillo, Javier aprovechó para darme su número de teléfono.
-Quiero asegurarme de que si vas a escaparte de nuevo, sea el primero en saberlo.
-En ese caso, toma el mío. Por si decides que quieres escaparte tú.
-Respecto a lo que me dijiste anoche…
-Me prometiste que tendrías cuidado. No faltes a esa promesa. Te lo pido por favor.
-¿Por qué es tan importante?
-Porque ya sufrí por ello.- evité mirarle a los ojos. Menos mal que ya habíamos llegado.
-¿Es aquí?
-Si. Vamos. Te presentaré a mis amigos.
Nos acercamos a la pandilla y todos le recibieron bien. Creo que en el fondo y sin que yo dijese nada, sabían que era aquel chico del que les había hablado aquella mañana en la casita de la playa.
Le invitaron a desayunar con ellos pero tuvo que negarse.
En realidad había quedado con Nico y así podría contarle las novedades, claro que eso no nos lo dijo. Simplemente dijo que no podía.
Javier encontró sitio justo detrás de mí lo cual me encantaba y atemorizaba a la vez. Sabía que si en algún momento me volvía para mirarle también la vería a ella. Sabía también que nos había estado observando y que ya había encontrado el modo de hacerme daño de nuevo.
Cuando llegó el profesor, anunció la llegada de Javier y después empezó la clase. No conseguía concentrarme. Creo que fue la hora más larga de mi vida.
La siguiente clase fue más entretenida que la anterior. Esta vez no tenía a Javier detrás de mí, sino a mi lado y Miranda no estaba allí.
Durante la hora de química, la clase se partía por la mitad y unos íbamos al laboratorio, como nosotros en ese caso y la otra mitad se quedaba en clase haciendo teoría.
La profesora nos dio a elegir. Podíamos preparar un trabajo o examinarnos. Sinceramente prefería hacer un trabajo. La química no era lo mío.
-Eso del trabajo suena bien.- dijo Javier acercándose a mí.- ¿Te apetece prepararlo conmigo?
-Llegas a esperar un poco más y te lo hubiese pedido yo.
-¿Entonces aceptas?
-Por supuesto, pero te advierto que soy un desastre. Se me da fatal.
-Tranquila. Yo me defiendo bastante bien.
-Entonces decidido.- cuando sonó el timbre cogí mi bolsa de deporte donde guardaba la ropa con la que me presentaría a las pruebas de animadora, y me volví hacia él.- Esta noche quedamos en el parque, ¿verdad?
-Ahí estaré.
-Pues hasta luego.
-Suerte.
-Gracias.
Suerte que era una de las últimas y que mientras las demás hacían la prueba podía desayunar algo. Estaba muerta de hambre.
Me había esforzado mucho por hacerlo bien y estaba casi segura de que iba a conseguirlo, por eso cuando dijeron mi nombre tardé un poco en reaccionar.
-Nos reuniremos hoy después de las clases para los ensayos.
-Perfecto. Gracias.
-Me alegra que hayas entrado. Lo has hecho genial.
-Gracias Andrea.- Andrea era la capitana de las animadoras y aunque apenas la conocía todo el mundo la ponía por las nubes. Aun sin tener relación con ella sabía que me caería bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario