A medida que pasaba la tarde, el ambiente ya no estaba tan tenso.
No quería ir a ningún sitio sin haber hablado con ellos uno a uno y saber que les pasaba.
Luis y Dani estaban preocupados por el baile.
Después de que Olga decidiese ir con otro no hacía más que augmentar su preocupación, sobretodo porque tanto Isa como Lidia estaban más distantes con ellos. ¿Y si ellas decidían hacer lo mismo que Olga?
Me explicaron que habían tenido una conversación con Sebastián y lo que él les había dicho. Estaba de acuerdo.
Raúl fue algo más complicado. El problema es que dudaba que fuese consciente de lo enamorado que estaba de Olga. Saber que había otro no facilitaba nada las cosas. Suerte que aun no sabía de quien se trataba.
-Ella parece muy feliz.
-Pero tú no lo eres y sinceramente pienso que ella tampoco. La felicidad no es algo tan fácil de conseguir.
-Te pido perdón.
-¿Tú a mí? ¿Por qué?- aunque sabía el motivo.
-Cuando me llamaste…
-No importa- no quería que continuará. No deseaba recordarlo porque había cosas mucho más importantes que eso.
Tras hablar con ellos, les tocó el turno a las chicas.
Lidia e Isa estaban bastante confundidas también.
El echo de que Olga fuese al baile con Santi y el modo en el que se comportaba Raúl les daba que pensar.
¿Por qué Luis y Dani no expresaban sus sentimientos del mismo modo?
-Lo cierto Isa es que de ti no me sorprende porque siempre he pensado que Luis era más que un amigo para ti, pero si que me sorprende en ti Lidia. Siempre dices que estás harta de que Dani esté continuamente sobre ti proclamando a los cuatro vientos lo que siente y ahora que no te hace caso, ¿te quejas?
-Dios mío… es cierto.- se levantó y se acercó a la ventana para mirar hacia fuera. Los chicos estaban ahí, hablando. Miró a Dani atentamente. ¿Acaso estaba empezando a sentir algo por él?
-¿Y tú que?- miré a Olga.
-Yo sigo tan tonta como siempre. ¿Por qué me sale todo mal?
-Las personas nos equivocamos a veces cielo.
-¿Por qué se sufre por amor? ¿Por qué no podemos ser felices sin sufrir?
-De este modo valoramos más las cosas. Es triste pensar que sin sufrimiento no hay amor pero es así. Una cosa a cambio de otra.
De este modo, todos terminaron perdonándome. Ahora solo tenía que hablar con Clara y Sebastián.
Decidí llamarles. Sebastián fue quien me contestó. Clara no se encontraba bien.
-¿Te parece bien si vengo a veros?
-Seguro que eso la pone contenta.
-Entonces no tardo nada- al subirme al coche para ponerlo en marcha oí unas voces que venían de no muy lejos. Unas voces que conocía muy bien. Me sabía mal por Nico, pero pisé a fondo el acelerador.
Llegué a casa de Clara y Sebastián en un tiempo récord.
Me bajé del jeep y me acerqué a la puerta de entrada para llamar al timbre. Sebastián no tardó en abrirme.
-Me alegra verte- dijo tras abrazarme y darme un beso.- Pasa. Está en la cama.
-¿Qué le pasa?
-Parece ser que es una de esas gripes estomacales. Tiene que beber mucho líquido.
-¿Puedo verla?
-Claro. Voy a preparar un poco de te.
Subí las escaleras hasta el piso superior y entré silenciosamente en la habitación mientras recordaba mi primera vez en aquella casa.
Apenas hacía un día que conocía a Javier y Lidia me invitó a pasar el verano con la pandilla en la playa. Tuve que escribirle una carta y pedirle a Clara que se la entregase por mí.
La habitación olía a vómito pero yo seguí acercándome a ella y me senté en la cama. Clara abrió los ojos y me sonrió.
-Estás horrible- en realidad estaba preocupada.
-Tú tampoco estás como para tirar cohetes.- estaba pálida y tenía los ojos tristes y cansados.
-Estoy muy enfadada contigo.
-Lo sé.
-¿Cómo pudiste marcharte como si nada y dejarnos aquí?
-Lo siento- ¿Qué otra cosa podía decir? Ella tenía razón.- Ahora no es el mejor para que te metas conmigo. Debes descansar.
-Quédate esta noche. Sebastián tiene clase y no quiero que falte.
Además, es capaz de pedirle a mi madre, o peor aun,- dijo horrorizada- a la suya para que venga a cuidarme.
-Me quedaré.
-Bien, porque hay muchas cosas de las que tenemos que hablar.
Se incorporó de golpe y devolvió posiblemente lo único que había podido comer.
Los amigos debemos estar cuando se nos necesita.
Yo había cometido un error. No estar a su lado cuando era necesario pero corregiría ese error y si tenía que sujetarle el pelo mientras devolvía, lo haría.
Por fin llegó a su destino. Era la primera vez que se bajaba en esa estación. Ahora solo tenía que buscar un lugar en el que quedarse.
Se acercó a la parada de taxis y pidió que le llevasen al hotel más cercano. Una vez instalado, ya se ocuparía de hacer las llamadas pertinentes.
Dos horas después de conseguir habitación, instalarse, darse una larga ducha caliente y vestirse de nuevo, me llamó.
Apenas había dormido. Me había quedado despierta toda la noche para controlar a Clara y de paso ponernos al día.
-Estoy en tu ciudad. Me pediste que viniese y aquí estoy. Sé que ya tienes pareja pero por nada del mundo me perdería ese baile.
-Gracias por haber venido. ¿Dónde te alojas?- me lo dijo y dejé una nota a Clara conforme me marchaba.
Conduje hasta el hotel y justo cuando iba a entrar por la puerta, oí que me llamaban. Al volverme, ahí estaban. Los “mellis”.
No sé explicar que fue lo que sentí. No creo que fuese capaz de explicarlo con palabras.
Javier ni siquiera me miraba. Nico llevaba toda la conversación. Miró atentamente hacia el hotel y no fue necesario que preguntase. Sabía que quería decirme.
-Voy a ver a Tony. Lo siento Nico pero me está esperando.- le besé en la mejilla y desaparecí tras la puerta.
-Me parece que esto se complica.- dijo Nico mirando a su hermano que observaba la puerta del hotel con una sonrisa.- No creo que estés en posición de tomártelo con tanta calma.
-Esta preciosa, a pesar de que se nota que apenas ha dormido. Cada vez que la veo…
-Incluso cuando ayer pasó a toda velocidad con el coche.
-Si- ambos se miraron y echaron a andar en silencio.
Ninguno percibió a una tercera persona que no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Sonrió una vez más. Había estado en lo cierto al pensar que nos había separado sin haber estado presente.
Sin embargo, nada haría que cambiase de parecer. Se vengaría. Nadie, y menos aun yo, volverían a humillarla nunca.
Llamé un par de veces a la puerta antes de que Tony me abriese. Me acerqué a él para darle un abrazo cuando de repente me plantó un beso en los labios.
-Menudo recibimiento- dije un poco incómoda.
-El viaje en tren no es lo mismo sin ti. Tenía muchas ganas de verte.
-Yo también a ti.- Tony consiguió que volviese a sentirme cómoda sin hacer apenas nada. Eso era lo que me gustaba en él, y sin embargo, mi corazón seguía perteneciéndole a otro.
Pasamos juntos toda la tarde. Por la noche me pidió que fuésemos a por Hailey y nos comiésemos un bocadillo por ahí.
-¿Te has vuelto loco? Hace frío, ¿sabes?
-Yo no lo siento cuando tú estas cerca- puede que suene a tópico, sacado de una película romántica, pero me encantó que me lo dijese.
-Eres muy dulce.
-Y aun así sigues manteniéndote fría a mis encantos.
-Supongo que no tengo remedio.
Llegamos a mi casa y le pedí a la madre de Clara que nos preparase un par de bocadillos mientras presentaba a Tony a mis padres.
Tras coger a Hailey, subimos de nuevo al coche y conduje hasta la playa.
Podríamos haber ido al parque, e incluso a la cabaña, pero no quería arriesgarme y encontrarme a Javier de nuevo.
Al llegar, solté a Hailey para que corriese libremente mientras nosotros la seguíamos.
-Se esta bien aquí.
-Si. Pensaba que haría más frío. Estoy sorprendida.
-¿Por qué apenas hace frío?
-No. Aun no puedo creer que estés aquí. Pensé que no vendrías.
-Tenía demasiadas ganas de estar contigo como para no venir.
-Realmente eres muy amable.
Tony puso una manta que habíamos traído con nosotros sobre la arena y nos sentamos. Hailey se sentó a nuestro lado.
-¿Es genial poder sentirse así de relajado, no te parece?
-Si- me rodeé las piernas con ambos brazos y miré atentamente el agua. Hacia apenas unos meses, Javier me había pedido para salir allí mismo.- Siempre he querido que mis cenizas sean echadas en un sitio como este.
-Bueno, aun falta para eso. De momento, disfrutemos de lo que tenemos.
-Estoy de acuerdo. Ten- dije dándole su bocadillo.- Comamos antes de que se enfríe.
Javier estaba en su cuarto sentado frente a su ordenador. Ni siquiera estaba concentrado en lo que hacia.
A pesar de haber sonreído ante la ocasión, detestaba la idea de que fuese a ver a otro chico, y más aun si era en un hotel.
Fijó su mirada en su teléfono móvil. La idea de llamarme o de mandarme aunque solo fuese un mensaje era demasiado tentadora.
Dejó y cogió el móvil varias veces antes de decidirse a mandar el mensaje.
Una vez escrito lo leyó una y otra vez antes de terminar borrándolo. Prefería llamarme.
Miró la hora. Las diez y media. Seguro que aun estaba despierta. Solo esperaba encontrarme a solas.
Marcó mi número de memoria y esperó pacientemente a que descolgase.
-¿Diga?- Aquella no era mi voz. Era la voz de un chico. De un chico que en aquel momento estaba conmigo.- ¿Quién es?
Tony no oía nada al otro lado. Yo me había acercado hasta el coche a por la botella de agua que me había olvidado.
-¿Quién eres?
-Eso debería preguntarlo yo. Al fin y al cabo eres tú el que llama.
-Soy Javier, el novio de Mónica.
-Me temo que ya no. Metiste la pata según tengo entendido. Ahora está conmigo.- y colgó.
Javier lo tuvo claro entonces. Al día siguiente saldría pronto de casa para ir a recogerlo. Quería tenerlo todo listo para la noche.
Cuando regresé al lado de Tony, parecía tenso.
-¿Qué ocurre?
-Acaba de llamar tu novio.- me quedé helada. No sabía que decir. ¿Para que demonios había llamado?- Lo cogí por si era importante. No debí hacerlo.
-No importa.- conseguí decir finalmente. Además- dije sentándome de nuevo a su lado- ya no es mi novio.
-Pero le sigues amando- asentí. No serviría de nada mentir.
No sé cuanto tiempo más estuvimos allí. Solo sé que empecé a temblar, cada vez con más fuerza, hasta que Tony me abrazó.
Aquella noche comprendí algo. Quizá siempre había sido consciente de ello.
Por mucho que pasase el tiempo, por muy dolida que estuviese, solo le quería a él. No volvería a amar a nadie que no fuese Javier.
A pesar de todo lo mal que lo estaba pasando, comprender aquello demostraba que ya había encontrado a mi príncipe azul. Lástima que yo no fuese su princesa.
Javier no pegó ojo en toda la noche. Estaba deseando que llegase la noche del baile para hablar conmigo y aclarar las cosas.
Era consciente de que debía haber ido a comprarlo antes. Suerte que lo tenía encargado y había conseguido juntar todo el dinero.
Además, había otra cosa que estaba a su favor. Se había enterado por los chicos de la pandilla. En el baile, cuando se entregaba la invitación, se repartían máscaras.
Eso le permitiría tener ventaja en su plan.
Como no podía dormir, a eso de las seis, se duchó y vistió para ir a dar una vuelta.
Yo, por mi parte, dejé a Tony en el hotel y a Hailey en casa. Aparqué el coche y eché a andar.
Llegué al parque sin darme cuenta. Javier también.
Allí nos quedamos, frente a frente, sorprendidos al vernos.
Javier avanzó un poco hacia mí y yo retrocedí.
Quería echar a correr y sin embargo al mismo tiempo deseaba preguntarle porque prefería a Claudia antes que a mí.
¿Qué había visto en ella que yo no tenía?
Una parte de mi deseaba que volviese conmigo, la otra detestaba pensar en esa posibilidad.
¿Para que quería sufrir más?
-Yo...- fue lo único que me dijo o eso creo porque no me quedé a escuchar nada más.
Corrí hasta llegar a mi casa, subí las escaleras y me tumbé sobre la cama para abrazar con fuerza la almohada.
Apreté con fuerza los labios hasta dejarlos blancos.
¡Dios como le amaba!
Para Raúl y Santi tampoco fue un buen día.
Faltaban apenas unas horas para encontrarse cara a cara después de tanto tiempo y para demostrarle a Olga sus sentimientos y no podían estar más asustados.
Olga también estaba nerviosa. Tenía que reconocer que estaba empezando a sentir cosas por Santi pero quería darle una última oportunidad a Raúl. Todo dependería de aquel baile.
Y al fin llegó la noche. Todo estaba listo.
Todos tenían ya sus trajes y sus vestidos. Incluso Tony había conseguido alquilar uno.
El baile empezaba a las diez. Primero cenábamos y después empezaba la fiesta.
Nico fue muy puntual y el nueve y media en punto estaba en mi casa.
Fuimos al baile en el coche de Sebastián y Clara que ya se encontraba mucho mejor y me obligó a ponerla al día.
Suerte que eso fue antes de que llegase Nico.
Mis padres se marcharon en su coche y quedamos en vernos allí.
-Estás preciosa. Te lo digo de verdad- Nico me cogió la mano y yo se la apreté con fuerza. Me alegraba de haber ido con él.
Aun estaba convencida de que me ocultaba algo pero no quería pensar en eso ahora. Lo cierto es que parecía un poco nervioso así que quise que se sintiese cómodo y sobretodo que se divirtiese en el baile.
Hubo un momento en el que dejé la mente en blanco.
Recordé que si la situación hubiese sido distinta, esta noche los padres de Javier y los míos se habrían conocido formalmente.
Volví a la realidad en cuanto oí que Clara me estaba hablando.
-Parece que esta fiesta será distinta a la de los otros años- ella ya sabía que iba a ocurrir algo, pero claro, yo no tenía ni idea.
-Si, eso parece.
-Seguro que a Jonathan le da algo. ¿En la cena benéfica fuisteis juntos, verdad?- asentimos.- No creo que se haya rendido.
Ambas nos pusimos a reír y Sebastián también pero Nico no hacía más que mirar a través de la ventana sin soltarme la mano.
-¿Estás bien?- le pregunté cuando llegamos y bajamos del coche.
-Si. Estoy contento de poder ser tu pareja. El otro baile al que fuimos, hubo algunos problemas y casi no pude estar contigo. Tengo que recuperar el tiempo perdido.- me miró fijamente y después se miró las manos.- Hagámonos una foto juntos. Quiero enseñárselas a los chicos cuando vuelva. Voy a ser la envidia de todo Cádiz.
-No bromees.
-No lo hago. Creo que estás guapísima.
-Gracias. Tú tampoco estás nada mal.
-Quiero que esta noche sea perfecta para ti, así que no quería decepcionarte.
-Eso nunca. Significas mucho para mí, aunque lo nuestro no saliese bien. Nunca podré agradecerte lo suficiente todo lo que has hecho por mí.
-Es ese caso, procura no olvidarlo esta noche.- Ya estaba otra vez con los misterios. ¿Qué iba a ocurrir esa noche?
En fin, os cuento.
Entramos, enseñamos las invitaciones y nos entregaron una máscara a cada uno. Miré a Nico. Con aquella máscara, de no saber con certeza que era él, podría confundirse fácilmente con su hermano, ya que ocultaba la peca que les diferenciaba.
Prefería dejar de pensar en Javier. Aun me temblaban las piernas al recordar el encuentro de aquella mañana.
Nos encontramos con la pandilla nada más entrar en el salón. Suerte que podíamos sentarnos todos juntos.
También vi a mis padres y a su lado, los de Javier. A él, sin embargo, no le vi.
-Voy un momento al cuarto de baño. No te vayas muy lejos, ¿vale?-me dijo Nico.
-Te espero aquí.
Mientras le esperaba, Olga y Santi hicieron su aparición, y Dani tuvo que sujetar a Raúl para que no se tirase sobre ella y suerte que gracias a la máscara no había reconocido a Santi. Solo dios sabía que ocurriría entonces.
Ambos me saludaron con un beso en la mejilla y con Isa y Lidia hicieron lo mismo. Se mostraron un poco más reacios con los chicos.
La pandilla volvía a llevarse bien, pero en cuanto a Santi se quitó la máscara, Raúl y Dani se sujetaron mutuamente para no caerse de espaldas. Ninguno de los dos dijo nada. No hacían más que mirarnos uno a uno comprendiendo que todos excepto ellos dos lo sabíamos. Incluso Luis.
De la incomprensión, Raúl pasó al dolor y a la ira. Apretó tan fuerte los puños que se hizo heridas en ambas manos.
-Vamos a cenar. Es la hora.- nos dijo mi madre que había salido de quien sabe donde.
-Id vosotros. Estoy esperando a Nico. No creo que tarde mucho más.
-Está bien- les vi alejarse mientras me cruzaba de brazos.
¿Qué demonios hacía que tardaba tanto?
No quería ir a ningún sitio sin haber hablado con ellos uno a uno y saber que les pasaba.
Luis y Dani estaban preocupados por el baile.
Después de que Olga decidiese ir con otro no hacía más que augmentar su preocupación, sobretodo porque tanto Isa como Lidia estaban más distantes con ellos. ¿Y si ellas decidían hacer lo mismo que Olga?
Me explicaron que habían tenido una conversación con Sebastián y lo que él les había dicho. Estaba de acuerdo.
Raúl fue algo más complicado. El problema es que dudaba que fuese consciente de lo enamorado que estaba de Olga. Saber que había otro no facilitaba nada las cosas. Suerte que aun no sabía de quien se trataba.
-Ella parece muy feliz.
-Pero tú no lo eres y sinceramente pienso que ella tampoco. La felicidad no es algo tan fácil de conseguir.
-Te pido perdón.
-¿Tú a mí? ¿Por qué?- aunque sabía el motivo.
-Cuando me llamaste…
-No importa- no quería que continuará. No deseaba recordarlo porque había cosas mucho más importantes que eso.
Tras hablar con ellos, les tocó el turno a las chicas.
Lidia e Isa estaban bastante confundidas también.
El echo de que Olga fuese al baile con Santi y el modo en el que se comportaba Raúl les daba que pensar.
¿Por qué Luis y Dani no expresaban sus sentimientos del mismo modo?
-Lo cierto Isa es que de ti no me sorprende porque siempre he pensado que Luis era más que un amigo para ti, pero si que me sorprende en ti Lidia. Siempre dices que estás harta de que Dani esté continuamente sobre ti proclamando a los cuatro vientos lo que siente y ahora que no te hace caso, ¿te quejas?
-Dios mío… es cierto.- se levantó y se acercó a la ventana para mirar hacia fuera. Los chicos estaban ahí, hablando. Miró a Dani atentamente. ¿Acaso estaba empezando a sentir algo por él?
-¿Y tú que?- miré a Olga.
-Yo sigo tan tonta como siempre. ¿Por qué me sale todo mal?
-Las personas nos equivocamos a veces cielo.
-¿Por qué se sufre por amor? ¿Por qué no podemos ser felices sin sufrir?
-De este modo valoramos más las cosas. Es triste pensar que sin sufrimiento no hay amor pero es así. Una cosa a cambio de otra.
De este modo, todos terminaron perdonándome. Ahora solo tenía que hablar con Clara y Sebastián.
Decidí llamarles. Sebastián fue quien me contestó. Clara no se encontraba bien.
-¿Te parece bien si vengo a veros?
-Seguro que eso la pone contenta.
-Entonces no tardo nada- al subirme al coche para ponerlo en marcha oí unas voces que venían de no muy lejos. Unas voces que conocía muy bien. Me sabía mal por Nico, pero pisé a fondo el acelerador.
Llegué a casa de Clara y Sebastián en un tiempo récord.
Me bajé del jeep y me acerqué a la puerta de entrada para llamar al timbre. Sebastián no tardó en abrirme.
-Me alegra verte- dijo tras abrazarme y darme un beso.- Pasa. Está en la cama.
-¿Qué le pasa?
-Parece ser que es una de esas gripes estomacales. Tiene que beber mucho líquido.
-¿Puedo verla?
-Claro. Voy a preparar un poco de te.
Subí las escaleras hasta el piso superior y entré silenciosamente en la habitación mientras recordaba mi primera vez en aquella casa.
Apenas hacía un día que conocía a Javier y Lidia me invitó a pasar el verano con la pandilla en la playa. Tuve que escribirle una carta y pedirle a Clara que se la entregase por mí.
La habitación olía a vómito pero yo seguí acercándome a ella y me senté en la cama. Clara abrió los ojos y me sonrió.
-Estás horrible- en realidad estaba preocupada.
-Tú tampoco estás como para tirar cohetes.- estaba pálida y tenía los ojos tristes y cansados.
-Estoy muy enfadada contigo.
-Lo sé.
-¿Cómo pudiste marcharte como si nada y dejarnos aquí?
-Lo siento- ¿Qué otra cosa podía decir? Ella tenía razón.- Ahora no es el mejor para que te metas conmigo. Debes descansar.
-Quédate esta noche. Sebastián tiene clase y no quiero que falte.
Además, es capaz de pedirle a mi madre, o peor aun,- dijo horrorizada- a la suya para que venga a cuidarme.
-Me quedaré.
-Bien, porque hay muchas cosas de las que tenemos que hablar.
Se incorporó de golpe y devolvió posiblemente lo único que había podido comer.
Los amigos debemos estar cuando se nos necesita.
Yo había cometido un error. No estar a su lado cuando era necesario pero corregiría ese error y si tenía que sujetarle el pelo mientras devolvía, lo haría.
Por fin llegó a su destino. Era la primera vez que se bajaba en esa estación. Ahora solo tenía que buscar un lugar en el que quedarse.
Se acercó a la parada de taxis y pidió que le llevasen al hotel más cercano. Una vez instalado, ya se ocuparía de hacer las llamadas pertinentes.
Dos horas después de conseguir habitación, instalarse, darse una larga ducha caliente y vestirse de nuevo, me llamó.
Apenas había dormido. Me había quedado despierta toda la noche para controlar a Clara y de paso ponernos al día.
-Estoy en tu ciudad. Me pediste que viniese y aquí estoy. Sé que ya tienes pareja pero por nada del mundo me perdería ese baile.
-Gracias por haber venido. ¿Dónde te alojas?- me lo dijo y dejé una nota a Clara conforme me marchaba.
Conduje hasta el hotel y justo cuando iba a entrar por la puerta, oí que me llamaban. Al volverme, ahí estaban. Los “mellis”.
No sé explicar que fue lo que sentí. No creo que fuese capaz de explicarlo con palabras.
Javier ni siquiera me miraba. Nico llevaba toda la conversación. Miró atentamente hacia el hotel y no fue necesario que preguntase. Sabía que quería decirme.
-Voy a ver a Tony. Lo siento Nico pero me está esperando.- le besé en la mejilla y desaparecí tras la puerta.
-Me parece que esto se complica.- dijo Nico mirando a su hermano que observaba la puerta del hotel con una sonrisa.- No creo que estés en posición de tomártelo con tanta calma.
-Esta preciosa, a pesar de que se nota que apenas ha dormido. Cada vez que la veo…
-Incluso cuando ayer pasó a toda velocidad con el coche.
-Si- ambos se miraron y echaron a andar en silencio.
Ninguno percibió a una tercera persona que no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Sonrió una vez más. Había estado en lo cierto al pensar que nos había separado sin haber estado presente.
Sin embargo, nada haría que cambiase de parecer. Se vengaría. Nadie, y menos aun yo, volverían a humillarla nunca.
Llamé un par de veces a la puerta antes de que Tony me abriese. Me acerqué a él para darle un abrazo cuando de repente me plantó un beso en los labios.
-Menudo recibimiento- dije un poco incómoda.
-El viaje en tren no es lo mismo sin ti. Tenía muchas ganas de verte.
-Yo también a ti.- Tony consiguió que volviese a sentirme cómoda sin hacer apenas nada. Eso era lo que me gustaba en él, y sin embargo, mi corazón seguía perteneciéndole a otro.
Pasamos juntos toda la tarde. Por la noche me pidió que fuésemos a por Hailey y nos comiésemos un bocadillo por ahí.
-¿Te has vuelto loco? Hace frío, ¿sabes?
-Yo no lo siento cuando tú estas cerca- puede que suene a tópico, sacado de una película romántica, pero me encantó que me lo dijese.
-Eres muy dulce.
-Y aun así sigues manteniéndote fría a mis encantos.
-Supongo que no tengo remedio.
Llegamos a mi casa y le pedí a la madre de Clara que nos preparase un par de bocadillos mientras presentaba a Tony a mis padres.
Tras coger a Hailey, subimos de nuevo al coche y conduje hasta la playa.
Podríamos haber ido al parque, e incluso a la cabaña, pero no quería arriesgarme y encontrarme a Javier de nuevo.
Al llegar, solté a Hailey para que corriese libremente mientras nosotros la seguíamos.
-Se esta bien aquí.
-Si. Pensaba que haría más frío. Estoy sorprendida.
-¿Por qué apenas hace frío?
-No. Aun no puedo creer que estés aquí. Pensé que no vendrías.
-Tenía demasiadas ganas de estar contigo como para no venir.
-Realmente eres muy amable.
Tony puso una manta que habíamos traído con nosotros sobre la arena y nos sentamos. Hailey se sentó a nuestro lado.
-¿Es genial poder sentirse así de relajado, no te parece?
-Si- me rodeé las piernas con ambos brazos y miré atentamente el agua. Hacia apenas unos meses, Javier me había pedido para salir allí mismo.- Siempre he querido que mis cenizas sean echadas en un sitio como este.
-Bueno, aun falta para eso. De momento, disfrutemos de lo que tenemos.
-Estoy de acuerdo. Ten- dije dándole su bocadillo.- Comamos antes de que se enfríe.
Javier estaba en su cuarto sentado frente a su ordenador. Ni siquiera estaba concentrado en lo que hacia.
A pesar de haber sonreído ante la ocasión, detestaba la idea de que fuese a ver a otro chico, y más aun si era en un hotel.
Fijó su mirada en su teléfono móvil. La idea de llamarme o de mandarme aunque solo fuese un mensaje era demasiado tentadora.
Dejó y cogió el móvil varias veces antes de decidirse a mandar el mensaje.
Una vez escrito lo leyó una y otra vez antes de terminar borrándolo. Prefería llamarme.
Miró la hora. Las diez y media. Seguro que aun estaba despierta. Solo esperaba encontrarme a solas.
Marcó mi número de memoria y esperó pacientemente a que descolgase.
-¿Diga?- Aquella no era mi voz. Era la voz de un chico. De un chico que en aquel momento estaba conmigo.- ¿Quién es?
Tony no oía nada al otro lado. Yo me había acercado hasta el coche a por la botella de agua que me había olvidado.
-¿Quién eres?
-Eso debería preguntarlo yo. Al fin y al cabo eres tú el que llama.
-Soy Javier, el novio de Mónica.
-Me temo que ya no. Metiste la pata según tengo entendido. Ahora está conmigo.- y colgó.
Javier lo tuvo claro entonces. Al día siguiente saldría pronto de casa para ir a recogerlo. Quería tenerlo todo listo para la noche.
Cuando regresé al lado de Tony, parecía tenso.
-¿Qué ocurre?
-Acaba de llamar tu novio.- me quedé helada. No sabía que decir. ¿Para que demonios había llamado?- Lo cogí por si era importante. No debí hacerlo.
-No importa.- conseguí decir finalmente. Además- dije sentándome de nuevo a su lado- ya no es mi novio.
-Pero le sigues amando- asentí. No serviría de nada mentir.
No sé cuanto tiempo más estuvimos allí. Solo sé que empecé a temblar, cada vez con más fuerza, hasta que Tony me abrazó.
Aquella noche comprendí algo. Quizá siempre había sido consciente de ello.
Por mucho que pasase el tiempo, por muy dolida que estuviese, solo le quería a él. No volvería a amar a nadie que no fuese Javier.
A pesar de todo lo mal que lo estaba pasando, comprender aquello demostraba que ya había encontrado a mi príncipe azul. Lástima que yo no fuese su princesa.
Javier no pegó ojo en toda la noche. Estaba deseando que llegase la noche del baile para hablar conmigo y aclarar las cosas.
Era consciente de que debía haber ido a comprarlo antes. Suerte que lo tenía encargado y había conseguido juntar todo el dinero.
Además, había otra cosa que estaba a su favor. Se había enterado por los chicos de la pandilla. En el baile, cuando se entregaba la invitación, se repartían máscaras.
Eso le permitiría tener ventaja en su plan.
Como no podía dormir, a eso de las seis, se duchó y vistió para ir a dar una vuelta.
Yo, por mi parte, dejé a Tony en el hotel y a Hailey en casa. Aparqué el coche y eché a andar.
Llegué al parque sin darme cuenta. Javier también.
Allí nos quedamos, frente a frente, sorprendidos al vernos.
Javier avanzó un poco hacia mí y yo retrocedí.
Quería echar a correr y sin embargo al mismo tiempo deseaba preguntarle porque prefería a Claudia antes que a mí.
¿Qué había visto en ella que yo no tenía?
Una parte de mi deseaba que volviese conmigo, la otra detestaba pensar en esa posibilidad.
¿Para que quería sufrir más?
-Yo...- fue lo único que me dijo o eso creo porque no me quedé a escuchar nada más.
Corrí hasta llegar a mi casa, subí las escaleras y me tumbé sobre la cama para abrazar con fuerza la almohada.
Apreté con fuerza los labios hasta dejarlos blancos.
¡Dios como le amaba!
Para Raúl y Santi tampoco fue un buen día.
Faltaban apenas unas horas para encontrarse cara a cara después de tanto tiempo y para demostrarle a Olga sus sentimientos y no podían estar más asustados.
Olga también estaba nerviosa. Tenía que reconocer que estaba empezando a sentir cosas por Santi pero quería darle una última oportunidad a Raúl. Todo dependería de aquel baile.
Y al fin llegó la noche. Todo estaba listo.
Todos tenían ya sus trajes y sus vestidos. Incluso Tony había conseguido alquilar uno.
El baile empezaba a las diez. Primero cenábamos y después empezaba la fiesta.
Nico fue muy puntual y el nueve y media en punto estaba en mi casa.
Fuimos al baile en el coche de Sebastián y Clara que ya se encontraba mucho mejor y me obligó a ponerla al día.
Suerte que eso fue antes de que llegase Nico.
Mis padres se marcharon en su coche y quedamos en vernos allí.
-Estás preciosa. Te lo digo de verdad- Nico me cogió la mano y yo se la apreté con fuerza. Me alegraba de haber ido con él.
Aun estaba convencida de que me ocultaba algo pero no quería pensar en eso ahora. Lo cierto es que parecía un poco nervioso así que quise que se sintiese cómodo y sobretodo que se divirtiese en el baile.
Hubo un momento en el que dejé la mente en blanco.
Recordé que si la situación hubiese sido distinta, esta noche los padres de Javier y los míos se habrían conocido formalmente.
Volví a la realidad en cuanto oí que Clara me estaba hablando.
-Parece que esta fiesta será distinta a la de los otros años- ella ya sabía que iba a ocurrir algo, pero claro, yo no tenía ni idea.
-Si, eso parece.
-Seguro que a Jonathan le da algo. ¿En la cena benéfica fuisteis juntos, verdad?- asentimos.- No creo que se haya rendido.
Ambas nos pusimos a reír y Sebastián también pero Nico no hacía más que mirar a través de la ventana sin soltarme la mano.
-¿Estás bien?- le pregunté cuando llegamos y bajamos del coche.
-Si. Estoy contento de poder ser tu pareja. El otro baile al que fuimos, hubo algunos problemas y casi no pude estar contigo. Tengo que recuperar el tiempo perdido.- me miró fijamente y después se miró las manos.- Hagámonos una foto juntos. Quiero enseñárselas a los chicos cuando vuelva. Voy a ser la envidia de todo Cádiz.
-No bromees.
-No lo hago. Creo que estás guapísima.
-Gracias. Tú tampoco estás nada mal.
-Quiero que esta noche sea perfecta para ti, así que no quería decepcionarte.
-Eso nunca. Significas mucho para mí, aunque lo nuestro no saliese bien. Nunca podré agradecerte lo suficiente todo lo que has hecho por mí.
-Es ese caso, procura no olvidarlo esta noche.- Ya estaba otra vez con los misterios. ¿Qué iba a ocurrir esa noche?
En fin, os cuento.
Entramos, enseñamos las invitaciones y nos entregaron una máscara a cada uno. Miré a Nico. Con aquella máscara, de no saber con certeza que era él, podría confundirse fácilmente con su hermano, ya que ocultaba la peca que les diferenciaba.
Prefería dejar de pensar en Javier. Aun me temblaban las piernas al recordar el encuentro de aquella mañana.
Nos encontramos con la pandilla nada más entrar en el salón. Suerte que podíamos sentarnos todos juntos.
También vi a mis padres y a su lado, los de Javier. A él, sin embargo, no le vi.
-Voy un momento al cuarto de baño. No te vayas muy lejos, ¿vale?-me dijo Nico.
-Te espero aquí.
Mientras le esperaba, Olga y Santi hicieron su aparición, y Dani tuvo que sujetar a Raúl para que no se tirase sobre ella y suerte que gracias a la máscara no había reconocido a Santi. Solo dios sabía que ocurriría entonces.
Ambos me saludaron con un beso en la mejilla y con Isa y Lidia hicieron lo mismo. Se mostraron un poco más reacios con los chicos.
La pandilla volvía a llevarse bien, pero en cuanto a Santi se quitó la máscara, Raúl y Dani se sujetaron mutuamente para no caerse de espaldas. Ninguno de los dos dijo nada. No hacían más que mirarnos uno a uno comprendiendo que todos excepto ellos dos lo sabíamos. Incluso Luis.
De la incomprensión, Raúl pasó al dolor y a la ira. Apretó tan fuerte los puños que se hizo heridas en ambas manos.
-Vamos a cenar. Es la hora.- nos dijo mi madre que había salido de quien sabe donde.
-Id vosotros. Estoy esperando a Nico. No creo que tarde mucho más.
-Está bien- les vi alejarse mientras me cruzaba de brazos.
¿Qué demonios hacía que tardaba tanto?
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