domingo, 1 de enero de 2012

Capítulo 04

Y pasaron diez largos meses. En este tiempo finalmente salí del hospital y pude volver a mi casa con los míos. También es cierto que me tenían más controlada. Solo tengo que deciros que Clara y Sebastián se pasaban allí horas conmigo contándome todo lo que habían hecho durante el día, lo cual me parecía increíble.
Ellos apenas pudieron estar conmigo cuando estaba en el hospital porque tenían muchas cosas que preparar para la boda.
Ambos habían insistido en aplazarla pero yo me negué. No solo porque yo lo estuviese pasando mal significaba que el resto de mis amigos no pudiesen seguir adelante y además, me llamaban tres o cuatro veces al día.
También parecía que Olga y Raúl habían hecho las paces. De hecho creo que acordaron no volver a mencionar el tema, aunque los sentimientos de ella no cambiasen nunca, la cuestión era que quizá los de él si lo hubiesen hecho. Lo único que Raúl sabía, era que debía hablar conmigo y resolver lo que fuese que le quemase por dentro.
Yo, por mi parte, había decidido que disfrutaría de lo poco que quedaba de verano a tope con aquellos a los que tanto quería.
Quedé con la pandilla en nuestro refugio. Era una pequeña casita de madera que mi padre había hecho construir cuando era pequeña para que jugara allí con mis amigos.
La casita en cuestión estaba detrás del parque de la ciudad y siempre nos reuníamos allí para hablar de nuestras cosas.
Me puse un vestidito blanco y sin mangas que había enterrado en el fondo de mi armario y unas sandalias planas del mismo color.
Me recogí el pelo en dos coletas y así salí a la calle. Respiré hondo y corrí hacia el lugar de encuentro. Luis fue el primero en llegar. Al parecer ya tenía pensado hablar conmigo a solas.
-No sabes como me alegra verte.
-Y a mi verte a ti.
-¿Cómo estás?
-Creo que bien. Lo estoy intentando.
-Eso es lo que realmente importa.- me rodeó tan fuerte con los brazos que por un momento tuve la sensación de estar abrazando a uno de mis ositos de peluche.- Estaba muy preocupado.
-Creo que nadie pensaba que saldría de esta. Creo que ni siquiera yo pude ver la luz al final del camino hasta mucho después de lo que todos esperaban.
-La verdad es que creo que a muchos de nosotros nos faltó poco para perder la esperanza.
-Ahora estoy bien. Soy la misma de antes, solo que esta vez, si vuelve a ocurrir, si me vuelvo a enamorar, lo haré bien. Será el de verdad.
-¿No eres un poco joven para pensar en el hombre definitivo?
-¿Por qué? Al fin y al cabo siempre he creído en él. La próxima vez le conoceré en algún lugar fuera de las paredes del instituto, por si acaso.
-Como me alegro de que estés mejor.
-Y yo. ¿Qué están haciendo los demás que no llegan nunca?
-Ya están en la cabaña. No te dije nada cuando viniste porque primero quería que hablásemos. Lo que yo decía.
Andamos hasta la cabaña hablando un poco de todo, cuando de pronto me vi llena de confeti. No tenía ni idea de donde había venido ni el porque hasta que oí a mis amigos reírse.
Cuando había pasado poco más de una hora noté que algo había cambiado también. Todos estaban mucho más unidos que antes.
Me explicaron que con lo ocurrido habían comprendido que no podían distanciarse. Debían permanecer juntos para cuando alguno de nosotros necesitase a los demás. Eran tan buenos que me daban ganas de estrujarles a todos.
Dos horas más tarde, salí a tomar el aire mientras ellos seguían hablando sin parar. Parecía que no se cansaban. Sonreí para mi misma. Me encantaba tenerles como amigos. Si nunca había dudado de ellos, ahora sabía que jamás lo haría.
El ladrido de un perro me devolvió a la realidad. Se había acercado a mí y me agaché para acariciarle.
No sé si ya lo había mencionado antes, pero me encantan los perros. Yo tengo una. Es un dogo alemán y se llama Hailey. Es un nombre un poco raro para una perra pero me encanta porque no es nada común.
-¡Hobbie!- de pronto apareció un chico corriendo. Supuse que era el dueño del perro.
-¿Es tuyo?- noté que ponía especial interés en mí, lo cual me sorprendió porque en sus ojos se reflejaba la sorpresa.
-Si. ¿Te ha hecho algo?
-No. Solo lo estaba acariciando.
-¿Y se dejó?- ahora ya sabía porque se había sorprendido.
-Pues sí- seguí acariciándole mientras él movía la cola contento.
-Increíble.- me volví hacia él y le sonreí.
-Se me dan bien los animales.
-Está claro que le has gustado.- lo que yo no sabía era que al dueño también.
-Me alegro. Él también me ha caído muy bien.
-Mónica, ¿vienes?- Luis se había asomado a la ventana al ver que tardaba tanto.
-Voy enseguida. ¿Quieres entrar?- le pregunté volviéndome hacia él.
-Lo siento pero no puedo. Acabo de mudarme y todavía me queda mucho por sacar de las cajas.
-No pasa nada.- ¿Por qué me desilusionaba? Me agaché de nuevo al lado del perro y me despedí de él.- Espero verte pronto.
-Adiós.
-Adiós.- les vi alejarse y me puse de nuevo en pie. Me pregunté si volvería a verle.
-Vaya vaya. Que interesante.
-¿A que te refieres?
-Nada, cosas mías.- y desapareció al interior de la cabaña.
No entendía nada. Cuando entré de nuevo en la cabaña, Luis no dejaba de mirarme con una sonrisa. Me senté a su lado esperando a que me contase que era lo que le hacia tanta gracia.
-¿No te has dado cuenta de cómo te miraba?
-En realidad no.
-¿Y tampoco te has dado cuenta de cómo le mirabas tú?
-¿Qué estás intentando decirme?
-Que es él. Fuera de las paredes del instituto, ¿recuerdas?
-No estás hablando en serio.
-Claro que sí.
-Ahora no puedo.
-Si puedes. Si no quieres es una cosa, pero no te mientas a ti misma diciendo que no puedes.
-No se te puede esconder nada.
-Ya sabes que no.
Y así quedó la cosa.
Al llegar a casa aquella tarde corrí hacia mi cuarto, cerré la puerta y cogí mi diario.

07 de agosto
Querido diario:
No se como empezar a contar esto, pero siento que debo hacerlo para sacármelo de dentro.
No es nada malo, pero bueno, ahí va.
Hoy conocí a alguien. Después de todo lo que me pasó no creí que volviera a sentir esto.
Me pareció relindo. A su lado me sentí otra persona. No estuvimos mucho rato juntos. Seguramente no fueron más de cinco minutos pero me muero de ganas de volver a verle.
Por otra parte, la pandilla estuvo genial. Hacia tanto que no estaba así con ellos…
Como extrañaba todo esto. Se han portado todos tan bien conmigo.
También es cierto que hacia mucho que no te escribía nada.
No consigo sacármelo de la cabeza…
Bueno, voy a ver si ceno algo y después iré con Hailey a dar una vuelta.
¿Te imaginas que vuelva a verle? También tiene un perro.



Lo cierto era que no tenía más remedio que darle la razón a Luis. Incluso mientras cenaba con mis padres no podía dejar de pensar en él. A parte de la sorpresa, había visto algo más en sus ojos. Algo que me encantaba.
Hailey vino a buscarme para recordarme que debía sacarla a pasear. Con todo lo ocurrido hacia mucho que no lo hacía y a mí también me apetecía mucho estar a solas con ella como solía hacerlo hace tiempo.
Prácticamente me llevó a rastras hasta el parque. Nunca había tirado de mí con tanta fuerza, pero cuando llegamos al parque comprendí que había un motivo. Él estaba allí. El chico de aquella tarde.
Solté a Hailey para que corriese e hiciese lo que había venido a hacer y me acerqué a él o por lo menos lo intenté porque su perro vino corriendo hacia mí de nuevo lo que llamó la atención del dueño.
-Hola precioso.- jugué un rato con él esperando a que Hailey no se sintiese celosa, lo cual no pasó ya que iba completamente a la suya. La llamé para que se acercara y quizá jugasen un poco los dos.
-Hola de nuevo.- hizo ademán de levantarse del columpio en el que estaba sentado, pero al sentarme yo en el que había a su lado no lo hizo.
-He estado pensando en ti.- a pesar de la oscuridad, se sonrojó y yo me reí.- Eres un chico tímido.
-Si, lo soy.
-Es bueno saberlo.
-¿Y tú? ¿Lo eres?
-No lo sé. Tendrás que ponerme a prueba.
-¿Y como lo hago?
-Seguro que se te ocurre algo.
-¿Vienes aquí todas las noches?
-Antes sí, pero hacia tiempo que no lo hacia.- mi mirada se ensombreció un instante.- Pero me alegra haber elegido hoy para volver, así he podido verte de nuevo.- esta vez me reí con más ganas cuando volvió a sonrojarse.
-¿Te gustaría que quedáramos para pasearlos cada noche?- ahora era yo la que se había sonrojado.- Lo he conseguido. Te has sonrojado.
-Que va…- menuda vergüenza.
-Dime que aceptas.- ¿Había dicho él aquello? Quizá no era tan tímido como parecía.
-Claro que acepto. Solo me estaba haciendo la misteriosa.
Cuando me sonrío creí que me caía del columpio. Que sonrisa más linda.
Miramos a los perros y habían hecho buenas migas. Daba lástima tener que separarles pero se estaba haciendo tarde y al día siguiente había quedado a primera hora con Clara para ir a ver donde vivían ahora. Hacia tiempo que se habían mudado pero con todo…
La verdad es que ahora que lo pensaba, no me parecía tan grave, al fin y al cabo Santi y yo solo empezábamos, pero también tenía que admitir que estaba muy enamorada. Y ahora estaba muerta de miedo porque aquel chico…
Por cierto… ¡Olvidé preguntarle su nombre!
No podía creer que hubiese sido tan estúpida. ¿Cómo podía haber olvidado algo así? Estaba segura de que él ya sabía como me llamaba yo, pues había escuchado a Luis llamarme aquella tarde en la cabaña. Ojalá me acordara de preguntárselo a la noche siguiente.


Aquí estoy de nuevo. Ya volví. No sabes lo que tengo para contarte. Le volví a ver. Yo tenía razón. Me pareció que estaba más lindo que antes. ¿Y sabes que más? Vamos a quedar todos los días para pasear a nuestros perros. Me hubiese encantado partirle la boca de un beso pero prefiero esperar a ver que ocurre entre nosotros.
De momento ya me ha devuelto las ganas de sonreír.
Tiene una sonrisa… En fin, me voy a dormir. Hasta mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario