miércoles, 8 de febrero de 2012

Capítulo 37 (FIN)

Javier observó como Julio salía de la habitación. Desde su última conversación que no había dicho nada más. Se había limitado a sentarse frente a él para observarle.
Al poco rato, simplemente se levantó y se fue, como si hubiese estado esperando a ese momento.
-¿A donde vas? Por favor déjala marchar. No le hagas nada. ¡Maldita sea! Entiéndeme. Sé que le hice daño a Miranda, pero ¿no hubieses elegido a la chica que amas antes que a otra?
Julio se detuvo al oír eso, pero no se volvió y cerró la puerta tras él.
Javier echó la cabeza hacia atrás y cerró a los ojos.
<<Por favor, que no te pase nada.>>



Nico y Chloe estaban en el centro comercial tomando algo tranquilamente cuando Nico se puso tenso.
-¿Que te pasa?
-No sé. Tengo la sensación de que algo no va bien.
-¿Respecto a que?
-No lo sé. Tengo una sensación extraña en la boca del estómago.
-¿Quieres que nos vayamos?
-No, tranquila. Seguramente no es nada.
Pero no se quedó tranquila y él tampoco. Al poco rato sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y le mandó un mensaje a su hermano.
<<”MELLI” TENGO UN MAL PRESENTIMIENTO. ¿ESTÁ TODO BIEN?>>


Un pitido desde el bolsillo trasero de su pantalón. Un mensaje. Si pudiese desatarse lo suficiente para alcanzarlo.
Provó intentando aflojar el nudo y aunque tardó un buen rato, finalmente consiguió coger el teléfono.
Tal y como estaba no podía ver el mensaje, pero conocía lo suficiente su teléfono como para saber donde estaba cada tecla.
Decidió que escribiría un mensaje corto, el problema era ¿a quien?
Si se lo mandaba a Nico, ¿que podría hacer él?
Si se lo mandaba a alguien de la pandilla, ¿como los encontrarían? Lo último que sabía es que habían sido cogidos en la cala, nada más. No sabía donde estaban.
Al final decidió que se lo mandaría a Luis.
<<ERA UNA TRAMPA. MIRANDA NOS COGIÓ EN LA CALA. NO SE DONDE ESTAMOS PERO LLAMA A LA POLICIA. CREO QUE NO SABEN QUE TENGO EL TELÉFONO ENCIMA O PIENSAN QUE NO PUEDO ALCANZARLO. ESTOY ATADO.DATE PRISA.>>


La pandilla estaba en la cabaña viendo una película cuando el teléfono de Luis vibró dentro de su bolsillo. Lo cogió ausente mientras seguía con la trama de la película y desviando los ojos de la pantalla, leyó el mensaje.
Se puso de pie de un salto.
-Vamos. Tenemos que irnos.
-¿Que pasa?- preguntó Isabel mientras él le pasaba su teléfono para que leyese y se apresuró a quitar la película y apagar el televisor.
-Miranda tiene a Mónica y a Javier- dijo apenas en un susurro.
Isabel dejó que los demás también viesen el mensaje.
En cuestión de media hora estaban todos en la comisaría. Ya se encargarían después de avisar a nuestros padres.
La policía se puso en movimiento, sobretodo después de que ellos facilitaran el nombre y los apellidos de Miranda, pues era el único contacto de un preso que había escapado mientras le trasladaban.



-Aquí estás. Te he estado buscando. Por fin te encuentro a solas.
-De haberme dicho que querías hablar conmigo, habría ido yo hacia ti.
-No es hablar lo que quiero.
-¿Crees que no me he dado cuenta de que te mueres de ganas de matarme?
-Entonces sabes perfectamente que eso es lo que voy a hacer.
-Quizá tu seas un gran asesino y esto se te de bien, pero no voy a ponértelo fácil.
-No esperaba que lo hicieras. En cualquier caso te mataré igual.
-Dejaré que lo intentes.
Reese se puso en pie para ponerse frente a él con otra de sus superficiales sonrisas.
-Cuando quieras.
Julio sonrió, sacó lentamente la mano de su bolsillo y deslizó con rapidez el cuchillo que había guardado en su interior por el cuello de Reese, cortándole así la garganta.
Ante la mirada de asombro de este, Julio volvió a sonreír y se marchó dejando que ese gran hijo de puta se desangrase.
Antes de cerrar la puerta, lo miró una vez más.
-No debiste confiarte.
-Quizá no- consiguió decir mientras la sangre salía a borbotones- pero tú no volverás a tenerla. Ella solo te utiliza. Hasta un estúpido vería eso.
Solo entonces cerró la puerta.


La pandilla acudió a la cala con la policía. El jeep de Dani y mi coche seguían allí.
No hacía mucho que Luis había avisado a nuestros padres de lo ocurrido y no era necesario decir que moverían cielo y tierra hasta encontrarnos.
Cuando la madre de Javier llamó a Nico, estaba convencida de que este no perdería el tiempo tampoco.
-¡Mierda, mierda!
-Nico cálmate.
-No puedo calmarme mamá. ¿Como hago? ¿Como llego hasta allí?
-El padre de Mónica ha puesto el helicóptero a nuestra disposición. Te recogerán en el aeropuerto en una hora más o menos.
-Allí estaremos.
A su madre no le pasó desapercibido ese “nosotros” pero ya tendría tiempo de preguntar.
Cuando colgó, Nico se volvió hacia Chloe que ya estaba preparando las maletas.
-¿Cuanto tiempo tenemos?
-No mucho. ¿Lo tienes todo?
-Cojo solo lo necesario Nico.
-Esta bien. Vamos niña.
Llegaron al aeropuerto en menos de media hora y la espera hasta que el helicóptero llegó se les hizo eterna.
Chloe se sentó a su lado y le cogió la mano entre las suyas.
-Estarán bien cariño. No les pasará nada.
-Nos confiamos demasiado. Ella lo sabía. Sabía que Miranda volvería a por ella y nosotros no la escuchamos. Si les pasa algo...
Chloe no sabía que decir. Abrazó a Nico y le mantuvo entre sus brazos hasta que les avisaron de que el helicóptero había llegado.


Julio iba a volver junto a Javier pero decidió hacer una parada antes e ir a ver a Miranda. Las últimas palabras de Reese Watson se negaban a dejarle.
¿Acaso sospechaba que él estaba en lo cierto?
Él ya sabía que Miranda estaba dispuesta a todo pero nunca pensó que pudiese ser solo un peón más en su plan.
Sacudió la cabeza intentando borrar esa idea de su mente. No podía ser. Él no era como los demás y Miranda le quería, aunque no fuese como él quería.
<<De todos modos mataré a ese chaval. Así será solo mía.>>


Tenía frío. Estaba helada y ella seguía echándome más agua encima.
<<Si salgo de esta, moriré de frío.>>
Los dientes empezaron a castañearme. La ropa se me pegaba al cuerpo junto con la sangre  de mis heridas. Y había muchas heridas. La de la mejilla y el brazo no eran nada. Miranda se había entretenido a hacerme más cortes. Las piernas, las manos, el abdomen... Todas esas cicatrices que estarían conmigo el resto de mis días recordándome este momento. Bueno, si salía con vida.
Alguien abrió la puerta. Un hombre alto. El hombre que me había golpeado en la cala.
Noté que me miraba y fruncía el ceño.
-Vas a matarla si sigues así Miranda.
-Esta niña tiene aguante. Además, solo estoy jugando. Tú la matarás.
Abrí los ojos todo lo que pude. Aquel era el hombre que acabaría conmigo. Un escalofrío me recorrió toda la columna. Ya no sabía si por el frío o por el miedo. Posiblemente era por ambos.



Nico estaba sentado en una de las sillas de comisaria esperando a ver si tenían noticias. Esperando un milagro. No sucedía nada.
Cogió su teléfono y lo sostuvo entre las manos. Chloe se le unió poco después. Había ido a por un café.
Le cogió de la mano y apoyó la cabeza en su hombro.
Pensó en la cara que habían puesto todos al verla. Los chicos de la pandilla ya sabían de ella y mis padres también, pero los de Nico se quedaron alucinados, sobretodo en cuanto la presentó como su novia.
Pese a todo lo que estaba sucediendo, sus padres jamás le habían visto esa mirada. Ese brillo en los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, Nico realmente estaba enamorado.


Javier se estaba volviendo loco. Hacia mas de dos horas que Julio había salido de la habitación y todavía no había regresado. ¿A donde había ido? ¿Habrían vuelto a hacerme daño?
No había vuelto a escuchar ningún grito, pero eso no significaba nada.
Sintió las lágrimas en sus ojos antes de poder hacer nada para detenerlas. Nunca se había sentido tan impotente.
Había fallado. No había podido protegerme. Quizá si Nico estuviese allí...
Pensó en su hermano. Lo único que Nico le había pedido y no había sido capaz de cumplirlo.
Se había confiado demasiado.
Cerró los ojos y pensó en su hermano.



Nico abrió los ojos de golpe. No podía ser. ¿Se lo había imaginado?
Había sentido a Javier a su lado. Enfocó bien los ojos. Se había quedado dormido en la misma silla en la que llevaba sentado lo que parecía una eternidad y estaba solo.
¿A donde había ido Chloe?
Se pasó una mano por la cara, intentando mentalizarse.
Era imposible que Javier hubiese estado allí con él, ¿verdad?
Decidió que no podía quedarse sin hacer nada. No podían perder el tiempo.
Intentaría encontrarnos él mismo.
Pensó por donde podría empezar y enseguida lo vio claro. Claudia.
Sin decir nada a nadie salió de comisaría para dirigirse a buscar a la chica.
Estaba seguro de que ella podría ayudarles. Tenía que haber un modo.
Al llegar a la salida se encontró con Chloe.
-¿Te marchas?
-Se me ha ocurrido algo y no puedo quedarme aquí como si nada. Tengo que hacer algo. Lo que sea.
-Está bien. ¿En que has pensado? Te acompaño.
-Ni hablar. No voy a meterte en esto. Puede ser peligroso. No voy a poner tu vida en peligro.
-No voy a discutir sobre esto Nico. Estamos hablando de la vida de mi prima y de tu hermano. Nada ni nadie hará que cambie de opinión.
Nico estaba a punto de discutir pero al ver como ella levantaba la cabeza para retarle en caso de que fuese necesario, se lo pensó dos veces. Ciertamente nada ni nadie haría que Chloe cambiase de idea.
-De acuerdo. Vamos.- la cogió de la mano y se fueron directamente a buscar a Claudia. Por el camino, Nico le contó lo ocurrido en comisaría. Aquella sensación de que Javier estaba a su lado...
-Los mellizos tienen lazos muy fuertes. Quizá tu hermano esté tratando de decirte algo.
-Yo también lo pensé. ¿Pero que?



Julio volvió por fin. No sabía cuanto tiempo había estado fuera. Lo único en lo que podía pensar era en mí. ¿Estaría bien? ¿Que me estaría haciendo Miranda?
Julio le sacó de dudas. Sin más, empezó a contarle.
-Tu novia sigue viva. Herida pero con vida. Miranda ha estado jugando con ella pero nada más.
-¿Que vas a hacer tú?
-Para empezar te llevaré con ella. Supongo que querréis despediros.
-Quizá tu me entiendas en lo que voy a decirte. Si realmente amas a Miranda, si la amas de verdad, entenderás que yo jamás permitiré que nada le pase a la mujer que amo, pero por encima de eso, sabrás que si ella deja este mundo me iré tras ella. No me importa nada más. Si matas a mi chica, asegurate de matarme también a mí, porque si me dejas con vida, te buscaré, te encontraré y te mataré yo mismo.
Julio le miró atentamente como si evaluase cuanta verdad había en sus palabras. Supo con certeza que todo lo que Javier le había dicho era cierto y también sabía que él haría exactamente lo mismo. Si algo le pasaba a Miranda, él no descansaría hasta vengarse de todo aquel que le hubiese puesto un dedo encima. Como prueba, el cuerpo de Reese Watson seguía en el suelo de su habitación.



-He decidido que dejaré que veas a Javier una última vez. Como ves, soy comprensiva.
-Eres mala Miranda.
-¿Acaso tu no harías lo mismo por amor?
-Jamás obligaría a la persona que amo a esto ni atacaría a la persona que él ama. Eso solo le causaría dolor y yo no podría vivir con ello.
-Afortunadamente para mí, yo no tengo conciencia.
-¿Como lo haréis? ¿Como me matará tu amigo?
-No tengo ni idea, pero me encantará verlo.
-Miranda por favor...
Me interrumpí al ver que la puerta se abría de nuevo y aquel hombre de antes entraba de nuevo arrastrando a Javier con él.
Tiró de él hacia el interior de la habitación y le tiró contra el suelo.
Javier se arrastró hacia mí.
Julio le había soltado las manos.
Me cogió la cara entre ellas. Me secó las lágrimas y me besó en los labios antes de mirarme bien.
-Por dios cariño, ¿que te ha echo? Lo siento, lo siento tanto. Debí escucharte. Perdoname cariño.
Negué con la cabeza.
-Tu no tuviste la culpa cariño. Yo acudí sola. Nunca debí hacerlo. Te quiero tanto.
-Yo también te quiero preciosa. Todo irá bien. Te lo prometo.
Asentí aunque no le creía. Solo estaba diciéndome eso para que me sintiese mejor.
Javier apoyó su frente contra la mía. Cerramos los ojos.
<<Nico, por favor. Encuentranos.>>


Nico se detuvo en seco. Allí estaba esa sensación de nuevo.
Aceleró más el paso con Chloe a su lado. Llegaron a casa de Claudia en poco tiempo.
Llamaron a la puerta insistentemente. Cinco minutos más tarde, Claudia abrió la puerta.
Al ver a Nico abrió los ojos creyendo que era Javier, sobretodo al ver a Chloe.
-No te hagas ilusiones. No soy él. Tenemos que hablar.
-¿Eres su mellizo?
-Muy lista. ¿Podemos pasar?
-Claro.- abrió la puerta y se hizo a un lado para permitirles entrar.-¿Que queréis?
-Miranda tiene a Mónica y a Javier.- Claudia miró a Chloe sin entender, pero Nico no le dio opción a preguntar.- Él ha logrado ponerse en contacto pero no sabemos más. Parece ser que les cogieron en la cala principal. La policía ha encontrado allí el coche de Mónica y el de un amigo que conducía mi hermano.
-¿Que puedo hacer yo?
-Lo que sea. Necesitamos ayuda. Toda la posible. Miranda no se detendrá y tu lo sabes. Cualquier cosa Claudia, por favor.
Era evidente que Nico no estaba acostumbrado a pedir favores, pues le costaba, pero aquello era distinto.
-No sé donde pueden estar.
-Hay algo más. Un hombre. Julio Montesdeoca.
-¿El novio de Miranda?
Ambos asintieron.
-La policía cree que él puede estar ayudándola. Escapó de la cárcel hace unos días. Le estaban trasladando y les atacaron.
-Dios mío...
-¿Que puedes decirme que pueda ayudarnos?
Claudia intentó pensar rápidamente en algo que les sirviese. Ella había leído el informe psiquiátrico de Julio al empezar sus sesiones con Miranda y en él había detalles aportados por la policía.
-Sé que hay un sitio. Parece que le gustaba llevar allí a sus víctimas pero no sé si habrá vuelto allí. Si se escapó, la policía posiblemente ya habrá puesto vigilancia en el lugar.
-¿Que más?
-¿Sabes si Julio ha tenido alguna visita más aparte de Miranda?
-Creo que dijeron algo de un joven abogado. Reese Watson- concluyó Chloe.
-Entonces propongo que empecemos por ahí.
-¿En que puede ayudarnos ese abogado?
-Yo conozco a Reese Watson, y tiene setenta años Nico. Sea quien sea ese hombre, no es abogado.
-Vístete. Nos vamos.
Claudia subió a su habitación y se apresuró a vestirse.
Mientras esperaban, Nico llamó a su padre y le contó lo que sabía. Este se lo comunicó inmediatamente al oficial de policía con el que estaban.
-Venid a comisaría. La policía se encargará de todo.
-No papá. No puedo quedarme sin hacer nada.
-Ya has echo suficiente Nico. Dejemos esto en manos de la policía.
-Está bien.
Cuando colgó se volvió hacia Chloe.
-¿No tienes intención de hacer lo que te ha dicho, verdad?
-Eso es.- la besó en los labios antes de llamar a Claudia para que se diese más prisa.



La policía se presentó en prisión para examinar las cámaras de seguridad.
Por lo menos ahora sabían quien era el hombre que había ayudado a Julio a salir de la cárcel.
Definitivamente no era Reese Watson, pero la policía llevaba tiempo buscándole. Rodrigo Romano. Asesino, violador, ladrón. Había escapado muchas veces de ellos pero no hacia mucho que habían logrado una pista sobre su paradero. Uno de sus agentes se había infiltrado y tenían por donde empezar.
Una fábrica a las afueras. Era todo lo que necesitaban. Aquella noche entrarían en acción.



<<Aguantad “melli”. Ya vamos.>>
Javier abrió los ojos. Miró hacia ambos lados. Al menos nos habían dejado en la misma habitación.
<<Nico.>>
¿Acaso le había oído? Desde luego se estaba volviendo loco.
-¿Han vuelto a hacerte daño?
-No. Se marcharon al poco de atarte a la silla. Te golpearon en la cabeza en cuanto estabas frente a mí. ¿Estás bien? ¿Te duele?
-Estoy bien preciosa. ¿Cuanto tiempo he estado inconsciente?
-No mucho. Unos quince minutos. Me asusté. Pensé que te habían matado.
-Haré lo que sea para sacarte de aquí, ¿lo sabes verdad?
-Lo sé.
-En cuanto salgamos de aquí no hagas planes. Quiero casarme contigo.
Consiguió hacerme sonreír.
-¿Que podemos hacer?
Javier me contó que había logrado mandar un mensaje a Luis pero que no sabía si habría llegado. Desde luego no había intentado ponerse en contacto, lo cual era de agradecer pues de este modo, seguía manteniendo el teléfono con él.


-Es la hora- dijo el detective al mando del caso.- Todo el mundo a sus puestos.
Los nuestros les habían seguido. Estaban todos allí menos Clara y Sebastián. Él estaba al corriente de todo pero debido a su estado, era mejor que ella no supiese nada por el momento.
Los policías se dispersaron. Habían logrado contactar con el infiltrado que había confirmado que había dos rehenes. Un chico y una chica, pero que no sabía mucho más. No le dejaban acercarse.
También dijo que Romano estaba muerto. Al parecer, Julio se había tomado venganza.
Ese era un enorme consuelo pero aun tenían a dos más que capturar y tenían que darse prisa.


-Te ha llegado la hora niñata. Estoy harta de esperar.- se volvió hacia Julio con una de sus sonrisas.- Toda tuya nene. Eres libre para hacer lo que quieras.
-¡No te atrevas!- Javier gritó con todas sus fuerzas en cuanto Julio dio un paso hacia mí.- No la toques. No te dejaré cabrón.
-¿Por que? ¿Por que debería hacerte caso?
Incluso a él le sorprendió su pregunta. Él nunca dudaba. Nunca.
-Porque ella es toda mi vida. No voy a vivir sin ella- me miró mientras decía eso y después se volvió hacia Miranda.- Jamás me tendrás. Si ella deja este mundo yo me iré con ella. Sin dudarlo.
-No digas eso Javier- las palabras se me atragantaron en la garganta. No quería pensar en mi muerte pero menos aun en la de él.
-¿Serías capaz de morir por ella?
-Sin dudar.
Miranda palideció, casi como si supiese lo que iba a ocurrir.
Julio sacó una pistola del bolsillo interior de su chaqueta y me apuntó directamente al corazón.
Javier se levantó de golpe, aun confinado en la silla y se puso frente a mí.
-No seas estúpido. ¿De verdad te quedarás ahí quieto mientras disparo?
-Si.
-¡Javier apartate!- grité yo.
-No dejaré que te pase nada cariño. Se lo prometí a Nico. Le prometí que te protegería.
-¡Pero no a cuesta de tu vida!
Justo en el momento en el que Julio apretó el gatillo, Miranda se interpuso y detuvo la bala con su cuerpo, cayendo de espaldas encima de Javier.



La policía entró en la fabrica. Ya no quedaba nadie allí. Únicamente Julio, Miranda, Javier y yo. Bueno, y el cuerpo de Romano. Nadie se lo había llevado de allí.
Gracias al infiltrado, sabían exactamente donde nos encontrábamos.
Apresuraron el paso al oír un disparo.
Cuando abrieron la puerta, Julio estaba encima de Miranda intentando reanimarla. No lo consiguió. La bala se había instalado en su corazón y murió al instante.
Julio ahogó un gritó de dolor al verla morir. Su puso en pie en cuanto se dio cuenta de que la policía estaba allí.
-Estás arrestado Montesdeoca. No hagas ni un paso en falso. Suelta el arma.
Julio nos miró a Javier y a mí y de nuevo a Miranda.
-Ahora si que te entiendo. Realmente sé que yo haría lo mismo.
Javier le miró como si comprendiese. Se quitó el cuerpo de Miranda de encima y me desató para abrazarme e impedir que mirase.
Justo cuando me estrechaba entre sus brazos oí un disparo.
Julio se había quitado la vida.
La policía no había podido detenerle. Lloré todo lo que pude. Habían sucedido demasiadas cosas y ya no podía más.
No sé como llegamos a la calle, solo recuerdo a mi familia y a mis amigos abrazándome.
Nico se acercó a su hermano y le abrazó antes de que este pudiese decir nada.
-Nos encontraste. Gracias “melli”.
-No me las des solo a mí. Tuvimos ayuda.- se alejó de él para señalar a Claudia.
Javier asintió hacia ella como agradecimiento.
Entonces Nico se dirigió hacia mí y me abrazó con fuerza.
-¿Estás bien?
-Lo estaré. Gracias por estar aquí.
-A todo esto- interrumpió Javier.- ¿Como llegaste tan rápido?
-El helicóptero.- tampoco era necesario decir más.
Mientras Javier me abrazaba, alguien se puso al lado de Nico. Chloe.
Me lancé a sus brazos. Me alegraba mucho de verla, sobretodo al saber que hacía feliz a Nico.
-Ya estoy aquí prima.
Conseguí sonreír al apartarme.
-”Melli” te presento a mi chica. Chloe.
Javier se acercó a ella y la abrazó también.
-Me alegra conocerte al fin, aunque ya tenía la sensación de conocerte desde siempre por como hablaban de ti ambos.
-Espero que no mintiesen mucho.
-Solo un poco- dije yo.- Nada relevante.
En ese momento, el detective se nos acercó para decirnos que tendríamos que prestar declaración.
-¿Cree que puede ser mañana detective?- interrumpió mi padre.- Deje que se vayan a casa y descansen. Mañana por la mañana prestarán declaración.
-De acuerdo. Hasta mañana entonces.



La semana siguiente, fue como una pesadilla. Tras prestar declaración y aclarar todos los puntos, la prensa nos seguía allí donde fuésemos. Habían acampado frente a mi casa y frente a la de Javier.
Clara por fin se había enterado de lo ocurrido y acudió enseguida a mi lado. No se movió de allí en toda la semana.
Cuando la noticia empezó más a o menos a olvidarse y las cosas estaban más tranquilas, Javier vino a verme.
-Cariño, por favor accede a esto.
Yo seguía en mi cama. Me negaba por completo a salir de ella. No quería enfrentarme al mundo.
-Javier no insistas.
-Sé que no debería decir esto pero lo de Miranda y Julio te ha afectado. Ver a un psicólogo no es tan mala idea. Ve a verle. Si sigues siendo reacia después no volveré a insistir.
El médico que había curado mis heridas me vio en tal estado que habló con mis padres para aconsejarles que tal vez hablar con un psicólogo podría ayudarme y llevaban prácticamente toda la semana insistiendo.
Le miré fijamente. Como siempre, Javier logró convencerme.
Dos días después me encontraba en el ascensor de un enorme edificio dispuesta a hablar con un completo desconocido acerca de mi experiencia.
Por fin llegamos a la planta de psicología.
Miré a mi alrededor. No parecía tan frío como me había imaginado.
Javier cogió mi mano y nos acercamos al mostrador donde una preciosa mujer morena estaba hablando por teléfono.
Javier esperó a que terminase de hablar y entonces se dirigió a ella.
-Avisaré de que ha llegado.
Me sonrió y sin saber como me encontré devolviendole la sonrisa.
Cogió el teléfono de nuevo y al poco rato de colgar una puerta frente a nosotros se abrió dejando paso a dos niñas hermosas, a un hombre guapísimo y a una mujer pelirroja con una gran sonrisa en el rostro.
Ella se agachó para besar a ambas niñas y después se levantó para besar al hombre y despedirles después.
Tras eso se acercó a nosotros aun sonriendo.
-¿Eres Mónica?
Me gustó el tono de su voz. Era agradable y me tranquilizó al momento.
-Si.
Me tendió la mano y me apresuré a estrechársela.
-Soy Hannah. ¿Vienes conmigo?



Cuatro años después en una habitación de hospital, rodeada de la gente que me quería y algo más.
Dos bebés. Niño y niña.
Javier sostenía al niño, Nicolás y yo a la niña, Maya. Era sin duda lo más hermoso que hicimos nunca.
Un año antes, Javier y yo nos mudamos a una casita preciosa un poco alejada de la ciudad tras acabar la Universidad.
Por fin teníamos nuestro hogar y ahora teníamos dos hijos preciosos que nos habían llenado la vida de luz.
Mis visitas con Hannah terminaron a los seis meses y ahora la consideraba una gran amiga. Incluso había conocido a su familia.
Miré a mi alrededor, a cada uno de ellos.
Nico y Chloe eran muy felices. Dentro de dos meses se marcharían de viaje. Ahora se quedarían unos días para conocer a sus sobrinos.
Ella intentó localizar a su Cúpido, pero no consiguió dar con él. Realmente deseaba agradecerle lo que había echo por ella.
En fin, supuso que realmente si era Cúpido.
Mis padres y los de Javier seguían como siempre. Ambos encantados con sus nietos.
Raúl y Olga también tenían ese aire de felicidad que les envolvía. Por fin Raúl había logrado no separarse más de ella porque vivían juntos.
Luis e Isabel estaban en ello. Disfrutaban el uno del otro sin prisas.
Dani y Lidia no eran distintos en eso tampoco.
Él estaba más enamorado que nunca y ella parecía que por fin había perdido esa tristeza que formaba parte de su pasado.
Clara y Sebastián se habían casado por fin y eran muy felices con su hijo de cuatro añitos.
Tony seguía igual que siempre. Viajando. Siempre que podía hacia una parada para verme. Seguía echándole de menos.
Los amigos de Nico... Bueno, tener novia definitivamente les había vuelto más encantadores.
Salva había limpiado por fin su buhardilla. Ahora tenía un toque femenino pero él parecía encantado.
Chus y Adriana... de ellos casi no merece la pena hablar pero bueno. Acabaron juntos como era de esperar. No sé que harán con tanta vanidad.
Y Jonathan... seguía intentándolo conmigo, pero Javier siempre me rescataba y siempre lo haría.
Y por último Santi. Por fin tenía novia. Una que solo le quería a él y que además era de su misma ciudad.
Basta decir que era feliz a más no poder.
-Entonces supongo que ahora si que os casaréis, ¿no?- preguntó la madre de Javier.
-Estoy deseándolo.- añadí yo. No veía la hora de decir <<si quiero>>.- De todos modos quiero una boda sencilla.
-¿Como que sencilla?- preguntó mi madre sorprendida.
-Si. No menos de doscientas personas.
Mi madre suspiró aliviada pero Javier se puso blanco.
-¿Doscientas?
-¿Que es poco? ¿Me quedo corta? Que se yo, vamos viendo.




                                        FIN
 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

No hay comentarios:

Publicar un comentario