jueves, 19 de enero de 2012

Capítulo 22

Cuando sonó el despertador a las nueve de la mañana, me levanté de golpe para no volver a dormirme y fui directa a darme una ducha.
Mientras me vestía, tuve la sensación de que tenía que hacer una llamada que no podía esperar.
Cogí el móvil y busqué el número de Raúl.
Esperé pacientemente a que hubiese respuesta al otro lado.
-¿Si?- me sabía mal tener que despertarle pero quería asegurarme de que estaba bien.
-Hola, soy Mónica. Siento despertarte pero me pareció que tenías algo que decirme.
-¿Mónica?- Javier se desperezó de golpe. Al final después de tanto hablar, se habían quedado dormidos en la cabaña. Todos menos Sebastián que prefería dormir con su chica.
-Eso he dicho.- Raúl puso el manos libres e hizo un gesto para que ninguno hablase, sobretodo Javier.
-La verdad es que si que quería hablar contigo. Estoy hecho un lío.
-Eso no me sorprende. ¿Qué ha pasado?
-Olga está saliendo con alguien y parece muy feliz.
-¿Y eso te está matando, verdad?
-Si. Todos dicen que debo decirle lo que siento, pero me aterra no saber hacerla feliz y sobretodo que no sienta todo esto cuando esté con ella. Pienso que quizá me pasan estas cosas porque ella está con otro.
-Te equivocas. Empezaste a sentir cosas por Olga antes de todo esto así que no es excusa y en cuanto a lo otro…. No sé que decirte. Se parece un poco a lo que le pasaba a Javier cuando yo estaba con Nico. Él pensaba que solo por él hecho de que Nico me hiciese reír y yo me sintiese bien a su lado significaba que era lo que yo quería. Sin embargo yo sabía que no iba a amar a Nico como él se merecía y que mi corazón solo le pertenecía a Javier. A ti te pasa lo mismo. Crees que porque ese chico la contiene, la hace feliz, es suficiente. Olga no le ama. Arriésgate. Vale la pena.
-¿Por qué no vuelves ya?
-Aun voy a quedarme unos días por aquí. Hoy tengo planes con Nico. Estoy encantada.
-Ya se te nota.
-¿Ha pasado algo más?
-No. Tú asegúrate de volver a tiempo para el baile. Seguramente tendrás que ser mi pareja.
-Será un auténtico placer- los cuatro amigos sonrieron.- No te preocupes. Todo irá bien. He aprendido algo durante el viaje. Me lo enseñó un chico que conocí en el tren.
-¿Un chico?- Javier se alarmó, pero como no podía decir nada, Raúl lo hizo en su lugar.
-Si, es genial. Se llama Tony.
-¿Y ha pasado algo entre vosotros?- aquello ya estaba empezando a mosquearme. Me pregunté si Raúl estaría solo o si con él, había alguien a quien yo no deseaba ver ni oír nunca más.
-Si, y ha sido… no tengo palabras- hubo durante unos pocos segundos un silencio absoluto. Ya no tenía ninguna duda.- Puedo oír como te rechinan los dientes. No esperaba que intentaseis algo o que os pusierais de su parte.
-No es lo que crees. De verdad.-dijo Javier al fin.
-No quiero saberlo. No quiero saber nada de ti nunca más. Olvídate de mí- y colgué.
Cuando Nico llamó a la puerta tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
-¿Qué te pasa?- le conté como pude lo ocurrido y me sonrió.- Deberías hablar con él.
-¿Te has vuelto loco? No quiero volver a oír su nombre.
-¿Estás segura? ¿Esa es tu última palabra?- me quedé callada. ¿Realmente era lo que quería?- Espera a regresar primero y después toma una decisión. Ahora estás enfadada y dolida. Date tiempo.
Asentí y Nico me rodeó con el brazo.
-Tú siempre sabes que decir.
-Lo intento. ¿Lista para animarme?
-Siempre estoy lista para eso. ¿Vendrá la chica de anoche?
-Seguramente. No se pierde ningún partido.
-Me apuesto una cena a que de este no se va a olvidar.
-¿Qué estas tramando?
-Le van a llegar los dientes al suelo de la envidia que le vamos a dar.


-¿Cómo ha podido saber que él estaba aquí?- preguntó Raúl señalando a Javier, quien se había sentado y ocultaba la cara entre las manos.
-Es demasiado lista.
-Y me sigue odiando. Ahora sé que no tengo nada que hacer. Ya hay otro tío en su vida. Ya la habéis oído. Es genial.
-¿Y ya está? ¿Te rindes?- Dani estaba indignado.- Mónica no se rindió nunca. Lo afrontó todo con tal de estar contigo, ¿y tú vas a rendirte porque haya otra persona?
-No puedo rendirme. No quiero perderla sin pelear antes.



De camino al partido, me sonó el teléfono. Temía mirar pero era Tony.
-Hola princesa.
-Buenos días. ¿Cómo estás?
-Se me hace raro no verte. ¿Qué vas a hacer hoy?
-Voy a pasar el día con Nico. Ha prometido divertirme.
-Lástima. Quería verte.
-Sino tienes nada que hacer mañana podemos quedar.
-Perfecto. Hasta mañana y que te diviertas.
-Muchas gracias.
-¿Quién era?
-Un amigo- decidí no pensar en la posibilidad de que Nico estuviese intentando controlarme para después contárselo a su hermano, más que nada para evitarme más disgustos. Ya había tenido bastante con Raúl. ¿Cómo había podido?
-Es aquí. Creo que ya deben estar todos dentro.- llegamos a lo que era su instituto. Al parecer jugaban allí.
Al llegar al campo, sentí todas las miradas puestas sobre nosotros.
Vimos a Adriana en el centro del campo hablando con uno de los chicos del equipo. Bueno, coqueteando mas bien.
-Vaya, ¿así que tú eres la chica de la que todos hablan?
-¿Y que dicen?- quise saber. Nico se mantuvo a mi lado y Adriana al lado del otro chico con una sonrisa superficial en los labios.
-Comentan que salís juntos.
-¿Y cual es el problema?
-Solo digo que puedes ser una distracción para nuestro jugador número uno.
-No hace falta que te preocupes por él. Deberías preocuparte de jugar bien tú en lugar de pensar en si acabarás hoy en la cama con ella- dije volviéndome hacia Adriana, a quien no le hizo ninguna gracia. Nico en cambio, rompió a carcajadas.
-No hace falta ser tan bruja- dijo Adriana mientras se enroscaba el pelo con el dedo.
-No he venido a quitarte el papel protagonista. Vine a animar a mi chico. Vamos cariño.
Nico seguía riendo a carcajada limpia hasta mucho después de dejarles atrás.
Tras presentarme a sus amigos y al resto del equipo como su novia, para no decir una cosa a unos y otra a otros, me hice a un lado mientras se acercaba el equipo contrario.
Me subí a las gradas y esperé pacientemente a que empezase el partido.
Cuando llevaban quince minutos de juego, no pude más y bajé hasta el campo, como hacía cuando era animadora.
-¡Ánimo Nico, tú puedes! ¡Eres genial cariño, sigue así!
Para que lo sepáis era totalmente consciente de cómo le rechinaban los dientes a Adriana, lo que me motivó aun mas.
Cuando marcó el primer gol, vino corriendo hacia mí, dudó un momento y después me plantó un beso en los labios, lo que provocó que la bruja acabara por marcharse.
Una vez acabó el partido, Nico me pidió que les esperase para ir a tomar algo con sus amigos. Habían empatado.
-Seguro que se han animado solo con verte- bromeó uno de los chicos.
-Esa es mi maldición. Cuando animo todo el mundo se da por aludido- contesté guiñándoles un ojo.
-No te muevas de aquí y si alguno de los del otro equipo se te acerca, le pegas un puñetazo.
-No hace falta ser tan agresivo. Ya tengo planes con vosotros y no voy a echarme atrás.
-Esa es mi chica.
-Sin contar que irías a por cualquiera que intentase algo conmigo.
-Cierto- puso los ojos en blanco y sonrió.- No tardamos nada.
-Ve a ducharte de una vez.
Mientras esperaba saqué el móvil del bolso. Me extrañaba un poco que Javier no me hubiese mandado ningún mensaje, aunque bien pensado me daba igual.
Lo que me dolió fue que Raúl no lo hiciese. Quería saber que hacía con Javier.


Los amigos de Nico eran geniales. Todo lo contrario de lo que parecían a simple vista.
Al final de la tarde, tras comer con ellos y todo, terminamos confesando que no éramos pareja.
Todos se sorprendieron mucho pero prometieron no decírselo a nadie, y menos a Adriana.
-¿Jugáis muy a menudo?
-Solo de vez en cuando. Alguna vez nos sale algún partido como el de hoy, pero normalmente vamos a tomar algo, a la playa o simplemente a pasear por ahí.
-Y a conocer chicas- dijo uno de ellos.
-¿Queréis decir que vais a ligar?- me gustaba tomarles el pelo. Era divertido ver como se sonrojaban.- ¿Y cuantos de vosotros tenéis novia?
Ninguno levantó la mano, lo cual me sorprendió. Eran buenos chicos y además monísimos.
-¿Tenéis algún plan para esta noche?
-Quique tiene una pequeña buhardilla donde nos reunimos a menudo y organizamos pequeñas fiestas.
-Fiestas a las que solo asistimos nosotros.
Antes de seguir , dejad que os presente a los amigos de Nico.
Primero está Quique. Es pelirrojo y tiene la cara llena de pecas.
Después está Rafa. Rafa es alto y moreno y tiene una sonrisa perfecta.
Salva es mi favorito, sin contar a Nico claro. Salva es cariñoso y muy divertido. Me recuerda un poco a Luis.
Y por último está Vicente.
Quizá es el más independiente. Se mantiene un poco al margen de todo.
Por cierto, el cretino que me había dicho que yo podía ser una distracción para Nico, se llama Jesús. Chus para los amigos, si es que tenía alguno.
-¿Os gustaría dar una está noche? Me gustaría conocer esa buhardilla.
-Espero que no seas alérgica al polvo. Es casi inaguantable.
-Hagamos un trato. ¿Si yo consigo que vengan chicas a la fiesta, prometéis limpiarla? Prometo ayudar.
-¿Conseguirías chicas?- preguntó Vicente, sociable de pronto.
-¿Lo haréis?
-Lo haremos- dijeron a la vez.
-Entonces ahora vuelvo.- me acerqué a una mesa en la que habían solo chicas para comentarles la idea.- Hola, ¿Qué tal? Veréis, estamos organizando una pequeña fiesta para reunir un poco de dinero para los chicos del equipo de fútbol. Los pobres se han quedado sin uniformes y sin fondos.- al principio no parecían muy interesadas así que seguí un poco más.- Están tan desanimados que pensé que lo mejor era intentar subirles la moral un poco.- Me volví hacía la mesa en la que estaban ellos y las chicas hicieron lo mismo.
-¿Dónde es la fiesta?
-Tenemos una pequeña buhardilla pero sería genial que pudiese venir mucha gente.
-Si la organizarais en la playa se podría hacer. Solo necesitáis el permiso del alcalde. Yo puedo intentar conseguirlo.
-Sería genial. Contra más gente mejor.
-Entonces decidido- dijo la chica.- Yo hago los trámites y te llamo. ¿Te parece?
-Claro.- intercambiamos los teléfonos y seguidamente se fue con sus amigas y yo volví a la mesa con los chicos.
-Parece que tramas algo.- dijo Nico con una sonrisa.
-Creo que vamos a tener fiesta. ¿Conocéis a la chica con la que hablaba?
-Creo que es la hija del alcalde. He oído por ahí que siempre está organizando algún evento.
-Entonces parece que he hablado con la persona indicada.
-¿Y bien?- preguntó Vicente con ironía.- ¿Qué has conseguido?
-Pues si todo sale bien, no tendréis que limpiar la buhardilla esta tarde.
-¿Entonces?- preguntó Rafa. Recibí un mensaje y lo leí antes de enseñárselo.
<<CONSEGUIDO. FIESTA EN LA PLAYA. YO ME OCUPO DE TODO. TU TRAE A LOS CHICOS.>>
-¿Qué le has dicho exactamente?- quiso saber Nico.
-Bueno, tuve que mentir un poco. Antes cuando llegamos, me fije que le había dado dinero al hombre que había en la entrada pidiendo y además deja buenas propinas así que le dije que necesitabais uniformes y no se ha podido resistir.
-Eres terrible. ¿Lo sabes verdad?
-Pero si estáis encantados.
Dos horas después nos llegó a los oídos que se organizaba una fiesta en la playa para recaudar fondos para los uniformes del equipo de fútbol del instituto. Esa chica se había dado prisa en correr la voz.
-¿Creéis que después de esto vendrá alguien a vernos jugar?-preguntó Salva emocionado.
-Veremos a cuantos seguidores conseguimos en la fiesta.- le respondió Vicente.
Parecía que estaban todos impacientes para que llegase el momento de la fiesta.
Cuando llegamos nos asombró comprobar que realmente estaba todo preparado.
La chica responsable de ello, que por cierto se llama Alicia, se acercó a nosotros entusiasmada.
Nico se había encargado de llamar al resto del equipo y ya estaban todos allí.
-Esto es un éxito. Ha venido muchísima gente.
-Gracias por hacernos este favor. Significa mucho para los chicos.
-¿En realidad- preguntó con una sonrisa- no es para el equipo, cierto?
-Miento muy mal. Perdona. Podemos donar el dinero de todos modos. Ellos querían una fiesta en la que acudiese mucha gente. Yo solo quería poder dárselo. 
-No te preocupes. Tu secreto esta a salvo. Me encanta poder hacer esto y al fin y al cabo se trata de recaudar dinero.
-Eso es.
-Además, apuesto a que más de uno se irá con pareja de aquí. Salvo ese- señaló a Chus que estaba junto a la hoguera.- Desde que ha llegado que no se separa de Miss Cádiz- señaló a Adriana que estaba acercándose a mis chicos.
-Perdona, pero tengo que salvar a los chicos de la bruja mala.
-¿Necesitas ayuda?
-Si a tus amigas y a ti no os importa sería perfecto que me siguierais el juego.
Me presentó a sus amigas. Marta, Sara y Rebeca.
Las cuatro accedieron a ayudarme a separar a Adriana de los chicos.
Nos acercamos a ellos y tal y como yo había echo con Nico, ellas lo hicieron con Quique, Rafa, Salva y Vicente.
Adriana desapareció a los dos minutos. No debía soportar muy bien que los chicos se fijasen en otra chica que no fuese ella.
Cuando se fue, los diez nos echamos a reír.
Pasamos el resto de la fiesta juntos y podía ver como Adriana se mordía las uñas de la envidia.
Hubo un momento en el que la vi hablando con Chus mientras él le entregaba un vaso lleno hasta el borde de bebida, y casi sin darme cuenta, estaba frente a mí arrojándomela por encima.
Me quedé tan sorprendida que no reaccioné, pero los chicos si y no le dijeron nada agradable. Sin embargo, a los pocos segundos, rompí a reír.
Adriana se quedó de piedra, pues no entendía mi reacción.
Ella, en mi lugar, se habría puesto echa una furia.
Nico se sacó la chaqueta y me la puso por encima para que no cogiese frío. Los chicos me rodearon y Alicia y sus amigas se plantaron frente a Adriana.
-Esta fiesta no es para ti. Márchate. No eres bienvenida.
-Te arrepentirás de esto. Y tú también- dijo volviéndose hacia Nico y señalándole con el dedo- Ya veremos si quiero saber algo de ti cuando ella  se canse de ti y te deje.
-No creo que tengas que preocuparte por eso. Tengo intención de que dure mucho tiempo.- dije yo.
Si por un momento había creído que podía intimidarme, acababa de dejarle claro que se estaba equivocando de chica.
Después de que se marchara, Nico me miró y yo le sonreí.
Tras eso, me abrazó.
-Aun no entiendo como pudiste fijarte en ella.
-Ya te lo dije. Estaba desesperado. Necesitaba algo totalmente opuesto a ti.
-¿Pero tanto? ¡Que horror!
-Quería olvidarte. Eso es todo. Ahora sé que es inútil- se sentó sobre uno de los troncos que había cerca de la hoguera y yo me senté junto a él. Le cogí de la mano y le obligué a mirarme.- Yo ya sé que tú no quieres estar conmigo. No hago más que repetírmelo una y otra vez, pero no puedo evitar sentir todo esto por ti.
-Nunca te pediría eso. Creo que soy la persona menos indicada para pedir algo así, después de todo, sigo enamorada de tu hermano, a pesar de lo dolida y furiosa que estoy con él.
-Eso no me ayuda mucho, pero lo entiendo.
-Gracias- nos quedamos mirando el fuego en silencio. Parecía que ni había ruido ni gente a nuestro alrededor. Solo nosotros con nuestros pensamientos.
Media hora después los demás vinieron a buscarnos. Se habían echo buenos amigos de Alicia y sus amigas. Seguro que aquello no terminaría allí.
Aquella noche, bailamos los unos con los otros, reímos e intentamos olvidar todo lo malo. Diría que no lo conseguimos, pero lo intentamos con muchas ganas y la bebida nos ayudó un poco.
Volví al hotel de madrugada. Nico me acompañó para dejar un poco de intimidad a los otros seis.
-Al final resultará que seré el único sin pareja.
-Deberías alegrarte por ellos. Les irá bien tener a una chica que les anime durante los partidos.
-¿Y que hay de mi? ¿Quién me animará a mí cuando tú te vuelvas?
-¿Quieres que te busque a una novia?- me detuve frente a la entrada del hotel y me volví para mirarle.
-A menos que tengas a una hermana gemela escondida en algún rincón del mundo, paso.
-Lo siento, pero soy hija única.- en realidad no era exactamente una hermana lo que tenía, pero preferí no mencionar a Chloe de momento. Nico necesitaba aun algo de tiempo y de todos modos Chloe estaba de viaje por ahí... Hacía casi un año que no sabía de ella.
-Entonces no. No me imagino con otra persona- miró hacia el hotel y después a mí.- ¿Quieres que te acompañe hasta arriba?
-No creo que sea una buena idea. Hemos bebido y eso acostumbra a traer problemas. Me da miedo que cometamos un error.
-Si. Eso sería. Un error.- me preguntaba si había algo que Nico no me había dicho. Algo acerca de su hermano.
-Sube.
-¿Por qué me pides eso si acabas de decirme que no es buena idea?
-Porque he bebido y porque ya estoy harta de hacer siempre lo correcto.
-¿Qué quieres decir?
-Si tiene que pasar algo entre nosotros ocurrirá de todos modos subas ahora o no. No veo porque deberíamos esperar.
-No creo que sea eso lo que quieres de verdad- cada vez me parecía mas sospechoso, pero estaba cansada, mareada y había bebido. No quería pensar.
-Tienes razón- me miró sorprendido- No es lo que yo quiero. Buenas noches.
Le besé en la mejilla y me alejé. Tenía ganas de caer sobre la cama y dormir del tirón.
Por primera vez en la vida hice algo que jamás hubiese echo. Ni siquiera me desvestí. Me quedé dormida con la ropa y los zapatos puestos.
A la mañana siguiente, cuando sonó el teléfono apenas podía abrir los ojos. Me molestaba el ruido, la luz, hasta mis propios pensamientos.
-¿Diga?- conseguí preguntar finalmente.
-Menuda voz. ¿Qué hiciste anoche?
-Fuimos a una fiesta en la playa.
-¿La que hicieron para reunir dinero para el equipo de fútbol?
-Si.
-Pues no te vi. Me pasé por allí un rato pero no tardé en marcharme.
-Pues yo era a la que le tiraron una cerveza fría por encima.
-¿Y eso?
-Es lo que tienen los celos.- Le conté toda la historia, lo que le dejó asombrado.- Tengo una resaca terrible.
-Había pensado en llevarte por ahí pero me da miedo sacarte a la calle. ¿Quieres que vaya y nos quedamos en la habitación viendo pelis?
-Vale, pero dame una hora para despejarme.
-Perfecto. Hasta ahora.
-Adiós Tony- me quedé un rato más en la cama, cubriéndome la cabeza con las mantas para que no me molestase la luz y después me levanté para correr las cortinas, bajar las persianas y darme una ducha. Una vez hecho eso me sentía como nueva. Si no sintiese la cabeza a punto de estallar…
Tony llegó puntualmente una hora más tarde. Al entrar, miró atentamente la habitación.
-Si no supiese que tienes resaca pensaría que estás intentando crear un ambiente romántico.
Hice una mueca de disgusto solo al pensar en lo que me dolía la cabeza.
-Estoy fatal. Tengo el estómago al revés.
-Te he traído una aspirina, pero tienes que comer algo antes.
-La sola idea ya me provoca nauseas.
-Ya, pero es lo que tienes que hacer. Llama al servicio de habitaciones y pide que te suban algo, aunque sea una ensalada de frutas.
-Vale- arrastré los pies hasta el teléfono y llamé para hacer el pedido. Lo cierto es que si que tenía un poco de hambre.- ¿Ya estás contento?
-Si. Ahora ven aquí y dame un beso. Te he echado de menos. He vuelto locos a mis abuelos hablándoles de ti.
-Yo también me acordé de ti. Ojala te hubiese visto en la fiesta. Me hubiese gustado.
-Ya tendremos oportunidad de hacer algo juntos- el servicio de habitaciones no tardó ni media hora en traer mi pedido. Estaba encantada y la ensalada estaba deliciosa.- Da gusto verte comer. Hay una cosa en la que he estado pensando y quiero que seas totalmente sincera conmigo.
-¿Qué es?- yo estaba sentada sobre la cama, con las piernas cruzadas mientras devoraba la ensalada.
-¿Pensaste en lo que te dije de ir juntos al baile?
-No. Lo olvidé.
-¿Y lo pensarás ahora?
-Me encantaría, en serio, pero no estoy preparada. No quiero hacer nada que pueda estropear esto tan lindo que tenemos.
-Nada puede estropearlo. Nos besamos y seguimos siendo nosotros mismos. No ha cambiado nada.
-¿Seguro que no?
-Lo único distinto en mi vida eres tú y quiero que sigas en ella. Estoy convencido de que puede salir bien.
-Deja que lo piense.- me miró enarcando una ceja.- Prometo pensarlo esta vez.
-Bien, porque me han llamado para hacer otros dos viajes y volvería hacia la semana que viene.
-¿Cuándo te vas?
-Mañana.
-¿Así de improvisto?
-Quería hablar primero contigo pero estabas ocupada.
-Bueno, tú ya has aceptado así que yo no puedo decir nada.
-Solo dime si cuando haga el viaje de vuelta debo para en tu ciudad o seguir en el tren.
-Me encantaría tenerte allí, no solo con motivo del baile, pero aun tengo la cabeza echa un lío y no puedo darte una respuesta sin pensarlo antes.
-Esperaré una semana. Te llamaré en cuanto consiga cobertura y espero una respuesta.
-Me parece razonable.
-Entonces, una vez aclarado este punto, ya podemos poner una película.

No hay comentarios:

Publicar un comentario