sábado, 14 de enero de 2012

Capítulo 16

Primero un tono, luego otro y llegó a sonar hasta seis veces, hasta que saltó el contestador.
Dani colgó desesperado. Ya era la tercera vez que lo intentaba y Lidia seguía sin coger el teléfono.
Tenía que verla y saber que había pasado. Él no se tragaba esa historia de la madre. Algo había ocurrido. Algo que Lidia no se atrevía a contarles a ninguno de ellos.
Tras meditarlo unos segundos, cogió sus cosas y salió a buscarla.



Derrapé dentro del instituto y corrí hasta el patio donde entrenaba el equipo de fútbol. Al parecer ya se habían cambiado y se disponían a irse cada uno a su casa.
Le vi hablando con dos hombres y hasta que no estuve al lado no me di cuenta de que eran Javier y su padre.
-Nico.
Los tres se volvieron hacia mí. Javier miró hacia otro lado y cogió a su padre del brazo para ir hacia el coche.
-No tardes.- dijo su padre alejándose.


Golpeó con fuerza el salpicadero dejándose vencer del todo por sus sentimientos.
Su padre le miraba desde el asiento de al lado. Jamás había visto así a Javier.
-Rompiéndome el coche no solucionaras nada.- Para ser sinceros, desde que era un bebé que no le había visto llorar por nada y verle ahora de ese modo, le desconcertaba.- Debes afrontar lo que te pasa. Debes hablar con ella.
Javier miró a su padre a través de las lágrimas.
-No es justo. Desearía no sentir todo esto por ella. Me desborda.
-En eso se basa el amor. Uno no nace preparado y se debe luchar si se cree en él. Ahora dime, ¿la amas de verdad?
Javier asintió.
-Entonces no es aquí donde debes estar.
-¿Qué debo hacer entonces?
-Habla con ella. Pídele que te escuche. Si de verdad tenéis que estar juntos y si ella te ama, te escuchará.



-No llores. ¿Qué te pasa? Te escucho. Laméntate- por su tono de voz y con solo mirarle estaba claro que se sentía abatido.
-Puedo ser fuerte si tú estás conmigo.- yo intentaba que volviese conmigo, incluso intenté besarle, pero no me dejó.
-No es justo conmigo, ni con mi hermano, ni siquiera contigo misma que hagas esto. Tú no necesitas a nadie para ser fuerte, pero te prometo que no voy a dejar que te pase nada. Quiero cuidarte pero como tu amigo.
-Gracias- no fui capaz de decir nada más. Nico tenía razón.
-No hay de que. Ahora tengo que irme. Me están esperando- se levantó y antes de alejarse del todo se volvió hacia mí.- Deberías darle una oportunidad a mi hermano. Sé que no se ha portado como debería pero te quiere y a veces cuando sentimos miedo, hacemos cosas de las que no nos enorgullecernos.
-No tienes que disculparle.
-Hay una cosa más. No voy a pedirte que me cuentes nada pero necesito estar seguro de algo.
-¿Qué es?
-¿Pasó algo entre Javier y tú mientras estabas conmigo?
-Si- no quería mentirle. Nico no se merecía algo así.- Lo siento.
-No pasa nada. Supongo que ya me lo imaginaba.
-Pero no es justo. Tú te has portado muy bien conmigo.
-La vida no es justa.- y se fue.
Me puse de pie y caminé hasta llegar al jeep. Me senté frente al volante, cerré la puerta y me miré en el retrovisor. Me sequé las lágrimas y me volví hacia el asiento trasero. La merienda había quedado olvidada pero no me importaba.


-Ya podemos irnos- había notado algo en su hermano y también en su padre, pero prefería no saber que era aunque tenía una idea bastante aproximada.
En lo único que podía pensar era en lo que yo le había dicho.
Era cierto que había ocurrido algo entre Javier y yo y a pesar de que no sabía realmente lo ocurrido entre nosotros si que lo sospechaba y era igualmente doloroso.
Miró a su hermano que seguía sentado en el asiento del copiloto y este se volvió hacia él, entonces lo supo con seguridad.
Supo que era lo que habíamos compartido y sintió ganas de devolver y Javier, a su vez, se dio cuenta de que Nico conocía por fin la verdad.
Cuando llegaron a casa, Nico subió a su habitación y cerró con pestillo para que nadie entrase. Javier subió tras él y golpeó la puerta.
-“Melli” ábreme por favor- no hubo respuesta. Golpeó de nuevo.- Lo siento. No fue nuestra intención. No planeamos que ocurriese.
Esta vez si abrió la puerta y lo arrastró hacia dentro de su habitación.
-¿Te has divertido a mi costa, no?
-Te equivocas- no vio venir el golpe que le propinó Nico en toda la cara.
-Te admiraba, ¿sabes? Quería llegar a ser como tú, pero ahora te detesto. No soportabas que me hubiese elegido a mí. Tenía que haberle dicho que quería volver con ella cuando me lo pidió esta tarde y no lo hice por ti “melli”. Te antepuse a mi propia felicidad. No debí hacerlo.
-¿Te pidió que volvieses con ella?
-Si, y me negué. No puedo creer que haya estado tan ciego, que confiase en ti.
Esta vez, ambos lloraban de la misma impotencia. Nico sentado en la cama y Javier en el suelo, junto a la mesa.
Sus padres que habían oído gritos y después un golpe subieron y quedaron horrorizados al ver aquella escena.
-Dios mío chicos, ¿Qué habéis hecho?- hizo ademán de acercarse a ellos pero su marido se lo impidió.
-Tienen que resolver esta situación ellos solos Catalina- y volviéndose hacia ellos.- Estaremos abajo cuando decidáis comportaros como adultos.
Cogió a su mujer del brazo y cerró la puerta.


Llamó insistentemente a la puerta. Esperó a que alguien abriese. Sabía que había alguien en la casa porque las luces estaban encendidas.
Tras unos segundos interminables al fin se abrió la puerta y Lidia apareció tras ella.
-¿Qué haces aquí Dani?
-Estaba preocupado. ¿Por qué te has ido esta mañana?
-Ya os dije que había quedado con mi madre para hacer unas cosas.
-¿Y esa es la verdad?
-Pues claro. ¿Qué te estabas imaginando?
-Cuando mientes nunca miras a los ojos- dijo observándola.- Igual que ahora.
-Dani ahora no tengo tiempo ni ganas para hablar de esto. Tenía cosas que hacer que son solo asunto mío y de mi familia. Vete a casa.
-Está bien.
-Adiós- y cerró la puerta de nuevo.
De camino a su casa, llamó a Raúl y a Luis. Necesitaba hablar con ellos.


Tres horas fue lo que estuvieron aun en la habitación.
Ni siquiera se habían movido. Hobbie fue quien fue a buscarles aquella vez.
Ambos miraron al perro y sonrieron. Hobbie tenía esa habilidad.
Sin decirse nada, se levantaron, cogieron las llaves de casa y a Hobbie y salieron a dar una vuelta.
Anduvieron hasta el parque y al llegar allí dejaron a Hobbie suelto.


Lidia nos llamó a todas y nos citó en la cabaña. Creo que todas nos preocupamos al oír el tono de su voz.
Llegué en menos de media hora. Aparqué delante del parque y Hobbie que fue el primero que me vio vino corriendo esperando encontrar a Hailey.
Me agaché para acariciarle, igual que cuando le conocí. Ese momento volvió a mi mente como si se encendiese una bombilla en mi cabeza.
-Lo siento chico, esta vez he venido sola.
Me levanté de nuevo y vi a los mellizos de pie junto a los columpios, mirándome.
Saqué fuerzas de lo más hondo de mi ser y les sonreí antes de ir hasta la cabaña.
-Después del partido, me volveré a Cádiz.
Javier asintió. Ahora si que no había nada más que decirse.


Cuando las demás llegaron, yo ya las estaba esperando dentro.
-¿A que venía tanta urgencia? Nos has dejado preocupadas.
-Lo siento chicas. Os he llamado solo a vosotras porque quería que fueseis las primeras en saberlo.
-¿En saber qué? ¿Qué está pasando Lidia?
-Es muy seguro que trasladen a mi padre por su trabajo y mi madre y yo tengamos que viajar con él.
-¿Trasladarle donde?
-Aun no hay un destino fijo. No puedo contaros más- de pronto rompió a llorar y no supimos como hacer que se calmara. Una a una nos unimos a ella y la abrazamos con fuerza. Si Lidia se marchaba, la pandilla no sería la misma.
-Hay algo más que no quieres contarnos, ¿por qué?- Isabel la miró fijamente y Olga y yo las miramos a la vez.
-No es que no quiera. No puedo. No puedo contárselo a nadie.
-No vamos a insistir. ¿Se lo vas a decir a los chicos?
-No. No quiero que se enteren y menos que nadie Dani. Él no puede saberlo. Prometedme que no se lo contaréis.
-Lo prometemos- dijimos a la vez sin estar convencidas de lo que hacíamos.


-¿Te sientes mejor tío?
-No lo entiendo. ¿Qué nos está ocultando?
-Me parece que estás paranoico Dani. Ella te dijo que había ido con su madre a hacer unos recados, y tú tienes que creerla. Si hubiese algo más, Lidia contaría con la pandilla.
-No. Con la pandilla no. Con las chicas.
Raúl y Luis se miraron en silencio. Dani no estaba del todo equivocado pero no podían saberlo.



A la mañana siguiente, después de comunicarles a sus padres su decisión, que por supuesto les sorprendió, sobretodo porque pensaban que al irse juntos la noche anterior las cosas se habían calmado, fue con Javier hasta el instituto y por el camino me mandó un mensaje.
<<QUIERO VERTE. SÁLTATE LA PRIMERA CLASE. ES IMPORTANTE.>>
Yo no podía ir. Estaba en el oculista para ver si al final necesitaba gafas o no. Me contestó a los cinco minutos.
<<NOS VEMOS EN EL ENTRENAMIENTO.>>
Estaba de los nervios. De hecho lo estaba desde que les había visto la noche anterior. Ni siquiera sabía de donde había sacado el valor para sonreírles y para colmo lo ocurrido con Lidia.
Al final si que tenía que llevar gafas pero solo para leer y conducir. Me sentía extraña llevándolas.
Llegué al instituto a tiempo para la tercera clase.
Mis amigos quedaron sorprendidos al ver mi nuevo look pero a todos les gustó, incluso diría que hasta Javier aunque no me prestó mucha atención.
No vi a Nico hasta que iba hacia los vestuarios. No parecía el mismo de siempre.
-¿Querías hablar conmigo?- aun llevaba las gafas puestas y al mirarme sonrió.
-Supongo que aunque yo no esté, a ti te dará lo mismo.
-¿De que estás hablando?
-Me vuelvo a Cádiz.
-¿Por qué?- intenté acercarme a él pero se apartó.
-No tiene sentido que me quede. Por un momento deseé no haberte dicho que no y de este modo poder estar contigo pero ayer descubrí algo que en realidad ya sospechaba.
Entonces comprendí.
-Perdóname. Quizá no sirva de nada pero no lo hicimos queriendo. Ocurrió sin más.
-No te disculpes. Ayer ya lo pagué con mi hermano. Me extraña que no le haya salido ningún hematoma después del puñetazo que le di. Además, todo esto me ha hecho ver la verdad. Tenéis que estar juntos, y él es quien debe protegerte, no yo.
-¿Cuándo te marchas?
-Después del gran partido- me apoyé en la pared mientras las lágrimas acudían a mis ojos. Me quité las gafas para secarlas y entonces Nico se acercó a mí, me cogió por la barbilla y me besó dulcemente.- Tú, la verdad es que tú, no tienes remedio. Quizá es por eso por lo que te quiero.
Después de eso entró en los vestuarios para cambiarse.
En ese momento me prometí a mi misma que lo daría todo por animarle en su último partido. Faltaban solo dos días.
En esos dos días me refugié en la pandilla y en Clara y Sebastián.
Todos me decían que no era por mi culpa pero yo seguía sintiéndome fatal, así que la tarde antes del partido, me acerqué a su casa. Llamé a la puerta y esperé pacientemente a que me abriesen.
Por un momento pensé que no había nadie y estaba a punto de marcharme cuando Javier abrió la puerta.
-Mónica, ¿a que has venido?
-Estoy buscando a tu hermano. ¿Está en casa?
-No. Ha salido a buscar el billete de vuelta.
-Oh, vaya. Entonces me voy.
-Espera. Pasa por favor.
-No creo que sea buena idea.
-¿Tienes miedo de quedarte a solas conmigo?
-En realidad si. No sé que puede pasar cada vez que estamos a solas. Me da miedo no poder controlarlo.
-¿Qué hay de malo si nos queremos?
-Hemos hecho daño a otras personas y una de ellas en particular no se lo merece.
-Lo sé. No me parece justo que deban sufrir por nuestro egoísmo, pero lo cierto es que no he dejado de pensar en lo que ocurrió entre nosotros.
-Yo tampoco.
-Vaya, vaya. ¿A quien tenemos aquí?- un coche se había detenido frente a la entrada. Ambos nos volvimos.- Parece que no hay forma con vosotros dos. Tal vez tenga que separaros a la fuerza.
El cuerpo entero empezó a temblarme. Javier se puso entre las dos.
-No te atrevas a hacerle nada. No voy a permitir que me sigas utilizando, ni que sigas con tus amenazas. Se acabó todo entre nosotros.
-Como ya dije en su momento cariño, tendrás que pagar un precio muy alto por romper conmigo. ¿Es eso lo que deseas?
-Si.
-Que así sea entonces.
-¡Miranda!- alguien más había salido del coche y había permanecido en silencio hasta el momento.- Sube al coche.
-Claudia, estos dos son los responsables de que tengas que hacerme de niñera.
-Sube al coche ahora mismo.- esta vez si lo hizo.- Perdonad las molestias.- dijo acercándose a nosotros y tendiéndole una tarjeta a Javier. Tras eso, subió al coche y ambas se fueron.
Javier miró la tarjeta.
<<CLAUDIA BONNASERA. PSIQUIATRA.>>
Nos quedamos en silencio. Aun me temblaba todo.
Sentí la mano de Javier entrelazarse con la mía.
Fue entonces cuando fui totalmente consciente de lo que acababa de ocurrir y salieron de mí todas las emociones de las que era capaz.
Dejé que Javier me abrazase justo en el momento en el que Nico y Catalina volvían a casa.
Nico pasó entre nosotros sin decir nada y Javier fue tras él después de pedirle a su madre que me preparase una tila.
Seguí a Catalina hasta la cocina sin ser capaz de decir una palabra, mientras que los mellizos…
-No es lo que crees.
-No tienes que darme explicaciones. Mónica ha sido tuya desde el principio.
-Mira- dijo tendiéndole la tarjeta. Nico la miró atentamente y después a su hermano. Casi no se atrevía a preguntar.- Me la ha dado la propia Claudia. Mónica vino a verte y Miranda apareció de repente con esta chica.
-Por eso temblaba tanto. Tuvo la misma reacción el día que hablé con ella la primera vez, en cuanto le pregunté por Miranda.
-Yo, sé que no he sido justo con ella. No debí dejar que ocurriera nada de eso. Hoy he roto con Miranda y voy a corregir cada uno de mis errores.
-Ha sido muy duro para ella y con todo esto no la estamos ayudando. Lo mejor es que yo me vaya.
-No tienes que hacerlo.
-Si yo sigo aquí, siempre estaríais pendientes de no hacerme daño. Tienes que prometerme algo de todos modos.
-¿El qué?
-Le prometí que la protegería y si yo me voy…
-Lo haré. La protegeré con mi vida si hace falta.- Nico sonrió. Irse sería sin duda triste, pero era la única solución.



-¿Te sientes mejor?- Catalina se sentó a mi lado y apoyó su mano sobre la mía.
-Si, gracias.- pero no lo estaba y no pude engañarla.
-Al final, he conseguido que entraras a tomar algo.
A pesar de los nervios, sonreí recordando el ofrecimiento de hacia unos días.
-Siento mucho que Nico se marche por mi culpa.
-No es culpa tuya. Es decisión de Nicolás y hay que respetarla.
-Si.
-¿Qué tal mis dos chicas favoritas?- Nico bajó seguido de su hermano y cogió una galleta del tarro que había sobre la mesa.
-Nico yo…- se agachó frente a mí y me cogió de las manos.
-Estarás bien. Aunque yo me vaya sé que van a cuidarte bien- ambos miramos a Javier mientras él abría la nevera para coger un zumo.- Ahora, solo quiero que te animes. Quiero que me animes con todas tus fuerzas mañana.
-Lo haré.
-Genial- miró a su hermano quien se mantenía a un lado sin decir nada.- ¿Por qué no acompañas a Mónica hasta su casa?
-En realidad, he venido en coche.
-Bueno, pues hasta el coche. Se está haciendo tarde y mañana hay que estar en forma.
-Si no te importa, te acompaño.
-Vale. Hasta mañana- y volviéndome hacia Nico y su madre.-Muchas gracias por todo.
-No hay de que. Otro día tienes que quedarte a cenar.
-Pues claro.
Javier salió detrás de mí y me siguió hasta el jeep. Al volverme para despedirme, le vi triste.
-Lo siento. Debe ser duro que tu hermano se vaya.
-Si te digo la verdad, en el fondo creo que es lo mejor. Me encanta tenerle aquí, pero detesto estar celoso todo el tiempo.
-Lo entiendo.
-Quiero estar contigo y sé que tú también deseas que estemos juntos.
-No me parece justo mientras Nico siga aquí.
-Entonces esperaré y te lo pediré como es debido.
Asentí y me subí al coche para ponerlo en marcha.
-Hasta mañana.

30 de septiembre
Querido diario:
Mañana es el gran día. El gran partido y he estado pensando. Será mi último partido. Ya no tiene sentido para mí estar en el equipo si no hay a nadie a quien yo quiera animar.
Nico se va y va a dejar un gran vacío en mí porque en este tiempo, ha sido mi flotador cuando creí que me hundía.
Con él, he aprendido que el amor no puede ocultarse y hacer como si nada.
Hay que luchar y hay que disfrutarlo. Lo más importante es vivir cada momento como si fuese el último.
Desde que Javier y yo hicimos el amor, que me he mantenido en una burbuja para ocultarme de los malos ratos hasta que llegaban los buenos.
Ahora sé que no debí encerrarme, porque sin malos ratos, sin sufrimiento, después somos incapaces de aprovechar o disfrutar de verdad de las cosas buenas.

Releí lo que había escrito y me apoyé hacia atrás mientras jugaba con el bolígrafo haciéndolo rodar entre mis dedos.
Cuando cogí el móvil para poner el despertador, había dos mensajes esperando ser leídos. Uno era de Javier y decía así:
<< SÉ QUE HE TARDADO EN LLEGAR, PERO YA ME FALTA POCO PARA ALCANZÁRTE. TE QUIERO PEQUEÑA.>>
El otro era de Nico.
<<QUIERO QUE SEPAS QUE ERES LO MÁS IMPORTANTE QUE HA HABIDO JAMÁS EN MI VIDA Y VOY A ECHARTE DE MENOS MÁS QUE NADA EN EL MUNDO. EN REALIDAD ERES LO ÚNICO QUE ECHARÉ DE MENOS.>>
Apagué la luz y cerré los ojos. Aquella noche no pude dormirme.



Nico tampoco pudo dormir aquella noche. Ver junto a la puerta el equipaje ya preparado le producía una sensación de soledad que no podía soportar.
Lo que realmente quería llevarse con él era lo único que no podía.
Permaneció sentado en la cama a oscuras hasta que salió el sol, solo entonces se levantó y abrió la ventana para respirar aire fresco.
Por mucho que lo intentase, por mucho que cerrase los ojos, no conseguía olvidar y posiblemente, en el fondo, no lo deseaba.
Toda aquella historia le había enseñado algo.
Hasta el momento no había vivido de verdad.
Siempre habían habido chicas en su vida, pero no había amado a ninguna de ellas ni tampoco se había sentido celoso y odiaba esa parte de él.
Sonrió al nuevo día totalmente consciente de que su mensaje no recibiría respuesta.
Las horas pasaron muy deprisa hasta que llegó el momento de cambiarse para su último partido.
Sus compañeros no dejaban de repetirle que no se marchara, pero la decisión estaba tomada.
Para mí tampoco había sido fácil. A pesar de la decepción de Andrea, no insistió ni me preguntó cuales eran mis motivos.
-Supongo que tendrás tus razones, solo quiero que sepas que es una lástima.
-Gracias por todo. De verdad.
Una vez cambiada, sentí tristeza. No volvería a ponerme aquel uniforme nunca más.
-¡Chicas! Es la hora.
Salimos al campo e hicimos nuestro primer número.
Antes de que nosotras saliésemos del campo, el equipo de fútbol hizo su aparición. Nos cruzamos. Nos miramos y entonces él me sonrió para que yo pudiese seguir adelante.
El partido fue genial. Nico lo dio todo y yo intenté hacer otro tanto. Quería que nuestra primera y última vez juntos en el campo fuese inolvidable para los dos.
Animé, grité y vitoreé como no lo había hecho en la vida, aunque me costó perder un poco la voz. Apenas podía hablar cuando nos reunimos tras el partido para despedirle.
Cuando llegó el momento y se acerco a mí para decirme adiós, simplemente me abrazó y me pidió que no dijese nada.(Como si pudiese...)
-Si lo haces, no podré marcharme y es algo necesario para que podáis estar juntos.- Cuando se apartó , me secó las lágrimas y sonrió de nuevo.- Gracias por cumplir tu promesa.
Su familia le llevó hasta la estación de tren y yo me quedé allí, rodeada por mis amigos y sintiendo por una vez en mucho tiempo que todo saldría bien.
Miré a la pandilla mientras se alejaban para irse a casa. Puse mi atención en Lidia y me acerqué corriendo hasta ella.
-Tienes que decírselo.- le susurré.
-¿Por qué?
-Acabarán por enterarse tarde o temprano y será peor. Está más que claro que sospechan algo, sobretodo Dani. No es justo que no seas sincera con ellos.
-Hay cosas que no puedo decir Mónica. Cosas que desearía poder contaros.
-¿Acerca de tu pasado?
Asintió.
-¿Por qué es tan importante que no lo sepa nadie?
-No quiero que conozcáis esa parte de mi vida. No estoy orgullosa de ella.
-Podría decirte que te entiendo, pero te mentiría. No tienes que contarnos esa parte de tu vida si te hace sentir incómoda, pero si acaban trasladando a tu padre, los chicos se merecen saberlo por ti.
-Lo pensaré.
Yo no me había dado cuenta, pero Lidia sí. Dani había estado pendiente de nuestra conversación y aun sin saber de que estábamos hablando su preocupación se hizo más intensa.
De camino a mi casa recibí un mensaje de Javier en el que me decía que estaba en la playa.
Primero pensé en no ir, pero tampoco podía retrasar más algo que tenía que ocurrir.
Conduje hasta el lugar y me acerqué hasta él, quien hasta que no me senté a su lado, no percibió mi presencia.
No dijo nada, solo apoyó su cabeza sobre mi hombro.
Cuando llevábamos allí cerca de una hora, se decidió al fin a decir algo.
-¿Quieres salir conmigo?
Miré el mar. Al horizonte y vi en él un sinfín de preguntas que no tenían respuestas y decidí arriesgarme.
Javier me miraba asustado, pensando en que pasaría en caso de que la respuesta fuese negativa.
-Si quiero.- y entonces, me acarició el pelo, las mejillas, los labios y me tendió sobre la arena feliz al fin de saber que no había nada que pudiese separarnos.



A partir de ahí todo fue como en un sueño del que no deseaba despertar.
Volvimos a quedar todas las noches y en el instituto todos estaban al corriente de lo nuestro.
Nos sorprendió que Miranda no asistiera a clase, hasta que dos semanas más tarde, el profesor nos comunicó que había dejado el instituto.
Aquello era sin duda un alivio, sin embargo yo seguía temiendo encontrarla esperándonos en alguna esquina.
Lidia nos dijo que lo de su padre había quedado solo en un susto y que de momento no iría a ningún lado.
-No hace falta que les diga nada a los chicos. Ahora ya no es necesario.
Sin embargo seguía habiendo algo en ella que era distinto. Estaba siempre pendiente de todo y sobretodo de su alrededor, como si temiese que alguien se la llevara lejos.
También habíamos recibido noticias de Nico. Parecía muy feliz de haber vuelto a Cádiz con sus amigos.
En una ocasión nos contó que había una chica que le tenía fascinado y que estaba intentando salir con ella.
-Pues ya sabes. No te rindas.
-Si, supongo que es lo que debería hacer. Ahora que mi hermano y tú estáis juntos yo debo seguir con mi vida.
-Es mejor así. Tú me lo dijiste.
-Lo sé- nos quedamos en silencio durante unos segundos bastante incómodos.
A pesar de que habían pasado casi dos meses desde que se había marchado, a veces aun podía sentirle allí conmigo, prestándome su fuerza.
En algunas ocasiones me preguntaba si estaba bien, si su hermano ya me cuidaba como debía, y yo sabía que lo decía por Miranda.
Le conté lo que sabíamos y que no la habíamos vuelto a ver desde la tarde que se presentó con Claudia en su casa.
-Si algún día me necesitas cogeré el primer tren y vendré enseguida.
-Muchas gracias Nico. Ojala que algún día tú también me necesites y pueda devolverte el favor.
-Puede que, si llega ese día, no te deje marchar.
Ambos nos reímos durante un buen rato, pero sabíamos que no bromeaba.
Aquella noche, cuando nos encontramos en el parque, Javier estaba distinto, más callado que de costumbre.
Al preguntarle que ocurría solo respondió que nada. No le creí. Había algo que me estaba ocultando y no sabría decir que era.
¿Cómo podía yo imaginar que ese mismo día había empezado todo de nuevo? Javier le había estado dando vueltas hacía días sin decirme nada. Quería asegurarse de que Miranda no volvería jamás y llamó a Claudia.
-No sé si ha sido buena idea lo de llamarte pero necesito saberlo.¿Sabes algo de ella?
-Lo último que sé es que se fue de casa. Sus padres no saben donde está. Ella les llama una vez a la semana para decirles que está bien.
-¿No han llamado a la policía?
-No. Yo les aconsejé eso mismo pero les basta con saber que ella está bien. Aseguran que Miranda tendrá que volver algún día y ellos la estarán esperando.
-Menudo par de irresponsables.
-Yo también lo creo.- se quedaron un momento en silencio antes de que Claudia volviese a hablar.- Tengo el presentimiento de que no tardará en regresar y tenéis que ir con cuidado.
-Lo tendremos. Cuídate tú también. No me quedaré tranquilo hasta que todo esto termine.
-Javier yo… quisiera verte.
-¿Por qué?
-Supongo que es una locura, pero en mis sesiones con Miranda he aprendido que parece ser que todo depende de ti. Creo que hablar contigo quizá nos ayude a encontrarla y poner fin a todo.
-Te llamaré y quedaremos un día de estos.
Cuando colgaron, Claudia apuró la bebida que la esperaba junto a ella. No podía enamorarse de él y lo había echo conociéndole a través de lo que Miranda le contaba.
Volviendo a mí encuentro con Javier…
-Ya sabes que puedes contarme lo que sea.
-Ya te he dicho que no es nada. No le des más vueltas.
-Está bien- pero algo no encajaba.
Antes de apagar la luz aquella noche, me llegó un mensaje.
<<HE VUELTO. ¿PODEMOS VERNOS?>>
A pesar de que su número ya no figuraba en la agenda del móvil, no lo había olvidado.
Me pregunté porque había vuelto y sobretodo que quería de mí.
Tardé dos días en contestarle. Primero quería hablar con Luis y Clara y los dos me hicieron comprender que yo no era la misma de antes, que había cambiado y que además, tenía a Javier, así que esta vez Santi no podría hacerme daño. Además, Miranda seguía sin aparecer.
Al oírles, lloré, no solo por la sinceridad de sus palabras, sino porque yo no estaba tan segura de que Javier estuviese conmigo.
Desde aquella noche en el parque que no era el mismo. Apenas me hablaba y tenía la cabeza en otra parte. Una parte a la que yo no podía llegar.
De aquello hacía casi una semana.
-¿Mónica, que te ocurre?
-Creo que se esta distanciando de mí. Hace días que no es el mismo y no quiere decirme que le pasa. No se que hacer Luis.
-Basta con que seas tú misma. Estoy seguro de que no es nada. No te preocupes. Seguro que todo irá bien.
-Así es.- siguió Clara.-Por lo que se de él, te quiere mucho y quizá no sea consciente de lo que te está afectando todo esto. Lo mejor es que lo afrontes y hables con él.
Asentí. No les había dicho en realidad lo terriblemente asustada al acercarse el día de mi encuentro con Santi.
Había terminado mandándole un mensaje citándole el sábado a las cinco en el parque.
Para eso aun faltaban un par de días pero intenté no pensar en ello y centrarme en salvar mi relación con Javier.
Cuando al día siguiente sonó la campana para dar por finalizadas las clases, me volví hacia él por si quería que fuésemos a tomar algo.
-Tengo cosas que hacer y no puedo entretenerme. Lo siento.
-Bien- ahora si que estaba enfadada- entonces le diré a Santi que en lugar de quedar el sábado, quedemos hoy.
-Sa… ¿Santi?
-Si. Ha vuelto- y yo, me fui. ¿Qué se había creído? Por un momento me arrepentí de haberle dicho que sí aquel día en la playa.
-Oye tío, reacciona- Luis intentaba sin éxito que Javier reaccionase mientras que el resto de la pandilla aun estaba sorprendida al oír nuestra discusión.- ¿Es que vas a quedarte ahí sin hacer nada? Vas a perderla si sigues así.
Al oír aquello pareció que volvía en sí. Solo entonces consiguió hablar.
-Ha vuelto para recuperarla-. Se levantó de golpe, cogió sus cosas y salió corriendo por si me alcanzaba.
Llegó justo cuando ya había puesto en marcha el coche y salía del instituto.
Se pasó la tarde entera llamándome pero no lo cogí, y aquella noche tampoco me presenté en el parque.
No comprendía porque ahora que estábamos juntos, se comportaba como un capullo.
En realidad, no había llamado a Santi. Solo quería que Javier reaccionara.
Al día siguiente, Javier me esperaba tras la verja de mi casa y no me dí cuenta hasta que la crucé con el coche.
-¿Qué haces aquí?- no estaba dispuesta a ser yo la que se diese antes por vencida.
-En vista de que te has negado a hablar conmigo y a verme no me ha quedado otra opción.
-¿Y no te has preguntado el porque?- bajó la cabeza. Dijese lo que dijese le seguía amando.- Sube al coche.
Puse de marcha de nuevo y conduje hasta el instituto.
Javier aun no me había contestado y yo no iba a soportar aquella situación durante mucho más tiempo, así que di un volantazo y giré a la derecha.
-¿A dónde vamos?
-Esto no puede seguir así cariño. Tenemos que hablar.
Me siguió hasta la cabaña y esperé a que se sentase a mi lado.
-Te pido perdón- aquello, aunque me sorprendió no me sonó del todo sincero ni tampoco justo.
Quería que se disculpase, pero quería una disculpa sincera y aquella no lo era. Nada me aseguraba que no volvería a tratarme de ese modo.
-¿Y ya está? ¿No tienes nada más que decir?
-Se que he estado distante estos días y que no me he portado como debía.
-¿Y solo te has dado cuenta en cuanto te dije lo de Santi?
-¿A que venía eso?
-El otro día me mandó un mensaje porque quiere hablar conmigo.
-¿Significa eso que aun no le has visto?
-He quedado mañana con él. Quiero cerrar del todo ese capítulo de mi vida y esperaba contar con tu apoyo.
-¿Me pides que me quede de brazos cruzados mientras él intenta recuperarte?
-¿De donde has sacado esa estupidez?
-¿Por qué crees que ha vuelto si no?
-Pues no lo sé y aunque fuese por eso deberías confiar lo suficiente en mí como para no sentirte amenazado.
-Yo no me siento amenazado.
-¿Y como llamas tú a esto? ¿Celos? Entonces estás celoso.
-Sí, lo estoy. No soporto la idea de que estés con otro.
-Entonces no te portes como un crío ni estropees lo que tenemos porque no puedo perderte de nuevo.
Se quedó allí, mirándome. Pensé que después de nuestra conversación se animaría a contarme lo que le ocurría pero solo volvió a pedir perdón.
-No es lo que esperaba. Pensé que si te traía aquí serías sincero conmigo y me contarías que ocurre pero tengo la sensación de que solo consigo que te cierres más a mí. No quiero tener este tipo de relación contigo. Si esto va a seguir así, prefiero que lo aclaremos ahora antes de que sea demasiado tarde.
-¿Quieres romper conmigo?
-Quiero que seas sincero. ¿Hay otra?
-No es lo que tu crees- aquello no significaba que no.
-¿Y que es lo que debo creer?
-Confía en mí. Te prometo que no debes preocuparte y que voy a intentar pasar más tiempo en este mundo contigo.
Aquel si que era el Javier que yo conocía y al que yo amaba.
Me acerqué un poco más a él. Le besé el cuello, la mejilla y finalmente los labios.
Aquella mañana, no fuimos a clase, pero compartimos en aquella cabaña mucho más que palabras.
Revivimos lo ocurrido en mi habitación y a pesar de que el suelo no era igual de cómodo que mi cama, lo que compartimos fue igual de bonito.
Quería quedarme para siempre con él en aquellas cuatro paredes y tal vez que el tiempo se detuviera.
-¿Sabes? Hay otra cena a la que debo asistir y había pensado que quizá te gustaría acompañarme.
-¿Otra de las cenas de tu madre?
-Si.
-Seré tu pareja.
-Gracias. Así estaré a salvo.- me estremecí pensando en Jonathan. En si volvería a la carga una vez más.
-¿Cuándo es?
-En nochebuena.
-Bien.
Le vi mirar con atención la cabaña preguntándome en que debía estar pensando.
-Me encantaría vivir contigo en una casita como esta. Aquí fue donde te conocí y se ha convertido en uno de mis sitios favoritos.
-¿Hablas en serio? Sobre lo de vivir juntos quiero decir.
-Pues claro. ¿A ti no te gustaría?
-Me encantaría. No veo la hora de que eso ocurra.
-Entonces supongo que si algún día te pido que te cases conmigo…
-Lo haría. Me casaría contigo en esta o en cualquier otra vida.
-En ese caso, te lo pediré. Algún día te compraré un anillo con el que podrás decir con orgullo que vas a ser mi mujer.
Le besé una y otra vez sin dejar de decirle lo mucho que le quería.
Aquel día fue quizá uno de los mejores de mi vida porque estuvimos juntos todo el día, compartiendo besos, recuerdos y planes de futuro.
Al acostarme aquella noche pensé que no podría ser más feliz. Clara y Luis tenían razón al aconsejarme que hablase con Javier.
Ni siquiera saber que al día siguiente me encontraría con Santi podía borrarme la sonrisa de tonta que tenía.
A las dos aun seguía despierta y Javier también porque me mandó un mensaje.
<< SI ESTÁS DESPIERTA, CONÉCTATE. >>
Hacía mucho que no usaba el ordenador para eso y daba miedo la cantidad de e-mails que aun no había leído.
A los dos segundos ya solicitaba que nos pusiéramos la cam.
Escribió: Tengo ganas de verte.
Contesté: Eso haces.
Me escribió: Tengo ganas de tocarte.
Respondí: Hazlo.- aunque era consciente de que no podía, supuse que él mismo se imaginaba tocándome en su cabeza.
Hablamos hasta las cinco de la madrugada y tras apagar el ordenador, empezó la avalancha de mensajes al móvil.
No dormimos ninguno pero tampoco nos arrepentimos de ello.
A las cinco de la tarde estaba en el parque, muerta de sueño, pero estaba y Santi también.
Se levantó del columpio que cada noche ocupaba Javier y se acercó para darme un beso en la mejilla. No le dejé.
-¿Por qué has vuelto?
-Quería que hubieses estado despierta cuando fui a verte al hospital,para que escuchases lo que tenía que decir.
-Lo estaba. No quise que lo supieras.
-¿Entonces me oíste?- asentí.- Quiero que sepas que no ha habido otra. Fuiste la última.
-No, no lo fui.
-Fuiste la última a la que amé de verdad.
-No tiene sentido que vengas a decirme esto ahora. Dime la verdad. ¿Por qué has vuelto?
-Por ti.
-Mira Santi, puede que yo fuese la última para ti pero tú no lo has sido para mí. Estoy con alguien que me hace feliz a pesar de todo y a pesar de lo mucho que nos ha costado llegar hasta aquí y no voy a dejar que tú lo estropees.
-Supongo que ya desde un principio sabía que no volverías conmigo. Sé que hice mal y te pido perdón.- Se levantó del columpio en el que se había sentado de nuevo poco antes para terminar arrodillándose frente a mí.- Tienes que perdonarme, por favor.
-He tenido mucho tiempo para pensar en lo que pasó. Creo que me hice tantas ilusiones contigo que cuando todo se vino abajo mi castillo de sueños se derrumbó. No supe hacerle frente y me hundí con él.
-Te juro que no quise hacerte daño. Cuando me hablaste por primera vez, supe que tenías que ser mía. A medida que nos conocíamos comprendí que nadie conseguiría hacerme sentir tan vivo como tú. Yo, no he podido , olvidarte después de todo este tiempo, pero me alegra saber que hay en tu vida alguien que sabe hacerte feliz.
-Te lo agradezco.
-Sigo enamorado de ti del mismo modo que cuando me fui. Quiero que sepas que estoy aquí si me necesitas o cambias de opinión.
-Eso no sucederá.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque soy suya.- Santi cerró los ojos. Sabía lo que significaba aquello.
-Esperaba- dijo al fin- haber sido el primero. Deseaba serlo.
-Y yo deseaba estar contigo. Ninguno de los dos logró su propósito.
-¿Aceptarías volver a verme?
-No lo sé. He venido hoy porque no quería que creyeras que no estaba preparada, pero a Javier no le hace gracia que esté aquí y quiero que lo nuestro vaya bien.
-No me interpondré, pero haría cualquier cosa por seguir a tu lado si me lo permites.
-Santi…
-Por favor niña. Déjame seguir a tu lado.
-Deja al menos que lo piense. Prometo decirte algo.
-Esperaré.- me cogió la mano y me la besó.
Le acompañé hasta el hotel en el que se alojaba y después fui a buscar a Javier.

No hay comentarios:

Publicar un comentario